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acción como la que apareció en cierto periódico: Dos hermanos discuten sobre unos pantalones
vaqueros. Uno de ellos se enfada y tira al otro por la ventana. Si aceptáramos teóricamente que
el bien y el mal son algo relativo diríamos: tirar a un hermano por la ventana es bueno para
aquél otro que no quiere prestarle los vaqueros ya que sus vaqueros ya no corren peligro y
además se ha quitado un peso de encima porque le resultaba cargante su hermano al insistir en
que se los dejara. Ahora bien, es malo para el que cae al vacío porque muere. Existe en nosotros
un conocimiento sobre el bien y el mal que nos dice: es una acción mala y quien la discuta no me
convencerá por mucho que argumente ni por su capacidad de rollo. Incluso alguien que
defendiera esta escala de valores me asusta, y cuanto más lejos de él... mejor (al menos para mi
salud y mi vida). Alguien que si le cargo me descarga tirándome por la ventana, será siempre
peligroso. Todos juzgamos que el sistema de la defenestración para arreglar acuerdos sobre qué
ropa me pongo o te pones es un sistema malo, es más lo calificamos de asesinato.
Cuando pensamos en Maximiliano Kolbe que se intercambia voluntariamente con un padre
de familia en Auschwitz y muere de hambre en el búnker, nadie afirmará que es una acción
indiferente: mala para el Padre Kolbe y buena para el padre de familia, sino un acto de caridad
heroica y de altísimo honor frente a las brutalidades de los nazis. Si contamos esta historia aquí
en el aula surge admiración por el Padre Kolbe. Si se la contásemos a un indígena del Amazonas
también se admiraría de la generosidad de este religioso y de su valor en el momento de afrontar
la muerte. Si esto se lo contáramos a Séneca, que dio su vida por cumplir la justicia en Atenas, lo
entendería. Esto nos reafirma en el hecho de que hay más coincidencias en las ideas morales en
las distintas épocas y ambientes de lo que a primera vista aparece.
Las diferencias culturales en la apreciación moral llaman la atención, sorprenden,
precisamente porque se oponen a las coincidencias. Existe una coincidencia ética común
¿Por qué llaman más la atención las diferencias, por qué se resaltan? Porque las
coincidencias son evidentes.
En todas las culturas y tiempos existen deberes de los padres hacia los hijos y de los hijos
hacia los padres. Por eso nos choca cuando unos padres en Austria tuvieron durante años a su
hija metida en un ataúd. La rescataron y, como es lógico, presentaba taras síquicas (noticia de
julio de 1996). No conozco qué razonamientos y justificaciones alegaron los padres funerarios
ante el juez, sobre su modo de educar a la chica, quizá tuvieran toda una teoría sobre el modo de
criar y de educar a los jóvenes, pero con sólo conocer el hecho decimos: han actuado mal, y nadie
podría tacharnos de rígidos o intolerantes con el punto de vista de los padres funerarios.
En todas las culturas se aprecia la gratitud, el valor, la generosidad. En todas las culturas
está bien visto el generoso y mal visto el avaro o el tacaño. En todas las culturas se valora que el
juez sea imparcial.
No basta con la utilidad biológica para explicar la coincidencia ética entre las culturas
Algunos afirman que esto es así por utilidad biológica: los padres cuidan de los hijos para
que los hijos cuiden de los padres
21
: los jueces son imparciales para que no haya caos en la
sociedad y así funcione.
En parte es cierto, ya que las normas morales han de ser razonables y no pueden estar
pensadas para producir daños generales a la humanidad: dar el pecho a un niño hace que la
madre lo mantenga vivo. Es algo bueno para el niño y para la humanidad; es algo útil para el
niño y para la humanidad, pero en el tema que nos ocupa, nosotros no reducimos nuestro juicio a
una apreciación biológica o de utilidad social, sino a una valoración moral y afirmamos: -la madre
21
Un refrán popular anima aVivir a costa de los padres hasta que se pueda vivir a costa de los hijos. Está
claro que esta actitud no puede fundamentar la vida familiar éticamente.
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está realizando una acción buena, ya que es propio y obligación de las madres ocuparse de sus
hijos, (y de los padres también, cada vez importa más que todos colaboren activamente en el
hogar). Y cuando la madre sea mayor y esté inmóvil en la cama juzgaremos que su hijo es bueno,
si la atiende y la trata con cariño, es decir valoramos la rectitud de las acciones de la madre y del
hijo, no desde el punto de vista biológico (de la supervivencia), sino de la ética, aunque fuera poco
útil el último cuidado del hijo por su madre porque en una hora fuera a morir: el hecho de darle
la papilla y limpiarle nos parece una acción buena, aunque su utilidad dure una hora.
Calificamos así la acción porque lo bueno es que un hijo cuide de su madre enferma, esa es
nuestra apreciación moral espontánea.
