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curiosidad, o incluso la idea de que aquella miseria es lo normal, que no tiene remedio. Puede
atrofiarse nuestra compasión...
Por lo tanto, después del chispazo de la pasión o de la compasión, es necesaria una
constancia en las actitudes y una honda reflexión para descubrir los valores.
Ante la indignación que me provoca ver una injusticia, procuro reflexionar sobre el mejor
modo de solucionarla a corto y largo plazo, y con mi voluntad de ser justo, lucharé cada día con
acciones concretas que promuevan ese ordenamiento social más humano.
La compasión ante las necesidades ajenas, me llevará a descubrir modos de paliar el dolor,
o eliminarlo sin producir más sufrimiento con mi precipitación, y a vivir saliendo a diario de mi
egoísmo pensando en los demás y proyectando acciones a corto y largo plazo que les hagan felices
y mejores personas.
En la pasión amorosa sucede algo parecido, del enamoramiento, del flechazo, a la ternura y
fidelidad conyugal que se consigue a lo largo de los años de matrimonio, hay una educación en el
respeto mutuo, el sacrificio por el otro o la otra, la comprensión, la rectificación el pedirse perdón
y concederlo, el redescubrir los valores de la otra persona y revalorizarla continuamente, el
ayudarle a ser mejor, etc. La libertad va comprometiéndose y dando forma a ese amor a diario
con creatividad en la monotonía de cada jornada: el amor se apodera del libre querer de los
enamorados, y ellos, con su libre querer, van captando y fomentando ese amor a lo largo de las
horas, los días y los años
127
Resumen de lo expuesto hasta ahora
Objeciones a una ética que defienda los valores:
Defender los valores sólo es fuente de conflictos
Imaginemos que en cierta ciudad se organiza una pretendida exposición artística bajo un
lema blasfemo. Como es lógico, ante la falta de respeto a los valores religiosos muchas
ciudadanas y ciudadanos protestan y critican que se dedique el dinero público a este tipo de
espectáculos. Es frecuente que los periódicos y medios de comunicación se refieran a este hecho
como “la polémica exposición”. Otras veces ante algo pornográfico, violento  o xenófobo se añade
que el artista es muy “transgresor” y quiere provocar la polémica.
a)-Defender la evidencia de los valores es fuente de conflictos y no soluciona nada, ya que
defender unos valores que no pueden aceptar los demás provoca la pelea.
                                                
127
Acerca de la educación de la afectividad y el mundo de los sentimientos,  Paz Sanz aportó lo siguiente en
el curso 2000-2001: “Sentir un poco de celos no es preocupante, es un sentimiento común entre niños
pequeños, entre parejas, etc. Lo grave es cuando los celos influyen en mayor grado en la persona que los
padece, ya que no solamente le están influyendo en su vida, además de una forma negativa, sino también en
la vida de las personas que le rodean.  Por ejemplo, un niño pequeño puede llegar a pegar a su hermano,
más pequeño, o no comportarse muy bien hacia él si cree que sus padres le prestan más atención a éste que
a él. En este caso habría que intentar hacerle entender que él tiene unas necesidades y su hermano pequeño
otras. En una pareja el tema ya es más serio, ya que las personas son adultas, con más capacidad  de
pensamiento y actuación. Si uno de los dos miembros de la pareja es muy celoso, puede hacer que la otra
persona no se sienta a gusto, ya que estaría controlando aspectos de su vida y se sintiera invadida. Lo que
deberían hacer es hablar entre ellos e intentar solucionar el problema. Ligado al tema de los celos está la
envidia, que en mi opinión en menos grave. Por lo que yo he observado, una persona envidiosa lo  ha sido
durante toda su vida, desde niño, y en la madurez, esa envidia puede provocar enfrentamientos entre
amigos o familiares, lo cual desestabiliza la familia. Además suele ir acompañada de críticas hacia las
personas que tienen lo que ella desea, busca o le gustaría tener. Pero no solo la envidia es perjudicial, ya
que también se habla de la envidia buena, en la que no se ofende ni critica a nadie, sino que se admira a la
persona que posee algo que la otra carece y le gustaría tener o llegar a ser. Esto es positivo ya que
provocaría que la persona se esforzara en alcanzarlo o en llegar a ser y a la larga se vería recompensada”.
112
Ante esta objeción se puede argumentar que detrás de quien juzga a una ética únicamente
porque sea superadora de conflictos establece un criterio discutible, ya que en la época del
nazismo, acusar al Führer de matar judíos podía sin duda provocar conflictos, pero sólo una ética
sigue siéndola cuando defiende la vida del inocente (valor de la vida) y denuncia la injusticia de
quienes conculcan ese derecho. Los valores pueden ser orígenes de conflictos, pero sólo
estableciendo un rango en los conflictos de intereses, se pueden superar. 
