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El Reporto



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Investigación desarrollada y enviada por: Abog. Samuel S. Ruiz T.
sadiasept@hotmail.com
Índice
1. Exordio
En las ultimas décadas nuestro mercado empresarial se ha visto inundado por un conjunto  de
instituciones contractuales  innominadas que han transformado por completo las operaciones cambiarias 
y el flujo de los títulos valores.
Dentro de estas instituciones podemos mencionar el Reporto, que es una operación de créditos  a corto
plazo que consiste en la inversión de valores por un plazo determinado, vencido el cual el inversionista
se obliga a devolver los mismos u otros de la misma especie, cantidad y emisor a la contraparte, por un
precio generalmente superior al negociado en la primera operación.
El Reporto no tuvo su origen en el Derecho Romano como otras instituciones ya que este aparece
cuando tuvo lugar la  creación de los títulos de crédito, los cuales no fueron conocidos por el Derecho
Romano.
Algunos autores han tratado de encontrar el origen del Reporto, pero cualquiera que hubiera sido este, 
lo cierto es que su importancia en el comercio solo se ha afirmado en tiempos recientes. Es en Italia
donde se ha tratado con mayor interés la figura del Reporto el cual ya existía para el año 1870 como
institución, mas no fue sino hasta 1872 que fue incorporado el Código de Comercio Italiano. En el
Derecho Mexicano aparece el Reporto en la vigente Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito de
1932, tomado del Código de Comercio Italiano de 1882.
En Venezuela el Contrato de Reporto es de poca difusión y surge condicionado al nacimiento de los
títulos de crédito y a la necesidad de los comerciantes de valerse de estos instrumentos. En nuestro pais
es de reciente data ya que aparece en la derogada Ley de Bancos Hipotecarios Urbanos de 1978 y su
reglamentación se encuentra dispersa en varios textos legales.
El presente trabajo tiene por finalidad dar a conocer el Reporto en todas sus modalidades, así como dar
una amplia visión de su estructura, desarrollo y funcionamiento en las operaciones cambiarias.
2. Antecedentes históricos del reporto
A.
Derecho Romano
Si se quiere buscar el origen del Reporto en las Instituciones Jurídicas más antiguas, seguramente no se
encontrará. El Reporto es un contrato de creación relativamente moderna, concomitante a la época en
que los títulos de crédito fueron tomando la forma y la naturaleza que ahora tienen. Es de rigor buscar al
menos la semejanza que pudiera tener el reporto, con algunas instituciones de épocas anteriores, lo
cual obliga a tomar como punto de comparación al Derecho Romano.
Los autores dividen a los contratos que se forman “re”; es decir, aquellos que se formalizan con la
entrega de la cosa, en dos grupos, a saber: el “Mutuum” (resabio del “Nexum”) formando uno de ellos; y
el “Comodato”, el “Depósito” y el “Pignus” o prenda, formando el otro.
a.
El Mutuo (Mutuum)
Por virtud del “Mutuum”, se operaba la transferencia que una persona llamada “Tradens” hacía a otra
denominada “Accipiens”, por el proceso de tradición, de una determinada cantidad de cosas que por su
naturaleza no tuvieran un valor individual, sino que fueran susceptibles de ser sustituidas por otras de la
misma especie que pudieran pesarse, contarse o medirse; es decir, se trataba de cosas fungibles como
el dinero, las semillas, etc., imponiéndole la obligación de devolver, otras del mismo género, cantidad y
calidad, dentro de un plazo determinado, sin el cual no podía concebirse.
Para que hubiera contrato de mutuo, era necesario que tuviera lugar una “Mutui Datio”,  es decir, la
transferencia de la propiedad a título de préstamo en beneficio del prestatario, condicionada esa “Datio”
a que las cosas salieran del patrimonio del prestamista o “Tradens” y entraran en el patrimonio del
prestatario o “Accipiens”. Era, pues, el mutuo un préstamo de consumo, unilateral y de estricto derecho,
sancionado por la “Conditio Certae Creditae Pecuniae”, cuando se trataba de un préstamo en dinero
(función del “Nexum” anterior) y por la “Conditio Certae Reí” o “Triticaria”  cuando tenía por objeto otras
cosas.
Al principio, el prestatario o “Accipiens”, no estaba obligado a pagar al “Tradens” un interés, por las
cosas o dinero prestados, pero poco a poco se tomó en consideración, que el “Tradens”, durante el
tiempo que se desprendía del dinero o cosas prestadas, dejaba de percibir una utilidad en ellas, es por
esto que posteriormente se le permitió cobrar un interés u obligar al “Accipiens” a entregar una cantidad
mayor que la recibida.
b.
