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181
decisiones, calibrar detenidamente las informaciones y reclamos que se nos ofrezcan en la vida
sin creernos, a la primera, la información inmediata que nos llegue.
Pero sobre todo, ante las diversas alternativas siempre nos ayudará plantearnos: ¿sería
coherente esta actuación o trabajo con mis creencias religiosas?. Si una está casada: ¿este
compromiso laboral va a favorecer mi matrimonio o me alejará tantos kilómetros de mi marido
que sólo nos manifestaremos el cariño durante bastante tiempo virtualmente? ¿esta amistad me
está ayudando a ser mejor o resulta tan posesiva que no me deja ser yo mismo/a?
Hay compromisos que se adquieren para toda la vida (religiosos, matrimonio, fidelidad a la
propia familia, etc.) y otros que pueden variar sin que una persona sea infiel. Por ejemplo el
primer trabajo no implica “casarse” con la empresa. Dejar esa empresa por un trabajo mejor
responde al compromiso laboral de ser competente en la profesión y de sacar adelante a la
familia con más holgura económica e incluso de contribuir solidariamente al bien común. Por el
contrario, abandonar el negocio familiar y del que depende gran parte de la familia en un
momento que se precisara la ayuda de esa persona sólo por ganar más dinero y así subir de
status social, supondría una deslealtad.
El futuro depende de que sepamos mantener un conjunto consistente de compromisos
coherentes con la verdad moral y que los cumplamos, porque así somos personas integradas,
realizadas. Es parte del secreto de la felicidad, no sólo personal, sino también familiar y social, ya
que se difunde como en círculos concéntricos hacia todos los ámbitos en los que nos movemos (Cf.
G. Grises, o.c., págs. 208-216).
Nuestras decisiones configuran nuestro futuro
Conforme transcurren los años descubrimos mejor nuestros límites, pero también nos
damos cuenta de que todas nuestras acciones, decisiones, etc., van configurando nuestro destino:
un tiempo de descanso, una hora de estudio, la lectura de un libro, la relación con una persona:
todo lo que hacemos nos modela, de algún modo, de manera irrevocable (Spaemann, pág. 115).
Ninguna de nuestra acciones son inocuas para nosotros mismos. Una vez que hemos actuado, la
cosa ya no es como antes, aunque podamos rectificar. La omisión también configura el destino.
Un refrán popular advierte del peligro de la pereza: “Quien tiempo tiene y tiempo pierde, cuando
quiere no puede”.
Imposibilidad de configurar todo el propio destino ni el de los demás
Pero al mismo tiempo somos conscientes de que no podemos configurar todo nuestro
destino: Somos limitados e incapaces de prever todas las consecuencias de nuestras acciones.
Hay dolor, fracaso, etc., y también somos destino para otras personas, como ellas lo son para
nosotros. No tenemos en la mano absolutamente ni nuestro destino ni el destino de los demás:
nunca controlamos del todo las riendas del futuro.
Desasirse del propio yo: salir de sí mismo
Debemos estar dispuestos a desasirnos de nosotros mismos, de despreocuparnos algo de
nosotros mismos (quien quiera salvar su vida la perderá... quien la pierda la encontrará)
(enseñanza de Jesús en el Evangelio). Muchas enfermedades psíquicas provienen de pensar
mucho en sí mismos. Hay una expresión popular: “asfixiao”. El sufrimiento también tiene sentido
ante las dificultades, quien no acepta la posibilidad de sufrir se desconcierta tanto que ya no
encuentra sentido a su vida.
Filosóficamente descubrimos tres actitudes ante el destino:
-Fanatismo
-Cinismo
-Serenidad
182
Fanatismo
No existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. El mundo adquiere sentido
gracias a mi acción. Parto de mi acción, por eso, en ocasiones no habrá más remedio que destruir
todo: -opción cero-, para edificar el mundo desde mis presupuestos que son los  únicos verdaderos.
No hay límites morales que puedan impedir mi actuación, porque en el fondo esos límites serían
malos. Hitler pensó que si fracasaba, fracasaba también la historia mundial.
Frente a esta postura, que no deja de ser una pretensión absoluta, desde el punto de vista
moral, descubrimos que el sentido ya está ahí, no hace falta que se lo dé yo a la realidad.
Contemplando sin prejuicios la realidad, las personas, las cosas: leo una lógica, veo una finalidad
que no la pongo yo necesariamente, ya estaba antes que yo y procuro descifrarla. Por lo tanto, la
postura fanática  no responde a la realidad ni a las posibilidades de la persona humana.
Cinismo
Extremo opuesto al fanatismo. No defiende darle sentido a la realidad por encima de
cualquier barrera o de la realidad misma, sino que la realidad siempre se impone al sentido.
Renuncia al sentido. Todo funciona de una manera mecánica e implacable. El derecho es el del
más fuerte. Las cosas han sido son y serán como son y es absurdo cualquier intento de cambio.
El cínico parte de antemano de un prejuicio: la realidad está falta de sentido. En lenguaje
popular: Es lo que hay. Así son las cosas. La realidad es así.
