101
Cuando a los hombres jóvenes se les invita a que se introduzcan en la esfera pública de las
relaciones contractuales, se les estimula a que olviden su antigua carencia de poder y que asuman
una posición de igualdad o de superioridad. Pero ninguno de nosotros deberíamos olvidar nunca la
sensación de falta de poder. El considerar la relación entre el niño y la persona maternal como la
principal relación social puede estimularnos a recordar el punto de vista de aquellos que no
pueden apoyarse en el poder de las armas para hacer valer sus pretensiones morales.
Modelos para la sociedad
Hay razones para creer que una sociedad basada sólo en pactos entre individuos egoístas y
desinteresados de los demás no será capaz de soportar las fuerzas del egoísmo y de la disolución
que destruyen tales sociedades. A pesar de que puede haber algunos ámbitos limitados en los que
los contratos son la fórmula adecuada de las relaciones sociales, aquellos son obviamente
insuficientes. Quizá sería más conveniente aprender de un hogar patriarcal, en vez de seguir
explorando en el mercado cuáles serían las fuentes adecuadas para el cariño, la cooperación y la
confianza.
La primera vez que hablé en público acerca de considerar la relación entre persona maternal
e hijo como la principal relación social, un hombre joven del público me preguntó: pero en la
sociedad y con ello se refería a la sociedad extrafamiliar- ¿quiénes son las madres y quiénes son
los hijos?. A pesar de que se trataba de una pregunta malintencionada, no deja de ser una buena
pregunta. La dificultad para responderla puede indicar a qué grado de distorsión han llegado las
tradicionales ideas contractuales. Las personas que apoyan la concepción de una sociedad
construida sobre contratos, son incapaces de concebir una sociedad basada en la confianza y el
afecto mutuos.
Cuando exploramos las implicaciones de estas conjeturas podemos llegar a darnos cuenta de
que, en vez de contemplar a la familia como una isla anómala en un mar de contratos racionales
que conforman la vida política y social, quizá sea el hombre económico el que está habituado en
una isla demasiado pequeña
(*)
.
(*)
Este artículo se ha extraído de Non contractual society: A Feminist View, en Marsha Hanen y Kai Nielsen
(eds.), Science, Morality and Feminist Theory (Calgary Alberta: University of Calgary Press, 1987.)
102
III. FORMACIÓN, CÓMO CAPTAR LOS VALORES
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA:
-J. R. AYLLÓN: Ética razonada: Capítulo 5
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Asociacionismo y secretariado. Nuevos retos éticos, Grafite
Ediciones, (Bilbao, 2005). (Capítulo II, pp. 75-82)
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección:
Cap:2.4.2 - 3.4.7.1
-COVADONGA O´SHEA: El valor de los valores (Edic. temas de hoy, Madrid, 1998).
-BERNABÉ TIERNO: Valores humanos. (Edic. Taller de Editores) Hay varios Tomos. Las
ediciones comenzaron en 1993.
-Sobre la armonía, puede ser útil la lectura de: ENRIQUE ROJAS: La ilusión de vivir.
Instrucciones para navegar hacia la felicidad , (Edic. Temas de hoy, Madrid, 1998)
-ALFONSO AGUILÓ: Educar los sentimientos, (Edic. PALABRA, Madrid 1999).
Una vez planteado qué es lo que en fondo buscamos y descartando que sólo y
fundamentalmente busquemos el placer, el bienestar, cuyo único límite sea mantenernos en el
ser, por el principio de realidad. Rechazando la formulación de Freud que reduce nuestro actuar
ético al de hedonistas frustrados que deben amoldarse a la realidad adversa forzadamente si
quieren sobrevivir. Podemos llegar a la conclusión con Spaemann que. Lo que deseamos es
justamente realidad; y salvo que estemos enfermos o seamos toxicómanos, no deseamos ninguna
euforia ilusoria, sino una felicidad que se apoye en la realidad (pág. 45).
Felicidad: no consiste en el placer, si no en la alegría profunda, aunque sea temporalmente breve
Para los que defienden que el placer es el único fin apetecible en un diálogo de Platón,
Sócrates responde que en ese caso será inmensamente feliz aquél que padezca sarna y pueda
estar rascándose de continuo. El hedonista que escucha esta respuesta de Sócrates se enfada
mucho y afirma que el ejemplo es una grosería, ya que existen placeres de más calidad o más
altos que rascarse.
Existe una escala de placeres, existe una gradación desde lo que resulta placentero hasta
la felicidad
En el uso lingüístico solemos distinguir entre alegría y placer. Una persona con un estado
corporal placentero, puede encontrarse triste, y por el contrario, podemos estar inmensamente
103
alegres, a pesar de padecer dolores físicos, siempre que esos dolores no anulen del todo nuestra
atención.
