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Interpretación de la Norma Jurídica



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En tal sentido estamos de acuerdo y nos sumamos a las palabras de nuestro maestro, el Dr. Aníbal
Torres Vásquez
15
, cuando dice:
“¿Cómo establece el intérprete el sentido de la norma?. En primer lugar, la labor
del intérprete se dirige a descubrir o develar el sentido inmanente en la norma; en segundo
lugar, como por lo general una norma evoca varios sentidos, selecciona o fija el sentido
con el cual se obtenga la solución más justa del caso concreto; y en tercer lugar, si el
sentido o sentidos de la norma no se adecuan a la nueva realidad social, el intérprete
atribuye a la norma el significado que lo actualiza.” (sic).
Dado que las normas positivas y el Derecho vigente en general se expresan y difunden mediante el
lenguaje, consideramos que Interpretar no puede ser otra cosa que reconocer, descubrir, captar o asimilar el
significado, sentido y alcance de la norma jurídica.
I.2
La Naturaleza de la Interpretación.
I.2.1
Objeto, propósito y finalidad de la Interpretación.
El objeto de una ciencia, materia o disciplina es aquello de lo que se ocupa o sobre lo que recae. Así,
dado que la Interpretación se ocupa o recae sobre el  derecho, resulta obvio que es el derecho el objeto de la
Interpretación. El Derecho que es objeto de la interpretación, a su vez, puede provenir bien de una norma
jurídica, de la Costumbre o de los Principios Generales del Derecho; en cualquiera de estos casos la labor
interpretativa estará presente, aunque en el este trabajo nos ocupamos sólo del primer caso.
El propósito u objetivo de la Interpretación (fin inmediato) es desentrañar el sentido y significado del
Derecho. Ludwig Enneccerus
16
lo dice de la manera siguiente: “El objetivo de la Interpretación es el
esclarecimiento del sentido propio de una proposición jurídica.” (sic).
El tema de la meta de la interpretación ha enfrentado a los partidarios del intelectualismo y a los del
voluntarismo.
Los “intelectualistas” propugnan que la Interpretación es un acto de razonamiento, una operación
lógico mental destinada a revelar el significado o sentido de la norma jurídica (interpretación propiamente
dicha).
Los “voluntaristas”, en cambio, entienden que la Interpretación no se queda en lo que esta palabra
podría denotar, sino que dicha tarea llega a involucrar una labor mucho más acabada, mucho más compleja,
una labor de creación en la que el juez podrá actuar con considerables parámetros de libertad. Entre los
voluntaristas destaca Hans Kelsen
17
, quien explica que la interpretación de la norma es un acto de creación de
una norma individual, el cual es, a su vez, un acto de voluntad en la medida que se trata de llenar el marco
establecido por la norma general. 
Comentando respecto a estas concepciones antagónicas, Ariel Álvarez Gardiol
18
dice:
“El célebre debate entre intelectualistas y voluntaristas no ha agotado –a mi juicio–
ni con mucho, la intrincada madeja de elementos que se mueven alrededor de este
complejo problema. Ni la interpretación es un proceso que se agota en una mera tarea de
intelección del sentido de una norma, colocada allí para que el intérprete valore su
significado, ni tampoco puede considerársela mero acto de voluntad del intérprete que
decide a su arbitrio, el significado correcto para el caso.” (sic).
Además, la Interpretación jurídica tiene un fin (mediato): que es, a través de los tribunales, aplicar
correctamente el Derecho a los hechos. Estamos de acuerdo con el Jurista y profesor sanmarquino Jorge
Carrión Lugo
19
quien entiende que la tarea interpretativa no puede realizarse por simple interpretación, sino
referida siempre a hechos materia de controversia y con la finalidad de establecer una norma específica
(sentencia), pero igualmente con fines docentes (doctrinarios, científicos, particulares) es posible interpretar la
                                                
15
TORRES VÁSQUEZ, Aníbal: “Introducción al Derecho” (Teoría General del Derecho). Editorial Temis S.A.. Segunda Edición, 2001.