Muchos cínicos han sido anteriormente fanáticos, y ante la dura resistencia de la realidad
que combatían, se rinden y se dejan arrollar por ese proceso mecánico imparable. Para ninguno
de los dos la realidad tiene sentido: uno le quiere dar su sentido a toda costa. El otro acepta su
sinsentido pasivamente diciendo: no hay nada que hacer.
Aquí convendría adelantar que sólo desde una actitud positiva respecto a la realidad
podemos afrontar una relación con sentido. Un cínico es como un escéptico
radical, jamás le
convencerán los argumentos. Se le puede permitir que piense así, pero sólo se convencerá cuando
se estrelle. Habría que evitar que avasalle a sus víctimas con su argumento: la realidad es la
realidad, yo soy el más fuerte, luego te aplasto. Sólo desde el amor -si es capaz de captarlo, y de
comprenderlo, asunto difícil porque lo interpretará como debilidad,- es posible que se le pueda
hacer cambiar.
Serenidad
Es la actitud razonable (el término procede de Alemania, de los místicos de la Alta Edad
Media): 
“Actitud de aquel que acepta voluntariamente, como un límite lleno de sentido, lo que él no
puede cambiar; la actitud de quien acepta los límites”
197
. Lo que no se puede modificar hay que
aceptarlo, porque va a ocurrir de todos modos, y hay que estar a buenas con ello: a mal tiempo
buena cara. Si no estamos a buenas con ello, tampoco estamos a buenas con nosotros mismos, y
por lo tanto no tenemos esa actitud de amistad con uno mismo que es la propia de la vida buena,
o recta En nuestra propia vida hay cosas que no pueden cambiar, limitaciones, idiosincrasia,
código genético, características físicas, que forman parte de nuestro destino. Si no acepto un
destino exterior, tampoco acepto un destino interior propio, por lo que no puedo estar a buenas
conmigo mismo.
No se trata de llegar al extremo de los estoicos (de la Stoa, Epicteto y Séneca) que
afirmaban la necesidad de aceptar incondicionalmente el destino como una liberación total del
hombre “A quien asume voluntariamente lo que de todos modos sucede, nada le puede suceder
contra su voluntad”. Y así propugnaban la apatía como ideal máximo del sabio: ausencia de dolor
y de pasión. Condenaban incluso la compasión, sólo había que mantener una fría razón moral.
                                                
197
Spaemann, pág. 119.
183
Ellos aceptaban la naturaleza, pero contradictoriamente, no tenían en cuenta la naturaleza del
hombre, entre la que destacan sus pasiones como algo natural.
Sólo poniendo pasión ante las dificultades somos capaces de descubrir que algo es
imposible, algo con lo que nos hemos encariñado, pero ese dolor que se siente, cuando no se
alcanza la meta, es señal de que aquello merecía la pena. Quedarse a mitad de una montaña de
3000 metros, por ejemplo, o perder en un partido de tenis de baloncesto o de fútbol.
Serenidad y pasión son armonizables, la serenidad no elimina las pasiones
El Cristianismo acepta la serenidad ante el destino, pero es realista. Los límites de la
subjetividad natural son delimitados de acuerdo con la realidad, y acepto esa realidad sin
engañarme con la impasibilidad (el que nada desea, nada anhela ni lo echa en falta si le falta), y
acepta las pasiones en la consecución de un ideal. En el Antiguo Testamento, Job se queja ante
Dios apasionadamente, pero al final encuentra sentido a su dolor, porque ve la sabiduría del
Creador en todo, incluso en sus fracasos como enfermo y arruinado: Dios sabe más, y de hecho al
final le hace más feliz, rico sano, y premiado en su familia que al principio. Jesucristo ante su
Pasión sufre angustias, pero acepta la voluntad de Dios, “no se haga mi voluntad sino la tuya”.
No es que deje de desear la vida, y así, no deseando la vida no padezca en la muerte, sino que la
acepta voluntariamente: nadie me quita la vida, yo la entrego libremente, sufriendo, también con
realismo, por adelantado sus consecuencias, pero viendo que aquél sacrificio es redentor (nos
redime de nuestros pecados y nos abre a la vida eterna).
Resignación cristiana
Cuando se habla de resignación cristiana, nos referimos siempre a lo que es inevitable,
pero de verdad, cuando hemos luchado hasta el límite, cuando hemos puesto todos los medios, no
cuando nos rendimos antes de tiempo por miedo a cansarnos. Se atribuye a S. Agustín: “Haz lo
que puedas y pide lo que no puedas”.
Incluso, en el cristianismo realista, que eso es Cristianismo, se aceptan los fracasos, se
reconocen como tales, y se ve que detrás de ellos, si se sigue luchando llegaremos a conseguir
grandes bienes. Dios garantiza nuestras exigencias morales y las premia, ya que es su origen,
pero también garantiza que nuestros fracasos serán siempre para bien
Él es honrado con nuestro fracasos, y como Señor de la Historia nos garantiza la armonía
de nuestras intenciones con la marcha del mundo: “Todo es para bien para los que aman a Dios”
(S. Pablo). Recordemos las persecuciones de los primeros cristianos, y las del siglo XX, han
fortalecido la fe, han sacado iglesias sólidas en los países del Este de Europa. En los primeros
siglos del Cristianismo decía Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.