111
Un depresivo, por ejemplo, no saca provecho del placer que obtiene, por lo que no puede
encontrar en él la fuente de la felicidad..
Quien se alegra no necesita ser preguntado ni preguntarse qué provecho saca de la alegría.
de la alegría no se saca nada. la alegría es lo máximo que se puede sacar de una cosa
(Spaemann).
Decía Lewis, un agnóstico que se convirtió al Cristianismo, acerca de la felicidad: No es la
felicidad habitual, sino la alegría de un momento dado, la que glorifica el pasado
112
. Mientras se
planteaba su conversión, el experimentaba en el fondo de su alma una enorme nostalgia como de
un paraíso perdido que comparaba con la tremenda dicha del Edén del escritor Milton. Era para
él como un deseo insatisfecho, y matizaba: que es en sí mismo más deseable que cualquier otra
satisfacción. Lo llamo Alegría, que es un término técnico y se debe distinguir tanto de Felicidad
como de Placer. La Alegría (en mi sentido) tiene una característica y sólo una, en común con
ellas; el hecho de que quien la haya experimentado, deseará que vuelva. Aparte de eso, y
considerada sólo en su esencia, podría casi igualmente considerarse un tipo especial de
infelicidad o aflicción. Y, sin embargo, la deseamos. Dudo de que cualquiera que la haya probado
la cambiase, si ambas cosas estuvieran en su poder, por todos los placeres del mundo. Pero la
Alegría nunca está en nuestras manos y el placer a menudo sí
113
.
La alegría es experiencia subjetiva de la felicidad y se suscita porque supone la presencia y
posesión actual del auténtico bien,
Precisamente la alegría fue su camino hacia Dios, que le cautivó así. En la esencia del
cristianismo está la alegría: Los ángeles anuncian a los pastores: alegraos; alegraos en el Señor,
anima San Pablo. Pero ya hablaremos de esto más adelante.
Con una formulación más breve, Spaemann afirma que la alegría es lo máximo que se
puede sacar de una cosa.
Hay una diferencia entre la alegría y las situaciones placenteras:
La situación placentera la causa algo (se puede decir que somos más pasivos, más objeto de
algo que sujeto que se relaciona con algo), aunque pongamos los medios para experimentar el
placer.
La alegría, por el contrario, tiene un objeto un contenido: nos alegramos de algo, o con algo.
En la alegría, nosotros somos sujetos activos, hay como una captación del bien que es más propia
de la persona humana: es algo más que una reacción fisiológica. Hay un contenido que se
descubre y que se ve capaz de finalizar nuestra vida hacia la plenitud. Ese contenido es lo que en
ética denominamos valor.
114
Distintos tipos de alegría
111
En TECNUN el profesor preguntó: ¿Qué es lo que todos buscamos en el fondo de nuestro ser? ¿A qué
aspiramos? Después de un largo silencio general, Olatz respondió: ser felices. Efectivamente buscamos la
felicidad, la plenitud humana, alcanzar nuestro fin. La presencia de ese bien es lo que nos llena de alegría.
112
C.S. LEWIS, Cautivado por la alegría, p. 16
113
Ídem., p. 25-26
114
Los valores pueden describirse así: (
) Son propiedades del ser, lo que justifica que el ser sea en lugar
de no ser. Desde el punto de vista subjetivo son indicadores para la conducta humana; maneras de
ordenarse bien y tener sentido dicha conducta. (ROMANO GUARDINI: Ética, B.A.C., Madrid, 1999, p. 23)
104
Cada contenido u objeto de alegría produce un tipo de alegría
115
: alegría que produce
escuchar a Enya es distinta de la que se siente al escuchar a La oreja de Vangogh, las letras
siempre positivas de Alex Ubago, Back street boys, o la Ofrenda musical de Bach. Es distinta la
alegría que se experimenta cuando gana el equipo de fútbol propio que la que se siente al
encontrarse con un amigo o amiga por la calle. Aun más, es distinta la alegría que producen cada
una de las amigas o amigos. Cada uno de estos objetos o contenidos de la realidad, los
consideramos valores, porque patentizan lo valiosa que es la realidad, siempre que estemos en
disposición de apreciarla. Al valorarla experimentamos gozo, tristeza, veneración, respeto, amor,
odio, temor y esperanza
116
.
