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congresos y reuniones en los que se habla de la ética. Se puede formular esta pregunta: ¿la ética
vuelve a estar de moda?
4
Como pequeña muestra de qué papel juegue la ética, incluso en la selección y entrevistas
de trabajo, recojamos las siguientes consideraciones:
«Primero de todo, contrata y promociona en base a la integridad, después a la motivación,
luego a la capacidad, al conocimiento y, por último, a la experiencia. Sin integridad, la
motivación es peligrosa; sin motivación, la capacidad es impotente; sin capacidad, la comprensión
es limitada; sin comprensión, el conocimiento no tiene sentido; sin conocimiento, la experiencia es
ciega. Y es muy fácil que esta experiencia enseguida sea puesta a prueba por personas que
poseen todas las demás cualidades»
5
.
En el nuevo espacio universitario Europeo que pretende la Convergencia de Bolonia, hay
cuatro objetivos de formación que pueden sintetizarse así.
La universidad ha de conseguir que el alumnado:
-
Aprenda a conocer (transmisión de conocimientos).
-
Aprenda a hacer (transmisión de habilidades y técnicas).
-
Aprenda a ser (transmisión de valores).
-
Aprenda a vivir juntos (convivir) (formación de valores sociales para contribuir a la
convivencia pacífica en un mundo intercultural y a la consecución del bien común).
Si nos detenemos en los apartados c) y d) de la enumeración anterior, resulta evidente el
papel de la formación ética en la universidad. Esos dos apartados son la base de los
anteriores.
Las actividades propiamente humanas tienen que ver siempre con la ética
Una pretendida autonomía de las actividades humanas al margen de la ética corrompe de
tal modo esas actividades que comienzan a ser inhumanas. Se puede adelantar que el
planteamiento ético es el que confiere humanidad a cualquiera de las actividades humanas, sean
técnicas, sociales, científicas, etc.
La falta de temple ético desvertebra cualquier realidad humana.
Un negocio sucio, aliena, diluye al ser humano.
Afirma el filósofo Polo: No se debe decir que el hombre esté dominado por leyes. Sí se
puede decir que cuando el hombre actúa da lugar a ciertas legalidades que se dan precisamente
en cuanto que actúa. La ética es el estudio de la acción, del despliegue del ser humano en tanto
que ser vivo espiritual y corpóreo. Toda otra legalidad está vinculada a las legalidades
constituyentes del ser humano, es decir, no está separada de la moral. Estas otras legalidades
tienen que ser asumidas por la consideración ética, y abrirse desde ella (LEONARDO POLO:
Ética, hacia una versión moderna de los temas clásicos, pág. 17).
Podemos acercarnos a la realidad de estas legalidades, producto de la acción libre humana
una conocida novela de John Steinbeck que desarrolla su trama en la gran Depresión de Estados
Unidos, aparece un diálogo entre el granjero que va a ser expropiado y los funcionarios que van a
ejecutar la orden. Los funcionarios pretenden transferir toda la responsabilidad de esa
4
Durante el curso 2001-2002, en la clase de Tecnun, Mikel matizó oportunamente la cuestión: ¿Se refiere a
si está de moda porque esté de moda, o porque se aplica? El profesor respondió que está de moda en los
planteamientos, en los ámbitos culturales y empresariales, pero desgraciadamente siguen saltando a la
prensa casos de corrupción, etc. Resulta positivo que la Ética se considera cada día más, pero ahora la tarea
urgente estaría en enseñar a vivir los valores en todos los ámbitos profesionales y sociales.
5
Frases de Dee Hock, citadas por TOM MORRIS en: Si Aristóteles dirigiera General Motors, p. 255.
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expropiación al monstruo banco, maquinaria creada por los hombres pero que se les ha escapado
de las manos y funciona ya autónomamente con claros efectos perversos: "(...) un Banco o una
Compañía (...) no respiran aire, no comen carne. Respiran dividendos..., comen el interés sobre el
capital. Si no los tienen mueren..., como moriría usted si le faltase el aire, si no comiese. Es
desagradable pero es así. Así es.
Los hombres, silenciosos, elevaban sus ojos tratando de comprender. ¿No pueden dejarnos
más tiempo? Quizá el año próximo sea buen año. Dios sabe cuánto algodón sacaremos el año
próximo. Y con todas las guerras...¡Dios sabe a qué precio llegará el algodón! ¿No hacen
explosivos del algodón? ¡Y uniformes? Hagan bastantes guerras y el algodón se irá a las nubes.
(John Steinbeck: "Las uvas de la ira", Barcelona, 1981, p.39).
Resulta significativa la posible solución que ofrece el colono a los expropiadores: aumentar
la producción a base de guerras por la demanda que supone... En el fondo, no anda desacertado
respecto cuál ha sido el móvil oculto tras muchos conflictos bélicos
Pero el hombre de campo que va a sufrir un daño, muestra un gran sentido común y una
percepción clara de la realidad, de cómo detrás de todo aquello tiene que haber personas que han
tomado decisiones, es decir: responsables de la acción, con una responsabilidad ética:
¿Quién te dio orden de hacerlo? Lo buscaré. Es a ése a quien hay que matar.