El Comodato
El “Comodato” era un contrato por medio del cual una persona denominada “Comodante”, gratuitamente
entregaba una cosa a otra persona llamada “Comodatario
para servirse de ella y devolverla después de
haberla usado conforme a lo convenido o después de un tiempo señalado. Era un préstamo de uso y no
de consumo, y para la formación del contrato era necesario la entrega de la cosa “Nuda Traditio”; es
decir, sólo para que se hiciera de ella el uso señalado y no para que el “Accipiens” se convirtiera en
propietario, pues el comodante o “Tradens” retenía la propiedad y posesión de la cosa.
El Comodato tenía por objeto, casi siempre, un mueble o una cosa considerada en su individualidad, en
especie y no en género. El Comodato estaba sancionado en su obligación principal por la acción
“Commodati Directa” .
c. 
El Depósito
El depósito, es un contrato por el cual una persona llamada “Depositante" entrega una cosa a otra lla-
mada “Depositario” que se obliga a guardarla y a devolverla al primer requerimiento. Este contrato era
por naturaleza gratuito, pues el depositario no cobraba cantidad alguna por la guarda. Aquí no había
traslación de la propiedad, ni uso, ni consumo, aún cuando el depósito tuviera por objeto cosas
fungibles, pues el depositario no estaba autorizado para consumirlas, pues sólo se transmitía la
posesión de la cosa; sin embargo, podía darse el caso de que, si se trataba de una suma de dinero, se
facultaba al depositario para que se sirviera de ella, con la obligación de devolverla al primer requeri-
miento.
Se discutía entre los romanos si en este caso, realmente se trataba de un Depósito o un Mutuo,
habiéndose decidido por lo primero en virtud de que la acción del depositante era de buena fe y el
“Mutuum” era de derecho estricto. Este contrato estaba sancionado por la acción
Depositi Directa” y se
distinguía del secuestro en que éste era un depósito proveniente de un litigio.
d.
La Prenda
El “Pignus” o prenda, era un contrato por el cual un deudor entregaba a su acreedor una cosa para
garantizar el crédito de éste, con la obligación de restituirla cuando el deudor hubiera satisfecho la
deuda. Este contrato se distinguía de los dos anteriores, porque tenía carácter de accesorio. Tampoco
en este contrato se transmitía la propiedad, pero sí la posesión, conservándola mientras no se hiciera el
pago. Originalmente el objeto del “Pignus”, solamente eran bienes muebles; después se extendió a los
inmuebles. Este contrato está sancionado por la acción “Pignoratitia Directa”.
Las características generales de estos tres contratos que forman el segundo grupo y que se distinguían
del Mutuum, era que no se trataba de contratos translativos de la propiedad, sino que únicamente se
transmitía la posesión de la cosa. Tenían por objeto cosas ciertas y determinadas y eran sinalagmáticos
imperfectos, porque al perfeccionamiento del contrato nacía una obligación inmediata a cargo del
“Accipiens”, pudiendo resultar obligaciones posteriores a cargo del “Tradens”.
Estos tres contratos que formaban el segundo grupo de contratos “Re”, no estaban sancionados en su
origen por el Derecho Civil. En efecto, antes de llegar a ser verdaderos contratos, eran considerados por
los romanos como simples hechos desprovistos de eficacia jurídica porque la restitución de la cosa por
parte del “Accipiens” no podía requerirse por ninguna acción, sino que se dejaba a su buena fe (Fides), y
las relaciones fundadas en la buena fe no estaban sancionados por el derecho.
Sin embargo, en casos en que se apreciaba la gravedad del hecho por la falta de restitución, esto se
consideraba como un delito, dándose contra el “Accipiens” una acción “Ex-Delicto”. Posteriormente,
notándose que eso no bastaba para evitar el incumplimiento del “Accipiens”, el pretor dio al “Tradens”
una acción “In Factum”.
e.
El Pacto de Fiducia
La transformación de estos hechos de buena fe, en contratos sancionados por el Derecho Civil, estuvo
sujeta a la evolución de otra institución: “El Pacto de Fiducia”, que según Gastón May  era considerado
como un verdadero contrato “Re” de Derecho Civil solemne.