El placer no lleva por sí mismo a esta valoración, a esta finura en el discernimiento de lo
que merece la pena en nuestros encuentros con la realidad
Quienes absolutizan como ideal de su vida el placer, y el bienestar subjetivo, no llegan a
experimentar esa satisfacción más profunda que denominamos gozo. Hay que prescindir de uno
mismo para captar todo el contenido valioso de la realidad y gozar de y con algo. Un ejemplo.
Para valorar la música clásica hay que esforzarse al principio en escucharla. Después se conecta
con esa sensibilidad y se valora (me sucedió a los 7 años con Beethoven, edad a la que una
hermana de mi madre se empeñó e inculcarme el amor a la música clásica). Luego descubrí el
rock en casa de unos primos míos, y me enseñaron a valorar aquél mismo tipo de música. Para
valorar esas dos manifestaciones culturales tuve que esforzarme y prescindir de dos prejuicios:
uno que miraba hacia la música clásica como un rollo; el otro prejuicio. inculcado por la gente
mayor calificaba toda la música moderna como gritos y ruido.
También se experimenta una alegría profunda en nuestra dimensión ética cuando
realizamos valores como el de la justicia. Por ejemplo: encontrar una cartera repleta de dinero,
con tarjetas visa tirada en Miramón. Nadie nos ve. ¿Qué hago con ella? Miramos en su interior y
allí está la documentación de su dueño junto con una tarjeta de visita que contiene el número de
teléfono del propietario. Cabrían varias alternativas: quedarse con la cartera (robo); dejarla en el
suelo para evitar complicaciones (falta de sensibilidad solidaria en la responsabilidad
ciudadana); recogerla y entregarla en el depósito municipal (quizá el dueño tarde demasiado en
encontrarla hasta que pregunte en ese organismo); recogerla con la intención de devolvérsela al
propietario y telefonear a su domicilio para avisarle del hallazgo. La última opción puede
considerarse como la más completa desde la perspectiva ética. La primera actitud es antiética.
La segunda irresponsable aunque no gravemente antiética porque sobre el ciudadano de a pie no
recae la responsabilidad de recoger los objetos perdidos u abandonados (existen servicios
115
El placer, o la felicidad, es la forma en que se hace consciente la realización de un valor en la propia
vida. Según sea el valor en cuestión, ese placer tiene un carácter u otro (
) Desde el momento en que un
valor se introduce en nuestra vida sentimos inmediatamente una satisfacción (
) En sentido negativo,
porque se aquieta el tormento de la búsqueda, y positivamente, porque experimentamos la riqueza de un
nuevo valor. (Ibid. p. 28)
116
(
) Cuando en nuestras reflexiones hablamos de valor nos referimos a esta característica que lo
existente nos hace sentir, en positivo o en negativo, en todo nuestro encuentro con otro ser. Cuestión
distinta es si el sujeto del encuentro es siempre sensible al valor que se le presenta. Por ejemplo, una
persona puede responder muy bien ante el valor utilidad o ante el valor éxito económico o técnico, y ser
insensible ante lo estético. O también puede ser que le diga mucho la literatura, y poco la música, etc. Desde
este punto de vista, cultura es la presteza, intensidad, amplitud y finura con que el hombre responde al
cúmulo de valores de la existencia y también la seguridad con que consigue no perderse en ese cúmulo y es
capaz de acertar y mantener una opción que oriente su vida (Ibid, p. 22-23). Lo definitivo sería conseguir
que los valores éticos se presenten siempre ante la conciencia de la persona como tales valores y susciten así
alegría al percibir que son deseables y lo mejor.
105
municipales a los que contribuye con el pago de impuestos). La tercera alternativa sería justa y
correcta. La cuarta es además de lo anterior elegante. En el caso de la cartera de Miramón la
mujer del propietario comentó que agradecía mucho la llamada porque dos horas después en esa
misma mañana marchaban de viaje.
117
Captar los valores exige educación
Lo anterior nos sugiere que los contenidos valiosos no los experimentamos desde el
principio y a la vez, sino poco a poco, y siempre que una o uno aprenda a objetivar sus intereses.
Es preciso un periodo de aprendizaje: aprender a valorar la buena música, conociéndola bien;
aprender a leer textos para comprenderlos a fondo y disfrutar de su lectura, comprender y
valorar a las personas humanas; comprender y valorar la pintura, los perfumes, etc.
118
Formarse, en definitiva consiste en salir del encerramiento en sí mismo, que es más propio
del animal que del hombre, ya que los animales tienen un mundo cerrado, pequeño de estímulos
y reacciones sensitivas, incluso un nicho ecológico reducido. Salir del encerramiento de sí mismo
y abrirse a la objetivación y valoración de intereses, en los que se experimenta, dolor, gozo.