Llevemos los planteamientos hasta el extremo, que es lo que permite analizarlos de
verdad. Si la madre aplicara un criterio utilitarista, pensaría principalmente en su plan de
pensiones y en la calidad de las residencias de ancianos por lo tanto, resueltas estas necesidades
en el futuro, dejaría de alimentar a su bebé. El hijo ante sus padres enfermos si se dejara llevar
por el criterio utilitarista declinaría su responsabilidad o cariño en el estado o en una empresa de
atención a la tercera edad, y si aun así previese que sus padres no le dejaran herencia o herencia
suficiente, quizá tomase la decisión de dejarlos morir: ¿Para qué van a seguir viviendo? ¿De qué
me sirve que vivan?
En resumen, explicar el porqué de una norma común y absoluta, de una vida recta, es
tarea que merece la pena porque captamos en diversas culturas coincidencias morales, aunque
esas culturas estén alejadas espacial y temporalmente por la historia. Y también porque
descubrimos en nosotros mismos la capacidad de valorar de modo absoluto algunos
comportamientos humanos afirmando: esta persona ha actuado bien, si por ejemplo, da la vida
por otra, o: ha actuado mal si le tortura.
Hasta aquí nos vamos aproximando a ese criterio que sirva para juzgar sobre el bien o el
mal de las conductas.
Hay dos posturas que niegan la validez universal frente a cualquier contenido moral, o
sea, hay dos maneras de ser relativista:
-Quienes defienden que la apreciación personal del bien y del mal dependen de la moral
dominante. (Este planteamiento concede la última palabra a la cultura, al país, a la legislación, a
las modas...)
-La postura que defiende que la valoración moral depende de lo que le parezca bueno o
malo a cada uno (Se trata de un individualismo: Mi ética depende de lo que yo decida, y sólo de
esta decisión mía).
El bien y el mal no se han de establecer ni por el criterio de la moral dominante, ni por el
individualista que defiende: sólo es bueno lo que sea bueno para mí y malo lo que yo considere
malo
Se puede afirmar que hay dos modos de ser relativistas:
a) Algunos defienden que todo hombre ha de seguir la moral dominante (culturalismo,
historicismo... Incluso el positivismo jurídico: todo lo legislado es bueno).
b) Cada uno debe seguir su propio capricho y hacer lo que le venga en gana (moral de
situación).
a) Esta primera postura pretende fijar una norma universalmente válida, aunque sólo
fuera esta: todo hombre ha de seguir la moral dominante. Vemos que ya es en sí una pretensión
de absolutismo moral. En la formulación más reciente, de los congresos mundiales sobre ética, se
habla de una moral del consenso: establecer unos mínimos generales en el ámbito mundial que
todos deben cumplir.
43
1. Si se defiende que el criterio ético dependa de la moral dominante, la pretensión puede
llevar al absolutismo, y al colonialismo moral
La otra grieta de este planteamiento, además del absolutismo que supone, surge de un
hecho frecuente: La moral dominante de una sociedad o grupo puede tener como norma pensar
mal de otras sociedades que a su vez siguen sus morales dominantes. Por ejemplo: en el mundo
occidental en algunas sociedades la moral dominante lleva a las familias a tener pocos hijos
porque les parece una irresponsabilidad crear familias numerosas. Desde esa moral dominante
analizan la moral dominante de un país latinoamericano, y a los occidentales del Norte (ricos) les
entra un afán misionero de cambiar la moral dominante de los latinos, a la que consideran una
indecencia, y les bombardean con propaganda antinatalista o supeditan sus ayudas económicas a
que implanten programas de control de natalidad, además siempre con la píldora
22
. Esta actitud
incluye la siguiente contradicción: obligar a cambiar la moral dominante de otras culturas, por lo
que a las personas de esos pueblos ya no se les permite vivir su moral dominante, en aras de otra
moral dominante desde la que se juzga incorrecta su conducta. En este esquema se puede situar
el llamado lenguaje políticamente correcto, en cuanto mera táctica para expresarse en lo que
está aceptado mayoritariamente en una determinada época, no tanto por razones profundas sino
por modas
23
.
