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Ética



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131
Con ese amor, bien intencionado, le está haciendo tanto daño como si asistiera a las clases de una
escuela de delincuentes. No sabe lo que educa o deseduca, porque no conoce la naturaleza
humana. Amor no consiste fundamentalmente en simpatía, porque la simpatía es algo que se
tiene o no se tiene, no depende demasiado de nosotros mismos. El amor es benevolencia: querer
dar al otro lo que es bueno para él, tanto a las personas como a cualquier viviente. Provocar el
dolor en un animal, sin necesidad significa no hacerle justicia. Si yo no quiero el dolor para mí
mismo, tampoco debo quererlo para un animal o (salvando las distancias) para otra persona.
La benevolencia perfecciona la justicia, va más allá de ella, y permite que exista una vida
buena, no sólo una vida estrictamente justa
144
.
Dos posturas extremas en la ética respecto al juicio de los propios actos
Desde Max Weber se ha pretendido que haya dos posiciones extremas en la ética:
a) La ética de la convicción
b) La ética de la responsabilidad.
b) Aquella ética que teniendo en cuenta todas las consecuencias de una acción en su
conjunto, establece cuáles son las mejores para el conjunto y no se preocupa tanto de la bondad o
la maldad de los actos aislados. Un acto aislado malo, puede ser beneficioso para el éxito de una
empresa, y por lo tanto se podría hacer sin calificarlo de malo. Un médico que no anuncia la
gravedad de la enfermedad al enfermo para que no sufra tanto, o incluso que le miente. Un
                                                
144
En ISSA tratamos durante el curso 2001-2002 de algunas situaciones profesionales en las que pueden
plantearse problemas u oportunidades respecto a la justicia. En primer lugar los curricula han de responder
siempre a la realidad (niveles de idiomas, número y tipo de prácticas realizadas, etc.). No conviene
"hinchar" el curriculum, ni tampoco ser tan perfeccionista que no se incluyan algunos conocimientos, por
ejemplo sobre programas de informática que se conocen y saben manejar aunque no sea con una perfección
de especialista. También conviene observar el ambiente laboral en ese período de prácticas estando en
contacto con la bolsa de trabajo del Centro por si se notara que el desarrollo de las tareas no corresponde a
lo acordado. Cumplimiento estricto del horario, de los cometidos, etc., así como del secreto profesional, la
lealtad con las compañeras y compañeros. Una vez comenzada la etapa profesional y contratada es
importante también  ser escrupulosa en el cumplimiento de lo estipulado en los contratos, horarios, etc. Si
los horarios de la empresa son flexibles conviene tener en cuenta las necesidades laborales de la empresa
que pueden requerir en ocasiones la presencia de una en momentos no previstos: por ejemplo si se trabaja
sólo por las mañanas y una tarde, excepcionalmente, le piden a la secretaria que acuda a la oficina porque
llegarán unos extranjeros que sólo van a estar esa tarde en la ciudad,  y se necesita que alguien haga de
intérprete. Conviene también exigir los derechos con educación pero con firmeza: por ejemplo los permisos
de maternidad, las bajas por enfermedad, etc. Afortunadamente, la legislación de maternidad está ya muy
bien determinada en todo el estado desde noviembre de 2001. De todas formas, como recordaba en clase
Mercedes  Martínez las Heras que ha hecho un trabajo sobre maternidad  junto a las otras alumnas Beatriz
Erquiaga Ripa, Elena Marchal Rozas y Cristina Bueno Hernández, siguen dándose discriminaciones.
Concluimos que conviene seguir fomentando una "cultura" que favorezca la maternidad en el ámbito
empresarial (las tendencias en Estados Unidos y en las nuevas empresas apuntan a este objetivo). También
tratamos de que la justicia y la lealtad exige guardar el secreto profesional en la empresa, y esto incumbe de
manera muy particular a la ayudante de dirección, ya que se relaciona con muchas personas. También es
importante la justicia en el uso de los instrumentos de trabajo, teléfonos, e-mail,  materiales de oficina, etc.,
y evitar abusos o destinos a fines particulares, familiares, etc. Como la ayudante de dirección dispone cada
vez de mayor autonomía competencias y  atribuciones  en la cultura de la nueva empresa, una secretaria de
dirección ha de ser especialmente justa en las compras para la oficina u otros encargos que le confían,
evitando los sobornos, extorsiones,  favoritismos, etc. Como la secretaria, es frecuentemente la "imagen" de
la empresa, ya el primer encuentro de clientes o visitantes, se encuentra en lo que los expertos denominan
"el momento de la verdad", esto es puede causar una impresión muy favorable a quienes acudan a ella como
clientes o futuros clientes, y en esa impresión queda reflejada la calidad de la empresa. Una buena
secretaria hace marketing de la empresa y fideliza a  muchos clientes. Si la secretaria vive los valores éticos
en todas sus dimensiones, fomenta la confianza en ella misma y en la empresa: ayuda mucho a cualificarla. 
132
estadista que aumentara su arsenal nuclear para disuadir a otro país en sus pretensiones de
expansión, o incluso que anunciara un ataque a otro para reducir las posibilidades de guerra.
a) La ética de convicción prohíbe realizar un acto malo aunque del conjunto de sus
consecuencias resultara algo bueno. Un pacifista jamás participará en una guerra porque le
parece inmoral coger un fusil. Si se le argumenta que el pacifismo puede aumentar el peligro de
guerra, ya que el desarme propiciaría que otros se rearmen e invadan el país, responderá que si
todos fueran pacifistas no habría guerra, y alguien tiene que empezar alguna vez a obedecer otra
lógica frente a los conflictos. Si se le acusara que con eso debilita la defensa de su país frente a
los que potencialmente serán sus enemigos, responderá que él no tiene la culpa de eso, y
preferirá morir a empuñar un fusil. 