En nuestro mundo hiper-competitivo, la educación se ha reducido -en ocasiones- a enseñar
la defensa de los propios intereses, pero por encima de esa actitud es más importante enseñar a
tener intereses, a interesarse por algo. Quien no sale de sí mismo no puede ser feliz. Quien es
capaz de interesarse por los valores de la realidad consigue una vida lograda.
La persona humana puede alcanzar un universo de intereses. La persona humana es
universal. Comprender y desarrollar esa universalidad es tarea primordial de la formación
universitaria. La asistencia a las clases, el intervenir, el estudiar por cuenta propia ampliando
los conocimientos con lecturas, el análisis y aplicación de los conocimientos científicos a las
realidades sociales, estéticas, políticas
a todo lo humano en general permite que quien está
matriculado en un centro universitario, si no se limita a estar matriculado trampeando la
asistencia a las clases, estudiando sólo lo que cae, etc. llegue a alcanzar esa formación
universal. Una actitud de mínimos, faltando innecesariamente a clases o sustituyéndolas por la
asistencia a academias especializadas, etc., genera más bien mentalidades tecnocráticas y
pragmatistas. Quien no asiste a la discusión en grupo, quien no tiene momentos de reflexión en
común con sus compañeros y el profesor no recibe todo lo que la universidad proporciona por
naturaleza.
Un ejemplo de la vida real: Imaginemos que un alumno necesita cambiar de grupo de clase
en esas asignaturas que os dividen a la mitad por la mañana y a la otra mitad por la tarde. En
esa asignatura se ha comentado durante una sesión lo que cada una estaría dispuesta a hacer
por los demás tomando como ejemplo personajes generosos. Una alumna afirma ser capaz de
entregarse a los otros como la Madre teresa de Calcuta.
117
En TECNUN se planteó si devolver la cartera con la documentación y quedarse con el dinero hubiera
sido ético o medio ético. La respuesta fue que ningún valor humano puede vivirse a medias ya que en cada
uno de ellos se expresa alguna de las dimensiones fundamentales de la persona y su dignidad: una medio-
verdad es una gran mentira. El valor de la justicia exige dar a cada uno lo que le corresponde y la cosa
clama por su dueño. Olatz planteó si es ético no agradecer el gesto de devolución de una cartera. El
profesor respondió que la gratitud resulta muy importante para que las relaciones entre las personas sean
realmente humanas. Olatz narró su experiencia cuando al perder una cartera se la devolvieron al depósito
municipal. Buscó a la señora para darle las gracias, pero aquella mujer le dijo que no era necesario. Olatz
quedó con ella para decírselo de palabra. La falta de agradecimiento indicaría por el contrario falta de
elegancia y una cierta carencia de humanidad.
118
La cultura de cada persona puede definirse, precisamente, como la capacidad de distinguir entre valores
auténticos y falsos, y el nivel de cultura como la precisión, la certeza y la fuerza con que un hombre
responde sobre el grado del valor y la pertinencia del valor. (ROMANO GUARDINI: Ética, B.A.C. Madrid,
1999, p. 22)
106
El alumno que necesitaba cambiar de turno plantea a toda la clase su necesidad. Ninguna
de las que podrían cambiarse de horario se ofrece. La primera en negarse al cambio. Casi
protestando en público, es la que afirmó estar dispuesta a servir a los demás como la madre
teresa de Calcuta...
Las conclusiones son evidentes.
Papel de la inteligencia en el discernimiento de valores
Para captar los valores, es imprescindible un ejercicio de la inteligencia que permita
preferir unos y relegar o relegar otros: es decir con la inteligencia aprendemos a analizar una
jerarquía o escala de valores: puede gustarme más la música de Alejandro Sanz que la de Mike
Oldfield, pero objetivamente con mi inteligencia, puedo valorar más la de Mike Oldfield por su
complejidad o calidad musical. Sentimental, afectivamente, quizá Alejandro Sanz consiga mover
las fibras del corazón y reflejar situaciones en las que una se sienta implicada. Pero al mismo
tiempo puede darse cuenta que las armonías, la variedad de instrumentos y el aire sinfónico y
folclórico a la vez de Mike Oldfield sea objetivamente mejor.
Es importante, mejor dicho fundamental, estar capacitados y dispuestos a establecer
jerarquías ante los valores de distinta clase: por ejemplo: el valor que supone perseverar en algo
justo, comparándolo con el placer que lleva consigo una vida cómoda y aburguesada. Perseverar
en lo justo, en un voluntariado, en la honradez profesional, es algo que está lleno de verdad y de
racionalidad, si pusiéramos al mismo nivel la vida aburguesada, en el fondo consideraríamos el
esfuerzo por ser justo como algo exótico e incluso irracional, sólo para gentes especiales... Pero
reconocemos que perseverar en un ideal justo es algo más alto que volcarse en el placer.