Debemos confiar en que todas nuestras buenas acciones, aunque fueran frustradas por
hechos ajenos a nuestra intención, están contribuyendo a la marcha de la Historia según el plan
de Dios, aunque ahora no comprobemos sus resultados inmediatos. Debemos confiar que el bien
lleva al bien, al menos en general y a largo plazo (Spaemann).
Una antigua oración sintetiza lo que acabamos de afirmar:
“Que Dios me conceda serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valentía para cambiar las que sí puedo,
y sabiduría para ver la diferencia”
198
.
Valor de los actos virtuosos aunque sean pequeños. Perseverancia en el bien
Hay un Teólogo (Card. Joseph Ratzinger en su obra Mirar a Cristo) que afirma, cómo frente a los
círculos viciosos, deberíamos plantearnos extender círculos virtuosos, una dinámica de bien. San
Pablo, a cristianos cansados por las persecuciones en la primera época del Cristianismo les
                                                
198
Recogida por J. A. MARINA en: El laberinto sentimental, Barcelona, 1998, pág. 207.
184
animaba: “No os canséis de hacer el bien”. Pablo VI en pleno siglo XX afirmaba: “No me preocupa
tanto la maldad de los malvados como el cansancio de los buenos”. Detrás de esta concepción
realista, y al mismo tiempo optimista, subyace la idea, la verdad para los cristianos, de que el
bien terminará imponiéndose, y el mal no logrará ahogarlo. 
Convicción de que hacer el bien contribuye al progreso humano
Esa idea, esa verdad, ha permitido que la civilización cristiana avanzara también
técnicamente
199
, porque sólo quienes están convencidos de que este mundo es bueno, y es
mejorable, y hay que dejarlo mejor de como lo hemos encontrado mientras caminamos hacia la
otra Vida o mundo futuro. Sólo estos actúan con el convencimiento también de que merece la
pena invertir energías, inteligencia, creatividad pensando en un final feliz. Ahí subyace la razón
del progreso. Esta idea nace de la fe en Dios, que de los grandes males saca grandes bienes. Toda
la filosofía de la Historia en Kant, Fichte, Hegel, y Marx ven su dinámica en esta perspectiva,
aunque quienes no creían en Dios se quedaron sólo con la idea de un progreso humano
horizontalista, esto es, al margen o en contra de Dios.
“Yo soy una parte de aquella fuerza que quiere siempre el mal y hace siempre el bien”
(Pone Goethe en boca de Mefistófeles en el Fausto). Incluso la acción diabólica termina
involuntariamente contribuyendo a que el bien prospere.
La persona serena actúa con firmeza y aceptación de sus límites
Una persona serena, actúa con firmeza, y al mismo tiempo acepta la marcha de las cosas,
reconociendo sus éxitos (su influjo positivo), y sus momentáneos fracasos que no llegan a
desconcertarle. Es consciente de que no es él ni su actividad quienes conceden sentido total al
mundo.
Serenidad no es pasividad, renuncia a cambiar el mundo. Es la afirmación de una realidad
que merece ayuda y modificación para ser mejorada.
Radical novedad en el nacimiento de la persona humana
“Cada hombre es un nuevo modo de hacerse consciente el mundo”. Se puede afirmar que
las novedades radicales en el mundo no son ni los prototipos, ni un conjunto de moda super
original, ni una balada absolutamente innovadora: la radical novedad es el niño o la niña que
contempla por primera vez la luz de esta tierra. Y para la tierra, el espectáculo más sorprendente
y sobrecogedor es la aparición en su seno de una nueva criatura humana. 
Responsabilidad de la sociedad y los políticos de contribuir a las condiciones materiales y
espirituales que descubran a cada ser humano que la vida merece ser vivida
Por eso, la actividad que debe ocupar a los responsables sociales, a la familia, a los
educadores, a los políticos sería crear las condiciones de vida suficientes, incluso óptimas, para
que cualquiera descubra que merece la pena vivir.
Nunca como ahora hemos dispuesto de medios para distribuir las riquezas, para ayudar al
desarrollo, para paliar la enfermedad, para difundir el arte y la cultura. Algo falla cuando no es
así, pero precisamente la ética está para llamar la atención y despertar las conciencias de
quienes pueden contribuir a asentar estas bases. Recordemos aquella sentencia de Steinbeck al
comienzo de nuestras reflexiones: “los hombres hemos hecho algo malo, y, ¡por Dios!, hemos de
cambiarlo”. Por ahora, el estado del bienestar no lo ha conseguido, no por falta de medios, sino
por falta de temple ético. Quizá esa sea la grieta más llamativa de una organización social y
cultural que se encuentra en condiciones óptimas para contribuir a la felicidad de la persona
humana en este nuevo Milenio.