22
Rodrigo del Pozo García planteó en Tecnun durante el curso 2001-2002: Cuando los países ricos obligan al
control de natalidad a los que se encuentran en vías de desarrollo, no lo hacen para evitar que éstos tengan
una riqueza demográfica y así poder explotarlos mejor económicamente, sino para que les llegue el alimento
a todos y puedan desarrollarse. El profesor respondió que , efectivamente, tras esos planteamientos no se da
en todos mala intención, pero que sí es un método antiético, ya que existe alimentos y riquezas abundantes
en todo el mundo que podrían cubrir las necesidades de los más pobres si los ricos se decidieran a un
reparto solidario y equitativo. También añadió que en ocasiones, se han realizado campañas de
esterilización a los hombres organizadas desde los países que ayudan, o se les impone el uso de la píldora,
tras los que se encuentran los intereses económicos de muchos laboratorios. Rodrigo del Pozo García
objetaba que la píldora no será necesariamente fuente de riqueza para esos laboratorios, ya que los
habitantes de los países pobres las comprarán o no según su decisión y posibilidades económicas. El profesor
recordó que la píldora la reparte gratuitamente cada uno de esos gobiernos de los países en desarrollo que
han recibido ayudas económicas, y quienes pagana los laboratorios son las entidades que emiten la ayuda
desde los países ricos o los mismos gobiernos. Además recordó que existen métodos de regulación de la
fertilidad naturales y gratuitos que pueden ayudar a planificar razonablemente y sin atentar contra la
dignidad de la persona: por ejemplo el método billings o el sintotérmico: su eficacia ha sido probada en la
India con la ayuda de las religiosas de la Madre Teresa de Calcuta. Como los métodos naturales son
gratuitos, pierden dinero los grandes laboratorios y presionan a través de informes médicos poco objetivos,
afirmando que estos métodos son menos seguros que la píldora. Mikel preguntó: Si hay recursos
alimentarios de sobra en el mundo, ¿porqué no se hacen llegar a los pobres? El profesor recordó que muchas
de estas actitudes irracionales y perversas brotan del egoísmo: por eso estamos recordando en las primeras
lecciones de Ética la necesidad de ir adquiriendo una vivencia diaria de los valores, en la vida corriente, que
luego permita influir en las estructuras económicas y políticas para ir reorientando todo el sistema hacia
estructuras justas y solidarias. Recordó las iniciativas de los bancos de alimentos que han encauzado hacia
los indigentes toneladas de productos que iban a ser eliminados para mantener el nivel de los precios. Esta
práctica de destrucción deplorable se denomina técnicamente Dardanismo
23
Enéritz P en el curso 1999-2000, intervino pidiendo aclaraciones en este sentido y expresando con razón
que el lenguaje políticamente correcto no puede considerarse criterio definitivo sobre la valoración de las
actuaciones éticas. Durante el Curso 2000-2001, el Profesor preguntó qué entendían las alumnas por
lenguaje políticamente correcto. Respondió Marta del Río refiriéndose a la corrección en el hablar evitando
palabras malsonantes, etc. Efectivamente esta es una primera acepción pero al añadir: políticamente se
habla de aquel lenguaje que no discrimina a las personas, razas, etc. Cuando se usa. Conviene discernir la
sinceridad y lo auténtico en esas expresiones muy usada por los medios de comunicación social, los
representantes de los partidos, etc., ya que muchas veces es sólo una táctica dialéctica para obtener votos o
44
2. Hablar de una moral dominante e intentar imponerla basándose en el consenso choca
con el pluralismo actual. Aunque ese aparente pluralismo moral tampoco ayude a discernir qué
está bien o mal.
Incluso el principio obligatorio de seguir la moral dominante
24
choca con nuestras
sociedades pluralistas en las que se dan distintas concepciones morales, en ocasiones
contrapuestas: quienes consideran el aborto como un crimen, y quienes lo aceptan e incluso lo
imponen -aunque sea sólo psicológicamente por ejemplo al alentar a una chica para que aborte
como solución al embarazo- y difunden unos programas para quitar el complejo de culpabilidad
entre quienes aborten. O los que defienden prácticas empresariales antiéticas porque sostienen
que todo el mundo actúa mal y si actuases bien serías imbécil, e incluso fracasarías en tu negocio.
Esa tensión de morales dominantes contrapuestas dentro de una misma sociedad o cultura, no
facilita el discernimiento de qué valor generalizado haya que escoger. No es el criterio último de
moralidad.
3. Los disidentes frente a la moral dominante. La moral dominante entra en crisis.
En tercer lugar, en muchas sociedades o culturas aparece un profeta o reformador, o
revolucionario que no se adapta a la moral dominante, sino que la cambia y aquel cambio parece
una mejora, algo más auténtico que acomodarse a la moral general. Hay personas que fijándose
en él, entran en crisis sobre el principio general de acomodarse a la moral dominante, al conocer
los contenidos en el modo de vivir la moral por parte del reformador, y que sirve de modelo por la
verdad o rectitud de sus contenidos morales y por la autenticidad en la vivencia de esos
contenidos. Aquí se plantea otra contradicción sobre la necesidad absoluta de vivir la moral
dominante. Esto puede ser por ejemplo en el ámbito de una clase en la universidad: todo el
mundo copia (moral dominante). Copiar es algo que puede hacer cualquier alumno sin sentirse
culpable (acomodación). Pero hay un alumno revolucionario que prefiere suspender antes de
copiar a nadie (no sigue la moral dominante). Se trata de una postura de disenso Otros alumnos
entran en crisis (juzgan y eligen) y dejan de seguir la moral dominante y siguen la moral del
alumno disidente honrado porque éticamente, en su modo de percibir el bien y el mal, les
convence más. En 2003 unos oficiales del ejército del aire de Israel se negaron a cumplir la orden
de bombardear campamentos civiles palestinos. Cuando les acusaron de desobediencia o rebelión,
alegaron que por encima de las órdenes estaba su conciencia.
