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Neoliberalismo



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     El modo más sutil que puede arbitrar una ideología para imponerse y perdurar es proclamar la
muerte de las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por ejemplo, la ciencia. Es lo que sucedió
por casi un siglo con el positivismo. 
La ciencia positiva hace las veces de la política, la filosofía y la teología, y siempre como evidencia
apodíctica y sagrada. Y así, disentir razonablemente de una hipótesis científica, pasa a ser un
sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no merece el honor de una respuesta científica
sino la marginación condescendiente o brutal: ha perdido la contemporaneidad y no tiene sentido
dirigirle la palabra.
     Eso pasa hoy con el Neoliberalismo. Es un modo de practicar la economía política que está
alcanzando vigencia planetaria. Pero el que esta práctica haya logrado imponerse no significa la
convalidación de sus postulados; sólo atestigua la contundencia de los medios (tanto políticos como
económicos).
      "Se ha demostrado que los organismos de decisión política o administrativa no obedecen al tipo
de comportamiento altruista que postuló, con cierta ingenuidad, el intervencionismo económico del
siglo XX".
B.
El Neoliberalismo como Ideología  Política
     El postulado principal del Neoliberalismo es que la competencia pone a funcionar hasta el tope las
energías latentes en los individuos que conforman el todo social, y así la extrema movilidad que se
genera, tras una etapa dolorosa de ajustes, provoca una sociedad   de  bienestar.  Para  que  este 
postulado  se  realice,  el  Estado  no  puede sobreproteger al pueblo: el populismo o la planificación
central mantienen al pueblo en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo
mantienen no   sólo improductivo para la sociedad sino débil y carente de valor a sus propios ojos.
     "El liberalismo económico defiende el mercado como instrumento productivo: para asignar los
recursos escasos de la sociedad a sus usos o empleos alternativos a través de los precios libre, porque
se respeta de ésta manera las prioridades de la gente en esas asignaciones, y no se imponen las de
los elencos políticos y burocracia.
     Como los precios (libres) de los productos finales son espejo en el cual los criterios de valorización
de la gente se reflejan de manera directa e inmediata, el liberalismo económico defiende también
en principio al mercado como instrumento distributivo del producto social; porque es menos
imperfecto que los instrumentos estatales. 
También sus criterios de distribución reflejan - aunque indirectamente - las preferencias, valorizaciones
y prioridades de la gente: los precios de los bienes y servicios finales determinan los precios de los
factores - entre ellos el trabajo -; y estos a su vez determinan sus ingresos, que constituyen la vía de
distribución del mercado. Los instrumentos estatales de distribución del ingreso en cambio se prestan -
no siempre inevitablemente - a diferentes formas de distorsión y corrupción. Entre ellas, la de ser
distribuidos o negados en función de criterios discriminatorios".
     Igual que la nación tiene que salir al mercado del mundo, el pueblo debe salir también al
mercado nacional pagando los servicios y el consumo en su valor real y sometiéndose todos al
mercado de trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado
como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería crear condiciones para
que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no
realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadanos a través de las organizaciones económicas en la
concurrencia del mercado.
 
C.
El Neoliberalismo como Propuesta Económica
     Los neoliberales se dedican a ensalzar la competencia capitalista, afirmando que el mecanismo
de esta última garantiza automáticamente las mejores condiciones para la evolución de las fuerzas
productivas.
     "Una peculiaridad del Neoliberalismo es que combina la exaltación de la libre competencia y de la
restauración automática del equilibrio con el reconocimiento de la necesidad de la intromisión del
Estado en la economía. Lo peculiar de esta argumentación reside en que la defensa de la
intervención del Estado en la economía se presenta como una lucha por la libre competencia".
      La argumentación del Neoliberalismo es que la libre competencia es el estado ideal de la
economía, pero no siempre puede ponerse en vigor, porque los monopolios la contrarrestan. Esta
reacción puede ser superada y la libre competencia puede ser restablecida tan sólo aplicando una
serie de medidas de política económica.
      La crisis económica de los años setenta altera de manera fundamental la perspectiva de la
intervención del Estado.  De hecho el dictum de la era reaganiana según el cual “el Estado no es la
solución, es el problema”, atribuye el exceso de intervención del Estado, el desempleo masivo, la
inflación, la debilidad de crecimiento, lo que por supuesto preparaba el campo para la crítica a la
intervención estatal en los asuntos económicos.  
Desde entonces, se empezó a centrar más el análisis de las políticas públicas, no en los fallos del
mercado que pudieran corregirse con las intervenciones del Estado, sino en los fallos del Estado, en el
exceso de intervención, en la burocratización, etc. 
     La teoría de los neoliberales se basa, en forma enmascarada, en la idea del papel  decisivo del
Estado en la economía, es decir, el rol del Estado debe ser el de promover la   competencia.