-Está equivocado. Él recibió las órdenes del Banco. El Banco le dijo: "Eche a esa gente, o
pierde el empleo".
-Pues bien, existe el presidente del Banco. Hay una junta de directores. Llenaré la cámara
de mi rifle e iré al Banco. (...)Tengo que pensar -dijo el inquilino-. Todos tenemos que pensar.
Tiene que haber algún modo de contener esto. No es como un relámpago o un terremoto.
Tenemos una cosa mala, hecha por los hombres, y, ¡por Dios!, eso es algo que podemos cambiar
(John Steinbeck, "Las uvas de la ira", Barcelona, 1981, pág. 46).
La ética afronta estas situaciones. Considera que la persona humana no está abocada a un
destino ciego, llevada arrastras por las circunstancias, por la biología , por las leyes económicas.
Hay cosas que podemos y debemos cambiar pensando en ser mejores y en hacer el bien, y en
conformar la realidad exterior para conseguir un mundo más humano. Hay un modelo de
hombre, y existen decisiones que se toman para conformar la realidad humana, tanto en el plano
individual como en el plano social y político.
La ética observa lo que es el hombre, cómo debe ser e impulsa a plenificar la existencia
humana. Porqué es posible crecer en humanidad.
6
Se puede decir que la ética en el fondo pretende una lectura del ser y del actuar humanos,
de tal modo que es una aplicación de la Antropología: considerado qué es el hombre, concluimos
cómo debe actuar.
Hay una título que puso el profesor Millán Puelles a uno de sus últimos libros sobre Ética:
La libre afirmación de nuestro ser. Todos los derechos y las obligaciones que dimanan del ser
humano son asumidas como afirmación de lo que somos. Vivir éticamente consiste en dirigir
nuestro obrar libremente para llegar a ser lo que somos. Ser lo que somos no es quedarse como
estamos, ya que nuestra existencia se perfecciona con el transcurso de los años, y nuestro
esfuerzo por adquirir virtudes. Existe un falso realismo que propone dejar todo como está, esté
bien o esté mal la situación personal o social con la que se encuentre.
6
Marta del Río explicó que realizarse es ser todo lo bueno que se puede ser. Hubo también otras
intervenciones que apuntaban hacia la felicidad, estar a gusto consigo misma, etc. El profesor animaba a
llegar a la plenitud en las virtudes humanas, y procurar los que algunos autores denominan excelencia, no
por arrogancia sino para servir mejor a las demás personas y a la sociedad, aportando las propìas
cualidades.
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Hay una posibilidad de crecimiento en humanidad, pero ese crecimiento, esa realización
del propio ser humano, a lo largo de la vida responde en el fondo al cumplimiento de un proyecto:
un proyecto muy plástico, pero un proyecto según una idea de lo que es el hombre: hay un límite
por debajo (lo inhumano). Por arriba tendemos al infinito, que en el lenguaje Cristiano se
denomina búsqueda de la santidad o identificación con Jesucristo. Por arriba no hay topes
salvo los que nos marcan los límites de la naturaleza humana creada, y los obstáculos de
nuestras limitaciones y pecados
La persona humana puede desarrollar su esencia hasta la plenitud de lo humano en su
actuar ético: nos modificamos al decidir nuestras actuaciones Esto lo explica el profesor Polo así:
En primer lugar establece una diferencia entre tipo humano y persona: Mientras que el tipo
puede describirse como el natural de cada uno, su temple, su temperamento, el cariz de sus
modos de disponer, la esencia es la finalización del natural desde la persona y en atención a ella,
es decir, la organización que hace coherente los rasgos del tipo.