                                                
199
Cf. CÉSAR VIDAL: El legado del Cristianismo en la Cultura Occidental, Espasa  Calpe, Madrid, 2000.
185
Aceptación intergeneracional
Una serena aceptación de la realidad es la base, hemos visto para que el hombre pueda
vivir en amistad consigo mismo y con los demás. Desde aquí es posible edificar la felicidad.
Spaemann, junto con otros pensadores anima a conseguir una amistad entre las
generaciones: todos hemos aceptado -al menos en parte- un mundo recibido de nuestros mayores,
y tendremos que entregarlo a las generaciones siguientes.
Los mayores han de proponerse introducir a los jóvenes en su mundo de valores hasta que
lo comprendan, han de hacer comprensible ese mundo de valores, y pienso que no desde una
imposición, sino desde el diálogo y mostrando la belleza de ese mundo, en definitiva, la belleza de
portarse bien, con ejemplos vivos y atrayentes.
Los jóvenes han de poder recibir esa herencia y proseguir con independencia y creatividad
la tarea de los mayores, mejorando todo lo que sea corregible y mejorable. 
Toda transmisión de un patrimonio, este es el contenido del relevo generacional, ha de
caracterizarse porque ese patrimonio no se entregue deteriorado, o expoliado, o conformado de tal
manera que no puedan las siguientes generaciones vivir en él, al convertirse en estructura rígida
en la que sea imposible moverse con libertad y holgura. Por parte de los jóvenes, recibiendo esa
herencia se encuentran con una tarea inacabada que deben completar en la medida de sus
fuerzas y posibilidades a lo largo de su generación. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que
el mundo es imperfecto, inacabado, la creación se va perfeccionando, y ese carácter de
perfectibilidad permite que las personas humanas encontremos siempre una tarea que completar
cuando nos proponemos aportar algo con nuestro trabajo.
Capaces de trasmitir felicidad, buscando con hechos el bien de las personas
Una de las obligaciones personales y sociales más importantes es facilitar a nuestros
semejantes la serena aceptación de su destino, lo que supone crear unas condiciones de trabajo,
cultura, sanidad y de bienestar social que les anime a descubrir la belleza de la vida: merece la
pena vivir. Pero hablar de obligaciones resulta pobre e inadecuado, ya que la felicidad de una
vida buena es comunicativa de suyo, y se experimenta la doble felicidad de la felicidad
compartida (Una felicidad compartida es doble felicidad, una pena compartida es la mitad de una
pena).
Decía Spinoza que la felicidad no es el premio a la virtud, sino la virtud misma.
(Spaemann, p. 124).
Influir en el futuro, configurar el destino.
Quizá sea más urgente que nunca plantearnos las bases que permiten comprender
nuestras posibilidades de influir en el futuro. Hay una base filosófica que puede abrirnos
perspectivas. Seguiré el análisis del profesor Polo.
Para comprender la posibilidad de nuestra influencia en el futuro, conviene acercarnos a la
idea de proceso: Proceso es una serie de acontecimientos en curso (L. POLO, o.c. pág. 170).
Hay muchos tipos de procesos: físicos, biológicos, etc. Respecto a los físicos, al contemplar
la rotación de la tierra, o los movimientos de las estrellas, comprobamos que son previos a
nuestras acciones: ocurren sin contar con nosotros (POLO, Ibid.) No hace falta la acción del
hombre para que ocurran estos procesos, pero ellos sí tienen que suceder para que nosotros
podamos intervenir sobre ellos. Sobre el proceso biológico del crecimiento de una planta, yo puedo
intervenir sembrando la semilla, regando con agua el terreno y abonándolo para que crezca sana,
etc. 
Procesos históricos
Vemos otros procesos que son propios del ser humano, lo que denominamos procesos
históricos: una de vosotras  o uno de vosotros, decide presentarse candidato a las elecciones con
186
un programa innovador sobre la vida social y política del país. Si sale elegido, influirá con su
programa en el desarrollo histórico de ese país.
Así entendemos que hay un campo de creatividad en la historia, una influencia en el futuro
que anima a pensar en él, yo diría con ilusión, con afán de mejorarlo. Una idea del autor que
estamos siguiendo nos ayudará a fundamentar más esto: 
“La historia es una cierta temporalidad constituida por acontecimientos (los
acontecimientos históricos son interacciones). Los procesos históricos son sociales en cuanto que
sobre ellos es posible actuar libremente. También una biografía se puede considerar una
dinámica que tiene lugar en el mundo humano. Procesos en serie de acontecimientos de carácter
temporal que constituyen el presupuesto de la acción, ya que la acción es la intervención
consciente y libre en un proceso”.
Intervenir es modificar la serie
“¿Qué quiere decir intervenir? Modificar la serie. Si se interviene efectivamente en un
proceso, la serie de acontecimientos se transforma, se modifica. Esta transformación corre a
cargo de la acción: los acontecimientos ya no son independientes del hombre, ya que no
transcurren sin contar con nosotros, sino que son provocados por nosotros en la misma medida en
que la acción tiene éxito”.