Para Weber estas dos posiciones extremas responden a dos tipos de personas: los políticos
viven una ética de la responsabilidad, y los santos una ética de la convicción (no tuvo en cuenta
que algunos santos y santas fueron políticos y consiguieron éxitos también en la política con una
moral coherente a sus principios cristianos.)
Actualmente se distingue entre moral deontológica y moral teleológica.
La deontológica es la que llama buenos o malos a ciertos comportamientos, sin tener en
cuenta principalmente las consecuencias.
La teleológica (que mira al fin), es aquella que valora cada una de las acciones no
considerándolas en sí mismas sino teniendo en cuenta -como criterio definitivo- las presuntas
consecuencias. Se denomina también utilitarismo.
Estas alternativas (ética de la convicción/ética de la responsabilidad; moral
deontológica/moral teleológica) son simplificaciones abstractas que oscurecen un planteamiento
que quiera hacer justicia a la realidad. Hay un pensamiento de Hegel que puede situarnos frente
a las simplificaciones: “el principio que lleva a despreciar las consecuencias de los actos y el que
conduce a juzgarlos por sus consecuencias, convirtiéndolas en norma de lo bueno y de lo malo,
son, por igual, principios abstractos”.
145
Este reduccionismo es una abstracción no se da químicamente puro en la realidad humana
Ninguna ética desconsidera los efectos de un acto. Incluso el que se niega a mentir siempre
y en cualquier circunstancia, tiene en cuenta el efecto de su acción: Si miento su consecuencia es
que engaño e induzco al error a una persona. Contar un chiste o un cuento no induce al error o al
engaño, me muevo en el terreno de hacer reír o de la distracción, o del arte. No vale la
disyuntiva: o convicción o responsabilidad. Se trata de qué consecuencias jamás deben ser
causadas por el mismo acto (todo acto considerado malo en sí mismo tiene también unas
consecuencias: asesinato, violación, aborto...)
146
O si, por el contrario aprobamos cualquier acto
                                                
145
Citado por Spaemann, pág. 75
146
Mari Jose Peguero planteó el problema de las personas afectadas por el Sida y sus relaciones
matrimoniales. Planteaba si es lícito el uso de anticonceptivos para que no se infecten sus hijos o si hay que
aconsejarles que se abstengan de la relación conyugal… El profesor respondió que afortunadamente avanza
la medicina y se van curando progresivamente persona afectadas por el síndrome de inmunodeficiencia,.
Con los anticonceptivos, e incluso con el preservativo, además de que se falsea la relación conyugal, no se
previene la transmisión del virus, hay estudios sobre  el alto  número de embarazos no deseados  entre
personas que utilizan el preservativo en sus relaciones sexuales. Si el virus del Sida es mucho más pequeño
que el espermatozoide humano, cabe pensar que atraviese los poros del látex con mayor facilidad y contagie:
se habla de 10% de fallos e incluso del 18%: no es seguro. Además, el engaño de que con el preservativo se
consigue “sexo seguro” trivializa las relaciones sexuales entre las mujeres y los hombres que aumentan
confiadamente estas prácticas, desproveyéndolas de sus sentido profundo: compromiso y entrega total de
amor. Nadie ha de ponerse innecesariamente en peligro, ni mucho menos provocar el peligro a otra u a otras
personas, por lo tanto, la abstención de relaciones es la vía más ética y razonable. El profesor propuso el
ejemplo de que si él como sacerdote padeciera tuberculosis–afortunadamente no está enfermo-  no tendría
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con la condición de que a la larga quede justificado por el conjunto de las consecuencias positivas.
El problema de fondo es la vieja cuestión de si el fin justifica los medios, cuando el fin es bueno y
compensa los males producidos por los medios inmorales.
Siempre calibramos, sopesamos, las consecuencias de nuestros actos: el médico corta una
pierna para evitar una gangrena, o prohíbe el placer de tomar vino a una persona para evitar que
termine cirrótica: aquí sí vemos que el fin justifica los medios, porque el medio no es
intrínsecamente inmoral: amputar parte del cuerpo para que no muera el cuerpo; privarse del
placer del vino (si es bueno  proporciona más placer) para evitar la enfermedad. Ahora, cuando
en los países totalitarios los médicos aceptaban internar a los disidentes en hospitales
psiquiátricos y los drogaban para anular su libertad, comprobamos que la responsabilidad del
médico no  se dirigía al objetivo de conseguir la salud del paciente, ese debería ser su cometido e
irrenunciable misión. En el caso de que ante un paciente que ha sido un criminal y pueda
resultar peligroso para el entorno social, el médico no tendría derecho a dejarlo morir  o a
matarlo, pensando en el bien total de la sociedad. Su obligación sigue siendo ayudarle a
recuperar la salud.
Tampoco es justificable la solución que dan las autoridades norteamericanas en la película
(Estallido) aduciendo razones de seguridad del estado, sin permitir el uso de la vacuna contra el
virus Ébora, por la posibilidad de estar en inferioridad de condiciones frente a los pases enemigos
en las guerras bacteriológicas, y mucho menos bombardear con napalm los núcleos de población
de los afectados.