aplausos. En lo que tiene de no discriminante y de defensa de los débiles, marginados, resulta un logro. En
sus aspectos de opinión de la mayoría o de la presunta mayoría creada por grupos de presión, publicidad,
monopolios informativos, etc. El lenguaje políticamente correcto resulta una farsa y responde a una vieja
táctica ya practicada en Grecia por los sofistas que manipulaban las palabras en aras de sus fines, no
siempre honrados. No hay que olvidar que en la Alemania de Hitler, todo un pueblo culto siguió al dictador
ni que el Führer subió al poder por votación mayoritaria. Las masas se dejan manipular en bastantes
ocasiones. Por ejemplo hay lenguajes que discriminan sarcásticamente a la mujer que desea tener familia
numerosa. También el profesor añadió que no basta con dar la apariencia de respeto o no discriminaciones,
sino que es necesario promocionar a las personas a las que supuestamente se pretende proteger con ese
lenguaje. Las cuotas de participación de las mujeres en las empresas, partidos políticos, o gobiernos han de
ser auténticas y permitir que ellas puedan tomar decisiones que influyan de verdad y no un mero adorno.
En ocasiones las actitudes de mero electoralismo o marketing discriminan aún más a las mujeres en el
mundo laboral o social.
24
Durante el curso 2001-2002, Carlos Melara afirmó que el planteamiento de los que sitúan el criterio de los
valores éticos en la Moral dominante lleva a una moral relativista, ya que los valores dependen de las
modas, del ambiente y de la presión social. El profesor confirmó esta apreciación de Carlos.
45
La persona coherente en su actitud ética provoca crisis frente a la acomodación moral
Habría que plantearse ¿Qué ha motivado ese cambio de actitud en las demás para no
seguir la norma general de la moral dominante?. Sencillamente que los contenidos de la moral
que vive, que encarna el reformador o la reformadora son rectos, justos, verdaderos, buenos, y no
porque la última palabra en la conducta moral, el criterio definitivo, sea la regla que obligue a
acomodarse al modo común de proceder. Aunque todo el mundo copie, el ejemplo de honradez de
un alumno recuerda a otros que es posible, no copiar, incluso que es bueno no copiar, o que es
mejor no copiar que ser injusta copiando. Podíamos aplicar este ejemplo a todo el mundo se
emborracha; todo el mundo se flipa, o todo el mundo se enrolla los fines de semana. Un
reformador chocará al principio con el rebaño de seguidoras/es de la moral dominante, pero, sin
duda conseguirá cambiar el ambiente. He conocido a alguien que sacó a toda su cuadrilla de la
droga (primero usando la cerveza, y después hablando y ayudándoles en su vida cristiana).
La tesis que reduce los criterios de valoración moral a la moral dominante, se puede
denominar como moral autoritaria, o políticamente correcta.
b) Frente a la moral autoritaria (políticamente correcta), el planteamiento individualista
Otro planteamiento, (lo clasificábamos b) Cada uno debe seguir su propio capricho y
hacer lo que le venga en gana) consideraría cualquier moral vigente como algo represivo, como
sojuzgamiento domesticación de la persona. Sus postulados exigirían, como reacción, que cada
uno actúe como quiera y sea feliz a su manera. En el clima individualista de nuestra sociedad y
cultura, salvo muy honrosas excepciones, el criterio moral más extendido para definir lo bueno
podría resumirse así: bueno para mí en un determinado sentido.
Aristóteles enseñó: La gente que dice que se puede matar a la propia madre no merece
argumentos sino azotes. Nosotros, con el peso de una cultura cristiana que de algún modo sigue
presente, diríamos que más que azotes necesitaría un amigo/a. Lo dramático es preguntarse si
alguien así sería capaz de entablar relaciones de amistad, (se habla de personas irrecuperables
para la vida civil o social) Aunque ese matricida no atienda a los argumentos, no se concluye que
no haya argumentos contra su actitud.
Es evidente, y casi no habría que recordarlo, que cada uno ha de actuar como quiera. Tanto
el que sigue la norma moral como el que obedece a la voz de la conciencia la siguen teniendo a
bien obrar así. Para que haya responsabilidad moral ha de existir la libertad, sólo se puede
imputar la responsabilidad de una acción al que la ha realizado libre y conscientemente
25
.
Ahora bien, cuando alguien afirma que cada uno debe hacer lo que quiera, en el fondo
defiende que el hombre ha de seguir los impulsos más naturales, muchas veces los que le
complacen o halagan más, mientras que considera los impulsos morales como algo impuesto
desde fuera (heterodeterminación), como un dominio impuesto desde otra instancia, que se ha
llegado a interiorizar, y por lo tanto algo malo, de lo que es preciso liberarse. Es experiencia
universal que en el corazón de la persona humana se encuentra una ley inscrita que permite
descubrir el bien.
25
Sólo son imputables a las personas aquellas acciones realizadas libre y conscientemente.
Tradicionalmente se distinguen en éticas los actos del hombre y los actos humanos. Actos humanos son
aquellos que se realizan con conocimiento, voluntad y libertad. Acto del hombre es aquel al que le falta
alguna de estas características: se realiza involuntariamente, o inconscientemente.
