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¿Olvidada? ¿Por qué? ¿No tenemos la experiencia cotidiana de que los recursos
no alcanzan? ¿No lo sufren, legos y profesionales, al elaborar cualquier tipo de
presupuesto y hacer cuentas? 
Sí, en cierto sentido sí, pero el olvido comienza con esta sencilla pregunta: ¿por
qué la escasez? 
Ahí comienzan las dificultades, dificultades tales que incluso hacen olvidar no sólo
las causas de la escasez, sino a ella misma. “Este país es rico, lo que pasa es
que la riqueza está mal distribuida”. ¿No lo escuchó nunca el lector? O, como
escuché una vez, de manera enojada y casi amenazante: “Y no me digan que no
hay recursos, mientras los supermercados están llenos y los niños siguen
desnutridos”. 
Este último ejemplo es importante. Así como Heidegger hablaba del “ser ahí”, es
más fácil ver la riqueza disponible, que “está ahí”. “Hay”, en efecto, muchos
supermercados “llenos”, y “no hay” comida para un sin fin de niños. ¿Cuál es el
problema entonces? No de escasez, sino de ética. Distribúyanse mejor los
recursos (propuesta que puede oscilar, desde un J. Rawls hasta un Fidel Castro),
pero los recursos están. No nos vengan, pérfidos capitalistas y defensores del
mercado, a decir que no están. Ahí están, y bien a la vista. 
No, no creamos que es fácil contestar esta objeción. Uno puede decir que si usted
confisca la riqueza de un supermercado y la reparte, a los pocos días se va a
quedar sin nada que repartir. Ah no, no es tan fácil. Si eso ocurre, es por el
egoísmo de las empresas privadas que dejaron de proveer al supermercado.
Confisquemos también a las empresas que no quieran seguir regalando su
mercadería....... Y así sucesivamente....... 
En el fondo, es lo que muchos piensan, mientras circulan por la vida mascullando
(y escribiendo) su comprensible odio contra ese sistema maléfico que no logra
erradicarse por completo, ese mercado de compras y ventas, tan contrario a la
solidaridad y al compromiso con el prójimo. 
Pero no creamos que quienes así piensan son personas no ilustradas. No es una
simple cuestión de un Chávez y sus hordas de fanáticos. 
El primero que se olvidó radicalmente de la escasez, como ya dijimos en otra
oportunidad, fue uno de los filósofos más importantes e influyentes de fines del s.
XIX. Marx. Para él, la escasez no es una condición natural de la humanidad, sino
un efecto de la explotación del sistema capitalista. Una vez éste erradicado, la
escasez dejará también de preocuparnos. Así sigue pensando mucha gente, y
esa es una muy buena explicación del supermercado lleno de cosas en un sector
de ingresos medios para arriba, a pocos kilómetros de una franja de población
sumergida en la extrema pobreza. Bohm Bawerk lo refutó adecuadamente en
1884 pero, excepto para los extraterrestres que admiramos a los economistas
austriacos, Bohm Bawerk está más olvidado que la escasez misma. 
Pero el paradigma neoclásico de economía siguió su curso y desarrolló el famoso
modelo de competencia perfecta. Nadie ignora hoy la vigorosa defensa
metodológica del modelo hecha por Friedman en 1953. Que el realismo o no del
modelo no importa precisamente porque es una hipótesis de trabajo. Pero eso no
es el problema. El problema fue identificado por Hayek en 1935, y no por
casualidad, sino por ser discípulo de L. von Mises. El modelo de competencia
perfecta supone conocimiento perfecto; eso implica expectativas de oferentes y
demandantes perfectamente adecuadas y, por ende, no hay allí problema
económico y, por ende, no hay allí problema de escasez. Por supuesto,
economistas neoclásicos posteriores agregaron al modelo, como hipótesis
auxiliares, el problema del conocimiento. Descubrieron América. Para Hayek y
para Mises ese es el planteo inicial, sencillamente porque tenían claro el problema
de la escasez, no como fenómeno físico, sino como un aspecto básico del mundo
social.
 
Lo interesante de esto, a nivel académico, es que millones y millones de
egresados de carreras de economía salen pensando que el mercado real falla
porque no es perfecto como el modelo, y que la distancia entre el mercado real y
el perfecto aumenta la escasez, la cual se minimiza, a su vez, con intervención del
estado. Y si ha estudiado a J. Rawls, verá que éste llama “explotación” a ese
remanente de plus valía que queda, dado que el mercado no es perfecto.