7
Tomada en este sentido, la esencia del hombre no es un dato, sino un cometido de la
libertad que dura toda la vida, a saber: la conquista creciente de la dependencia de lo humano
respecto del ser personal. Dicho depender es estrictamente la esencia del hombre; pero no es
estático, sino que es menester conquistarlo, porque la esencia del hombre sólo es en tanto que
crece (si no creciera, no dependería de la persona, y si ese crecimiento no fuera libre, no pasaría
de ser el de un organismo corpóreo). Si la esencia del ángel depende de su persona de acuerdo con
un acto libre tan intenso que no se multiplica, la esencia del hombre, en cambio, crece. Ello
comporta aprovechar los rasgos típicos para perfeccionarlos. El aprovechamiento perfeccionante
corre a cargo de las virtudes, y, por tanto, es ético. Describo la virtud como aquel redundar las
acciones en sus principios, de acuerdo con el cual tales principios crecen esencialmente; ello, a su
7
En relación con lo que Polo denomina tipo, puede recogerse la conocida clasificación de los diversos
caracteres humanos sistematizada por René Le Senne en 1945, bajo el título Tratado de caracteriología. Su
tabla la elaboró respecto a tres criterios: la emotividad, la actividad y la reacción. Así clasificaba a los
individuos humanos como: 1) emotivos o no emotivos; 2) activos o inactivos; 3) primarios o secundarios,
según sus reacciones a corto o a largo plazo. Combinando estos seis factores se generan ocho tipos de
temperamentos. La distinción entre temperamento y carácter podría resumirse diciendo que el
temperamento es lo recibido por herencia genética, disposición, etc. y el carácter la educación del
temperamento que va conformando un modo estable de reaccionar. Temperamento, etimológicamente
significa: proporción o disposición. También podría considerarse como la predisposición dominante sobre
la que se formará un determinado carácter. Así, se pueden considerar: 1) Los nerviosos (emotivos, no activos,
primarios); 2) Los sentimentales (emotivos, no activos, secundarios); 3) Los coléricos (emotivos, activos,
primarios); 4) Los apasionados (emotivos, activos, secundarios); 5) Los sanguíneos (no emotivos, activos,
primarios); 6) Los flemáticos (no emotivos, activos, secundarios); 7) Los amorfos (no emotivos, activos,
primarios) y finalmente 8) Los apáticos (no emotivos, no activos, secundarios). Como todos hemos podido
comprobar esta clasificación admite casi infinitas variaciones y combinaciones que rebatirían la
enumeración: 1, 2, 3, etc. porque la persona humana admite muchísimos matices y se escapa a toda
clasificación por su mismo ser de persona. Los temperamentos no determinan a la persona humana, son
educables, y no nos condicionan en nuestro actuar moral. Como afirma A. Leónard: Podré ser valiente o
cobarde, veraz o mentiroso, casto o desenfrenado, pero seré lo uno o lo otro con la coloración propia de mi
temperamento. Seré nerviosamente cobarde o nerviosamente valiente, apasionadamente mentiroso o
apasionadamente veraz, sentimentalmente libertino o sentimentalmente casto. Todo me sigue siendo
accesible. La misión de la caracteriología consiste en describir este determinismo formal, que no afecta en
principio al contenido de nuestra acción, sino que influye más bien en el estilo. No nos ha de conducir, pues,
a una especie de deserción, sino a un conocimiento más justo de nosotros mismos, de tal manera que nos
ayude a sacar el mejor partido posible de nuestra complexión psicológica. Ya que no podemos cambiar de
temperamento, pues con razón se define como la fórmula estable de nuestra personalidad, podemos,
conociéndonos bien, echar mano de algunos trucos para domeñarlo (El fundamento de la moral, B.A.C.,
Madrid, 1997 pág. 40, y la referencia a la clasificación caracteriológica: pág. 38)
24
vez, hace posible operaciones de superior nivel y libremente ejercidas (LEONARDO POLO:
Ética, hacia una versión moderna de los temas clásicos, pág. 76-77)
8
.
Las decisiones y actuaciones éticas o antiéticas nos afectan profundamente
Desde estos presupuestos antropológicos, entendemos la ética no como algo formalista o
externo a la persona, como algo que dependa fundamentalmente de las costumbres del momento,
de la moralidad pública, de lo que en cada época pueda estar bien o mal visto, incluso ni de las
reglas convencionales importantes , como pueda ser el Código de la Circulación, sino en una
dimensión que afecta, que modela profundamente a la persona: (...) el hombre es esencia porque
el primer beneficiario o la principal víctima de su actuación es él mismo: es un sistema dinámico
8
El individuo humano ha de ser considerado como tal desde el primer instante de su concepción, aunque
luego vaya desarrollándose de embrión a feto de feto a bebé de bebé a niño de niño a preadolescente, de
adolescente a joven... A lo largo de todo el proceso es un ser humano que va creciendo en humanidad o
desarrollando sus cualidades. A este proceso se denomina humanizarse pero no porque el individuo haya de
considerarse menos humano al principio que al final, sino porque va perfeccionando su naturaleza, y desde el
punto de vista moral puede adquirir virtudes siendo cada vez mejor o degradarse en vicios
deshumanizándose de algún modo. Un discapacitado es tan humano como un hombre en plenas facultades
físicas y mentales. Xavier Zubiri afirmó: (...) el hombre aparece a sí mismo no solamente como una realidad
dotada de ciertas propiedades que le competen de suyo, sino que aparece como perteneciéndose a sí mismo,
es decir, a su propia realidad. Y este carácter del pertenecerse a sí mismo como realidad, y en tanto que
realidad, es justamente a lo que se llama persona. (...) llamo a este carácter personeidad. (...) El hombre,
pues, tiene esta personeidad, y la tiene a nativitate (por naturaleza), por el mero hecho de ser hombre: por
esto le llamo personeidad. La personeidad no es una cosa que se adquiere. Se empieza a ser hombre por
tener personeidad. Y la personeidad perdura a lo largo de toda la existencia humana. (...) El hombre se posee
en la vida no solamente en el sentido de que con su vida se ejecuta el hombre en las propiedades que
emergen de su naturaleza. En la vida personal aquí aparece el vocablo específicamente determinado- el
hombre no se ejecuta simplemente como persona, sino que se realiza como persona.(...) Ciertamente que el
Yo no es mi propia realidad sustantiva. Desde el momento de mi concepción tengo mi realidad sustantiva,
todo lo germinal que se quiera, pero con todos los ingredientes que han de constituir toda mi realidad a lo
largo de mi vida. (...) cuando digo yo agrego siempre un pequeño adjetivo, yo mismo, donde está justamente
la diferencia específica que separa el yo de la realidad sustantiva. Cuando digo yo no enuncio simplemente
mi realidad sustantiva, sino que mi realidad sustantiva se reactualiza en cierto modo en este acto que es Yo.