Esta formación para descubrir la jerarquía la escala de valores: qué es más valioso, qué es
menos valioso, qué es lo que no encierra ningún valor resulta imprescindible para una formación
que busque la plenitud en la vida individual y en la manera de relacionarnos o comunicarnos con
los demás del mejor modo posible, y pensando en su bien
119
. En esta tarea importa mucho evitar
la confusión entre mi libertad y mi comodidad ante proyectos y posibles necesidades de otros
que precisan de nuestro servicio o ayuda. Ser sinceros con nosotros mismos nos facilitará ese
discernimiento.
Necesidad de un proyecto de vida. La armonía.
Para conseguir una armonía en mi existencia, he de plantearme el proyecto de mi vida y
dar continuidad a las metas en los valores justos que me he propuesto vivir. De tal modo que
ante los estímulos contrarios, o contradictorios, o las circunstancias externas o los estados de
ánimo internos, yo sepa perseverar, continuando mañana lo que me he propuesto hoy. Necesito
plantearme un orden objetivo para conseguir armonía y acuerdo conmigo mismo y armonía
también en mis relaciones con las demás personas. Si me dejo llevar sólo por mis intereses
119
Preguntando a la clase en TECNUN durante el curso 2001-2002 si tenían noticia de un hecho
protagonizado por una ciudadana norteamericana cuando le devolvieron el bolso recién robado y su reacción
un alumno lo refirió así:
Una ciudadana extranjera ha ofrecido pagar los estudios a un joven de Granada, de 17 años, que, junto a su
padre, le sustrajo un bolso en el que llevaba joyas valoradas en 54 millones de pesetas (324.000 €) que
fueron recuperadas por la Policía tras la detención de ambos. La víctima del robo está dispuesta a sufragar
la formación del menor, por lo que la Delegación de Asuntos Sociales y el Juzgado de Menores están
buscando la fórmula para que la inversión sea destinada a tal fin, siempre que el menor acepte estudiar y
abandone la delincuencia. EFE (Diario Vasco, San Sebastián, lunes 22 de octubre de 2001, Contraportada)
El hecho denota una particular sensibilidad ética y supone un ejemplo de cómo se pueden vivir los valores
afinando y con magnanimidad. El alumno se quejó de que en el programa de radio que emitió la noticia el
comentario del locutor fue jocoso como banalizando la actitud de esta mujer.
107
subjetivos, priorizándolos de manera egoísta, no llegaré jamás a una armonía con los demás.
Aquí convendría recordar una distinción que establecía cierto escritor francés entre equilibrio y
armonía. El equilibrio es la resultante de dos fuerzas contrapuestas que establecen como un
punto medio en el dinamismo de una máquina, o de un objeto. La armonía supone como un orden
en el que se busca expresar la verdad y el bien de una manera bella, bonita, donde se busca el
acuerdo del conjunto, incluso la consideración de la otra persona como alguien valioso en sí que
merece todos mis respetos. La armonía conjuga elementos que a primera vista aparecen
contrapuestos o irreconciliables: ser justo y ser comprensivo, ser austero y valorar lo bueno y
hermoso de la vida, etc.
120
Las relaciones sociales no pueden plantearse como un concurso de
soka-tira.... a pesar de que la soka-tira es un deporte lleno de armonía. La armonía social no se
consigue tirando a ver quién tira con más fuerza y arrastra a los demás a su propio terreno de
juego.
Las palabras de Thibon lo expresan así:
El equilibrio se define como el estado de un cuerpo solicitado por varias fuerzas que se
anulan. Y la armonía como la unidad de una multiplicidad, es decir, un género particular de
orden que consiste en que las diferentes partes o funciones de un ser no se oponen, sino que
concurren a un mismo efecto de conjunto
Dos pesos iguales se equilibran sobre los platillos de una balanza; varias notas diferentes
en una frase musical producen una armonía.
El equilibrio concierne únicamente a la cantidad, el peso, las relaciones de fuerza. La
armonía implica la cualidad y la convergencia de las cualidades hacia un fin común. El mismo
mal puede entrar como elemento en un equilibrio, con la condición de estar neutralizado por la
presencia de un mal semejante y opuesto. Pero nunca el bien. Se habla del equilibrio del terror.
Pero, ¿quién osaría hablar de una armonía del terror?
121
.