Bogotá – Colombia. Pág. 516.
16
ENNECCERUS, Ludwig: ob. cit. Tomo I, pág. 198.
17
KELSEN, Hans: “Teoría Pura del Derecho”. Editorial Universitaria de Buenos Aires. Decimoctava Edición, 1982. Buenos Aires
Argentina. Pág. 169.
18
ÁLVAREZ GARDIOL, Ariel: ob. cit. pág. 290.
19
CARRIÓN LUGO, Jorge: “Tratado de Derecho Procesal Civil”. Volumen III. Editora Jurídica Grijley. Primera edición, marzo de 2004. Lima
– Perú. Pág. 133.
norma refiriéndose a hechos hipotéticos o supuestos. Uno y otro han sido llamados por Rolando Tamayo y
Salmorán
20
y por otros autores como interpretación orgánica e interpretación no orgánica respectivamente.
Aunque los científicos del derecho interpreten no con la finalidad de aplicar el derecho a un caso
concreto, su labor a la larga tiende a cumplir esta finalidad, pues, como bien dice Karl Larenz
21
, éstos facilitan,
en cierto modo, el trabajo a la jurisprudencia de los tribunales, al mostrar los problemas de la interpretación y las
vías para su solución; pero aquélla somete a prueba los resultados en la confrontación con la problemática del
caso particular y, por tanto, necesita constantemente de la Ciencia del Derecho para la verificación.
I.2.2
Las tesis subjetiva y objetiva.
Sobre las posiciones del intelectualismo y del voluntarismo podrá haber sin duda una gran discrepancia,
pero podemos advertir una confusión que se acentúa aun más cuando se tiene que determinar de dónde se
obtiene el sentido o significado que se debe lograr a través de la Interpretación.
Para contestar esta pregunta encontramos dos tendencias que dan respuestas diferentes: el
subjetivismo y el objetivismo.
Los partidarios del Subjetivismo (que es la teoría más antigua) sostienen que para interpretar una
norma debe tenerse como punto de referencia al legislador con el propósito de desentrañar de su mente lo que
éste quiso decir. Entienden que lo que se manda en la ley es la voluntad del legislador (mens legislatioris),
quien es su autor, y que la norma jurídica sólo es un medio o instrumento para expresar ese mandato; entonces
el intérprete debe llegar a lo que el legislador quiso decir para interpretar correctamente la norma.
Los partidarios del Objetivismo, en cambio, son de la creencia de que sólo lo que aparece redactado en
la ley es lo objetivamente dispuesto como mandato, que una vez publicada la ley, ésta se desprende de sus
autores y adquiere vida y espíritu propios, en consecuencia es la voluntad de la ley (mens legis) lo que debe
descubrirse, porque en ella está lo objetivamente querido. Es evidente, como bien manifiesta el Profesor
español Ángel Latorre Segura
22
, que la norma no puede tener voluntad y por ello, cuando, de acuerdo con el
Objetivismo, se habla de “voluntad de la ley”, está sumamente claro que esta referencia se hace únicamente en
sentido metafórico.
Con su gran estilo, el maestro Mario Alzamora Valdez
23
explica que la primera teoría (el subjetivismo)
sostiene que la ley no puede ser entendida de otro modo que como “mandato” que es voluntad dirigida a regular
las relaciones jurídicas, y que dicho mandato proviene de la mente del legislador, en tanto que la segunda (el
objetivismo) se apoya en la forma como se originan las normas, en el valor de éstas consideradas en sí
mismas, y en el carácter de los objetos culturales, para atribuir a la ley un sentido independiente de lo querido
por su autor.
Creemos que la norma jurídica, como creación humana, es concebida sólo en el pensamiento humano
por lo que consideramos que su origen será siempre la mente del legislador, más allá de que una vez puesta en
vigencia pueda expresar por sí misma y objetivamente un significado claro e inequívoco. Entendemos que de
ello son conscientes los partidarios del objetivismo y por esta razón es que la teoría que esbozan, no puede
limitarse, como en efecto no se limita, solamente a exponer sus razones, sino que además va más allá
explicando los motivos por los que el subjetivismo no puede ni podrá nunca sustentar debidamente sus puntos
de vista.