Y esa reafirmación de mi propia realidad sustantiva es aquello en que consiste el Yo (
) cada uno de mis
actos modula, precisamente, el carácter interno del Yo. (
) desde el momento de su concepción el hombre
todavía no es Yo, pero evidentemente todas sus vicisitudes orgánicas van modulando la forma y la figura de
eso que soy Yo. Nadie sabe solamente Dios- en qué consistirá en última instancia la forma y la figura que
va cobrando el Yo en sus actos. Como el Yo no es la realidad sustantiva del hombre, pero sí su ser, quiere
decirse que cada una de las acciones que el hombre ejecuta va configurando la figura de su ser. Realmente, el
hombre a lo largo de su vida nunca es lo mismo porque efectivamente su ser se va configurando por los actos
que el hombre ejecuta. (
.) El hombre que es siempre el mismo como personeidad, no es nunca lo mismo
como forma y figura del ser. Y esa forma y figura del ser es justamente lo que debe llamarse personalidad.
La personalidad no es un concepto primariamente psicológico, es ante todo y sobre todo un concepto
entitativo. Es la forma y figura del ser que en acto segundo va cobrando la realidad sustantiva en el ejercicio
de sus actos. De ahí la gravedad de la vida personal. El Yo se afirma frente a toda realidad posible: soy Yo
mismo frente a todo lo demás, incluso frente a Dios, pero no en el vacío sino ejecutando una serie de actos en
los cuales se va configurando de una manera irremisible y sin pérdida posible ninguna la figura de mi ser.
Irremisible porque aunque el hombre ejecute por ejemplo en el orden de los actos morales- actos de los que
a lo mejor y en buena hora se arrepienta, eso no quiere decir que los actos se borren, sino que se conservan
bajo esa forma misteriosa que es el arrepentimiento- en la figura del ser (X. Zubiri: El problema filosófico de
la historia de las religiones, Alianza Editorial, Madrid. 1993, pág. 31-36)
25
dotado de un intrínseco feedback; un ser cibernético. Esto también es exclusivo del hombre;
ningún animal dispone esencialmente. La consideración de la esencia nos acerca a la
irreductibilidad de la persona.
El primero que formuló este asunto de una manera clara fue Sócrates que es el fundador
de la filosofía ética occidental, al plantear una pregunta que Platón recoge en el Gorgias: ¿De
qué hay que guardarse más: de sufrir una injusticia o de cometerla? ¿Quién sale más
perjudicado, el que es víctima de la injusticia o el que la comete?
9
Esta pregunta es muy
profunda. Si no acertamos a responderla correctamente, habrá que confesar la parcialidad de
nuestro saber ético.
Aquí se plantea el problema de un secuestrado y su secuestrador. El secuestrado padece
una falta de libertad injusta que le afecta extrínsecamente, aunque intrínsecamente pueda
padecer también traumas psicológicos, mientras que el secuestrador se hace intrínsecamente
injusto: degenera en su humanidad, es menos humano. El secuestrado no queda manchado
intrínsecamente en cuanto hombre.
Esta verdad fue recogida por la enseñanza de la Iglesia en el Concilio Vaticano II que hace
un elenco de las injusticias más corrientes del siglo XX: (...) todo lo que se opone a la vida, como
los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio
voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las
torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a
la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida, los encarcelamientos
arbitrarios, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes;
también las condiciones ignominiosas de trabajo en las que los obreros son tratados como meros
instrumentos de lucro, no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras
semejantes son ciertamente oprobios, que, al corromper la civilización humana, deshonran más a
quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor
debido al Creador (G.S, n. 27)
Y así, comprendiendo que el vivir ético es algo con contenido, que nos afecta
profundamente en nuestra existencia real, incluso aunque hayamos sido agentes triunfadores de
una acción mala se concluye: (...) si no es peor cometer una injusticia que padecerla, si el que
ejerce un acto que no es ético no se estropea a sí mismo, la ética no pasa de ser una cosa liviana,
de quita y pon. Si cuando yo haga un acto malo, a mí no me pasa nada (y no sólo que
eventualmente me encierren en la cárcel), si por el mismo hecho de haberlo realizado yo no soy la
primera víctima del acto; en definitiva, si no existe una dimensión real en mí que sea el primer
destinatario del acto que realizo sólo se podría hablar de actos buenos o malos en sentido
9
Aquí, durante el Curso 1999-2000 se suscitó la discusión entre las alumnas. Cibeles afirmó no estar de
acuerdo con esta consideración, ya que muchas personas aparentemente se realizan cometiendo acciones
antiéticas: no se observa que se hagan daño a sí mismas, y además parecen contentas. El profesor respondió
que aunque de momento puedan disfrutar del fruto de su mala acción a la larga descubren que han perdido
algo muy importante de su propia humanidad y terminan infelices e incluso desquiciados con problemas
psicológicos. Además, a la larga, termina apareciendo ante la opinión pública todo caso de corrupción.