En el proyecto armónico, el objetivo es conseguir una integridad frente a cierta
desintegración o desarmonía que experimentamos por el pecado original, que estudia la ciencia
teológica. Por el pecado de origen, además de alejarse de la amistad con Dios, la persona humana
perdió el dominio sobre las pasiones y sentimientos, cayendo en una ignorancia y debilidad que
hace exclamar a San Pablo: hago lo que no quiero y no hago lo que quiero (Romanos, 7, 14 y
siguientes)
122
. Por eso, la vida cristiana, en tanto en cuanto se permite a la gracia de Dios actuar
120
Algunos ejemplos de la vida ordinaria. Quien buscase sólo el equilibrio podría plantear lo siguiente: Unas
semanas me daré atracones de estudio y otras estaré sin hacer nada para compensar. El fin de semana me
emborracho del todo, y entre semana no pruebo gota de alcohol. (Ninguna de estas actitudes es armónica)
Un ejemplo de armonía: Me organizo bien el tiempo alternando el estudio o trabajo con la práctica del
deporte, la lectura y el salir con los amigos.
Sé beber moderadamente y mientras, hablo con los amigos, comentamos proyectos, tratamos muchos temas,
entre ellos bastantes con profundidad. Sé dejar de beber cuando experimento que la siguiente copa puede
afectarme o comienza a afectarme
121
Gustave Thibon: El equilibrio y la armonía, Rialp, Madrid, 1981.
122
14
Sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido como esclavo al pecado.
15
Porque no
logro entender lo que hago; pues lo que quiero, no lo hago; y en cambio lo que detesto, eso hago.
16
Y si hago
precisamente lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena.
17
Pues ahora no soy yo quien hace esto, sino
el pecado que habita en mí.
18
Porque sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita el bien; pues querer el
bien está a mi alcance, pero ponerlo por obra, no.
19
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no
quiero.
20
Y si yo hago lo que no quiero, no soy yo quien lo realiza, sino el pecado que habita en mí.
21
Así
pues, al querer hacer el bien encuentro esta ley en mí: que el mal está junto a mí;
22
pues me complazco en
la ley de Dios según el hombre interior,
23
pero veo otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi
espíritu y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros.
24
¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de
108
en el alma de la persona humana restaura de algún modo esa integridad, sin llegar a las cotas de
calidad que Adán y Eva disfrutaban en el origen, pero facilitando una auténtica armonía que se
trasluce en todas las dimensiones de la existencia. Importa mucho ser íntegros para poder
entregar la integralidad del propio ser a otra persona, por ejemplo en el Matrimonio. Importa
mucho ser íntegros, para dar lo mejor de nosotros mismos (integralidad del don personal) en
proyectos, aportaciones culturales, solidarias, científicas, religiosas. La excelencia personal
permite luego la excelencia profesional, por poner un ejemplo.
Necesidad de la idea objetiva de bien
Todos necesitamos ante nuestros gustos subjetivos, una medida común, objetiva que
jerarquice los intereses subjetivos, estableciendo prioridades y urgencias para superar la
contraposición de intereses. A veces se piensa que con la sola discusión entre los intereses
subjetivos se conseguirá armonizar las posturas encontradas, pero todos hemos experimentado,
por ejemplo que un grupo de niños pequeños
123
, o de adolescentes no tan pequeños, en la
discusión por conseguir establecer quién ha ganado, o quién tiene razón terminan en un diálogo
de sordos afirmando: yo quiero esto, sin ceder en absoluto a los intereses de los demás. Sólo con
consensos o ideas comunes objetivas, que establecen jerarquías de bienes, derechos o intereses,
pueden alcanzarse verdaderos acuerdos.
Ejemplo: en una biblioteca pública puede plantearse el conflicto entre usuarios fumadores
y usuarios no fumadores, e incluso de la liga anti-tabaco. El conflicto se arbitrará a favor de los
no fumadores, no porque los fumadores sean malvados, o el placer de fumar sea inferior al de no
fumar, sino porque el valor que defienden los no fumadores: no ser fumadores pasivos, evitar la
agresión de sus pulmones y el resto de su organismo, tiene prioridad sobre la práctica de fumar.
La salud está por encima de la práctica de fumar.
Lo mismo sucedería con el que tiene la televisión encendida por la noche con mucho
volumen, o quien quiere regar el césped de su casa en época de sequía y ha de sacrificarlo para
que beban las demás personas del barrio, etc. Viene a mi memoria la interrupción de ensayos con
mi grupo de rock, en la buhardilla de casa de mis padres cuando la vecina de abajo estaba a
punto de dar a luz, y los días siguientes: nos costó dejar las guitarras y la percusión, pero
comprendimos la circunstancia. Como era comprensiva y muy buena persona, después de dar a
luz me llamó pronto para que siguiéramos ensayando.