Mediante el Pacto de Fiducia se llegaba a los mismos resultados prácticos que los hechos desprovistos
de acción vista: el “Tradens” transmitía la propiedad de la cosa al “Accipiens” por medio de las dos
formas conocidas como “Mancipatio” o “In jure cesio”, con un pacto adjunto de Fiducia (Cum Amico
cuando se refería al comodato o al depósito y Cum Creditore cuando se refería a la prenda), por el cual
el adquirente se obligaba a retransferir la cosa, cuando se hubiera servido de ella, cuando se le
requiriera para entregarla o cuando el deudor (Tradens) hubiese pagado la deuda.
Tenía esta combinación sus ventajas y desventajas, por cuanto el adquirente podía oponerse a terceros
respecto a la posesión de la cosa, en virtud de que las acciones derivadas de la misma, delictuosas o
no, sólo estaban reservadas al propietario, y porque el Tradens, en caso de incumplimiento del
Accipiens no podía pedir la restitución, en virtud de que ya no tenía el carácter de propietario.
Posteriormente se da al Tradens una acción personal “In Factum” (pretoriana) e inmediatamente
después una acción In Jus: la “Actio Fiduciae Directa”, en la que el Juez tenía el poder de darse cuenta
si el Accipiens había cumplido su obligación de restituir. Igualmente, se da al Accipiens la “Actio Fiduciae
Contraria”, por los perjuicios que éste hubiera recibido por la detentación de la cosa.
Posteriormente, cuando la simple entrega de la cosa, dio como resultado la obligación del Accipiens de
devolverla después de que la hubiera usado, conservado o retenido como garantía, se conceptuó a la
Fiducia como un contrato separado y sancionado por el derecho.
¿Puede asimilarse el Reporto moderno con el Mutuo, el Comodato, el Depósito, la Prenda, el Pacto de
Fiducia (Cum Creditore)?. Evidentemente que no, por las razones siguientes:
En general, estos cuatro contratos tienen puntos de contacto, en cuanto todos se formalizan con la
entrega de la cosa y en todos existe la obligación de restitución. Con el Pacto de Fiducia hay similitud en
cuanto a que la entrega de la cosa se hacía a título de propiedad, con obligación de restituirla de la
misma manera.
Estudiando estos contratos en particular, se encuentran diferencias substanciales que desechan
cualquier posibilidad de considerarlos como antecedentes del Reporto, y mucho menos como lo
conocemos en la actualidad.
Quizás, se puede hallar una semejanza en el Pacto de Fiducia, ya que en éste existe aparentemente la
obligación a una contraprestación recíproca: la entrega de una cosa a título de propiedad, contra una
suma de dinero, un precio o prestación equivalente como se requiere en la Mancipatio o en la Injure
Cessio, con la obligación recíproca de la inversa transmisión. Sin embargo, dista mucho de ser su
antecedente; pues el Pacto de Fiducia en el Derecho Romano, en realidad sólo era un contrato
accesorio del principal (por el cual se transmitía la propiedad de la cosa) o más bien, un acto excesivo
en relación con los fines que se trataban de alcanzar, y porque dicho pacto se refería tanto a cosas
fungibles, a las que se limita el Reporto, como a cosas infungibles.
Se hará referencia a la Venta con Pacto de Retroventa con objeto de ver si puede ser el antecedente del
Reporto.
El contrato de compraventa en el Derecho Romano, podía estar sujeto en cuanto a su validez, a la
estipulación de una condición resolutoria por medio de la cual, el vendedor se reservaba el derecho de
resolver la venta restituyendo el precio al comprador; es decir, se trataba de una Venta con Pacto de
Retroventa (Retrovendendo).
Aun cuando el contrato de compraventa y su pacto, aparentemente llenan las funciones del Reporto, en
cuanto que en aquellos se da la doble transmisión de propiedad de la cosa vendida entre las mismas
partes, sin embargo, existen diferencias para negar su similitud.
Se estima suficiente para desechar cualquier posibilidad de comparación entre el Reporto y la Venta con
Pacto de Retroventa en el Derecho Romano, el hecho de que, en el Reporto, es requisito esencial para
su perfeccionamiento, la entrega de los títulos, mientras que la venta en el Derecho Romano, era por
excelencia consensual.
De todo lo expresado, sería absurdo pretender que las instituciones de Derecho Romano señaladas,
sean antecedentes del Reporto, pues es indudable que éste no pudo aparecer, sino cuando tuvo lugar la
creación de los títulos de crédito, y éstos no fueron conocidos por el Derecho Romano. En otras
palabras, el nacimiento del reporto, seguramente estuvo condicionado al nacimiento de los títulos de
crédito y cuando las necesidades del comercio de estos instrumentos así lo exigieron.