Cibeles insistió diciendo que esa era sólo su opinión. El profesor comentó que un conocido personaje público
acusado de casos de corrupción acababa de anunciar su candidatura para un determinado partido político, y
que se comprobará qué poca gente le vota. Eneritz contestó diciendo que no estaba de acuerdo, ya que a ese
personaje le iban a votar muchísimas personas. El profesor respondió que actualmente hay una tendencia a
confiar menos en quienes no son de fiar éticamente. Intervino Begoña respondiendo a Cibeles y dijo que
cuando alguien obtiene un beneficio de una acción antiética si perdiera, por lo que sea ese beneficio es mucho
más desgraciado que el que siendo honrado no ha conseguido, por ejemplo, enriquecerse injustamente. El
corrupto, al perder el beneficio injusto pierde ese beneficio y además se encuentra vacío por su falta de
honradez. El que es justo, pierde el beneficio material, pero le queda la satisfacción de haber sido honrado:
crece en honradez, es más humano.
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transitivo (externo a mí, extrínseco a mi ser personal). El juicio ético obedecería a criterios
hedonistas, lo que enfrenta a víctimas y verdugos en un conflicto sin solución.
La seriedad de la ética reside en que el hombre se puede hacer bueno o malo. Por tanto, lo
que mejora al hombre, eso es ético: lo que empeora al hombre, eso es antiético.
Lo primero es bueno, lo segundo es malo. Si no pensamos así, deberíamos admitir que
solamente son bienes los bienes exteriores. Ser ético consistiría en tener muchos bienes, mucho
dinero y vivir como un rey (Idem. pág. 82-84).
La influencia de las acciones y actitudes éticas se comprueba en los traumas que produce
por ejemplo un aborto voluntario en la madre que se deshace del feto. Aunque en el momento de
pedir abortar y después se quite un peso de encima en términos populares, sueña con el niño y
sufre a lo largo de su existencia unas angustias difíciles de superar con la técnica psiquiátrica: sí
es útil la psiquiatría cuando hay verdadero arrepentimiento por la mala acción y, si es cristiana,
por la gracia que renueva el ser humano desde dentro, sobre todo en el sacramento de la
Penitencia. Por el contrario, las buenas acciones, las virtudes están presentes en una profunda
experiencia de alegría, una huella que sirve de plataforma para continuar realizando el bien y
que abre horizontes de iniciativas a favor de los demás: efectos beneficiosos del voluntariado de
la enseñanza a otra persona de algo que le ayuda a progresar o a mejorar, etc.
La ética como arte
Si la ética tiene que ver tanto con la dirección profunda de nuestra vida, si vivir bien o mal
me configura en lo más hondo de mi ser y personalidad, convendrá quizá dar unas pinceladas
sobre qué hacer conmigo mismo, cómo comportarme, cómo iniciarme en ese rumbo por el que me
realizo o fracaso en mi propio proyecto vital.
Bach escribió su obra póstuma -incompleta porque falleció antes de terminarla- titulándola
El arte de la fuga. Si la escucháis descubriréis hasta dónde puede llegar el virtuosismo de un
compositor: ¡cuántos contrapuntos, variaciones, incluso casi disonancias en las subidas y bajadas
de tonos! Se percibe mucho arte que más adelante influiría en el desarrollo de toda la música
posterior y, sin duda, en la sinfónica moderna y contemporánea.
¿Podemos plantearnos nuestro desarrollo propio como una tarea artística, incluso nuestras
relaciones con los demás?
Un autor define la moral como el arte de vivir (J.L. Lorda: Moral. El arte de vivir, pág. 17
y ss.).
Conocimientos teóricos y prácticos confluyen en la ética
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10
En el curso 2000-2001, el profesor preguntó a las alumnas qué artes practicaban. Varias se dedican al
ballet, y cuando se expusieron las cualidades necesarias para ejecutar artísticamente la danza salieron: El
ritmo (Sofía San Adrián), el buen oído, la flexibilidad en los movimientos. El profesor añadió la conveniencia
del sentido espacial y de ver a los artistas de prestigio cómo realizan sus danzas.. Es una imagen para
entender que en la Ética hace falta conjugar conocimientos teóricos, con la puesta en práctica de lo que se
sabe e ir adquiriendo hábitos operativos buenos (virtudes) que permiten obrar el bien con naturalidad, más
fácilmente y con más gusto. También es preciso mirar los modelos en los ejemplos de las personas que se
portan bien.
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Si consideramos que un arte implica el conjunto de conocimientos teóricos y técnicos, junto
con las destrezas necesarias para ponerlos en práctica correctamente y con pulcritud (esto es
manifestando belleza, una forma que atrae, incluso que asombra), la ética puede denominarse un
arte.