El contrato tácito entre el paciente y el médico es que sus relaciones se ordenan a
conseguir la salud: usted se relaciona conmigo para intentar salvarme la vida y devolverme la
salud. El contrato tácito entre el ciudadano y las autoridades del país es que cuiden del bien
común y del propio del ciudadano con medios lícitos.
Algunos criterios para cuando hay que tomar decisiones
Ante la escasez de medios para la salud: trasplantes, riñón artificial, etc., habrá que tomar
decisiones de acuerdo con criterios deducidos de la justicia distributiva: quién está más grave,
quién puede aguantar más. Quién tiene objetivamente más posibilidades de curarse o quién está
desahuciado y no valdría de nada invertir en él esos medios y con una medicina paliativa se le
ayuda suficientemente a pasar con paz sus últimos días.
Objeciones a la ética de la responsabilidad o utilitarista:
-Las consecuencias de nuestros actos son a largo plazo imprevisibles. Si cada vez que
hemos de decidir algo intentáramos agotar el conjunto de posibilidades de esas consecuencias,
quizá no seríamos capaces de tomar una decisión. Ascender en el trabajo y ganar más dinero
para la familia es en sí algo bueno, algo que cuando una persona se propone deberá meditar
despacio: ¿es correcta la propuesta? ¿ha habido algún favoritismo que me haga lesionar derechos
de terceros? ¿voy a poder con esa responsabilidad? ¿me va a quitar demasiado tiempo de vida
                                                                                                                                              
derecho a confesar a otras personas, ya que podría contaminarles de este enfermedad, y eso que administrar
el sacramento de la Confesión es uno de los servicios que más alegría suscitan en el corazón de un
sacerdote. Si el sacerdote corriera el peligro de contaminarse con la enfermedad de un tuberculoso, por
atenderle (confesarle, darle la Sagrada Comunión, o administrarle la Unción de enfermos), sí  sería lícito
ponerse en peligro, ya que un sacerdote está dispuesto a perder la salud e incluso a dar la vida por sus
hermanas y hermanos y por Jesucristo. Lo que no se puede nunca es realizar un acto intrínsecamente malo 
(algo que en sí mismo considerado siempre es un mal moral). Respecto al combate de la enfermedad del
Sida, el profesor prometió aportar datos recientes que puedan clarificar el problema. (Se recoge al final en
anexo II).
134
familiar? Una se puede plantear una serie de cuestiones razonables, pero no puede prever toda
su vida: por ejemplo que ese ascenso suponga la posibilidad de que a una le secuestren para
conseguir dinero... Ese bien del ascenso puede traer, a largo plazo, como consecuencia el mal del
secuestro. Esa consecuencia no se puede prever y no se deduce lógicamente de ascender en el
trabajo: existe el factor crimen y delincuencia, pero no se sigue necesariamente del ascenso en el
trabajo.
En el Evangelio tenemos un ejemplo de cómo un mal trae a la larga un bien: Judas entrega
a Jesucristo, pero Jesús no justifica la acción de Judas, sino que afirma que más le valdría a ese
hombre no haber nacido. Si no, todo crimen quedaría justificado siempre que el que lo cometiera
buscara un fin bueno, que teóricamente convertiría en bueno el crimen.
La ética de la responsabilidad en el fondo oculta una convicción radical
Es más, la ética utilitarista, o radical de la responsabilidad, es en el fondo una ética radical
de la convicción, porque según Weber, el inventor de estos términos, en la ética de la
responsabilidad no podemos juzgar un acto por sí mismo. Hemos de  considerar la intención del
agente, sus convicciones en ese momento, el conjunto de la historia que justifican un acto
criminal ya que va a favorecer algo que uno está convencido es lo mejor a la larga. El
incondicional de la ética de la responsabilidad está plenamente convencido de que aquella
actuación es la mejor, la más responsable para conseguir el bien pretendido: “Yo no puedo menos
que... ”
La moral no puede delegarse en manos de los tecnócratas
Otra objeción al utilitarismo se puede plantear así: ya que no puede encontrarse en las
acciones morales la cualidad moral de la acción, porque hay que tener presente la función
universal de su utilidad, hay que entregar el juicio moral en manos de los expertos que con su
capacidad técnica  abarcarían la totalidad de las consecuencias de nuestras acciones morales
147
.
La conciencia moral nos dice: no se puede matar a niños inocentes, los gerifaltes del nazismo les
ordenan a las juventudes de las SS que maten niños. Los que matan niños confían más en la
opinión de los técnicos que ven en la existencia de los judíos una raza dañina a la humanidad, y
se olvidan, o prescinden de ese juicio moral que cualquiera descubre en su interior: no matarás a
los niños inocentes.