El hombre crea su propio mundo, no es un ser que se adapte así como así al medio
“El ser humano no se adapta al medio, sino que crea su propio mundo. Para crear su propio
mundo el hombre tiene que transformar la naturaleza, modificar los acontecimientos, abrir
posibilidades nuevas. Ello tiene lugar si decide intervenir. Desde el mismo momento en que los
acontecimientos son transformados -y esta transformación corre a cargo de la acción humana-, no
obedecen tan sólo a una dinámica endógena, como dicen los sociólogos, o casual, como diría un
físico, sino que hay que considerarlos como derivados de la intervención eficaz decidida; lo cual
equivale a decir que tienen lugar acontecimientos distintos, nuevos, que nunca existirían si el
hombre no interviene con su acción. Esta es la clave para empezar a comprender la acción
humana. La autoría humana es innegable
200
”.
Efectos perversos de la configuración de los procesos por parte del hombre
Uno de los problemas que estas posibilidades plantean es que la configuración de la
historia se vuelva contra nosotros. Algunas experiencias históricas como el bombardeo de
Hiroshima y Nagashaki por un mal uso de la energía nuclear, un uso perverso. Contemplamos
también los destrozos que ha producido un mal uso de la técnica en el impacto ambiental
(agujero en la capa de ozono, desertización de zonas, degradación del agua por la industria, etc.).
Hay como un miedo al futuro, en ocasiones alentado por el arte de los últimos 30 años
aproximadamente. Recordemos algunos libros: “1984”, “Un mundo feliz”, “Parque Jurásico” etc. 
La advertencia de C. S. Lewis
Uno de los autores que advirtió sobre la responsabilidad de una indiscriminada aplicación
técnica o tecnocrática en la educación humana fue C.S. Lewis en un libro que se cita al principio
de nuestras clases
201
Se fijaba en tres inventos técnicos del siglo XX que han influido y seguirán influyendo en la
configuración social y cultural de la historia: la radio, el avión y los anticonceptivos.
                                                
200
L. POLO, o.c., pág. 170-171.
201
C.S. LEWIS: La abolición del hombre, pág. 55 y ss.
187
Ambigüedad del progreso tecnológico
Son inventos que algunos consideran como un progreso de cada individuo sobre la naturaleza. El
avión a todos nos resulta cómodo, rápido, seguro, etc. Habría que matizar: sólo vuelo en avión si
pago, y sólo puedo pagar si dispongo de dinero para el pasaje. Pero el avión ha facilitado
enormemente la vida humana.
Medios de comunicación
La radio y la televisión todo el denominado mundo “mediático” constituyen avances que
permiten estar al día de las noticias, pero son también elementos manipuladores, ya que se
utilizan para difundir propaganda o publicidad
202
, y no todos tienen acceso a estos medio de
comunicación. De hecho, actualmente, los estudios sobre medios de comunicación alertan de cómo
hay empresas que van acaparando la información: una editorial fuerte se hace con muchos
diarios de un país (concentración y monopolio informativo.) ¿Hasta qué punto puedo decir que yo
personalmente estoy informado y accedo a la información si los medios están en pocas manos y
pueden manipular las noticias? ¿No son muchas veces los mismos medios quienes crean la
opinión?
Anticonceptivos
Respecto a los anticonceptivos, que algunos los utilicen para controlar la natalidad, supone
no sólo limitar el número de hijos, sino ejercer un poder sobre las posibles generaciones futuras
desde las generaciones actuales: estas generaciones deciden quién ha de nacer y quién no. Con la
contracepción se niega la posibilidad de existir a muchos millones de personas. El llamado “poder
sobre la naturaleza”, se convierte en poder del hombre. Sobre el hombre, a través e incluso
pasando por encima (a veces por el cadáver) de la naturaleza.
El estado y los gobiernos, por el hecho de ser estado o gobierno, no siempre garantizan la
defensa de los derechos humanos. De manera particular, los seres humanos están dependiendo
de las generaciones anteriores por el control de la natalidad. 
Muchas veces se piensa que todos estos abusos o arbitrariedades, en un estado de derecho,
se solucionarían si los mismos estados intervinieran impidiendo que los fuertes oprimiesen a los
débiles. Pero en los estados, el gobierno puede ejercer presiones sobre el pueblo, y las mayorías o
supuestas mayorías pueden ejercer también presiones de poder. Pensemos en los problemas de
xenofobia y racismo, o la posibilidad de que los medios informativos creen opinión, que en el
fondo no constituya verdadera opinión, sino la imposición unos esquemas mentales e ideológicos.
Recordemos lo que pasó en la Alemania de Hitler respecto a los judíos, a los católicos y a los que
no estaban dispuestos a adorar a aquel Estado absoluto... Reflexionemos sobre los intereses
económicos que se esconden tras las campañas de anticonceptivos que mueven tantos millones y
la opinión generalizada de que los métodos naturales son inseguros. La Madre Teresa con sus
religiosas enseñó en la India los métodos naturales de fertilidad de la mujer que además de no
ser contraceptivos, resultan gratis. ¿Quién estará interesado en afirmar que son inseguros....?