Para tocar la guitarra, hace falta tener una serie de conocimientos teóricos que junto con
otros prácticos permiten traducir las notas que leemos o las melodías que escuchamos en una
interpretación: las notas, el modo de poner los dedos, el hecho de sentir las cuerdas en la mano, el
practicar permiten que se pueda cantar una balada de Scorpions. No vale sólo con la teoría de
qué es una guitarra, cómo ha evolucionado desde los árabes hasta nosotros: hace falta tenerla en
las manos y sentirla para poder interpretar o componer algo: teoría y práctica deben estar
coordinadas. Una persona que sabe música y que tiene habilidad para acompañar o puntear con
la guitarra, se dice que toca bien, y si le acompaña la voz, se afirma que canta bien.
En la moral se trata de conseguir el arte de vivir bien, y esto exige la experiencia moral.
Como veremos más adelante, vivir bien es vivir como un ser humano, respondiendo con la propia
vida a lo que es el hombre.
Necesidad de aprendizaje y educación. Repetición de acciones buenas para conseguir la
virtud
Mientras que los animales viven bien dejándose llevar por los estímulos (ante un estímulo,
la respuesta sensorial e instintiva es inmediata y correcta- a no ser que el hombre le engañe-) la
persona humana no puede vivir bien sólo con su espontaneidad: necesitamos la educación.
Muchas cosas no las conocemos por instinto: si una seta es buena o venenosa, etc. Una noticia de
prensa: En la india murió envenenada una chica que intentaba matar las hormigas que acababa
de tragarse con un insecticida... Nacemos con una llamativa indigencia: no andamos, no vemos,
no hablamos: nos tienen que hacer todo durante meses, y luego nos tienen que enseñar todo.
Aunque tengamos capacidades por naturaleza, su despliegue precisa de la educación. Se estudia
en Antropología que los animales tienen instintos, las personas humanas no tenemos instintos
sino tendencias.
La educación se dirige a que nuestra libertad la utilicemos de un modo propiamente
humano.
Añadimos que la moral es el arte de usar bien de la libertad: conseguir que cada uno de
nosotros nos autodeterminemos como seres propiamente humanos.
Con esa libertad que sabe buscar lo que es propio del hombre y se dirige hacia el bien de la
persona, tampoco basta: es preciso acostumbrarse a obrar bien. De manera semejante a como es
preciso con la guitarra acostumbrarse a subir y bajar los dedos, a llevar el ritmo coordinando las
dos manos: llega un momento en que se acompaña una canción con soltura, sin atenazamientos
ni rigideces: del treinta y tres, treinta y tres de un acompañamiento de guitarra del
principiante a las subidas y bajadas que hace Mark Knopfler con el mástil de la suya, hay una
gran diferencia, porque tiene la costumbre de subir y bajar la mano y los acordes suenan con
mucha armonía, y no a trompicones.
Papel de la voluntad en este arte
Para conseguir poner por obra lo que sabemos, para conseguir esos hábitos que nos
permiten la costumbre de obrar bien habitualmente, con facilidad e incluso deleitándonos,
precisamos de una facultad que se interpone entre la decisión de nuestra mente y su ejecución y
que llamamos voluntad.
En el arte de la guitarra, sólo quien se propone ensayar todos los días y si es posible, a hora
fija, progresa. Sólo quien se propone hacer la cejilla con el dedo apretando contra el mástil y de
hecho ejecuta esa práctica de cejilla, consigue que las cuerdas no le trasteen. En el estudio sólo
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quien se propone ponerse delante de los libros a hora en punto (y abrirlos) consigue a la larga un
hábito de estudio. Suele decirse que lo que más pereza da cuando queremos mandar una carta a
alguien es echarla al buzón: esa última decisión y ejecución de lo que nos proponemos, cuando
habitualmente se cumple, suele ser síntoma de lo que llamamos fuerza de voluntad. ¡Qué fuerza
de voluntad tiene!: era negada para los idiomas y ya domina cuatro! (Puede ser una exclamación
ante los progresos de una a quien se conocía bien). Es imprescindible esa costumbre de poner por
obra lo que nos hemos propuesto.
Quien utiliza su voluntad para ejecutar el bien en todos los aspectos de su vida, se puede
decir que refuerza su libertad: nunca dirá no puedo levantarme, o no puedo ponerme a
estudiar, o ¿Esto?...¡imposible!
Al final de esta lección comentaremos un texto sobre cómo educar nuestra voluntad.
Resumen: en qué consiste la formación ética
Lorda describe la formación moral así: consiste en adquirir los conocimientos necesarios y
también las costumbres o hábitos que permiten al hombre vivir bien, dignamente, como un
hombre. Proporcionan al hombre coherencia entre lo que quiere y lo que puede hacer. Le dan el
conocimiento y la libertad de obrar como hombre. Por eso la moral tiene mucho que ver con
conocer y practicar las buenas costumbres (Es el origen de la palabra moral -mos moris- siempre
que no confundamos costumbre con algo externo, como moda, como formalismo, sino como las
costumbres que son buenas para el hombre (...) las costumbres que le van bien (...) que le dan
madurez y perfección (J.L. LORDA, pág. 22)
-Arte de vivir bien (como corresponde a un ser humano)
-Como lo característico del ser humano es la libertad: moral es el arte de educar la libertad.