Eso sucede cuando se pone la conciencia bajo la autoridad de ideólogos y tecnócratas: 
Experimento de la radio bávara: se pidieron voluntarios para intervenir en un
experimento: apretar unos botones por los que ciertas personas recibían descargas eléctricas muy
útiles para el progreso en el aprendizaje humano. Acudieron a los estudios muchos voluntarios
mujeres, hombres, jóvenes, viejos... Todo era simulado, pero cada vez que apretaban el botón, los
                                                
147
Se planteó que cuando los gobiernos o instituciones gubernamentales organizan campañas como: “Si
conduces no bebas” o “Si estás bebido cógete un taxi”, de algún modo están transfiriendo las decisiones que
en conciencia ha de tomar cada persona a las recomendaciones de los “expertos”. No se atreven a aconsejar:
“No bebas porque así atentas contra tu salud y la vida de los demás”. “No bebas porque es un escándalo
gastar tanto dinero en alcohol cuando millones de seres humanos padecen hambre”. Haridian Cubillo
intervino afirmando, con razón, que quienes difunden esas campañas, ya saben que la gente no va a dejar
de beber, que en definitiva seguirán haciendo lo que les venga en gana. Efectivamente, es así, pero el
profesor matizó que las personas de poca formación y débil cultura ética, pueden creer que los consejos
institucionales, los eslóganes de estas campañas constituyen el referente moral definitivo: si se obedecen
esos consejos uno o una está portándose bien., piensan, del mismo modo que  todo lo que se anuncia por la
televisión está prestigiado (la calidad de un producto, a veces la “garantizan” afirmando: “anunciado por la
televisión”). Así las personas dejan de juzgar sus actuaciones éticamente en conciencia, pierden
responsabilidad y pueden, incluso, ser manipuladas. 
135
conejillos de indias humanos gritaban. Les pidieron que subieran la intensidad: se oían gritos.
Cuando ante los nuevos impulsos les advirtieron los organizadores que estaban alcanzando un
límite casi mortal, algunos de los voluntarios se negaron a continuar, pero los mismos
organizadores les dijeron que el experimento había costado mucho dinero, y era de capital
importancia para el aprendizaje en bien de toda la humanidad, y si no continuaban todo el
proyecto se iba abajo. La mayoría se convenció y continuaron, aceptando actuar como
torturadores.
Conveniencia de asumir la responsabilidad y juicio valorativo de cada uno de nuestros
actos
Orientar nuestros actos dejándolos al criterio del conjunto de sus consecuencias, en el
fondo los deja sin dirección, y pueden ser utilizados fácilmente por los manipuladores.
El “Club de Roma” se equivocó hace más de 20 años en los cálculos numéricos sobre
expectativas de crecimiento demográfico. Se tomaron medidas de control de natalidad en los
gobiernos, y con el paso de los años los del Club reconocieron haberse equivocado en los cálculos
matemáticos.
Una ética radical de la responsabilidad fomenta la dinámica del chantaje
Otro problema que plantea la ética del utilitarismo radical es el de los chantajes: si no me
entregas a esa persona, te dinamito el parlamento. Puede pensarse, es mejor que muera un
inocente que todos los parlamentarios de un país. Pero no se puede entregar a un inocente para
que lo maten. Si no se cede a las pretensiones del chantajista, muy probablemente de ahí en
adelante no podrá ejercitar su juego, favorecido frecuentemente por la ética de la responsabilidad
radical. Si no se cede, el criminal terminará entendiendo que el chantaje no es arma útil. En el
noviazgo, hay personas que “chantajean” a otras: si no haces esto conmigo te dejo. Mejor ser
soltera libre que novia esclava. Además las convicciones éticas y la personalidad fuerte hacen a
la mujer mucho más atractiva.
Resumen, o conclusiones:
-Nuestra responsabilidad moral es concreta y determinada. 
-Nuestra responsabilidad moral termina siendo manipulable cuando se parte del prejuicio
de que debemos responder de todas  las consecuencias de cada acto y omisión, y por tanto
confiamos más en las opiniones de los expertos que nos analizan globalmente en el campo moral
que en nuestra conciencia ante los actos u omisiones determinadas.
-Omisión culpable es la omisión de algo que yo tenía que haber hecho.
-Pero en cada ocasión yo no he de estar respondiendo de lo que no hago en ese momento, no
tengo que estar respondiendo en cada instante a las posibles alternativas de mis actos eligiendo
las mejores respecto a todas sus consecuencias proyectadas en el futuro, ya que se me estaría
pidiendo demasiado para mi limitada capacidad humana, es más un imposible.
Respecto a las consecuencias de nuestras acciones, a nuestra responsabilidad, a nuestros
actos, conviene siempre acotar el campo de nuestros deberes: el médico sabe que ha de curar a
sus enfermos, y casualmente a un enfermo grave que encuentre tirado en la calle.
Un político ha de considerar la compleja trama de la economía estatal, continental,
mundial, incluso la globalidad de sus consecuencias, cuando toma decisiones económicas para su
país, aunque como es lógico, antes tiene que solucionar el saneamiento económico de su país, ya
que constituye una de sus más inmediatas responsabilidades: barrer la casa propia antes que la
del vecino, aunque siempre habrá de ser solidario con el vecino, el barrio, el pueblo, etc.
136
La dignidad de la persona humana nos hace considerarla siempre como un fin en sí
misma
Somos responsables de cara a toda la humanidad. No podemos usar a las personas
humanas como puros medios (Kant)
148
. No quiere decir que rechacemos ayudas, prestaciones
justas de otras personas, porque sin ellas sería imposible vivir en sociedad: todos necesitamos de
todos. Yo puedo recibir la prensa diaria en mi casa, pero no considero, ni trato al repartidor como
un esclavo, como una cosa o  como una cinta transportadora. Es persona humana, a quien saludo,
facilito su trabajo, le agradezco su puntualidad, le disculpo si se le arruga una hoja al meter el
periódico debajo de la puerta. Así no niego que esa persona sea persona humana con un fin en sí
mismo. Se niega que la persona sea un fin en sí mismo cuando se le mata, se le tortura, se abusa
sexualmente de ella, se le explota económicamente.