Sin duda, quien pierda millones de dólares o de francos o de marcos, al no encontrar mercado con
sus productos farmacéuticos contraceptivos. 
Por eso, Lewis, hace ya años con una lucidez fuera de lo común afirmó: (...)”todas las
acciones de poder a largo plazo, especialmente en lo que respecta a la natalidad, significan el
poder de las generaciones previas sobre las posteriores”
203
. Años después, otros autores
                                                
202
Además  personas y empresas sin escrúpulos difunden pornografía, xenofobia, racismo,  satanismo,
prostitución, venta de armas.  Frente a estos abusos,  algunas empresas han comercializado “filtros” que
impiden la entrada por red de estos elementos perniciosos y protegen a las familias y usuarios de internet.
203
C.S. LEWIS, La abolición del hombre pág. 57
188
denunciaron las condiciones impuestas por los EE.UU. a los países latinoamericanos al
concederles ayudas económicas: Siempre obligaban -y siguen obligando- a los gobiernos que
difundan campañas contra la natalidad y con contraceptivos: Las ayudas provenían de las
Fundaciones Rockefeller, etc. Esto se ha denominado “colonialismo demográfico”. Tienen miedo,
algunos países ricos, a la riqueza humana de los menos desarrollados, ya que la persona es la
fuente de máxima creatividad y desarrollo integral de un país. Si esos países en vías de
desarrollo crecen en riqueza humana al ser más y la población más joven, los ricos tienden a
considerarlos como peligrosos competidores en el mercado
204
. Hemos visto anteriormente que la
                                                
204
  Ya discutimos sobre estos temas al comienzo de nuestras clases. Para profundizar en el alcance  de este
problema se recogen a continuación estas reflexión del Demógrafo canadiense Prof. Dr. Alban d´Entremont:
este autor se refiere a la difusión de políticas reduccionistas en los siguientes términos: «La Organización de
las Naciones Unidas (ONU), nacida de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial en junio de 1945, se creó
con el fin de reemplazar a la Sociedad de Naciones, cuya sede había sido Ginebra, que había fracasado en su
misión principal, que era la de salvaguardar la paz mundial.
Ese fracaso se debió, fundamentalmente, a su ineficacia diplomática frente a los totalitarismos del Siglo XX
(comunismo en Rusia, fascismo en Italia y nacional socialismo en Alemania), y también porque no
representaba unos intereses verdaderamente mundiales, sino occidentales en general y europeos en
particular, muy vinculados al status quo  consensuado por las potencias aliadas victoriosas de la Primera
Guerra Mundial y consagrado en el Tratado de Versalles en 1919.
El gran ausente de la inoperante y malograda Sociedad de Naciones había sido Estados Unidos, país que —
a pesar de los intentos a la desesperada del Presidente Woodrow Wilson, autor de los famosos "Catorce
Puntos" para la paz mundial—, se mantuvo al margen de ese foro internacional por decisión del estamento
legislativo norteamericano.
El nuevo foro que se creaba en 1945, las Naciones Unidas, se erigió sobre nuevas premisas, aunque
parecidas a las bases fundacionales de su antecesor: pretendía ser una plataforma política internacional
para la consecución de un "nuevo orden mundial" con vistas a conseguir la paz, el bienestar y el desarrollo
armonioso de todos los pueblos de la tierra.
En esta ocasión, Estados Unidos se aseguró, no sólo una participación activa, sino un protagonismo
inusitado. No es una casualidad, por ejemplo, que los principales abogados y defensores del nuevo foro
internacional fuesen estadounidenses, ni que la conferencia de creación de las Naciones Unidas se celebrase
en San Francisco (California), ni que las conferencias creadoras de otros dos foros mundiales paralelos —
Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial— también se celebrasen en suelo norteamericano
(Dumbarton Oaks y Bretton Woods), o que la sede definitiva de las Naciones Unidas se estableciese en
Nueva York.
En los últimos 55 años, han sido frecuentes y numerosas las concomitancias entre las medidas y acciones
adoptadas por las Naciones Unidas y la política exterior estadounidense, hasta el punto de que se puede
decir que la mayor influencia en ese foro internacional ha sido, a lo largo del último medio siglo, la del
Gobierno norteamericano.
Las Naciones Unidas —que en un principio no tenía por qué tener una ideología—, ha decantado, desde su
inicio, en favor de lo que podríamos denominar una corriente "liberal democrática" con un fuerte
componente "socializante", tendente a una política de fuerte intervención gubernamental en los asuntos de
los pueblos, muy en la línea del modo de actuar de los Estados Unidos, con su pretensión de ser "gendarme
del mundo" y así de dictar su propia política exterior respecto de las demás naciones del mundo.
En ámbitos sociales y culturales, las Naciones Unidas manifiesta una postura "occidentalizante", es decir,
parece preferir como modelo de vida, el estilo y los valores de sociedades como la europea y la americana del
norte, y es asimismo partidaria de la economía liberal. Muchas veces se muestra más proclive a las
instituciones y a las directrices administrativas que a las familias y la libertad individual. Se proclama
partidaria de la democracia, aún cuando su propia estructura interna —con la preponderancia de las cinco
grandes potencias en el Consejo de Seguridad, cada una con derecho al veto— carece de base democrática.