-La educación de la libertad consiste en adquirir buenas costumbres, la voluntad permite
que se realicen (que se conviertan en realidad), luego hay que educar la voluntad para que
practique las virtudes y consigamos cada uno poseerlas de manera habitual, no esporádicamente.
En resumen:(...) conocer, practicar y adquirir las buenas costumbres, las que permiten al
hombre vivir como corresponde al ser humano (ibid.)
En un arte, la experiencia y la ayuda y ejemplo de otros son fundamentales: para quien
estudia Bellas artes, ver las esculturas de Chillida, o las colecciones de Monet, Picasso o Renoir,
junto con las experiencias de color, o de talla y escultura que practique por su cuenta son motivo
de que aprenda y progrese.
Conocimientos teóricos, enseñanza de otros, y práctica personal (bien hecha) permiten
convertir a un principiante en un artista. En la moral todo esto se da. Conforme se practica más
y mejor el bien, aquella práctica va dejando una huella en el propio ser humano, como hemos
visto en la introducción anterior.
Necesidad de obrar bien. Certezas y opiniones. Moral y belleza. Sensor del buen gusto
No basta con la buena intención para tocar la guitarra, tampoco basta la buena intención
para realizar el bien, asunto que afrontaremos más adelante.
Frecuentemente escuchamos que en la moral todo es muy opinable. Paradójicamente, se
aceptan leyes para todo o para casi todo, pero al llegar a este ámbito se concluye que en moral es
muy difícil establecer dónde está el bien o dónde está el mal.
Y en moral hay decisiones afortunadas que le hacen a uno mejor, y otras, desafortunadas,
que lo empeoran. Saber qué es lo que conviene desde el punto de vista del bien humano y qué es
lo inconveniente importa mucho para que la huella que dejamos en nosotros mismos con nuestras
29
acciones nos ayude a crecer en humanidad y no nos deforme haciéndonos, por decirlo de algún
modo, menos humanos o inhumanos.
Descubrimos en nosotros mismos ámbitos en los que lo fundamental no son nuestras
decisiones libres por ejemplo la circulación de la sangre. En esa dinámica no podemos
transformarnos, ni nos proponemos crear un nuevo modelo de fisiología para la digestión o del
ojo. Nadie dice: voy a rediseñar mi digestión, o las vías de mi circulación (sí podrá intervenir un
cirujano para curarlas). Algo semejante sucede en nuestro mundo espiritual, ámbito donde
acontece y actúa nuestra libertad.
Puedo amar, pero no me invento el amor. Puedo conocer, pero no me invento la
inteligencia. Sé lo que es la amistad, pero no la invento. Quiero ser feliz, pero no invento la
felicidad, aunque pueda serlo de distintas maneras. Incluso cuando alguien vive una amistad un
poco interesada suele decirse que es amiga o amigo a su aire, o de aquel modo, o que es muy suyo
en la amistad: ya no se habla de una amistad simplemente.
La opinión en moral suele suscitarse cuando no se sabe, cuando falta seguridad sobre
algún aspecto ético. Yo puedo opinar acerca de si la seta que encuentro en el bosque es venenosa
o no lo es, pero mi opinión no la transforma en venenosa o en comestible. Alguien puede
plantearse participar como accionista en un negocio de venta de droga porque le parece que
conseguirá mucho dinero con poco esfuerzo, pero su opinión favorable a ser accionista no hace al
negocio honrado.
En moral opinamos cuando no estamos seguros, pero no porque todas las opiniones sean
igualmente válidas. Puede que falte estudio, experiencia, claridad de ideas respecto a un
comportamiento.
Experiencia subjetiva del bien o el mal: sentimiento de alegría o de tristeza
En el mundo físico sabemos qué nos sienta bien, y qué nos sienta mal, e incluso lo
experimentamos físicamente: un trago de cloro sienta mal. Un sorbito de champán sienta bien
(para quien no esté enfermo del estómago). En el plano moral las cosas no son así de fáciles,: un
error o un acierto en el uso de la libertad no se siente físicamente, pero sí experimentamos algo
que podríamos describir como cierta alegría más bien honda, al realizar el bien ( ayuda a que una
persona invidente cruce sin peligro la calzada), y un sentirnos mal cuando nuestra libertad ha
elegido algo que va contra lo que debemos ser en cuanto hombres . Una se siente mal si le quita
el novio a otra hablándole mal al novio de su amiga de su propia amiga, o desprestigiándola ante
él a través de terceras: Quizá el novio de la amiga mereciera la pena, pero el modo de
conseguirlo, más bien de atraparlo le deja , probablemente a una poco satisfecha. Una huella de
felicidad (aunque sea pequeña) otra huella de insatisfacción, de disgusto, son indicativos del bien
y del mal obrar.
Lo que acabamos de señalar sería el sensor subjetivo del bien o el mal.