46
Detrás de la actitud individualista: yo he de hacer lo que quiera, existe una búsqueda de lo
que es natural a la persona humana. Aun así este deseo es insuficiente y no constituye un
criterio definitivo.
En el fondo, esta actitud que busca la autodeterminación frente a las imposiciones
extrañas, o desde fuera, sin saberlo coincide con la moral tradicional, o el comienzo de la
reflexión ética, que buscaba lo que es propiamente natural frente a los distintos usos sociales en
las diferentes culturas. Al comienzo de la ética, los griegos pensaban que sólo es libre aquella
persona que hace lo que es natural.
En la novela de Susanna Tamaro: Donde el corazón te lleve se plantea de algún modo esa
actitud en los consejos que una madre da a su hija para que sepa orientarse en la vida. Es cierto
que como afirmaba Pascal hay razones del corazón, pero no siempre el corazón está afinado, ni
los sentimientos concuerdan con la razón, el bien y los valores objetivos. La protagonista de
Tamaro (la hija animada por su madre a orientarse sólo desde el corazón) fracasa arrastrada por
el ambiente de droga que tanta fuerza adquirió en los años 70 del siglo pasado.
Todo parece complicarse cuando intentamos definir qué es lo natural.
Si reducimos lo natural a hacer lo que cada no quiera (pura espontaneidad), nos
encontramos que como el hombre no está determinado o programado por sus instintos, sino que
es alguien que debe buscar primero y encontrar después su norma de comportamiento, no existe
esa pretendida naturaleza espontánea que llevase a vivir naturalmente con sólo seguir nuestros
impulsos. Ser hombre no es tan sencillo como ser animal (Spaemann) (Recordemos los estudios
antropobiológicos de Arnold Ghelen
26
). Cada uno debemos dirigir nuestra vida. Encontramos en
nosotros mismos impulsos, tendencias y deseos contrapuestos, y para hacer lo que quiera, he de
saber qué debo hacer
27
.
26
Arnold Ghelen (antropobiólogo alemán) afirmaba que la persona humana no dispone de instintos como
los animales sino de tendencias. Esto se explica así: un animal tiene programado su sistema nervioso y sus
instintos, de tal modo que ante determinados estímulos, reacciona siempre de la misma manera. Existe en
él un circuito determinado que le condiciona: estímulo/reacción. Por eso los anímales no precisan mucho
aprendizaje: ante el estímulo del agua, todos nadan sin previos cursillos de natación; ante una hongo
venenoso reacciona tanto su olfato como su gusto, rechazándolo y ni intenta probar aquél aparente
alimento. Los animales se adaptan muy pronto al hábitat, pero a un ambiente muy condicionado: nicho
ecológico, que si varía por razones climáticas, por ejemplo, con brusquedad puede extinguir esa especie. El
hombre, al disponer del "interruptor" de la inteligencia y la voluntad entre los estímulos y sus reacciones,
precisa del aprendizaje en su adaptación al medio: su madre y su padre han de enseñarle a distinguir entre
los hongos venenosos y los comestibles; un monitor o una monitora dirigen sus cursillos de natación, etc.
Pero si cambian las circunstancias exteriores, al no estar condicionado por el circuito: estímulo-reacción, la
persona humana se adapta mejor (decide el estilo de natación el día que hay más corriente en la mar, o
consulta una lámina de hongos si duda ente la morfología de uno concreto que aparentemente despista) .
Por lo tanto puede concluirse que la naturaleza humana no es sólo ni principalmente espontaneidad
(biología): lo biológico está configurado por lo espiritual y las dos dimensiones precisan del aprendizaje y del
ámbito familiar y social para desarrollarse correctamente (naturalmente).
27
Como afirma Ángel Rodríguez: Si la persona no pudiese ser considerada desde la perspectiva ontológica
determinada por el concepto de naturaleza, es decir, si el sentido de la persona y de las realidades
personales no estuviese anclado en el ser, en lo que la persona es, porque se pensase que el ser de la persona
no es más que posibilidad indefinidamente abierta, sin otro fundamento que la autodecisión (la persona no
tiene naturaleza), la libertad se concebiría entonces como capacidad de otorgar sentido a la persona, y ésta
en cuanto objeto de la acción- quedaría enteramente a disposición de los deseos, pretensiones y expectativas
del sujeto agente o de la colectividad social. Lo que es conforme o contrario a la dignidad de la persona
dependería entonces de lo que la persona tenga conciencia de ser o haya decidido ser, conciencia subjetiva o
decisión que determinaría enteramente la moralidad del comportamiento. El concepto metafísico de
47
Necesidad de llegar al concepto que nos lleve a la realidad de lo que es bueno
Para que nuestra voluntad sea armoniosa, esté armonizada consigo misma, conviene que
nos detengamos en qué entendemos con la palabra bueno.
Bajo esa palabra se esconde la razón, o punto de vista que ordena los demás puntos de
vista, los cuales nos mueven a querer esto o aquello.