Los comportamientos intrínsecamente malos no son buenos nunca. los intrínsecamente
buenos, pueden ser malos o poco convenientes en ocasiones
149
Mientras que los comportamientos buenos no siempre ni en todo lugar son buenos: por
ejemplo dar dinero a alguien es bueno en determinadas circunstancias: es bueno pagar el salario
justo; es bueno pagar lo que se debe; es bueno dar limosna, pero no lo es dar limosna a un
                                                
148
Karol Wojtyla (después Juan Pablo II) en su libro “Amor y responsabilidad” perfecciona el principio de
Kant, añadiendo que a la persona humana, efectivamente no se le debe tratar como un medio, pero además
sólo se le puede tratar con amor.
149
Salió en clase el problema de la prostitución. El profesor comentó que es algo lamentable y que lleva
consigo, en la mayoría de las ocasiones, la explotación de mujeres que son atraídas a Europa por mafias. A
estas chicas les engañan ofreciéndoles pretendidos trabajos como camareras, etc. Y luego se encuentran con
la trampa de que han de trabajar como prostitutas para abonar el precio de su viaje, el contrato, etc. El
profesor recordó un pensamiento del Papa que ha denunciado este grave problema haciendo considerar que
detrás de una mujer que se corrompe siempre hay hombres corruptos (en el próximo capítulo se recoge todo
el texto). Regina Serrano y  Raquel  Caceo  defendieron que a veces la corrupción parte de la misma mujer
que se presta a este juego e incluso se propone seducir a  los hombres. El profesor respondió que sin
pretender satanizar a los hombres, la oferta existe cuando hay demanda, y en el modo de sentir del varón se
da con más frecuencia esa ansiedad sexual que busca como manera de evadirse las relaciones eróticas.
Recordó las lamentables despedidas de soltero, que, desgraciadamente han introducido dentro de la “fiesta”
el acudir a burdeles. También comentó el profesor que existe una triste subcultura que erotiza las mentes
de adolescentes y muchos jóvenes, como los “consejos” eróticos en “Los 40 principales” “Super woman” o
“Super Pop”. Izaskun  Marco rechazando estos montajes añadía que a las horas que se dan los consejos por
la radio, no suelen escucharlos  las personas adolescentes. El profesor comentó que lo lamentable del asunto
es que se ha creado una subcultura erotizada que busca conseguir mucho dinero con estos  planteamientos
que no son educativos, y además los medios de comunicación no funcionan como ONGs sino  que concentran
muchísimo capital económico y abusan de la falta de formación. Izaskun asentía pero añadió que estas
personas que escuchan los programas o llaman a las emisoras, a veces se encuentran solas y no saben a
quién acudir. Efectivamente habría que conseguir que el entorno familiar y los amigos y amigas con criterio
puedan acompañar y asesorar a personas que están desorientadas. De todas formas, el profesor comentó
que ya Santo Tomás distinguía entre aprobar la prostitución  que no es justificable por ningún motivo,  y
estar siempre los gobernantes obligados a penalizarla encarcelando a las prostitutas, etc. Santo Tomás
afirmó que si existiera el peligro de un grave desorden público: por ejemplo que los hombres de un barrio o
ciudad amenazaran con dinamitarla  en el supuesto de cerrar los burdeles, u otro tipo de violencia, el
gobernante no está obligado a penalizarla (un ejemplo de que no siempre la “ética de la convicción” haya que
entenderla como Max Weber). El profesor matizó que en la actualidad si las autoridades investigaran a
fondo estos negocios de “relax” tendrían el grave deber moral de intervenir por la terrible explotación de las
mujeres y los entornos mafiosos que  les dan cobertura. Actualmente, se puede afirmar que no hay razón
que justifique el que los gobiernos se desentiendan de penalizar este tipo de prácticas que vulneran la
dignidad de las mujeres.
137
mafioso disfrazado de mendigo, o no lo es darle a una niña que está sirviendo de tapadera a una
red de extorsionadores: para que un acto sea bueno hace falta que concurran una serie de
circunstancias: es bueno ayudar en el estudio; es injusto soplar en un examen (los dos son
transmisiones de saber, pero la circunstancia segunda es injusta, porque lo que se evalúan son
los conocimientos de cada alumno/a, con su identidad personal: se está calificando el
conocimiento a una persona, que aparenta saber porque acaba de escuchar el chivatazo de otra.
En el caso de que el novio o la novia  pidan salir mucho durante los exámenes: es bueno salir con
el novio, pero en esas circunstancias el amor se demuestra dejando de salir para dejar estudiar, y
así se le ayuda al novio o a la novia a ser más fuerte y menos dependiente en lo afectivo.
En cambio, hay actos que en sí mismos, sin necesidad de calibrar sus circunstancias los
calificamos inmediatamente de malos: violación, crimen, tortura, calumnia, ya que con ellos se
niega el carácter de persona y el fin en sí mismo que tiene cada hombre.
En esos casos no es razonable plantearse un cálculo de consecuencias sopesando los pros y
los contras a largo plazo. Uno está obligado a resistirse a esa acción y no cabe plantearse la
conveniencia de su omisión. Como dice Spaemann, quien se niega a fusilar a una joven judía, no
tiene ninguna responsabilidad ante las represalias que el oficial de las SS tome contra un grupo
de 10 hombres: -si no matas a la judía fusilo a 10 hombres.