En cuestiones demográficas, las Naciones Unidas ha adoptado una postura claramente neomalthusiana.
Esto es evidente en todas las agencias de las Naciones Unidas, pero sobre todo en su Fondo para
Actividades de Población (UNFPA), y es muy visible en otros foros más o menos asociados, como son el
Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
189
                                                                                                                                              
Esta postura reduccionista es evidente asimismo en la Secretaría de Estado de Estados Unidos para la
Ayuda al Desarrollo (USAID), en algunas de las grandes fundaciones norteamericanas, en algunas
compañías multinacionales y en otros gobiernos occidentales (los de Canadá, Gran Bretaña, Holanda,
Australia y los países escandinavos, por ejemplo).
Como comentamos más adelante, la postura neomalthusiana viene a mantener, sin cuestionar la validez
científica de su planteamiento, que el problema del subdesarrollo de los pueblos no se resolverá mientras no
disminuya drásticamente la natalidad en el llamado Tercer Mundo. Hace del control de la natalidad, por lo
tanto, una condición sine qua non  para el logro del progreso económico y social del mundo.
A pesar de la evidente falacia de este planteamiento —puesto que hay mucha evidencia en su contra—, las
Naciones Unidas mantiene el enfoque reduccionista a pesar de los indicios contrarios y la oposición de
millones de personas en el mundo: la acepta sin reparos y la propaga, como si no cupiera opinión o evidencia
opuesta, desde hace más de cincuenta años.
Parece que las Naciones Unidas considera que los pueblos del Tercer Mundo son incapaces de regular su
propia fecundidad (igual que el autor de la primera tesis en favor del control de la natalidad para asegurar,
supuestamente, la supervivencia de la especie humana —T. R. Malthus—, que consideraba que las "clases
sociales inferiores" serían incapaces de regular su propia natalidad), por lo que se aconseja, según las
Naciones Unidas, imponer esa regulación desde arriba (gobiernos nacionales) y desde fuera (la propia
Organización de Naciones Unidas).
Las Naciones Unidas no tardó en diseminar la ideología reduccionista —neomalthusiana—, utilizando para
este fin, sobre todo, las Conferencias Mundiales de Población, como ya se ha dicho. Estas conferencias eran,
en un principio, congresos científicos, pero el elemento político se fue haciendo cada vez más patente. Salió a
la luz de forma muy explícita en la Conferencia de Bucarest de 1974.
En Bucarest, con Estados Unidos a la cabeza, se debatió un "Plan Mundial de Acción" que pretendía hacer
llegar, en un plazo de diez años, información y métodos de planificación familiar (incluido el aborto) a todos
los países del mundo (d'Entremont, 1974[a]; Ferrer, Navarro y d'Entremont, 1975).
Dicho Plan Mundial de Acción nunca llegó a ponerse en vigor por tres razones fundamentales:
• el amplio rechazo de los países supuestamente beneficiados (los del mundo subdesarrollado), que se
opusieron vigorosamente a los intentos de lo que llamaban el "imperialismo demográfico" de los
gobiernos de Occidente, y que alegaron razones que revierten sobre cuestiones de soberanía
nacional y sobre los valores inherentes de las personas y de los pueblos;
• la tenaz oposición de los comunismos entonces vigentes y en pleno auge, sobre todo de la Unión
Soviética y China, que reunieron en torno a sí a casi todos los países del Bloque Socialista en su
repulsa a lo que ellos llamaban el "neocolonialismo capitalista" que se entreveía en el Plan
Mundial de Acción, que era, fundamentalmente, un plan occidental de inspiración
norteamericana;
• la actuación enérgica e inequívoca de la Santa Sede, la cual aglutinó a su alrededor a un nutrido
número de países del Tercer Mundo, sobre todo latinoamericanos, alegando razones de ética y de
respeto a los valores y a las legítimas aspiraciones y tradiciones de los pueblos.
En la Conferencia de México (1984), el tono oficial era muy distinto, mucho más moderado. Por un lado, se
habían revisado las cifras demográficas y se veía que la "explosión demográfica" no era una realidad tan
evidente, ya que las tasas de fecundidad estaban bajando, de hecho, en muchos países del Tercer Mundo.
Por otro lado, las posturas radicales de la conferencia anterior habían generado mucha oposición y mucho
resentimiento, por lo que se actuó con mayor cautela.
Pero la mayor moderación de las posturas —y el fracaso, de hecho, de los intentos neomalthusianos de
controlar demográficamente al Tercer Mundo—, se debió, sobre todo, al hecho de que Estados Unidos se
hallaba a la sazón gobernado por el Partido Republicano, y tanto el Presidente Ronald Reagan como el
Vicepresidente George Bush, así como el principal negociador estadounidense en la Conferencia de México
(el católico James Buckley) y el inspirador de la postura norteamericana (el economista Julian Simon), no
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eran partidarios del aborto ni de la planificación familiar impuesta a los pueblos de forma intrusiva (no
voluntaria).