Es más clarificador explicar en qué no consiste la palabra bueno que en qué consiste.
Lo bueno no se puede reducir a la salud, la profesión, ni incluso al altruismo por el puro
altruismo
No consiste en la salud, porque en ocasiones es mejor estar enfermo (Perdonad que os
transmita una experiencia personal en la que he descubierto a lo largo de los años que incluso
estar enfermo puede ser bueno en casos concretos). Esta fue la razón por la que no me presenté a
la final de grupos de rock en Bilbao cuando estudiaba 3º de BUP, y así no tuve que viajar en el
ferry cantando todo el verano, terminé mis estudios y no me vi obligado a meterme en un
ambiente que podría ser poco adecuado para mi vida cristiana. El día de la final estábamos con
gripe la mayoría de los componentes de la banda. Por otra parte, me libré de estar en contacto
con los organizadores del concurso que parece ser pertenecían a una ramificación de la
masonería.
El Papa afirma haber comprendido más profundamente el dolor, a raíz del atentado que
sufrió en 1981 y por las siguientes intervenciones quirúrgicas.
Tampoco consiste lo bueno en el éxito profesional, a cualquier precio incluso el familiar,
que ha truncado tantas armonías familiares, o ha hecho a algunas personas arrogantes e
insolidarias. (Recordaréis en la película río salvaje -Wild river- cómo la minicrisis familiar viene
de que el marido está absolutamente obsesionado por ser el mejor arquitecto, en el fondo para
demostrar a su mujer -campeona de raffting, su valía, y para no defraudarle.... no acierta a
manifestarle el cariño, se olvida de los cumpleaños de sus hijos, etc. Sólo el peligro de los asesinos
con los que se encuentran durante el descenso del río vuelve a unir aquellos corazones). En
ocasiones, tener un poco menos de éxito nos ayuda a ser más comprensivos, o a confiar menos en
nuestras fuerzas y confiar más en Dios o en los demás, etc.
Una leyenda china ilustrará lo anterior: Un anciano aldeano vivía con su hijo en la cima
de un monte y un día perdió su caballo. Sus vecinos fueron a expresarle su pesar por esta
desgracia, pero el viejo respondió: ¿Estáis seguros de que es una desgracia?. Algunos días
después, el caballo regresó con una manada de caballos y los vecinos fueron a felicitarle por este
golpe de suerte. El viejo replicó: ¿Estáis seguros de que ha sido un golpe de suerte?. Su hijo
empezó a montar aquellos caballos y un día se rompió una pierna. Los vecinos volvieron a
expresarle su pesar, pero el viejo les dijo de nuevo: ¿Estáis seguros de que ha sido una
desgracia?. Poco después estalló la guerra y, como el hijo tenía la pierna rota, no fue obligado a
tomar parte en ella. Los aparentes males mientras no sean males morales conviene
considerarlos, con los debidos matices, de esta manera relativa.
naturaleza, por el contrario, es rigurosamente solidario de la concepción creacionista. Las naturalezas
creadas, siendo algo distinto de Dios, tienen su arquetipo y norma originaria en la razón creadora de Dios;
en la persona humana, además, brilla la imagen divina. En la sabiduría del Creador tiene su norma la
dignidad y el sentido de la persona y de sus dimensiones esenciales (libertad, lenguaje, sexualidad, etc.).
Ese sentido no puede quedar completamente a merced de la libertad humana. Otra cosa es la realización
efectiva del sentido, tarea ética que corresponde autónoma e inviolablemente a la libertad, y que es el objeto
por excelencia de la responsabilidad moral. Todo esto no es en realidad más que otro modo de decir que la
libertad del hombre es finita (Ética general, n. 73, Pamplona 1991, pág. 114-115)
48
Tampoco podemos reducir lo bueno al altruismo, pues en ocasiones es bueno pensar en uno
mismo. Frente a: voy a matarme a estudiar sin descanso, es estupendo parar el motor del
estudio para después retomar el estudio con más ganas. Importa mucho tener hobbies creativos,
practicar algún deporte, etc. Que ayudan a estar con la mente relajada para concentrarse luego
mejor ante los libros. Es mejor que unos padres descansen un fin de semana o unas horas, para
poder atender con más cariño y eficacia a sus hijos: pensar en sí mismos para ayudar mejor a los
demás, hacer un poco de ejercicio físico, para no agotarse y caer en enfermedades psíquicas. Por
eso lo bueno no es solamente lo altruista.
La palabra bueno, el concepto y la verdad que señala no se puede sustituir por otra, hay
que entenderla en sí misma. Necesidad de establecer una jerarquía en los bienes, hasta
comprender qué es el bien. Ayuda de la escala de valores.
Nunca se puede reemplazar bueno con otra palabra, o con un punto de vista particular. Si
se sustituye bueno por sano, ya no podría afirmarse que la salud es, por lo general algo bueno, ya
que se estaría afirmando que la salud es sana.