Los intereses encontrados no dirimen sus diferencias desde el subjetivismos de los propios
intereses. Hace falta un criterio objetivo que arbitre y jerarquice su legitimidad.
Defender los valores es una postura dogmática. En ética, sólo podemos hablar de hipótesis
b)- La segunda objeción acusa a la ética de valores que al hablar de ellos supone algo
dogmático o apodíctico, y lo único que podemos y debemos defender. si queremos ser científicos,
son las hipótesis estando siempre dispuestos a contrastarlas con la experiencia.
Analicemos qué entendemos por experiencia. Una determinada manera de actuar es más
adecuada que otra para alcanzar un fin. Un avión me lleva más rápidamente a París que un
coche. Experimento que el avión no es el medio adecuado ni más rápido para ir al supermercado
que tengo enfrente de mi casa, a quince metros de distancia.  Pero yo también puedo analizar y
valorar el fin en sí mismo: ir a París es bueno porque quiero aprender Francés con acento de
París. Ir al supermercado es bueno porque quiero comprar champú. Yo aprendo que es más
rápido ir en avión a París, porque quiero ir a París, ya que París es el lugar ideal para aprender
Francés con acento parisino.
Yo voy andando al supermercado, porque quiero comprar champú, que es útil para lavarme
la cabeza. Yo valoro el fin, si no lo valorase, si no lo percibiese como algo bueno, no me movería,
ni en avión, ni andando. Sin tener presentes los valores, unos principios previos que finalizan mis
acciones, no se puede aprender luego con la experiencia el mejor modo de obtenerlos y vivirlos. Si
yo no conozco previamente qué es la justicia, nunca sabré buscar los mejores medios (pueden ser
muy variados y responder a distintas circunstancias de la vida) para ser justo.
Por ejemplo: el uso  del preservativo se ha difundido tanto desde los medios de
comunicación y algunas organizaciones que pretenden atajar el SIDA que quien  critique de
algún modo su conveniencia o eficacia, suele ser considerado como retrógrado o persona non
grata en el mundo mediático. En Uganda, la difusión de los valores de la fidelidad matrimonial y
una educación de la castidad entre los jóvenes que les lleva a la abstinencia sexual en el noviazgo
antes de casarse ha conseguido reducir casi a un 100% la epidemia de SIDA y demás
enfermedades de transmisión sexual. Los medio de comunicación han silenciado  casi totalmente
este éxito, porque va contra los esquemas impuestos por los defensores de la contracepción, y
además porque la iniciativa es cristiana. ¿Si se ha conseguido erradicar casi del todo el SIDA, por
qué no se reconoce?
Por eso, la evidencia de los valores, no es una hipótesis, sino el presupuesto de las demás
hipótesis.
Al aplicar la razón a un problema ético, descubrimos que algo es mejor que su contrario: la
naturaleza de la cosa misma o la situación concreta casi “hablan” a nuestra inteligencia de
que aquello es así o debe ser así. Resulta muy importante no olvidar  la racionalidad en el
análisis ético.
Cuando valoramos que algo es mejor, es que tenemos una evidencia de los valores por la
que captamos esa gradación de qué es lo mejor y qué es peor. Ya no me quedo en la hipótesis,
porque la hipótesis deja de serlo una vez comprobada la práxis correcta. Aunque la expresión no
sea exacta, lo más “científico” desde el punto de vista del rigor intelectual, sería considerar
siempre los valores como lo evidente y a partir de ahí actuar en las distintas circunstancias
cumpliéndolos a pesar de las dificultades, presiones ambientales, o dudas del momento.
113
Los valores son sólo palabras
c)-Una tercera objeción. Esto de los valores es sólo una cuestión de lenguaje. En versión
popular: eso de “los valores” es sólo cuestión de palabras. Tenemos un vocabulario para referirnos
a los valores y ese vocabulario nos condiciona. En realidad no supone una pega, porque las
palabras poseen un significado que nos lleva a las cualidades de las cosas. Tenemos distintas
palabras para designar cada una de las distintas cualidades del gusto. Gracias a esas palabras
diferentes podemos diferenciar los distintos sabores: amargo, ácido, dulce, áspero, semi-dulce,
semi-seco- brut... Con la expresión “bollería” nos referimos a todo un grupo de postres que están
elaborados con hojaldres, de los que sabemos más cuando distinguimos entre ensaimadas,
croisants, bollos suizos, caracoles, bollos de nata o mantequilla, incluso “donuts”, En los colores,
si  decimos “rojo”, podemos estar hablando de carmín, granate, púrpura, burdeos, rosa, salmón,
“rojo pasión”, cereza, etc. Respecto al amor: amor de amistad, amor filial (de los hijos a los
padres) amor matrimonial, amor de noviazgo, amor a Dios…Cuanto más ricos son los lenguajes,
cuanto más diferenciados respecto a las distintas facetas de la realidad más posibilidades hay de
tener experiencias particularmente diferenciadas de esas cualidades. Por lo tanto, la variedad de
palabras respecto a los matices en los valores supone una estimación positiva y enriquecedora,
nunca descalifica al valor considerado en profundidad. En definitiva esa gama de expresiones nos
facilitan la mejor comprensión de los valores morales. Así por ejemplo, existe una palabra
específica  para designar a la justicia respecto a los padres, familiares, nación, etc. Como no
puede correspondérseles devolviéndoles todo lo que han hecho y hacen por nosotros se denomina
“piedad” al valor o virtud  con que se les honra. Respecto a  los formadores, maestros, etc. la
virtud se denomina la “observancia”.