El rechazo norteamericano —tan dramático como inesperado—, dejó el "Plan Mundial de Acción" de México
desamparado y destinado al fracaso. La postura estadounidense fue aún más radical, ya que la
Administración Reagan suprimió, de golpe, una ayuda cuantiosa a la Federación Internacional para la
Planificación Familiar (IPPF) y se negó a prestar ayuda financiera a cualquier organización que incluyera el
aborto como método de planificación familiar en otros países (d'Entremont, 1984[b]; Ferrer y Peláez, 1996).
Esta política norteamericana en contra del aborto estuvo en vigor hasta la llegada del Presidente Bill
Clinton a la Casa Blanca en 1992 (el cual la derogó a las muy pocas semanas de su llegada a la Presidencia),
y se mantuvo y fomentó durante sus ocho años en el poder. Como hecho muy significativo, la política de no
financiar el aborto fue restablecida por el Presidente George W. Bush en la primera semana de su mandato,
inaugurado en enero de 2001, por lo que el movimiento antinatalista acaba de perder nuevamente una de
sus principales fuentes de financiación.
La Conferencia Mundial sobre Población y Desarrollo en El Cairo (1994) vino a suponer un tercer intento de
imponer al mundo —sobre todo a los pueblos de América Latina, África y Asia—, el control demográfico
mediante la aprobación de otro "Plan Mundial de Acción" que pretende obligar la planificación familiar
mediante consenso político y participación voluntaria.
Es significativo que la Conferencia de El Cairo se denominara "Población y Desarrollo", y no "Población" a
secas. Ello introducía el matiz de que población y desarrollo están íntimamente ligados (y lo son, pero no en
la línea reduccionista fomentada por las Naciones Unidas). El documento que se debatió en dicho foro habla
mucho de población, pero siempre desde la postura neomalthusiana; en El Cairo, no se consideró seriamente
la posibilidad de debatir esta perspectiva antinatalista.
Se introdujo, en el documento definitivo que se debatió en la Conferencia, un nuevo término, un nuevo
concepto, que es el de "salud reproductiva" (o "salud sexual"), que hace hincapié en los riesgos de la
reproducción, desde el punto de vista de las enfermedades transmitidas sexualmente (notablemente el
SIDA), y del embarazo en sus múltiples facetas. Una faceta importante de esta "salud sexual" significa
evitar, ante todo, el embarazo mismo. De ahí que las Naciones Unidas proponga, de cara a principios del
presente Milenio, la planificación familiar generalizada, incluido la legalización del aborto en el mundo
entero, la educación sexual y la llamada "liberación de la mujer".
El documento que se debatió en El Cairo era mucho más explícito y radical que los anteriormente sometidos
a votación en las otras Conferencias Mundiales. El aborto se convirtió en la pieza fundamental —aún
cuando el documento lo considera como un "mal" que hay que evitar (mediante una planificación familiar
preventiva con otros métodos)—, y sugiere que las personas acudan a él libremente, sin injerencias.
El documento de El Cairo hace hincapié, asimismo, en lo negativo que suponen los abortos clandestinos
(ilegales), por lo que propone la legalización del aborto en el mundo entero. No menciona, a estos efectos,
que está demostrado que en los países en los que se ha legalizado el aborto, en vez de disminuir, han
aumentado, de hecho, los abortos clandestinos.
Aunque el documento deja la puerta abierta para la libertad de conciencia, la experiencia de estos últimos
cincuenta años demuestra que, en la práctica, las directrices de las Naciones Unidas se pretenden imponer
de forma intrusiva, por lo que la voluntariedad de las personas afectadas queda en entredicho, a pesar de
las supuestas buenas intenciones de las Naciones Unidas.
La intrusión consiste en supeditar la ayuda al desarrollo de los países ricos a los países pobres a la
reducción de la fecundidad de estos últimos; se realiza mediante campañas agresivas entre la población,
muchas veces sometida a una fuerte presión psicológica y obligada a someterse a prácticas como la
esterilización y el aborto en contra de su voluntad.
La situación económica y política del mundo ha cambiado mucho desde la creación de las Naciones Unidas
en 1945. Ya no existen, prácticamente, comunismos para oponerse doctrinalmente al neomalthusianismo de
este foro internacional. La Unión Soviética ha desaparecido, y la China comunista practica, desde hace más
de dos décadas, su propia variedad extrema de neomalthusianismo, que incluye la obligatoriedad del hijo
único y el fomento de la contracepción y el aborto a gran escala, como sucedáneos más recientes del
infanticidio femenino practicado anteriormente, como ya se ha comentado en este mismo capítulo.
Con todo, muchos gobiernos de Asia, África y América Latina, por razones de pragmatismo político y de
supervivencia, no tuvieron más remedio, en El Cairo, que acatar las directrices de dominio emanadas desde
las Naciones Unidas. Por eso mismo, a más de cinco años vista, la repulsa respecto de lo propuesto en El
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