Saber prescindir del interés personal egoísta. Criterio de discernimiento de los valores
¿Cómo nos hacemos más capaces de realizar acciones valiosas?: Cuanto más entrenados
estemos a aceptar valores que se oponen a nuestra inmediata satisfacción. La capacidad de
conocer valores crece si uno está dispuesto a someterse a ellos, y disminuye cuando no se da esa
disposición(Spaemann). El que es capaz de sacrificarse prescindiendo de ver la televisión para
escuchar a sus hermanos, a su madre, a la abuela si así lo requiere la circunstancia, fomenta los
valores familiares, sociales, comunicativos, etc. y si esa persona es cristiana ejercita la caridad.
El placer inmediato de quedarse relajada ante un programa lleno de colorido, música y trama, se
cambia por el valor de atender a una persona que nos necesita.
este cuerpo de muerte?...
25
Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo Señor nuestro... Así pues, yo mismo
sirvo con el espíritu a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado.
123
Los niños, generalmente, no saben organizarse en los juegos de competición. Por ejemplo, en un partido
de fútbol todos corren a la vez, sin tácticas deportivas a, hacia la misma zona para hacerse con el balón. En
ocasiones no saben planear jugadas y mantienen el balón avanzando en solitario para tirar a puerta.
109
La experiencia moral y el conocimiento de los valores
Aunque ya nos hemos referido a esta dimensión del aprendizaje moral, recordemos que
este conocimiento de los valores, se alcanza, sobre todo, con la experiencia, más que con discursos
teóricos o buenos libros de texto. Alguien dijo que el libro de la moral es la vida buena, tanto
como ejemplo objetivo de las personas que se portan bien, como experiencia subjetiva de quien
viviendo las valores se encuentra realizado o realizada. Ocurre algo semejante a la educación
para el arte: recorriendo una exposición de arte contemporáneo, si una ha sido educada, sabrá
apreciar las obras, y cuanto más recorra estos tipos de exposiciones y lea y reflexione sobre ese
arte, más lo apreciará, sabiendo establecer distintas calidades, y por supuesto, expresando
también en esas apreciaciones sus gustos subjetivos, o su mayor o menor sintonía con los artistas
y sus realizaciones.
Ante un artículo de el Semanal, y otro de una revista de literatura, filosofía, cine, ciencia,
etc., se puede comprobar que el Semanal cuesta menos leerlo, e incluso a alguien le ayuda a
descansar la cabeza, entretenerse, pasar, el rato, pero el gozo que se experimenta leyendo un
texto profundo, y reflexionando sobre algo que me haga comprender mejor la realidad y a las
personas, es más hondo, más enriquecedor, y cuando lo releo una y otra vez me muestra facetas
nuevas, honduras que antes no había captado, por lo tanto no me aburre, e incluso ese texto, lo
mismo que una gran obra de literatura (que no tiene por qué coincidir con un best-seller), es algo
perdurable, que no pasa de moda (ejemplos de Dostoievsky, Shakespeare, Steinbeck, Bernardo
Atxaga, etc., frente a Grisham, Le Carré, las gemelas, e incluso Harry Potter, etc.)
Sólo se puede establecer este ranking de valores entre quienes hayan leído novelas
policiacas, o de Grisham y hayan afrontado también los textos de los llamados Clásicos de la
Literatura, o los que aparecen en revistas de humanidades o científicas de altura.
El carácter apremiante de los valores está casi siempre en razón inversa a su altura,
porque precisamente los más altos, los que producen más gozo, requieren una cierta disciplina
para ser captados. Requieren una atención más profunda, y la atención es actividad: y todo lo
que está ligado con una actividad causa mayor y más profundo gozo. Así, ver la televisión supone
una actividad mínima. Investigaciones estadísticas llevadas a cabo muy inteligentemente han
deducido de ahí que las personas que ven mucha televisión causan una impresión más triste -en
sus manifestaciones comunes de sensibilidad vital- que quienes son proclives más bien a leer un
libro (Spaemann, pág. 52).
124
Obstáculos subjetivos para descubrir los valores. Papel de las pasiones:
un arma de doble filo
Dos obstáculos para descubrir los valores en su justa medida:
- La apatía (pasotismo, pasividad enfermiza, falta de motivación)
- La pasión (como ceguera).