Impresionante mixtura del paradigma neoclásico con el marxista. O sea que
cuanta más economía estudie alguien, más olvido de la escasez. Excepto, claro
está, sentido común o Escuela Austriaca. ¿Exagero? Puede ser. ¿O no? 
Sumemos a ello la estructura corporativa, no sólo del Mussolini classic, copiado
perfectamente por Perón y las millones de personas que en Argentina se
enorgullecen en llamarse “peronistas”, sino por todos los partidarios del Welfare
State distributivo, un juego de suma cero jugado por el gobierno central. Allí
tampoco hay escasez. Hay una torta fija de recursos que el gobernante debe
equilibrar distributivamente entre los diversos “intereses” de las diversas
corporaciones, atento a que lo que uno gana, lo pierde otro. Se me podrá decir
que cómo que no hay escasez si los recursos allí son fijos. Ok, es que lo que
completa el panorama es que desde este modelo la torta puede crecer, desde el
gobierno, con obras públicas, o con una muy prudente emisión monetaria..... ¿Y
de dónde sale entonces una mayor producción de bienes y servicios? Perdón por
haber preguntado eso, es que leo a los austriacos y no a los keynesianos. 
Es que allí está la clave. La escasez nunca se elimina, pero sus efectos se
minimizan con el ahorro, la inversión y la formación de capital (capital, sí, al cual
hay que combatir, según una maravillosa canción que millones de argentinos
siguen cantando), ahorro e inversión que sólo se logra con ese mercado libre que
Mises, Hayek, Kirzner (no Kichner, precisamente) y Rothbard defendieron hasta el
cansancio. Por eso hay supermercados que están llenos. Porque, a pesar de los
ingentes esfuerzos para controlar y eliminar ese alienante y explotador proceso
llamado mercado, aún quedan personas que ahorran, invierten y logran que
usted, dentro de un mes, encuentre ese detergente que usted buscaba en esa
góndola de supermercado (cosa que es casi un milagro de combinación de
conocimientos diferentes y que afortunadamente para usted no depende de
ninguna secretaría gubernamental, ni de Kichner ni de Menem, ni de Lavagna ni
de Cavallo). Pero si usted es una buena persona me va a decir: ¿sólo yo? ¿Y el
niño desnutrido? Precisamente. A pesar del arrollador éxito de Marx en hacer
creer lo contrario, la eliminación de la pobreza y la miseria es uno de los
principales resultados del mercado libre. Porque el ahorro lleva a la inversión, la
inversión, a mayor demanda de trabajo, y esto, a un mayor salario real y, por
ende, a más ahorro y así sucesivamente. Eso es el desarrollo de los pueblos, y
eso es lo que permite una verdadera solidaridad internacional de fronteras
abiertas y libre inmigración de personas y capitales. Eso es lo que paulatinamente
va a llevar trabajo, más salarios y más bienes y servicios a esas regiones donde
ahora hay sólo el terrible espectáculo de niños desnutridos caminando descalzos
en medio de míseras e insalubres condiciones. Claro que el proceso no es
instantáneo, pero le aseguro que las obras públicas y las políticas de bienestar del
estado no lo van a hacer precisamente más rápido. Entretanto, si organismos
internacionales tales como el FMI y el Banco Mundial sirvieran para algo, podrían
ayudar a las ONG con planes de asistencia, mientras dejan de asistir a gobiernos
que despilfarran los recursos escasos, dejando así de formar parte de una co-
responsabilidad de deudores y acreedores de una bicicleta internacional
financiera absolutamente incontrolable. 
Frente a todo esto, lo que principalmente hay que reclamar a los
socialdemócratas es su ingenuidad, su total y completa ingenuidad. Ok,
comprendo que los partidarios de Buchanan digan que ellos son sólo oferentes de
bienes públicos interesados en maximizar su beneficio, pero hay otras
motivaciones en juego. Como ignoran absolutamente el problema de la escasez,
su filosofía política es un elemental juego entre los buenos y los malos. Ellos son
los buenos, los que van a repartir bien los recursos “existentes”, mientras que los
partidarios del mercado libre son “los malos”, los que comen pizza con
champagna mientras contemplan insensibles los efectos explotadores de su
pérfido capitalismo. La libertad de expresión de los malos se les vuelve, también,
obviamente difícil. Si usted piensa distinto del bueno, es porque es malo. Claro,
aún hay diarios y programas de radio y TV financiados por el capitalismo
explotador, pero ellos, los buenos, nos están vigilando... 