D.
El Neoliberalismo como Propuesta Antropológica
     Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una propuesta antropológica que está siendo
internalizada en los ambientes ganados por el Neoliberalismo. En términos éticos suena así: "lo
moralmente bueno, lo que debe procurarse como bien para sí mismo y para la sociedad es producir
(aumentar la productividad, cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades), consumir (comprar las
marcas más prestigiosas, exigir calidad, acceder según las preferencias a lo que se propone como
deseable) y exigir los propios derechos Lo demás debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el
Estado, los Medios de Comunicación Social...). 
Es completamente disfuncional para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se
preocupe del todo social, de la suerte de los pobres. En todo caso, si a alguien le inquieta esto, que se
deje de elucubrar o pretender; que deje, pues, lo que se llama política, y que se meta pues a
cualquier asociación benéfica, privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su tiempo libre y no
causará problemas a su relación con el todo social ni a la sociedad como todo".
      En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos; estos no son llamados como
cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe como campo posibilitante de
las preferencias de cada cual. La idea de la humanidad como cuerpo social que se propone fines
carece totalmente de sentido. "De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento
de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido o lugares de reunión". Pero este cultivo en las
raíces, sin proyección trascendente, amenaza con convertirse en un egoísmo colectivo.
CAPITULO IV
EL NEOLIBERALISMO EN EL MUNDO
A.
Marco General del Neoliberalismo en Estados Unidos con relación a Europa 
     El desarrollo de las políticas del neoliberalismo se presenta con mayor fuerza en Estados Unidos que
en Europa; ahora bien el impacto en una y otra región ha tenido sus particularidades aunque tienen
puntos de semejanza. 
En tal sentido hay diferentes factores a través de los cuales se puede evaluar los resultados de las
políticas neoliberales; así en los años ochenta se registraron bajas tasas de crecimiento económico en
los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico), al igual que un
incremento en la tasa de desempleo, mientras que en Estados Unidos ocurrió totalmente lo contrario. 
Este fenómeno a primera vista tuvo respuesta en que Estados Unidos realizó una flexibilización laboral
(entendida como la reducción en la protección social, los servicios sociales y la salud), al contrario de
Europa en donde la creación de empleo y la protección social eran el eje fundamental de sus
Estados del bienestar.
     Sin embargo la explicación anterior no fue respaldada, puesto que en el transcurso de las políticas
neoliberales en Europa no dieron los resultados esperados y por el contrario siguieron con la crisis
social, así mismo Estados Unidos también continuó registrando altas tasas de desempleo aunque
había crecimiento económico.
     La situación de Estados Unidos y la Unión Europea se puede considerar por un lado que aunque el
primer país tiene crecimiento económico no implica que la distribución de la riqueza se haga en
proporción a las necesidades de la población, en este sentido es evidente y como lo afirman muchos
estudios existe un alto grado de pobreza en Estados Unidos, y el poder de adquisición de los
norteamericanos es deficiente frente a los ingresos de los trabajadores europeos quienes tienen un
salario por encima del de Estados Unidos, en  consecuencia si bien el crecimiento macro en Europa es
lento sus ciudadanos tienen una mejor calidad de vida.
     El neoliberalismo ha creado una solución al desempleo, haciendo que se abran cargos de mano
de obra no calificada, es decir, que quienes obtienen empleo generalmente reciben un salario
mínimo, además están bajo una inestabilidad laboral, esto trae efectos sociales importantes puesto
que la clase mayoritaria seguirá siendo la más pobre, mientras que los dueños capitalistas serán cada
ves más poderosos económica y políticamente.
     En conclusión el modelo liberal esta diseñado para quienes ostentan el poder tengan la posibilidad
de dominar al desposeído y no solo a nivel de cada país porque debido a los efectos de la
globalización la dominación se extiende a los países del tercer mundo. 
     
B. El Neoliberalismo en América Latina
     En América Latina, luego de un poco más de dos décadas de aplicación del modelo neoliberal las
consecuencias para nuestros países han sido desastrosas: mayor pobreza, concentración de la
riqueza en unas cuantas manos, desmantelamiento de Estados Nación, estancamiento de la
economía, dependencia respecto del capital financiero trasnacional, privatizaciones, abandono del
Estado a las políticas sociales, flexibilización laboral que se traduce en sacrificio de los trabajadores en
aras de la productividad, incremento de la deuda externa, apertura indiscriminada al capital
extranjero sobre todo al especulativo, bajos salarios y desempleo.