Por el contrario: los valores son realidades objetivas que experimentamos, no sólo palabras
Ahora bien,  aunque las palabras nos lleven a la realidad, las experiencias son distintas de
la expresión que se usa para designarlas. Tanto un placer, como un valor son diferentes al uso de
un vocabulario que los designen. Sócrates afirmaba que sólo sabemos lo que significa la palabra
bueno cuando ese saber tiene consecuencias para el que se la plantea, y por ejemplo intenta ser
bueno en algún aspecto de la vida, o recibe un bien. La realidad de los valores, es por tanto
objetiva, y al mismo tiempo sólo se comprende a fondo cuando se intenta vivir con fidelidad ante
las diversas circunstancias, en las que nos afectan muy personalmente.
En resumen veamos qué significa vivir rectamente (el objetivo de la Ética):
-Hacer justicia a la realidad
-Objetivar nuestros intereses
-Formarlos mediante el contenido valioso de la realidad
-La educación juega un papel importante en esta tarea: capacita a la persona humana de
librarse de la sensación del momento, y le permite actuar con auténtica libertad. Objetivo
prioritario de la educación es enseñar pronto al hombre a conducir su vida sin dejarse llevar o
arrastrar por condicionamientos nocivos.
-Con esa educación se ayuda a esclarecer el contenido valioso de la realidad, formar los
diversos intereses objetivos.
-Objetivar deseos e intereses supone sujetarlos a una medida común, compararlos entre sí,
y como consecuencia, con ese discernimiento sereno, nos capacitamos para ponernos de acuerdo
con nosotros mismos y con los demás cuando se presentan intereses en conflicto. Así se alcanza la
armonía. 
114
IV. JUSTICIA. MI RELACIÓN CON LOS DEMÁS
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA: 
-J.R. AYLLÓN: Ética razonada: Capítulo 10
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Asociacionismo y secretariado. Nuevos retos éticos, Grafite
Ediciones, (Bilbao, 2005). (Capítulo II, pp. 113-114; Cap. III, pp. 170-172)
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección: Cap. 4
completo; Cap. 7, parágrafo 7.4- 7.4.2.9
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección (II).
Casos prácticos, Cap. 4 completo.
Terminábamos nuestro tema anterior así: Objetivar deseos e intereses supone sujetarlos a
una medida común, compararlos entre sí, y como consecuencia, con ese discernimiento sereno,
somos capaces de ponernos de acuerdo con nosotros mismos y con los demás cuando se presentan
intereses en conflicto.
Ya habíamos mencionado en clases anteriores la importancia de tener siempre presente en
nuestra actuaciones cuál es el fin último de la persona, y la llamada a la felicidad  (tendencia 
hacia ese fin último y deseo de plenitud y realización humana) que todo hombre y mujer
experimentan en lo más hondo de su corazón
128
.
Morris define así el objetivo de la formación ética: “(...) personas espiritualmente sanas en
unas relaciones armónicas” y  respecto a las actuaciones de quienes lo consiguen: “Hacer las
cosas bien, haciendo el bien”
129
En la lección anterior recordábamos la conveniencia de adquirir una armonía personal que va
más allá del mero equilibrio de fuerzas. Quizá las tres virtudes o valores a desarrollar que más
pueden favorecer esta armonía sean las llamadas  virtudes cardinales que expondremos
brevemente a continuación antes de afrontar la justicia.
Se denominan  "cardinales" porque todas las demás se apoyan en ellas como en un eje principal.
Para  la armonía personal nos interesan ahora prudencia, fortaleza y la templanza.
La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia
nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. La prudencia es la "regla
recta de la acción", escribe S. Tomás (s. th. 2-2, 47, 2), siguiendo a Aristóteles. No se confunde ni
con la timidez o el temor, ni con la doblez o la disimulación. Es llamada "auriga virtutum":
conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Es la prudencia quien guía directamente
el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio.
Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y
superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar.