Ejemplos de la Biblia:
- La apatía de Esaú le mueve a cambiar su primogenitura (algo abstracto y que le obligaría
en el futuro a asumir responsabilidades de jefe del clan) por lo concreto y asequible de un plato
de lentejas.
125
124
A raíz de algunos aspectos menos positivos en el ambiente de a las llamadas fiestas universitarias, se
suscitó el diálogo sobre la necesidad de conseguir un tono distinto que evite la chabacanería fruto de los
excesos alcohólicos y la trivialización en las relaciones chica-chico.
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Gn 25, 29-33 (Libro del Génesis)
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- La pasión ciega a David
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ante la belleza de Betsabé, mujer de Urías: la seduce, y pone a
Urías en el primer puesto de batalla para que muera. La pasión en sí misma no es ni buena ni
mala. En David la pasión le hace descubrir algo bueno: la belleza de Betsabé, por su admiración
ante la belleza de Betsabé reconoció que Betsabé era una mujer bella . La segunda parte de su
reacción indica que su apasionamiento no le permitió descubrir los valores: tendría que haber
reflexionado: es bella y es de Urías, lo mismo que Urías es de Betsabé, por lo tanto yo me olvido,
su belleza no es para mí, no tengo derecho a poseerla. Debo alegrarme con Urías y felicitarle, y
debo alegrarme con los dos por su matrimonio: es estupendo que estéis casados. Reaccionó al
contrario: esa mujer es para mí, y su marido es un estorbo para mis planes, luego lo eliminaré
disimuladamente. La pasión le lleva al egoísmo.
Conocemos el final de la historia, y el arrepentimiento del rey que siempre lloró su pecado.
Las pasiones en sí mismas no son ni buenas ni malas, es más podríamos decir que son
buenas porque nos manifiestan el valor o el desvalor o contravalor de algo o alguien:
-Todos nos enfadamos si vemos una injusticia. La pasión de la ira nos manifiesta que
aquello está mal, pero la reacción posterior, la solución que yo oferte ante esa injusticia no ha de
aumentar la magnitud de las injusticias en el mundo, por ejemplo si yo reacciono con violencia
desproporcionada.
Pero la pasión a la vez nos desfigura las proporciones en que deben ser contemplados
(Spaemann) . Suele decirse: le cegó la pasión. Esa cegar, ese prescindir de algunos datos que
son importantes para calibrar aquello a lo que me incita la pasión, es evitable, no es lo mismo
que el estímulo-reacción de los instintos animales. Una persona puede cegarse artificialmente
fomentando su pasión, actuando como si no viese Pero tiene la responsabilidad de su ceguera;
también ante los tribunales, como se sabe.
No olvidemos que la razón práctica nos ayuda a descubrir la conveniencia ética de nuestras
acciones y permite orientarlas hacia el bien.
En resumen:
La pasión descubre valores, pero no nos manifiesta su jerarquía:
- La ira nos descubre una injusticia, pero no nos muestra cómo debemos actuar para
superarla o eliminarla, por lo que si nos dejamos arrastrar por ella podemos causar una
injusticia mayor.
-La compasión nos desvela el sufrimiento ajeno, abre nuestros ojos ante esas necesidades,
pero no nos muestra el camino concreto para remediarlo. Por compasión con un drogadicto, no
voy a ayudarle para que consiga heroína. Tendré que ver cuál es la mejor solución para facilitarle
abandonar la droga. Lo mismo con la limosna: no toda limosna hace bien a quien me pide, quizá
sea mejor enseñarle a conseguirse el alimento que pasivizar a esa persona, por supuesto
ayudándole a solucionar la comida y el alojamiento de ese día, pero enseñándole a encontrar
trabajo, o a formarse para conseguirlo le estoy concediendo la ayuda concreta que precisa (al
menos esa es la filosofía de Cáritas en sus últimos documentos, en los que nos advierte que
volver a formas de caridad con solas manifestaciones de limosnas, alimentos y ropa, puede
alargar los problemas, pero no solucionarlos). Esto no quita para que debamos seguir ayudando
también a solucionar las necesidades inmediatas de las personas marginadas.
La pasión no es permanente: con frecuencia las pasiones van y vienen: un día soy
compasivo y al día siguiente me endurezco y soy frío con las necesidades ajenas. Una mañana me
enfado con la injusticia, y al cabo de un mes ya me he acostumbrado y todo me da igual... se han
hecho estudios sobre la incidencia de imágenes de personas necesitadas en los telespectadores, y
se ha comprobado que si en un principio suscitan compasión, al cabo del tiempo producen
acostumbramiento, y ante ellas, en vez de fomentar actitudes solidarias fomentan morbo,
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2 S 11 (Segundo libro de Samuel)