En tal sentido, los partidarios de la tesis objetiva fundamentalmente sostienen que determinar quién es
el legislador cuya voluntad ha de ser interpretada es una tarea nada práctica, porque las personas e
instituciones involucradas en la redacción y aprobación de una ley (en la actividad de legislar) son numerosas y
constantemente cambiadas, renovadas o relevadas, lo que hace imposible determinar cuál entonces será la
voluntad de legislador. Por otro lado, argumentan que las leyes suelen durar muchos años y se transmiten
hasta por generaciones, produciéndose así un inevitable arcaísmo cuando los tribunales no deben sustraerse al
espíritu de su tiempo ni dejar de lado nuevas exigencias sociales, culturales, económicas, valorativas, etc..
Por ello, concluyen los objetivistas, que al ser puesta en vigencia la ley, se despoja ésta del
pensamiento del legislador para ir a vivir una vida propia e independiente; se convierte en una entidad separada
de su fuente directa, y esencialmente subordinada al medio social y a sus transformaciones, al que deberá
corresponder.
De este modo, entendemos que los partidarios del objetivismo intentan decirnos que no simplemente
tratan exponer la mejor tesis, sino sólo la única realista y sensatamente posible.
                                                
20
TAMAYO Y SALMORÁN, Rolando: “El Derecho y la Ciencia del Derecho (Introducción a la Ciencia Jurídica)”. Universidad Nacional
Autónoma de México. Reimpresión de la Primera edición, 1986. Ciudad Universitaria, México D.F.. Págs. 156 y siguientes.
21
LARENZ, Karl: “Metodología de la Ciencia del Derecho”. Editorial Ariel. Traducción de la 4ta. edición alemana, 1980. Barcelona – España.
Pág. 310.
22
LATORRE SEGURA, Ángel: Ob. cit. pág. 96.
23
ALZAMORA VALDEZ, Mario: Ob. cit. pág. 259.
Karl Larenz
24
considera que a cada una de estas teorías corresponde parte de verdad y que por ello
ninguna puede aceptarse sin limitaciones. Dice también que la verdad de la teoría subjetiva es que la ley
jurídica, a diferencia de la natural, es hecha por hombres y para hombres, es la expresión de una voluntad
dirigida a la creación de un orden justo; en cambio, la verdad de la teoría objetiva es que una ley, tan pronto es
aplicada, despliega una actividad peculiar a ella, que va más allá de lo que el legislador había intentado.
II.
CLASES DE INTERPRETACIÓN.
II.1
Las Fuentes de Interpretación.
Siendo la Interpretación una actividad humana, ésta proviene de la persona, el sujeto o autor que la
realiza; es decir, el intérprete.
Desde tal punto de vista la Interpretación puede ser doctrinal o científica, judicial o jurisprudencial y
auténtica o legislativa.
a)
La “Interpretación Doctrinal”.– 
Es, como su nombre claramente lo indica, la interpretación practicada por los doctrinarios, por los
teóricos, por los juristas o jurisconsultos, por los tratadistas, por los estudiosos del derecho, y en general por
quienes se dedican a la ciencia del derecho; de ahí que también se le conozca a esta Interpretación como
“científica”.
La Interpretación doctrinal si bien se caracteriza por no ser obligatoria, sin embargo, por su carácter
científico y por la autoridad de quienes la practican, es la que termina siendo predilecta.
Ludwig Enneccerus
25
, refiriéndose a la Interpretación doctrinal o científica, afirma que ésta con
frecuencia se divide en gramatical y lógica, “según que derive sus argumentos del lenguaje (es decir, de
las leyes de la gramática y del uso del lenguaje) o de su relación con otras leyes, del mayor valor de uno
u otro resultado.” (sic).
b)
La “Interpretación Judicial”.– 
Es la practicada por los jueces y tribunales para emitir sus decisiones (sentencias y demás resoluciones
motivadas jurídicamente) en las cuales esta interpretación queda plasmada. Para Couture
26
ésta es la preferida
de quienes han trabajado en este campo de la teoría general del derecho. En efecto, es mediante la que
realizan los jueces que
la Interpretación tiene vida práctica, pues
su carácter obligatorio la hace trascender
directamente en la vida en sociedad.