     Los defensores del neoliberalismo y los organismos financieros internacionales como el  Banco
Mundial y  el  Fondo  Monetario  Internacional,  señalaban  que  aplicando  las recetas del libre
mercado, a partir de los años 90 los pueblos latinoamericanos y caribeños vivirían una etapa de
crecimiento económico con equidad, sin embargo la realidad resultó muy distinta y nuestros pueblos
padecen las consecuencias.               En una investigación  auspiciada por  los Países Bajos,  se señala
que  "las sociedades latinoamericanas se encuentran entre las más desiguales del mundo. En los
ochenta el panorama distributivo de la región empeoró y en los noventa ha registrado un relativo
estancamiento a altos niveles de inequidad distributiva".
Incremento de la pobreza.
     Los balances sobre la economía latinoamericana de las últimas dos décadas comprueban el
fracaso del neoliberalismo; según fuentes de la CEPAL y la Comunidad Andina, los sectores pobres,
que hace una década concentraban ya el 70% de la población, ocho años después se elevaban a
más del 77%; entre ellos, la indigencia pasó del 30 al 38% . El número de pobres en América Latina y el
Caribe alcanza ya un 45% de la población total, suman 224 millones de personas, y de ellas 90
millones son indigentes. Más de la mitad del total de pobres e indigentes son niños y adolescentes.
Entre el 20% y el 50% de las poblaciones urbanas de la región viven en condiciones desastrosas de
hacinamiento masivo, pobreza extrema, violencia y marginalidad; no tienen acceso a servicios
básicos de atención primaria de salud ni de saneamiento; en las áreas rurales más del 60% no dispone
de ellos y el 50% carece de suministro de agua potable. 
     El Informe de la CEPAL 2000, denominado "Equidad, desarrollo y ciudadanía" da cuenta de que no
se cumplieron las expectativas de crecimiento esperadas para la década de los 90; se plantea que el
cambio de orientación de las políticas públicas que conoció la región desde los años ochenta se
caracterizó por la crítica a la visión universalista y a la responsabilidad exclusiva del sector público,  al 
proponer  la reducción del papel del Estado, la mayor participación de actores privados, la
selectividad de las políticas hacia los sectores más pobres y el impulso de procesos de
descentralización. La experiencia ha demostrado el poco éxito que ha tenido esta orientación en
alcanzar sociedades más equitativas. 
     América Latina lleva ya dos décadas pérdidas, sin que se vislumbren hasta el momento
posibilidades de recuperación económica de continuarse por esa vía, algunos datos del propio
Informe 2000 de CEPAL pueden ilustrarlo de forma clara :
1) El crecimiento económico y el aumento de la productividad han sido frustrantes durante la
última década. De hecho, sólo tres países de la región alcanzaron en ambas variables registros
iguales o superiores a los de los tres decenios anteriores a la crisis de la deuda. 
2) El crecimiento promedio de la región sigue siendo inferior no sólo a lo que hace falta para
cerrar la brecha que nos separa de los países más desarrollados sino también a lo que la CEPAL ha
considerado deseable y necesario para superar los graves problemas de pobreza que aquejan a la
región. Los indicadores de deterioro de la calidad del empleo son aún más generalizados, según se
aprecia en el aumento relativo del empleo en sectores de baja productividad, principalmente del
sector informal, donde se han generado siete de cada diez puestos de trabajo en las zonas urbanas
durante la década que termina. 
3) Posiblemente no existe ningún país de la región donde se hayan reducido los niveles de
desigualdad en relación con los imperantes hace tres décadas (cuando ya se contaba con
mediciones para un número importante de países) y para muchos la desigualdad es mayor que
entonces. 
     En ese aspecto, cabe destacar que el propio informe de CEPAL reconoce que Cuba ha
mantenido la distribución del ingreso más equitativa de la región, pese a las tensiones que generó la
profunda crisis económica que experimentó a comienzos de la década y el posterior proceso de
reestructuración. 
La situación laboral de los trabajadores.
     El neoliberalismo ha traído como consecuencia bajos salarios, desempleo, pérdida de conquistas
de carácter laboral, aumento del trabajo infantil e incremento del empleo informal. A esto se suman
las "recomendaciones" del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para que los países
"flexibilicen" su legislación laboral, es decir, para que se abandone en los hechos el carácter social del
derecho del trabajo.
     El nulo crecimiento de la economía en la región llevó a un serio empeoramiento de las condiciones
en el mercado de trabajo. La tasa de desempleo subió de 8.1% a 8.7%, nivel superior a los alcanzados
durante la crisis de la deuda a comienzos de los años ochenta. Desde mediados de los años noventa,
la tasa de desempleo regional ha mostrado un fuerte aumento. 
En 1999 este indicador tuvo nuevamente un marcado incremento, que lo llevó a superar incluso los
niveles más altos de desempleo alcanzados en la década de 1980. 
     Las reformas económicas han exacerbado asimismo ciertos problemas antiguos y creado nuevos:
se han mantenido las bajas tasas de inversión y crecimiento de la productividad en muchos países y
sectores, ha habido escasa generación de empleos y los que se han creado son de baja calidad, no
se ha logrado reducir los altos niveles de inequidad que tradicionalmente han caracterizado a la
región, ha habido dificultades para integrar los sectores y empresas principales en las economías
nacionales, se han ampliado los déficit comerciales y los países dependen más de los volátiles
capitales externos. 