                                                
128
Durante el curso 2001-2002, en TECNUN, Mónica del Cid distinguió entre tender a la felicidad como
meta o fin último, lo que le parece inútil o al menos imposible, frente a la aspiración de que la felicidad
acompañe cada acto, cada pensamiento o cada pequeño detalle. El profesor corroboró este planteamiento
recordando que ya habíamos expuesto la necesidad de vivir con plenitud cada instante de nuestra existencia
procurando dar lo mejor de nosotros mismos. En cada acción virtuosa vamos tejiendo las fibras de ese gran
tapiz de nuestra autobiografía. Cada valor realizado en el tiempo contribuye a la construcción total de
nuestra biografía, sabiendo que llevamos dentro una llamada a la eternidad y que en esta tierra no
alcanzaremos jamás la felicidad perfecta, aunque sí podamos, recordemos, “vivir cada instante con vibración
de eternidad” en frase del Fundador de la Universidad de Navarra. 
129
MORRIS. “Si Aristóteles dirigiera general Motors” (o.c.)
115
Con la prudencia descubrimos los medios lícitos más convenientes para actuar siempre
bien. Prudencia no es sinónimo de timidez o lentitud, ya que la acción justa y conveniente,
muchas veces ha de realizarse cuanto antes. Prudencia tampoco es cuquería o  mera táctica para
conseguir el éxito personal sobre los otros. Ha de regirse por la verdad y el amor y siempre
buscará los medios lícitos y oportunos para obtener buenos fines.
La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia
en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los
obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la
muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia
y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. 
Dicen los filósofos que cuesta más resistir el mal que atacar las dificultades. Es la virtud
que permite afrontar también bienes o ideales altos e impide el encogimiento humano o moral
ayudando a crecerse frente a las dificultades. También nos hace buenos "corredores de fondo",
esto es perseverantes y con constancia en las metas que hemos de alcanzar.
La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el
equilibrio
130
en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos
y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien
sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar "para seguir la pasión
de su corazón" (Si 5, 2; cf. 37, 27-31).
Esta virtud ayuda  mucho en lo que a la alimentación se refiere, a la armonía sexual, a ser
serenos ante los estímulos inmediatos. Evita dejarse llevar por la gula y los caprichos en el
comer, libra del hedonismo cosificante en el amor, y la pérdida de sentido en algunas
manifestaciones artísticas, musicales, etc., que enardecieran de tal modo que la persona se dejase
arrastrar por la irracionalidad o por desórdenes psíquicos, emocionales, etc. Ayuda a no depender
de los estímulos de la droga o el alcohol para animarse o a  sucumbir ante estados eufóricos
artificiales. La templanza permite no ser esclavos de las cosas o de las situaciones que
condicionan el pensamiento y la acción en la sociedad de consumo.
Para un cristiano, las virtudes cardinales  confluyen en el amor. San Agustín escribió estos
sugestivos pensamientos: 
«Vivir bien no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo
el obrar. Quien no obedece más que a Él (lo cual pertenece a la justicia), quien vela para discernir
todas las cosas por miedo a dejarse sorprender por la astucia y la mentira (lo cual pertenece a la
prudencia), le entrega un amor entero (por la templanza), que ninguna desgracia puede derribar
(lo cual pertenece a la fortaleza) (S. Agustín, mor. eccl. 1, 25, 46)
131
».
Junto con el esfuerzo por encarnar estos valores, siempre servirá de ayuda el estudio
personal de los sentimientos, afectos, temperamento y carácter que permite proponerse metas de
educación y crecimiento en la virtud
132
.
                                                
130
Aunque el término equilibrio esté perfectamente bien utilizado, recordemos lo apuntado anteriormente
sobre la  diferencia entre equilibrio  y armonía.
131
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, donde se han inspirado las anteriores definiciones: nn. 1805-
1809
132
Cf. Entre otras obras útiles, el libro: AGUILÓ, ALFONSO: Educar los sentimientos, Palabra, Madrid,
1999.
116
A continuación, una vez expuestas las virtudes que permiten a la persona alcanzar esa calidad
humana que confiere la armonía ética, avanzaremos hacia la justicia que  configura
armoniosamente las relaciones con los demás.
Justicia: nuestras relaciones con los demás
Comenzamos planteándonos cómo veis la justicia en la actualidad
133
.
En TECNUN se suscitó un debate motivado por el testimonio de un alumno que contó
cómo algunos de sus amigos no podían disfrutar del fin de semana por tenerse que quedar
trabajando en la fábrica, quizá por pedidos extraordinarios. Otro alumno comentó que habiendo
tanta falta de trabajo y paro, a veces la gente se queja de vicio...
134
                                                
133
En ISSA, Mari Jose Peguero afirmó que había mucha injusticia. Varias asintieron confirmando este
diagnóstico. También cuando el profesor preguntó a toda la clase si habían padecido injusticias, y puso
ejemplos, varias movieron la cabeza afirmativamente.