Que Dios nos proteja de los buenos cuando, de buenos, pasen a muy, muy
nerviosos, cuando ya no quede mucho para expropiar y repartir. En ese caso no
se sentirán refutados por nada. Ellos, los buenos, tendrán que terminar con todos
los malos, como única solución. 
Modulo 2. Lectura complementaria 2.
Bienes y servicios: su utilidad
Las necesidades se satisfacen mediante la utilización de bienes y servicios.
Los bienes económicos son las cosas aptas para satisfacer necesidades
humanas y disponibles para tal fin.
Los servicios son aquellas actividades que, sin crear objetos materiales, se
destinan directa o indirectamente a satisfacer necesidades humanas.
Requisitos:
· Accesibles: que sea posible su utilización.
· Aptos: que reúnan las propiedades necesarias para su utilización en la
satisfacción de necesidades.
· Limitados y onerosos: los bienes superabundantes no son económicos.
Llamamos bienes libres a aquellos que son ilimitados en su cantidad o muy
abundantes y no son propiedad de nadie.
· Transferibles: que puedan ser intercambiados.
Clasificación:
No durables
De consumo
Durables 
No durables
Según su función respecto
de las necesidades de
consumo
Medios de producción
Durables
De origen animal
De origen vegetal
Materias primas
De origen mineral
Productos semielaborados
Bienes que poseen distintos grados de
elaboración, en las etapas intermedias del
proceso productivo
Bienes intermedios
Partes componentes
Según su nivel de
elaboración
Bienes terminados
Bienes finales
Bienes complementarios
Bienes de valor equivalente o casi –
equivalente
Bienes sustitutos
Bienes superiores e inferiores
Según su relación entre ellos
Bienes independientes
· Bienes de consumo: permiten la satisfacción de las necesidades en forma
inmediata y directa.
· Medios de producción: son los elementos materiales necesarios para fabricar y
distribuir los bienes de consumo, y para materializar otros medios de producción.
También son llamados bienes de capital o de inversión. El carácter de bien de
consumo o de producción está determinado no sólo por sus aptitudes para ciertos
empleos, sino también por la función específica a que ha sido destinado.
· Bienes no durables: son utilizados una vez y consumidos en ese uso.
· Bienes durables: pueden ser utilizados en repetidas oportunidades, se van
desgastando con el uso hasta agotarse totalmente.
· Materias primas (bienes primarios): son aquellos elementos que brinda la
naturaleza como consecuencia del trabajo humano, obtenidos mediante labores
de extracción o cultivo y luego afectados a distintos procesos. Sólo son
considerados como materia prima si se los emplea como elemento inicial de un
proceso de elaboración. Si son utilizados directamente para satisfacer
necesidades de consumo, se trata de un producto terminado.
· Bienes semielaborados: antes de llegar a su fase de finalización. No son aptos
todavía para satisfacer necesidades.
· Bienes terminados: son aquellos productos que se encuentran técnica y
económicamente en condiciones de satisfacer una necesidad de consumo o de
servir como medio de producción o insumo. Los insumos son aquellos bienes
que, aún siendo productos finales de una etapa de producción, en una etapa
posterior de transformación pierden su identidad y se transforman en otro bien.
· Bienes intermedios: tienen el carácter de terminados, son medios de
producción y son insumos de otros bienes.
· Partes componentes: bienes terminados que forman parte de otros productos,
pero sin perder su identidad anterior.
· Bienes finales: productos terminados que no experimentan ninguna
transformación posterior.
· Bienes complementarios: aquellos que se utilizan conjuntamente para
satisfacer necesidades de consumo o de producción.
· Bienes sustitutos: son aquellos que pueden reemplazar a otros en la
satisfacción de una necesidad o en la producción de otros bienes.
· Bienes independientes: no son complementarios ni sustitutos de otros bienes.
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