      Se preveía que las reformas tendrían un impacto positivo sobre el empleo, en virtud de un
crecimiento más rápido del producto y un cambio hacia tecnologías de producción de mayor uso
intensivo de mano de obra, en tanto también se proyectaba que la mayor demanda de mano de
obra no calificada contribuiría a restar importancia a la calificación y mejorar la distribución del
ingreso. Ninguna de estas expectativas se concretaron. 
     Al lento crecimiento del empleo durante los años noventa se sumó el deterioro de la calidad de los
puestos de trabajo; se registró un desplazamiento del sector formal al informal donde, de acuerdo
con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se encontraba cerca de 60% de los nuevos
puestos creados en los países del proyecto. 
Flexibilización laboral.
     Con el modelo neoliberal, los principios fundamentales de la relación jurídica laboral como el de
considerar al trabajo como derecho y deber social, la libertad de trabajo, la igualdad y la estabilidad
en el empleo, el contrato colectivo de trabajo, contrato ley, el derecho de huelga, derecho a la
sindicalización y otras conquistas históricas  de  carácter laboral  que han  sido fruto  de  la  lucha de
los  obreros, en la actualidad están siendo amenazadas y en muchos casos en los hechos ya se han
abandonado. Los instrumentos de control financiero imponen políticas a los países subdesarrollados,
en las que prevalece la protección por parte del Estado de los intereses de los enormes capitales
nacionales y extranjeros, en detrimento de los derechos de la clase obrera y su impacto en la calidad
de vida. 
     Con la llamada "flexibilización laboral" se expresa una tendencia al deterioro de las condiciones de
trabajo y de seguridad laboral, y de reducción del pago de obligaciones provisionales, con el
propósito de reducir los costos laborales.   Este tipo de medidas no  da lugar a ganancias sostenibles
de productividad y empleo, e incluso sus efectos sobre la rentabilidad pueden ser sólo temporales.
Aún más, en la medida en que el establecimiento y el mantenimiento de condiciones laborales
básicas adquiera progresivamente más importancia como criterio de acceso a importantes
mercados externos, quedará cada vez más en evidencia el carácter espurio de las supuestas
ganancias en términos de costos. 
     La Organización Internacional del Trabajo en su boletín número OIT/98/37 de fecha lunes 26 de
octubre de 1998, plantea que con la flexibilización laboral puede haber "un mejor funcionamiento de
las empresas, aumento de la productividad y descenso de los costos salariales", así como una
tendencia a acortar las horas de trabajo. Entre los aspectos negativos el informe destaca el aumento
del trabajo a tiempo parcial, la reducción de la retribución de las horas extraordinarias, mayor
inestabilidad en el empleo y más "horas insociales" (es decir, trabajo nocturno, trabajo durante fines
de semana y largos turnos durante períodos de mucho trabajo)".
La privatización de la seguridad social.
     El derecho a un sistema íntegro de seguridad social, en donde un trabajador y su familia se
encuentren asegurados ante cualquier riesgo laboral, enfermedad, urgencia médica y un retiro
decoroso, ha sido una de las mayores conquistas de la clase  obrera  en  el  mundo; sin  embargo 
este  derecho  ha  tenido  un proceso  de cambios en donde se vislumbra una clara tendencia hacia
la privatización, aplicando, conforme a las políticas de libre mercado o neoliberales, la reducción
paulatina de la protección y responsabilidad estatal de garantizar los derechos sociales y el bienestar. 
El cambio de la política social se ha realizado mediante una propuesta en donde el bienestar social
pertenece al ámbito de lo privado, la salud sólo interesa en términos de capital humano o de
inversión rentable, y la acción pública como lo ha señalado la propia Organización de las Naciones
Unidas, se limita al combate a la pobreza extrema. 
     El llamado "padre de las privatizaciones", el Dr. José Piñeira quien instrumentó el modelo chileno de
privatización de pensiones y asesoró a México y Estados Unidos en el mismo sentido, ejemplifica
claramente el carácter individualista del proyecto neoliberal para la seguridad social; en el
documento la Revolución de las Pensiones en Chile señaló que "ante el fracaso del sistema de
pensiones manejado por el Estado, la lección final es que las únicas revoluciones con éxito son
aquellas que confían en el individuo y en las maravillas que el individuo puede hacer cuando es libre.
Las pensiones han dejado de ser un problema gubernamental, despolitizando así a un gran sector de
la economía y permitiendo a los individuos tener mayor control sobre sus vidas. 
El defecto estructural ha sido eliminado y el futuro de las pensiones depende del comportamiento
individual y del desarrollo de los mercados".
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