“Si no me presto a esta diversión, a esta bacanal de fin de semana: drogas, alcohol, sexo a
tope, ruta del bacalao, muchos de mi cuadrilla se van a alejar de mí.” (Quizá sea una buena
prueba para la selección de los verdaderos amigos comprobar quiénes tienen personalidad, y qué
buscan realmente al salir con otros.)
La obligación moral de evitar un acto intrínsecamente malo ha de ser como una
imposibilidad física de hacer el mal
Hay que considerar estas omisiones (obligatorias omisiones) de realizar un acto perverso
algo que yo no puedo realizar físicamente. Si me piden que vuele batiendo las palmas de las
manos y despegando desde una azotea, lo evitaré a toda costa porque es una acción físicamente
imposible. Si a alguien le piden que mate a su madre, su negativa al matricidio sería como una
imposibilidad física.
Ante algo que no es lícito, la perfección o temple ético de una persona le llevaría a
traducirlo así: “No puedo (físicamente) hacer esto”. “Me resulta imposible hacer esto”. Habréis
escuchado en ocasiones algo que suena a elogio o como un reproche de ingenuidad: “es incapaz de
mentir”. Alguien con temple ético termina consiguiendo que sus actos morales espontáneos
(después de mucha educación, lucha, y gracia de Dios) sean buenos (eso sería una aproximación a
lo que llamamos virtud).
Lo que va contra la piedad, contra el respeto debido al hombre, dicho brevemente, contra
las buenas costumbres, debe ser considerado como imposible”.
150
Aunque la ética se basa en el “deber”, y suele afirmarse: puedo, pero no debo en el caso de
los actos intrínsecamente malos “no deber” y “no poder” se identifican.
Análisis filosófico de la ética de la responsabilidad
Respecto a la ética de la responsabilidad radical, uno de los mejores análisis es el ofrecido
por el profesor Polo que califica este sistema como: Una exageración unilateral de la
responsabilidad, una formulación acerca de lo bueno o de lo malo exclusivamente en términos de
resultados posteriores. La acción no es ni buena ni mala en sí, porque la única manera de
constatar si es buena o no es ver qué consecuencias se han seguido de ella.
151
. (Cuenta el chiste
                                                
150
Sentencia de Cicerón, citada por Spaemann, pág. 83.
151
L. Polo: Ética. Hacia una versión moderna de los temas clásicos, p. 172
138
de una película norteamericana: alguien pregunta a un hombre de color: -¿Cree Vd. que
encontrar un gato negro es señal de mala suerte? Eso depende de lo que suceda después,
(responde sabiamente el negro).
Una de las primeras dificultades que plantea esta ética es que deja pendiente la respuesta
a la pregunta: ¿para quién son ventajosas las consecuencias de esta acción?. Las consecuencias
siempre se toman en cuenta, pero como enseña Polo: (...) no es correcto cifrar exclusivamente en
las consecuencias exteriores la bondad de la acción, porque son posteriores a ella, y la acción en
sí misma requiere un estudio directo
152
. El fallo de Weber está en contraponer la ética de las
convicciones como irreconciliable con la ética de la responsabilidad. Desde unas convicciones
profundas se puede y se debe hacer una previsión de consecuencias, pero no supeditando la
bondad de una acción, en sí misma considerada, a todas las consecuencias que de ella se deriven.
Primero porque no podemos adivinar el alcance total de nuestras acciones proyectadas en el
tiempo, y además porque algo que está mal en sí no debemos justificarlo nunca  aunque de ello se
deriven consecuencias positivas.
Por otra parte la ética consecuencialista o de la responsabilidad ignora que las acciones
humanas son múltiples: yo puedo corregir el rumbo de mis acciones con otras que me ayuden a
rectificarlas: el reiterar una acción puede mejorarla o empeorarla. El hombre puede corregir su
futuro repitiendo acciones que crean hábitos y virtudes, o vicios. Parte de mi responsabilidad es
corregir mis equivocaciones éticas. “Hay que tratar la responsabilidad de modo responsable y no
subordinarla a eventualidades”
153
explica Polo  y propone otro ejemplo de cómo el
consecuencialismo puede llevar a situaciones absurdas: He asaltado a un señor y he puesto en
marcha un proceso, porque al quitar a esa persona su billetera, tal vez no pueda pagar sus
deudas, o al decírselo a su madre, que quizá está enferma, le dé un infarto, o bien la falta de
dinero evitará una borrachera; en fin, puede haber una cantidad incontable de resultados. Un
consecuencialista diría: mire usted, si resulta que las consecuencias son buenas, este acto suyo es
bueno, porque el robar es lo de menos, lo importante es lo que pasa después”
154
.
Hay personas que han animado a abortar a una chica, porque aunque el acto en sí sea
malo, según ellos la consecuencia de quitarle la responsabilidad de ser madre junto con la
vergüenza que le suponga reconocer que ha tenido un desliz justifica que mate a la criatura. Es
un caso corriente.
Rochefoucauld afirmó: “La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los
medios de que se han servido para conseguirla”
155
. Si los faraones hubieran construido las
pirámides pagando salarios justos a sus albañiles, la grandeza y armonía de la construcción
coincidiría con la grandeza y bondad de los medios. Ahora bien, si los faraones construyeron las
pirámides con esclavos, la grandeza de la construcción no justifica la inmoralidad de la
esclavitud
156
.