Sensor objetivo de la buena o mala acción
Objetivamente, ante los demás, que siempre son espectadores de nuestras obras, una
acción buena se manifiesta como buena o deseable: causa admiración, y en algunos casos
seguimiento: imitación. Por ejemplo hemos comprobado que cuando un conductor detiene su
coche en un paso cebra, aunque vaya a cruzar sólo una persona, el peatón sonríe y agradece, y en
muchos casos, otro conductor imitará este gesto del que cumple el código de circulación. En las
vías principales de las ciudades, cuando intentan incorporarse otros vehículos, quien cede mueve
a otros a que sean generosos con los que intentan acceder, y así otros ejemplos. Una buena
estudiante anima a otras a serlo. Alguien generoso promueve la generosidad. Hay como una
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belleza en las buenas acciones que arrastra, porque tras ellas está la belleza y la dignidad de la
persona humana. Personas muy feas físicamente realizan actos de una alta belleza moral que
atrae a otros.
Las acciones malas, se perciben como feas, luego veremos algún ejemplo. Es la manera
como los niños califican algo innoble o malo. Un gesto ético de generosidad suele clasificarse:
¡Qué bonito!
Me diréis que no todo el mundo tiene buen gusto, sí, es verdad (ha salido hace poco un libro
que estudia lo que es ser hortera, como imitación de la riqueza de los demás, la falta de gusto en
el vestir aunque sea con prendas carísimas, usar colonias costosas pero sin lavarse, etc.) y
también hay enfermedades morales o malos hábitos adquiridos que impiden captar la dignidad
en una buena acción: por ejemplo los que dicen: -no defrauda al fisco porque es tonto; -no copia
porque es imbécil, podría copiar ahora y no aprovecha la situación... Pero nos damos cuenta que
un comportamiento generalizado, o una percepción de la bondad o maldad de las acciones por la
moda no es indicativo válido de lo que está bien o está mal:. Novecientos millones de moscas no
pueden equivocarse: come m
(Lema del mayo francés). Hay un peligro de masificación o de
ideologías que presionando sobre la conciencia pueden anestesiar el sentido moral o deformarlo.
Pero lo patológico no es la regla del comportamiento ni de la salud.
Afirma Lorda, siguiendo la tradición ética clásica que en cierto modo (...) la moral no es
otra cosa que la estética del espíritu; el buen gusto en lo que se refiere al comportamiento
humano (pág. 29). Esta era la tesis de Aristóteles: orientar y reforzar las reacciones favorables
naturales ante las acciones nobles o innobles. Así, basaba la educación en presentar los ejemplos
edificantes de los héroes. Pero los ejemplos vivos de virtud convencen cuando se ven realizados
en la vida ordinaria,
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y una dice: si esa se porta bien en este aspecto, yo también puedo ¿porqué
yo no? Si ella puede yo también. En el pensamiento cristiano, los héroes y las heroínas, esto es
los modelos de conducta, son las santas y los santos: Tú nos ofreces el ejemplo de su vida, la
ayuda de su intercesión y la participación en su destino, para que, animados por su presencia
alentadora, luchemos sin desfallecer en la carrera y alcancemos, como ellos, la corona de gloria
que no se marchita (Prefacio I de los santos, La gloria de los santos, Misal Romano). Esta fue la
experiencia de Iñigo de Loyola cuando herido en el sitio de Pamplona pidió libros de caballerías
(los best-seller de su época). Como no disponían de esta literatura le dejaron biografías de santos.
Su biógrafo, Luis Gonçalves de Cámara cuenta que (...) al leer la vida de Jesucristo o de los
santos, a veces se ponía a pensar y se preguntaba a sí mismo: ¿Y si yo hiciera lo mismo que
Francisco o que santo Domingo?
Y así, su mente estaba siempre activa. Estos pensamientos duraban mucho tiempo, hasta
que distraído por cualquier motivo, volvía a pensar, también por largo tiempo, en las cosas vanas
y mundanas. Esta sucesión de pensamientos duró bastante tiempo.
Pero había una diferencia; y es que, cuando pensaba en las cosas del mundo, ello le
producía de momento un gran placer; pero cuando, hastiado, volvía a la realidad, se sentía triste
y árido de espíritu; por el contrario, cuando pensaba en la posibilidad de imitar las austeridades
de los santos, no sólo entonces experimentaba un intenso gozo, sino que además tales
pensamientos lo dejaban lleno de alegría (De los Hechos de san Ignacio recibidos por Luis
Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo. Recogido en la lectura del Santo de la L.H
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de julio, Tomo II, pág. 1416-1417). Este efecto del buen ejemplo, de lo atractiva que resulta una
vida buena, ha influido mucho en otras biografías, como en la del Fundador de nuestra
Universidad. San Josemaría comenzó a sentir inquietud de que Dios le llamaba, de que le estaba
pidiendo algo, al contemplar en la nieve las huellas de un fraile carmelita que andaba descalzo
por Logroño durante la mayor nevada del siglo. Aunque Dios le pidiera otra cosa, fundar el Opus
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Famoso lema ecologista: Piensa global, actúa local
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L.H. Significa libro de la Liturgia de las Horas que contiene oraciones rezadas diariamente por los
sacerdotes y otras personas en la Iglesia. Coloquialmente se denomina a este libro breviario