134
Para aproximarnos al problema, posteriormente acudimos al manual: “Ética para Ingenieros” donde se
recoge un caso práctico en el Capítulo 7.3, p.  126-127. Allí se plantea la disyuntiva compra de una nueva
máquina para cubrir las demandas  de producción, o establecer turnos contratando a un nuevo operario que
les permita a los trabajadores librar un domingo cada tres. El gasto de la nueva máquina supondría un
incremento en las partidas anuales  de 800.000 Ptas. (4.800€) respecto a la otra alternativa: los tres
operarios que quedarían sin 35 domingos al año.  Durante la discusión en TECNUN, Carlos M. era
partidario de afrontar el gasto de la máquina a no ser que la empresa estuviera muy mal económicamente.
Olatz y Arrate defendieron el respeto al descanso de los operarios pensando en su familia, y calidad de vida.
Hibai que planteaba las dificultades de sus amigos para librar los fines de semana recordó a todos que los
jefes les habían prometido que esa situación irregular iba a ser solamente temporal, pero nunca se
cumplieron los plazos anunciados por el jefe  que acaben con la  situación irregular.  Rodrigo del Pozo
García objetaba que en el caso del libro parece que los obreros están dispuestos libremente a prescindir de
esos fines de semana, por lo que no resultaría injusto permitir que así actúen sin comprar la nueva
máquina. Hibai que planteó el problema de sus amigos objetaba que a esos obreros les han colocado un
“cebo” al proponerles ganar más y eso, de algún modo, les incita a prescindir de su descanso semanal. El
profesor intervino apoyando a Hibai y a Olatz y Arrate, afirmando que la dignidad de la persona obliga a los
jefes a cuidar del descanso de los trabajadores y respetar sus tiempos de dedicación a las familias. Otro
asunto se plantea si esos trabajadores necesitaran dinero para solucionar sus demandas familiares, o si la
empresa atravesara una mala racha y todos (tanto empleados como directivos) hayan de arrimar el hombro
para su subsistencia. También añadió el profesor que actualmente muchos profesionales a los que se les
plantea un aumento de sueldo y de estatus dentro de la empresa, cambiando de ciudad por ejemplo,
prefieren permanecer en la propia por motivos familiares y calidad de vida: por ejemplo quedarse en San
Sebastián en vez de viajar a Madrid, ya que aquí pueden jugar sus partidos playeros, pasear con la familia
por el Peine del Viento o el Paseo Nuevo, acudir a los partidos de la Real... etc. La calidad de vida resulta
muchas veces un valor más determinante que el económico, y por supuesto, los valores familiares están
mucho más altos en la escala ética. Rodrigo del Pozo García objetaba a esto que  ¿porqué un profesional de
una auditoría es más capaz de valorar la calidad de vida y constituya su factor determinante para no
dedicarse a otro trabajo mejor remunerado y por el contrario un trabajador no? ¿Es que los trabajadores del
caso  no valoran la calidad de vida? El profesor respondió que esos trabajadores pueden desear más horas de
trabajo y mejor remuneradas para alcanzar metas de calidad de vida que sin el dinero no podrían conseguir,
y quizá esperen luego construir una casa en el campo cultivar una huerta, viajar etc. dedicando así un
tiempo mejor a la familia. Ese sería un planteamiento que puede merecer la pena, siempre que la situación
de privarse del descanso semanal no se prolongue mucho.  En el caso del manual “Ética para Ingenieros” se
afirma que pasarán 35 semanas sin domingos. Aun así,  vivimos en una cultura del trabajo, que a muchas
personas les enloquece  y trastoca sus principios, convirtiéndolos un poco en sus esclavos e impidiéndoles
vivir con sosiego y dedicados a su familia. Al final de la discusión, quedamos en seguir estudiando estos
problemas con aportaciones concretas, remarcando la dignidad de la persona humana, la necesidad de
evitar poner en situaciones deshumanizadoras a nadie por cuestión de horarios estresantes, y redescubrir
que cada  persona constituye  el valor más importante de la empresa. Hibai nos contó días después que ya
117
El profesor matizó que quizá el jefe de producción puede organizar mejor las cosas, y sí es
cierto (lo dicen albañiles y obreros de la construcción) que hay personas que no quieren realizar
algunos tipos de trabajo, pero, en cualquier caso hay que conseguir el descanso semanal, y sin
criminalizar a nadie, exigir a los jefes ese descanso previendo mejor las cosas.
Y aquí nos paramos en una aproximación de lo que sea ser justos. A la realidad que
debemos hacer justicia es, ante todo, a las demás personas humanas.