                                                
152
Ibíd. pág. 173
153
Ibíd., pág. 176
154
Ibíd. 176
155
Cit. por Cammirelli, en “Los Monstruos de la razón” Rialp, Madrid, 1995, p. 197.
156
Para no ir tan lejos en el ejemplo, imaginemos que un alumno copiara a otro durante un examen
universitario. El que ha padecido esta acción se vuelve hacia el que le está copiando y le ve el profesor. Si el
profesor suspendiera al inocente, el que ha copiado tendría la obligación moral de declararse culpable y
restituir a su compañero.  Quien es culpable, aunque sepa que va a suspender si declarase la verdad no
puede desentenderse del mal que ha infligido a su compañero. Otro asunto sería si ha copiado en asunto
poco importante y el profesor no le ve. Aun siendo algo antiético, no tendría la obligación de declararse
culpable, ya que puede deteriorar desproporcionadamente su honra cuando no es lo habitual en él este tipo
de prácticas. En el caso que nos ocupa,  el medio utilizado para copiar es inmoral y además en el primer
supuesto ha perjudicado a otro compañero que es inocente.  Así se entiende mejor porqué la grandeza moral
de una persona se mide por los medios que utilice para conseguir sus fines.
139
ANEXO:
Todo el planteamiento anterior ha influido mucho en la  ética y en la teología del siglo XX. A
continuación se exponen algunas ideas que serán explicadas más a fondo durante el próximo
curso.
Como las circunstancias que pueden variar la calificación ética de las acciones son
importantes, algunos, a lo largo de la historia de la moral las han absolutizado, y en la
actualidad encontramos tres exageraciones que distorsionan la valoración sobre la moralidad de
nuestras acciones:
1. La “moral de situación”: sistema moral que define el bien y el mal morales no a partir de
los principios universales, sino de la “situación” concreta que la persona ha de afrontar: Existe el
principio universal: no matarás. Una queda embarazada y no desea a la criatura que lleva dentro
porque le altera mucho psicológicamente. La situación negativa de alterarse síquicamente le
lleva a abortar. Abortar en esta circunstancia no sería algo gravemente malo para los defensores
de la moral de situación. 
Un grupo político piensa que ha de conseguir sus objetivos –para ellos justos y liberadores-
cuanto antes y como sea. Como ven que la consecución de sus metas va lenta y opinan que a
través de los debates parlamentarios y el dinamismo democrático no obtienen lo que les parece
importantísimo, organizan a gente armada que hace atentados, secuestra, coloca explosivos, etc.
Ellos opinan que esa es la respuesta adecuada y eficaz ante las circunstancias históricas y
políticas. Para ellos, equivocadamente, las circunstancias piden actuar con violencia y por esto,
consideran “bueno” utilizar medios violentos.
Otro ejemplo: en un país el problema del terrorismo es muy grave. Los gobernantes
piensan que con los medios legales vigentes en el estado de derecho no se puede atajar
eficazmente este problema. Esta circunstancia les mueve a fundar una organización financiada
con fondos reservados para matar a terroristas o presuntos terroristas sin juicio previo. La
circunstancia les parece que convierte la acción inmoral en algo bueno.
2. El “consecuencialismo ético”: La bondad de los actos depende de las consecuencias
buenas o malas de esa acción. El estar embarazada hace que vaya a producirse un grave rechazo
por parte de la familia. La consecuencia del aborto es buena: a una no le rechazan (parece que
complica menos la muerte del feto que un rechazo familiar permanente y para siempre). Los
terroristas saben que con sus métodos violentos van a conseguir sus objetivos políticos, para ellos
buenos. La organización antiterrorista, con sus atentados y torturas consigue la consecuencia
buena de acabar con el peligro del terrorismo (aunque las acciones sean en sí mismas inmorales).
Este es el lamentable y simplista modo de razonar de los consecuencialistas.
3. “Proporcionalismo moral”: Se establece una proporción casi matemática entre los
“bienes” o “males” que se siguen a la acción a analizar. Hacen como un presupuesto en el que se
prevén las pérdidas o ganancias morales: Con los atentados terroristas los que los deciden
calculan: vamos a matar a mil personas
157
, pero conseguiremos tal objetivo político que al ser tan
importante, en el presupuesto o balance de los fines, compensa la muerte de mil personas. Con el
                                                
157
Siempre que se presentan estas comparaciones los argumentos de consecuencialistas y proporcionalistas,
eluden considerar que con los medios éticos y legales se consigue evitar los males y conseguir los bienes sin
hacer el mal. De hecho, hay muchísimas alternativas lícitas que permiten muy buenos resultados sin faltar a
la ética. Piénsese por ejemplo en las investigaciones sobre células madre adultas que permiten regenerar
tejidos en los propios enfermos receptores sin la falsa alternativa de “verse obligados “ a utilizar embriones
humanos. Estas investigaciones son silenciadas frecuentemente por los medios de comunicación, ya que
experimentar con embriones humanos proporciona muchísimos beneficios económicos a personas sin
conciencia.
140
atentado o tortura contra tres terroristas presuntos terroristas, el gobierno que destinara a tal
fin fondos reservados, prevé que no morirán diez policías y otros ciudadanos. Con el aborto se
consigue que una chica no sea rechazada por su familia, ni por sus vecinas, ni por su cuadrilla: el
mal de la muerte de un niño no-nacido se presupuesta frente a los tres posibles males: familiar,
social, de amistad: Un “mal” frente a tres posibles “males” no tiene nada que hacer
158
.