B.
Derecho Italiano
Armelani, compara al Reporto, con el contrato mohatra de la Edad Media. Según este autor, Proudhon
afirma que el reporto es una verdadera reproducción del mohatra producto de los padres jesuitas (entre
ellos el padre Escobar y Alessio) para que los usureros lo utilizaran como un medio o como una fácil
transacción mental para robar tranquilamente a sus deudores.
Según el "Glossarium Adscriptores Mediae Et Infimae Latinitatis", el significado de dicho contrato se ex-
presaba así: "Mohatra, Vox Portentosa Qua Significatur Contractus, Quo, Inquit Escobarius, Qui Egens
Pecunia, Emit Pecunia Credita a Mercatore Merces Summo Pretio, et Statim ei Pecunia Numerata Pretio
Infimo Revendit".
Este contrato no era otra cosa que una forma para ocultar préstamos usurarios aparentando una venta.
En efecto, el prestamista se hacía revender en precio ínfimo, una mercancía que había vendido a crédito
a su deudor en un precio mayor. La diferencia entre precios resultaba para el prestamista ser el importe
de los intereses de la cantidad prestada.
De una manera cierta, no se puede concluir que el contrato mohatra sea el antecedente del Reporto,
puesto que Armelani no da una explicación de cómo sufrió esa transformación, más aún si se toman en
cuenta las características de cada uno de estos contratos. Sin embargo, este autor dice, que después de
haber sido considerado el contrato mohatra como un juego de bolsa, junto con los contratos a término y
diferenciales, en Inglaterra por sus características propias y con objeto de distinguirlo de los demás
contratos, fue bautizado con el nombre de “Report”, pasando con este mismo nombre a Francia.
Tempesta, en el Nuevo Digesto, dice que cualquiera que hubiera sido el origen histórico del reporto y
que fue conocido por algunos países europeos en el siglo XVII, lo cierto es que su importancia en el
comercio, sólo se ha afirmado en tiempos recientes. Lo cual confirma que no tuvo sus antecedentes en
épocas lejanas, o en el derecho romano.
Por falta de material o literatura respecto a la historia del reporto, y porque, como dice Tempesta, su im-
portancia en el comercio es reciente, se considera inútil hacer un recorrido en todos los demás
derechos, para penetrar en la historia de este contrato, que por otra parte, sería de grandes
proporciones e inadecuado para el desarrollo de este trabajo.
En la mayoría de los países no se ha tratado con mayor interés la figura del reporto, a excepción de
Italia, y son sus escritores los que con mayor claridad han tratado de explicar su origen y naturaleza. Es
por esto que sin detenerse en el derecho de otros países, se ha preferido conocer cómo fue concebido
el reporto en el Derecho Italiano y cómo fue admitido en la legislación de ese país.
Corrado atribuye a los Juristas Italianos el mérito de estudiar con mayor seriedad al reporto, expresán-
dose en estos términos: “... en el estudio de las instituciones del Derecho Mercantil son los primeros,
mostrando la versatilidad del ingenio latino, en encuadrar una nueva institución en la milenaria tradición
jurídica”.
Según este autor, “el método seguido por los Juristas Italianos, representó un gran esfuerzo al reducir a
esquemas lógicos una realidad no bien conocida, que fue sustituido por la investigación real de la
entidad, de la cual se buscaba su valoración jurídica, deduciéndola de las frases de la bolsa y del interés
que las partes querían satisfacer, cuando estipulaban el reporto y no otro contrato”.
El método seguido —sigue diciendo el autor—, les dio buenos resultados, habiéndolo aplicado con cau-
tela, ya que se podía llegar a una sobrevaloración del aspecto económico del fenómeno con la
consecuencia de identificar al reporto, con instituciones que sólo tienen en común, el fin de satisfacer
una misma exigencia práctica, habiendo llegado a una solución satisfactoria del problema, después de
luchar con los inconvenientes de este método y a través de sucesivas elaboraciones.
Advierte Corrado que “en la doctrina italiana poco a poco se fue destacando de la descripción
económica del fenómeno, el aspecto normativo del problema”, y es que, según dicho autor, “todo
contrato tiene una característica o función económico-social: es suficiente buscar el interés típico que un
negocio satisface, para definir su naturaleza jurídica”.
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