Dice Spaemann que no hay ser humano sin los demás. Lenguaje, pensamiento,
sentimientos, cultura sólo se desarrollan en la comunicación. Un hecho histórico llamó la
atención de antropólogos y psicólogos, cuando las hermanas Kamala, dos niñas huérfanas, en  la
India, aparecieron  viviendo entre una manada de lobos. Al abandonarles su madre, les alimentó
una loba y durante años se acostumbraron a caminar a cuatro patas, gruñían, aullaban, etc.
Cuando las encontraron e intentaron educarlas costó muchísimo. Se les trató con especial
cuidado y cariño, se les dispensaron todas las atenciones médicas y educativas. Consiguieron
articular algunas palabras y comportarse de modo mucho más humano, pero no se recuperaron
totalmente. Murieron muy jóvenes. Esta es una muestra de la necesidad que tenemos los seres
humanos de crecer en una familia y en un ambiente social que permita nuestro desarrollo
completo. Necesitamos siempre de los demás.
Sólo desentrañamos la riqueza de la realidad a través del lenguaje que nos une con los
demás y nos permite con ese diálogo caer en la cuenta, asombrarnos, profundizar en lo que nos
rodea y en nosotros mismos. La imitación nos ayuda a descubrir el camino recto, cómo hemos de
comportarnos. (Ejemplos de educación, de conducir el coche, de lenguaje, de estilo en el vestir, de
virtudes). Por ejemplo, aprendemos la generosidad con el ejemplo de una persona generosa.
Nuestras acciones han de ser comprensibles por los demás, han de ser aprobables porque son
buenas
Todas nuestras acciones han de ser comprensibles por los demás, en el sentido no de que
las entiendan a la primera, sino susceptibles de su aprobación, han de ser justificables por
quienes nos ven actuar. Por eso escuchamos: Me resulta incomprensible que te comportes así, o
no entiendo esto (ante una injusticia), o ante una rabieta:
no hay quien te entienda... En el
lenguaje popular: ¡aclárate de una vez! Especialmente hemos de ser comprendidos por aquello
que son afectados por las consecuencias de nuestras acciones.
La justicia es la disposición a someter las propias actuaciones a esas medidas o normas
justificativas. Nuestras actuaciones al relacionarnos con los demás, están de algún modo
medidas o valoradas por ellos.
Lo importante es ser justo. No se trata de  hablar abstractamente de justicia, sino
encarnarla a diario en las relaciones corrientes
                                                                                                                                              
habían concedido a algunos de sus amigos librar un sábado, pero los fines de semana acumulados, la
empresa  los “devolvía” a los trabajadores  concediéndoles algún día de vacación entre semana. Hibai
juzgaba que no es lo mismo librar entre semana (resulta imposible estar con los amigos, o dedicar tiempo
tranquilamente a la familia) que los sábados y domingos. Consultados por Hibai sus amigos pensaban que
este modo de proceder denotaba falta de organización por parte de la empresa. El profesor había consultado
también a un antiguo alumno de TECNUN sobre este tipo de problemas por encontrarse investigando en un
programa informático para la organización de la producción. Este antiguo alumno corroboraba que es
posible organizar las cosas para que no se produzcan estos desórdenes en la distribución de las jornadas de
descanso. Siempre pueden presentarse imprevistos, pero no ha de ser lo habitual.
118
Hablamos con frecuencia de situaciones justas, acciones justas, conclusiones justas. Pero
para expresarnos así, es importante tener en cuenta que la justicia es primariamente y ante todo
una virtud, una actitud humana.
Lo mío está relativizado por los justos derechos de los demás
Todo el mundo ha de ser justo, la justicia se debe exigir a todas las personas y en todo
momento. La justicia exige relativizar los propios deseos, simpatías, preferencias, intereses. Si
una actuación mía afecta a otro, no puedo justificarla sólo porque sirva a mis propios intereses.
Mis intereses pueden tener preferencia, pero no porque sean míos, sino porque son más
importantes considerando su contenido: yo puedo negarme a trasnochar y defender mi derecho a
irme a dormir pronto, pero no porque me apetezca o no sino por mi salud, o porque al día
siguiente he de madrugar para cumplir con mis obligaciones de sacerdote, o porque no debo dar
mal ejemplo saliendo por ahí hasta las tantas. 