En la medida que provenga de instancias más elevadas la interpretación judicial, sentada en los
precedentes, tenderá a influenciar con mayor autoridad y frecuencia.
En los países en los que existe el Recurso de Casación la interpretación judicial resulta obligatoria para
los órganos jurisdiccionales de instancias inferiores si se emite en los términos y condiciones legalmente
exigidos. Así, en nuestro país, es el Art. 384° del Código Procesal Civil (C.P.C.) el que designa a la correcta
interpretación del derecho como uno de los fines esenciales del Recurso de Casación, el Art. 386° inc. 1 es el
que incorpora a la “interpretación errónea de una norma de derecho material, así como de la doctrina
jurisprudencial” como una de las causales que permiten interponer el Recurso de Casación y es el Art. 400°
27
el
que prevé cuáles son los requisitos y condiciones para que el precedente allí sentado sea considerado como
doctrina jurisprudencial que vincule a los demás órganos jurisdiccionales del Estado.
c)
La “Interpretación Auténtica”.– 
Es la realizada por el propio autor de la norma; se dice también que es la efectuada por el legislador o,
mejor dicho, por el poder legislativo, en el entendimiento de que éste es el autor de la norma y de allí que a esta
interpretación se le denomine también “interpretación legislativa”. Pero lo importante para saber que estamos
ante una interpretación auténtica es comprender que ésta ha sido hecha por el propio autor de la norma, tanto
así que incluso se ha denominado Interpretación auténtica a la interpretación realizada por el propio juez o
                                                
24
LARENZ, Karl: Ob. cit. pág. 312.
25
ENNECCERUS, Ludwig: ob. cit. Tomo I, pág. 198.
26
COUTURE, Eduardo J.: ob. cit. pág. 35.
27 C
.P.C. peruano. “Artículo 400.- Doctrina jurisprudencial.-
Cuando una de las Salas lo solicite, en atención a la naturaleza de la decisión a tomar en un caso concreto, se reunirán los vocales en Sala
Plena para discutirlo y resolverlo.
La decisión que se tome en mayoría absoluta de los asistentes al Pleno constituye doctrina jurisprudencial y vincula a los órganos
jurisdiccionales del Estado, hasta que sea modificada por otro pleno casatorio. ... .” (sic).
tribunal con el propósito de dar luces sobre el significado verdadero de sus propias sentencias o resoluciones
28
;
igualmente se ha considerado interpretación auténtica a la que realizan las partes contratantes respecto del
contrato que celebraron, a la efectuada por el funcionario público respecto del acto administrativo o norma que
emitió, etc..
Existe cierta divergencia en cuanto a entender si la interpretación auténtica es la realizada estrictamente
por la misma persona que elaboró la norma, o por el órgano que ésta representaba o en nombre del cual la
dictó. Tradicionalmente la tendencia ha sido la de entender que habrá verdadera interpretación auténtica sólo
cuando ésta haya sido hecha por la misma persona que redactó la norma y aun así hoy se considera en estricto
sentido que sólo en este caso hay interpretación auténtica. Pese a ello, esta tendencia ha venido cambiando y
actualmente también se tiende a considerar interpretación auténtica a la realizada por aquella persona que, sin
ser la que redactó la norma, la hace ocupando el mismo cargo de quien la elaboró.
Al respecto, Werner Goldschmidt
29
, hijo del eminente procesalista James Goldschmidt, sostiene que:
“El concepto tradicional de la interpretación auténtica, ..., se desvió ..., y no se considera intérprete
auténtico al mismo individuo que formuló la norma de cuya interpretación se trata, sino a aquellas
personas capaces en su caso de sustituir la norma a interpretar ... .” (sic).
La Interpretación auténtica, en relación al tiempo, puede ser: preventiva y a posteriori.