Según Spaemann, vivir rectamente, vivir bien, significa ante todo establecer una
jerarquía en las preferencias. Los antiguos filósofos pensaron que podían ofrecer un criterio para
una adecuada jerarquía: es correcta aquella ordenación de acuerdo con la cual el hombre vive
feliz y en paz consigo mismo (pág. 29).
Haz lo que te guste no basta, porque uno se pregunta ¿y qué es lo que debe gustarme?.
Gustos, tolerancia y bien humano
Entre otras cosas, existen los gustos de los demás.
Ante los gustos de los demás, si yo debo hacer lo que me guste, puedo optar por las
siguientes actitudes:
a) Como me apetezca: amigable y tolerantemente
b) O de manera violenta e intolerante.
c) O que cada uno debe respetar los gustos de los demás.
¿De dónde surge la tolerancia?
Algunos han defendido que es consecuencia del relativismo moral.
Parece más razonable pensar que la tolerancia se funda en una convicción moral que
pretende tener un valor universal, y que considera la dignidad del hombre.
Si la tolerancia se basara en el relativismo moral podría llevar a la conclusión opuesta a la
tolerancia: ¿Por qué debo yo ser tolerante? Cada cual debe vivir su moral y la mía me permite ser
violento e intolerante.
La tolerancia no basta para resolver los conflictos entre los deseos propios y ajenos, ya que
muchos de esos deseos son irreconciliables: tolerar uno supone no tolerar otro: tolerar un atraco
supone violar el derecho a la propiedad privada. Aunque la ideología del atracador le permita o le
impulse a cometer el atraco.
Los deseos propios, los que cada uno o cada uno percibimos son muchas veces encontrados
(unos se oponen a otros), y es preciso establecer un rango de deseos según su importancia,
oportunidad, etc.
Los deseos de las distintas personas también pueden ser de diverso rango: No siempre es
bueno preferir los propios deseos, ni elegir siempre los deseos de los demás. Es imprescindible
analizar qué deseos personales colisionan con los de los demás. Se vislumbra la necesidad de una
medida que sea capaz de juzgar los deseos
28
.
28
Durante el curso 2001-2002, se planteó el siguiente caso práctico: Supóngase un grupo de personas en el
cual más de la mitad son fumadores. En un descanso de clase se reúnen en una sala y la mayoría desea
49
Una regla o criterio común por encima de los deseos contrapuestos
Un relativista radical afirmaría que esa medida común de deseos que dirimiera cuáles son
más importantes, justos, etc., constituiría una fuente de conflictos, ya que limitaría alguna de las
partes en litigio impidiéndole satisfacer sus deseos.
Pero el conflicto ya está en la pretensión de imponer uno de los deseos particulares (por eso
entra en litigio con el contrapuesto) y se intenta imponer porque en el fondo se piensa que es el
verdadero, el justo, o el bueno, o el más razonable. En el fondo se tiene la idea de que existe una
verdad común. Si se pensara que cada uno tiene su propia verdad no importaría en absoluto la
del vecino, y por lo tanto no discutiría, ni se producirían los conflictos.
No parece ética la ley del más fuerte como solución a las posturas contrapuestas. Necesidad de
razonar y dialogar
Pero observamos, tristemente con frecuencia, que los conflictos no se resuelven a partir de
una reflexión racional, o discutiendo sobre la norma correcta para clarificar qué sea lo más
conveniente elegir, sino imponiendo el propio deseo a través de la ley del más fuerte, que es quien
impone su voluntad: se resuelve con una fuerza física: puñetazo, amenaza, extorsión. Como dice
Spaemann, un zorro y una liebre no entran en diálogo para discutir sobre el recto modo de vivir:
o cada uno sigue su camino, o el zorro devora a la liebre.
La discusión sobre el bien y el mal, señala que existe una regla común
Que se pueda discutir sobre el bien y el mal, es un exponente de que la Ética es campo de
litigios, no es un ámbito pacíficamente aceptado sin más, en el que lo más frecuente sean los
acuerdos. Pero también refleja que no es algo puramente relativo, demuestra que el bien puede
estar siempre en lo singular, y lo difícil que resulta decidir en los casos límites. La disputa, indica
que hay comportamientos mejores que otros, mejores desde el punto de vista simple de lo mejor y
lo peor, o si se quiere, mejores en absoluto, no sólo mejores para alguien, o en relación con las
normas culturales tan distintas de una civilización a otra.
Entre los pederastas que asesinaron a niñas en Bélgica y las personas que colaboran en
voluntariados para ayudar al tercer mundo, cualquiera puede establecer una frontera afirmando:
los pederastas han actuado horriblemente mal, y los cooperantes muy bien. Si mostráramos una
instantánea de estos dos tipos de acciones, cualquier niña o cualquier niño pueden afirmar: esto
está mal (el asesinato) y esto otro esta muy bien (la ayuda a los necesitados). Los niños son muy
claros y radicales en el buen sentido de la palabra- cuando dicen: ese señor es malo porque
abusa de una niña (porque hace cosas sucias a una niña), esa chica es buena (porque atiende a
un leproso y se ve que le quiere y le cura).