Cuando defiendo este derecho mío es porque objetivamente su contenido es valioso, no
porque sea mío sino porque es mejor. Si para defender este derecho que me permite cumplir mis
obligaciones contrarío las ganas de juerga de otra persona, estoy siendo justo. Pero si otra
persona precisa contarme un problema o me pide que le escuche en confesión a las tantas de la
madrugada porque lo necesita, o porque agoniza y quiere recibir la Unción de enfermos, todo mi
sueño, mi salud, e incluso la lucidez de mi trabajo al día siguiente cederán paso a esa necesidad
que es un derecho de cualquier bautizado o bautizada: los intereses de esa persona son más
importantes que mis derechos que se relativizan frente a ellos, relativizarse, en el sentido de que
al ponerlos en relación, al compararlos, descubro qué es lo justo en esa situación. No se anulan
mis derechos, sino que se ordenan como un importante deber
La justicia no es el aniquilamiento de los derechos, sino su conformación recta. Por eso
quizá convenga matizar la frase: “mis derechos terminan donde comienzan los de los demás” o
“tus derechos terminan donde comienzan los míos”. Más bien habría que decir: ”mis derechos son
tales si tienen en cuenta y respetan los tuyos”, ya que si no fuera así las relaciones con los otros
se considerarían reductivamente límites a mi libertad, cuando sucede todo lo contrario: mi
libertad es auténticamente tal si tiene en cuenta la de los otros, la ama y respeta. Entonces crece
como libertad, es más libertad. Esos cauces que los otros ponen a mis derechos y a mi libertad los
conforman en sus auténticas dimensiones, los enaltecen y embellecen, por decirlo de algún
modo
135
.
Definición de persona justa
Según Spaemann, “llamamos justo a aquel que, en los conflictos de intereses, examina de qué
intereses se trata y está dispuesto a pasar por alto de quién son los intereses que están en liza. Y
                                                
135
Aunque a lo largo de esta exposición nos planteamos principalmente cómo ser justos, relativizando
nuestros intereses al relacionarnos con los demás, conviene acentuar también que hemos de reclamar y
defender nuestros derechos, tanto por respeto a nuestra propia dignidad personal como pensando en que
hacer dejación de los mismos puede ir creando un acostumbramiento a la injusticia. Si no defendemos
nuestros derechos con justicia y serenidad, se pueden crear situaciones de abuso de poder que atentan
contra la dignidad humana. Es  importante no acostumbrarse a ningún tipo de abuso, de violencia, de
injusticia. Experimentar una serena pero firme indignación resulta la actitud ética adecuada. Después
convendrá aplicar la razón y la prudencia para poner punto final a esos abusos. Ante las muertes violentas,
ante las faltas de respeto y maltrato a las mujeres, a los extranjeros, a los pobres, a los niños (también a los
no-nacidos eliminados por el aborto), ante la degradación de la pornografía en los medios de comunicación,
la impunidad en la difusión de la droga,  no cabe mirar hacia otro lado o dar por supuesto que esas
situaciones son así  y en tal o cual circunstancia convendría relativizarlas... Esta postura no es ética y
fomenta un clima de cobardía y de abstención cómplice con el mal.
119
puesto que siempre tenemos la tentación de engañarnos a nosotros mismos y de privilegiarnos en
la valoración de los intereses, pertenece a la justicia la disposición de someterse, en caso de duda,
a una instancia imparcial; esto significa, por ejemplo, someterse a las leyes del estado (o
autonomía, cantón, etc.) y a la jurisdicción pública” (pág. 61).
La justicia se refiere sobre todo a los bienes escasos
Todo lo referente a la justicia afecta a los bienes que son escasos de manera especial (aquí
convendría hacer una llamada a la responsabilidad ecológica en el uso del agua, etc., y al mismo
tiempo no simplificar respecto a las reservas de alimentos, etc. que son más bien un problema de
distribución y de organización, en el que los países más ricos deberían ocuparse de los pobres y
elevar su nivel de vida desinteresadamente).
Superar las asimetrías
Lo importante en la justicia, el concepto que está detrás es el de una simetría fundamental
en relación con los hombres, especialmente respecto a los bienes escasos y que hay que repartir.
No se trata de la simple igualdad de todos, sino de que las asimetrías deben ser justificadas:
quien ha trabajado más y con mayor calidad gana más, pero porque ha trabajado más, no ha de
ganar más por enchufe o favoritismo
136
. Quien ha estudiado más y mejor, ha de ser calificado o
calificada con una nota más alta que quien no ha estudiado nada y ha hecho un examen pésimo.
Justificar las asimetrías que han de ser así
Por tanto, la justificación de estas asimetrías ha de ser tan veraz, que cualquiera que
piense justamente pueda estar de acuerdo con esta asimetría. Por ejemplo, los aparcamientos
para personas discapacitadas en una zona que hay pocos puestos de estacionamiento. Una
persona sana no podrá jamás considerar “enchufada” a la que padece limitaciones físicas y use
esos aparcamientos reservados. La prioridad de quien tiene discapacidades se entiende a la
primera, no hace falta  que sea muy razonada la reserva  de estacionamiento. Los aparcamientos
que se reservan delante de las parroquias para colocar los coches fúnebres podrían ser otro
ejemplo en esta línea.