La Interpretación auténtica preventiva, también denominada contextual, viene ya incluida en el propio
texto o cuerpo de normas del precepto a interpretar. Ejemplos muy frecuentes de interpretación auténtica
preventiva los encontramos en las normas que dentro de un mismo código o cuerpo normativo establecen
definiciones
30
, pues, según acertadamente concluye Francesco Messineo
31
, siendo éstas normas no
expresadas en términos de mandato sino de concepto, más que normas autónomas, son elementos de otras
normas, respecto de las cuales aclaran el alcance y el sentido.
La Interpretación auténtica a posteriori se presenta después de la entrada en vigencia de la norma
interpretada y constituye una nueva norma
32
, porque, como dice Guillermo Cabanellas de Torres
33
, “... carece
de valor la simple opinión o comentario, con publicidad periodística o de otra índole.” (sic). En similar
sentido se pronuncia Ludwig Enneccerus
34
al referirse a la interpretación (a posteriori) diciendo que: “... en
rigor no se trata de interpretación, sino de una nueva ley o de un nuevo derecho consuetudinario y, en
determinadas circunstancias, con la sola particularidad de haberse de aplicar como si su contenido se
hallare ya implícito en la ley interpretada.” (sic).
Normal y comúnmente la interpretación auténtica
será a
posteriori, por lo que no es de extrañar que, entre otros autores, para el maestro Eduardo J. Couture
35
la
Interpretación Auténtica sea solamente el texto rigurosamente dispositivo de una ley posterior que determine el
alcance de una ley anterior. Queda en cualquier caso sumamente claro que la Interpretación Auténtica se
expresa solamente a través de una norma y no mediante el simple parecer o
explicación del funcionario que
emitió la norma interpretada.
II.2
Los Alcances de la Interpretación.
La Interpretación por su alcance o extensión puede clasificarse como: Interpretación Declarativa e
Interpretación Modificativa
36
. Esta última, a su vez, puede ser Extensiva y Restrictiva.
a)
La Interpretación Declarativa (o estricta).– 
Esta clase de interpretación es la que asigna a la norma un alcance
determinado o delimitado, es
también conocida como Interpretación estricta, y se presenta cuando al interpretar el operador jurídico se ciñe a
lo que dice la norma, limitándose a aplicarla a los supuestos estrictamente comprendidos en ella. No faltan
quienes creen que la Interpretación declarativa no es otra que la Interpretación gramatical o literal, pero en
aquélla basta que sólo su alcance sea claro y no necesariamente también su sentido como sí se requiere en
esta última. Por ello, correctamente escribe el tratadista español José Puig Brutau
37
afirmando que la
                                                
28
Es pues cuando el Juez interpreta la ley, la Constitución, o cualquier otra norma no elaborada por él, que su interpretación se denomina
judicial, pero es además auténtica su interpretación cuando la hace de su propia resolución, porque se trata de una norma cuyo autor es él
mismo.
29
GOLDSCHMIDT, Werner: “Introducción Filosófica al Derecho”. Editorial Depalma. Sexta edición, 1983. Buenos Aires – Argentina. Pág.
257.
30
Tales como los Arts. 140° y 1351° del Código Civil peruano de 1984 en los que respectivamente se da la definición del Acto Jurídico y del
Contrato, estableciendo así el contexto en el que serán aplicables las normas relativas a estas figuras jurídicas.
31
MESSINEO, Francesco: ob. cit. pág. 100.
32
Cuyos efectos se retrotraen al momento en que entró en vigencia la norma que se interpreta.
33
CABANELLAS DE TORRES, Guillermo: ob. cit. Tomo IV, pág. 472.
34
ENNECCERUS, Ludwig: ob. cit. Tomo I, pág. 198.
35
COUTURE, Eduardo J.: ob. cit. pág. 35.
36
Obviamente sería modificativa en relación a la interpretación declarativa de la norma.
37
PUIG BRUTAU, José: “Compendio de Derecho Civil”. Volumen I. BOSCH Casa editorial. Primera edición, 1987. Barcelona – España.
Pág. 97.
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