Hay vías de estudio, racionales para descubrir lo bueno y lo malo por encima del relativismo
ético. Existe en toda persona una capacitación para captarlo
Ante el relativismo, que califica las acciones morales según las culturas, las personas las
situaciones, como único criterio de valoración, o ante el escepticismo que afirma que en el campo
fumar. ¿Debe prevalecer el derecho a fumar la mayoría o el de la minoría de no fumadores que prefieren no
aspirar humo? Laura García Baglietto resolvió así el caso: Debería respetarse el derecho de los no
fumadores, ya que el daño (deterioro de su salud) que se les inflige en el caso de seguir los deseos de la
mayoría, es superior al que se les inflige a los fumadores en la situación opuesta (ansiedad). Podría dársele
un enfoque positivo: el valor salud es superior la valor ganas de fumar
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de la ética nunca se puede llegar a decir qué es bueno o es malo, las reflexiones anteriores nos
ayudan a concluir:
-Existe una diferencia entre lo mejor y lo peor, entre lo bueno y lo malo. Esa valoración se
refiere no sólo a las necesidades de una persona determinada, sino a algo absoluto, independiente
de cualquier tipo de referencia: una violación es siempre mala. Dar voluntariamente la vida para
salvar otra vida humana, es siempre algo bueno.
-La diferencia entre lo bueno y lo malo la captamos todos espontáneamente
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y sabemos
valorar de modo general qué es bueno o qué es malo, a pesar de tener en cuenta todas las
diferencias históricas, culturales en las que pueden encontrarse los distintos individuos.
Comprendemos, nos hacemos cargo de la debilidad humana, de su falta de formación, y eso nos
mueve a compasión. Una compasión que por encima del sentimentalismo, si es sincera, procurará
ayudar a esa persona a vivir con corrección ética, ya que sólo así se desarrollará en todas sus
dimensiones humanas plenamente, y por lo tanto sólo así llegará a ser feliz. Sacar del error a
alguien, no supone una victoria intelectual sobre ella, sino una ayuda responsable para que ella
misma pueda desplegar todas sus potencialidades humanas, al tope de sus posibilidades. La
orientación ética supone una profunda liberación. Sólo viviendo en la verdad de la persona
humana se puede adquirir la profunda libertad que impide estar condicionada por estímulos y
presiones de los manipuladores, de los instintos, o de los propagadores de eslóganes o de modas
degradantes..
Lo bueno y lo malo desde la perspectiva ética llevan a la realidad misma, no son reflejo
únicamente de un sentimiento subjetivo
Lewis, un literato y pensador inglés, analizaba el modo de enseñar de unos autores que
afirmaban en un libro: Nosotros cuando decimos que algo es sublime, en realidad estamos
queriendo afirmar: nosotros tenemos sentimientos sublimes, pero no nos referimos a lo
objetivamente sublime. No podemos referirnos a ningún valor objetivo. Con ironía británica
presentaba este ejemplo: cuando yo digo que eres despreciable, quiero decir que tengo
sentimientos despreciables, y cuando tú me dices que yo soy despreciable, en realidad quieres
afirmar que tus sentimientos respecto a mí son despreciables. Es la paradoja en la que se cae
cuando se niega el valor objetivo del bien y el mal, y se reduce la ética a valoraciones meramente
subjetivas
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.
Una definición de la Ley natural
Lo natural (
) designa un orden de conveniencia a la naturaleza constitutiva de un ente,
universalmente considerada, que no puede identificarse con lo que de hecho sucede en algunos
casos singulares. Se trata de un orden de exigencias esenciales, de un finalismo objetivo
advertido por la razón, y no siempre de tendencias psicológicas experimentadas subjetivamente.
Según este orden universal de conveniencia decimos, por ejemplo, que a todo ser humano,
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Durante el curso 2001-2002, Laura García Baglietto planteó esta cuestión: ¿Por qué si los valores éticos
pertenecen a la naturaleza del ser humano es necesario su aprendizaje?. El profesor respondió: Porque el
aprendizaje también forma parte de nuestra naturaleza. Así nuestro sentido moral se despierta, aflora
ante el ejemplo y los consejos de otras personas. La captación de lo que es bueno y lo que es malo tiene una
base innata en nosotros, pero ha de desarrollarse mediante el aprendizaje.
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En la clase del 15 de enero de 2003, la alumna de ISSA Virginia Caballero expuso la siguiente experiencia:
Al vivir los valores éticos que persigues libremente en tu vida, logras una felicidad interna que te hace
sentirte alegre y bien: contenta contigo misma.. Resulta por tanto importante descubrir los auténticos
valores, y encarnar las virtudes, ya sea, en ocasiones, desde dentro de una misma, o en otros momentos más
motivada por los demás o por el ambiente moral favorable que a una persona le rodee. Para vivir la verdad y
el bien, necesitamos de los demás por nuestra dimensión humana social y comunitaria.