Discriminaciones. Qué son y qué no son
Siempre que una persona está discriminada por medidas que no puedan ser justificadas
ante él ni justificadas ante nadie, sufre una injusticia. Quien es discriminado por ser judío, o
negro, o hijo de un rico (le suspende el profesor comunista porque es hijo de un rico, aunque su
examen sea bueno), o por ser de un país distinto al de uno y hay medidas racistas o xenófobas, en
esos casos se lesiona la simetría fundamental y se está cometiendo una injusticia. Una puede
negarse a que un dentista que padece SIDA le arregle los dientes, ya que existe el peligro de
contagio si le habla sin mascarilla, o toca sus encías, por ejemplo
137
. Esa discriminación no es
                                                
136
Cuando el profesor preguntó en ISSA sobre qué asimetrías pueden justificarse en la retribución laboral,
Ohiana Kortabarría apuntó las especialidades responsabilidades que pueda llevar consigo el puesto, etc.,
subrayando los otros aspectos que se han citado antes.
137
En el curso 2001-2002, un alumno (Aitor Ugarte Mangado) planteaba en TECNUN, si se considera  como
asimetría justificable que el dentista o el médico puedan negarse a atender a un afectado por el SIDA. El
profesor respondió que un enfermo ha de ser atendido siempre, ya que se encuentra en situación de
inferioridad. Se deberán prever todas las medidas e cautela para no contagiarse (existen esas medidas y
actualmente hay medios para evitar el contagio). También conviene considerar que mientras la elección de
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injusta, porque hay una serie de bienes a proteger, que además siguen una escala de importancia
respecto a la persona humana y a la sociedad: salud que no debe ponerse innecesariamente en
peligro, o integridad física y moral. 
Al dentista se le pueden encargar otras ocupaciones, pero hay una serie de trabajos en los
que están en peligro los derechos de otras personas, y es obligación defenderse, incluso con
medidas que puedan parecer discriminatorias. No es discriminatoria esa exclusión, porque se
puede decir que no tiene derecho a hacer un mal o a ponerse innecesariamente en peligro de
provocarlo. Junto con estas medidas de prudencia que impiden la difusión de una enfermedad, y
evitan un mal respecto a la salud o al bien común, habría que conseguir que toda persona
afectada por el SIDA pueda reinsertarse en la vida laboral y social sin traumas.
Afortunadamente se está avanzando mucho en esta línea.
La mujer con la balanza y los ojos tapados
Justicia significa imparcialidad, y habréis observado sus representaciones: una mujer que
sostiene una balanza, con sus ojos vendados.
No se trata sólo ni fundamentalmente de un igualitarismo que cada uno reciba lo mismo o
contribuya lo mismo, sino que el reparto de cargas y de beneficios, no se haga de antemano, como
siempre da la impresión, en favor de determinadas personas o grupos” (Spaemann, pág. 62).
Dos clases de acciones interhumanas sometidas a las exigencias de la justicia, según
Aristóteles: el intercambio de bienes y el reparto de cargas y beneficios por parte de la autoridad.
(Justicia conmutativa y justicia distributiva).
Recordemos que se define la justicia como “la firme y constante voluntad de dar a cada uno
lo suyo”. Al ser una virtud que se refiere a mi relación con los demás es esencial para la
convivencia y exige la veracidad en las relaciones humanas. Un mentiroso no respeta la dignidad
de las personas ya que trata a los otros como medios para obtener sus propios objetivos: al no
darles la veracidad les priva de ese derecho correspondiente a cualquier hombre o mujer.
Clásicamente se contemplan tres tipos de justicia.
1. CONMUTATIVA: Regula los intercambios en pie de igualdad. Un alumno se
compromete a explicar Alemán a otro y este último acuerda con él pagarle a tantos euros la hora
de clase particular. Si acuerdan unas horas determinadas y un precio, los dos han de cumplir lo
acordado.
2. DISTRIBUTIVA: El que está al mando de un grupo se relaciona con los que dependen de
él cumpliendo esta justicia. Rige las relaciones de la comunidad con el individuo. Esta justicia no
está presidida por la “igualdad” como la conmutativa, sino por el principio de proporcionalidad:
Las cargas han de repartirse según las capacidades de cada persona, y los bienes de acuerdo con
las necesidades. Siempre y al mismo tiempo habrá que tener en cuenta el bien de todos o bien
común. (Virtud de los profesores, de las autoridades, de las personas que dirigen empresas,
políticos etc.)
                                                                                                                                              
un profesional de la medicina resulta relativamente fácil en nuestro mundo occidental y entramos en
relaciones de libre oferta y demanda, muchos enfermos de SIDA precisan de asistencias diversas y  por su
situación frecuentemente desconfigurada, no se encuentran en igualdad de condiciones para elegir. Los
casos de personas afectadas han de ser asumidos desde las instituciones especialmente preparadas y
subvencionadas por el estado social (en sus distintos ámbitos central autonómico, municipal) que dispone de
fondos procedentes de la recaudación de impuestos para las partidas de sanidad y que están pensadas
precisamente para que ningún enfermo indigente quede desatendido.
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