                                                
158
Durante el curso 2001-2002 en TECNUN se suscitó un diálogo en el que intervinieron varias alumnas y
alumnos. El tema consistía en analizar el último conflicto mundial desde lo injustificable de las éticas
utilitaristas o  denominadas “de la responsabilidad”.  LAURA GARCIANDÍA GARMENDIA planteaba: “En
los últimos tiempos, desde que tuvieron lugar los atentados contra las Torres gemelas, se ha hablado mucho
sobre el tema, pero creo que se ha tenido muy poco en cuenta que los Talibán son “hijos” de los
norteamericanos, es decir, que estos los adiestraron para luchar contra la URSS. Con esto no quiero quitar
importancia  a los atentados  ni justificarlos; es más, los condeno vigorosamente, pero ¿acaso esas
estrategias eran éticas para luchar contra la URSS y no son éticas para ir contra EE.UU.?. Pienso que
EE.UU., en parte, está siendo víctima de sus propias acciones”. El profesor aclaró que los motivos de lucha
de los Talibán contra el ejército de la URSS  fueron en defensa de una invasión cruel e imperialista, aunque
efectivamente, la CIA apoyó a Bin Laden habilitándolo indirectamente para acciones no deseadas. Es el
efecto perverso  de las políticas en las que el fin justifica los medios, y en general cuando se pretende
solucionar los problemas por la vía bélica. MARÍA CANO, en otro momento  se refirió  a la desinformación
que padecemos sobre el conflicto de Afganistán: “Pienso que es muy difícil establecer un juicio ecuánime
sobre esta guerra, porque los medios de comunicación, con el afán de ser los primeros y acaparar el mayor
índice de audiencia, nos ofrecen la información distorsionada”. El profesor le dio la razón reflexionando
sobre la paradoja que supone encontrarnos en el momento de la Historia en el que disponemos de más
medios para estar bien informados (E-mail; páginas web, telefonía móvil) y padecemos  una desinformación
manifiesta. También añadió que en tiempo de guerra, la desinformación suele ser táctica de los
contendientes para desconcertar a sus enemigos. MIKEL USANDIZAGA expresó su desconcierto por el
apoyo incondicional de todos los países a USA, añadiendo la hipótesis de que casi toda la campaña
publicitaria de Bush fuera subvencionada por la industria armamentística. Se preguntaba “¿Tiene algo que
ver? Supongo que sí. ANA SANCHO: “¿Qué motivos impulsaron a los talibán a realizar los ataques? En los
medios de comunicación no se trata ese punto. El profesor respondió a la reflexión de Mikel, que
efectivamente no es ético apoyar incondicionalmente y sin tener todos los datos a ningún país por muy
poderoso que sea. Sí es lícito ayudar a perseguir el crimen, la corrupción, etc.,  incluso puede considerarse
obligatoria la cooperación internacional contra los criminales, etc. procedan  de donde procedan. Respecto a
la influencia de la industria armamentística, el profesor no tiene datos, pero sí conoce documentos de la
Santa Sede muy valientes condenando el comercio de armas. Son industrias que mueven mucho dinero.
Respecto a la cuestión de Ana, el profesor respondió que efectivamente falta reflexión, análisis y en realidad
conocimiento de las motivaciones más hondas de este conflicto y conviene documentarse, leer artículos de
opinión, ir a las raíces: teólogos como Bruno Forte acaban de escribir en Italia análisis muy profundos.
Conviene conocer la historia del Islam, los  problemas del pueblo palestino, etc. Junto con este conocimiento
sí puede analizarse las acciones talibán  como inmorales en lo que a los atentados, régimen interior de
terror, negocio de droga, etc. Se refiere: el fin no justifica nunca los medios. A EE.UU. se le puede pedir que
se limite a desmantelar la estructura terrorista y tiránica talibán, que evite el sufrimiento de los civiles, y
que ayude a restablecer un régimen de libertad en aquella zona cooperando a su desarrollo integral.
También convendría juzgar a Bin Laden por crímenes contra la humanidad y  en otro orden de  cosas 
restituir los derechos al Pueblo palestino y evitar las masacres de Israel en aquella zona. ALEJANDRO
NICOLÁS PRUNEDA, planteaba que efectivamente la guerra  “no tiene ninguna lógica ni ética”, pero le
parecía muy difícil sopesar y analizar todos los factores que  influyen en su aceptación, aunque los
conociéramos completamente. “Yo creo  que es imposible llegar a un juicio ético que explicara la razón o sin
razón de la guerra, por mucho que conociéramos los intereses de los países y personas, modos de
procedimiento, razones sociológicas y religiosas. Y me remito a mi caso. Me considero con pocos
conocimientos para juzgar este cometido, pero si escuchara a una persona experta en análisis sociológicos
mundiales y emitiera un juicio acerca de las razones de la guerra, no tendría por qué parecerme correcto. De
ahí la subjetividad del problema y lo difícil que es para la ética  o para cualquier ciencia el intentar abarcar
un tema de tal magnitud, y lo inservible que es abarcarlo por partes  sin tener en cuenta las demás”
Alejandro terminaba con las siguientes consideraciones: ¡¡¡Impensable!!! ¿¡¡¡Pero no imposible!!!?. El
profesor respondió que efectivamente es un problema complejo, aunque sí puede establecerse una juicio
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