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"¿Acaso el amor a la sabiduría no es una iniciación ante la muerte?  (Tradición griega. 
Platón, Fedón, 81 A)
"Sé que permanecí en el patíbulo durante nueve noches, herido por una lanza en señal de
sacrificio a Odín, mi persona ofrecida a Mi Persona." (Tradíción nórdica. Hávamál, 1. 10 en
Corpus Poeticum Boreale; estrofa 139 en Lieder der Älteren Edda, Hildebrand, 1922)
"En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, no da fruto;
pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde." (Juan 12, 24-25)
Una vez leídos los textos de la recopilación  anterior, podemos dar un salto al ámbito de la
teología y terminar considerando algo de lo que el Catecismo de la Iglesia afirma acerca de los
Diez mandamientos o Decálogo:
“La unidad del Decálogo
2069. El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las "diez palabras" remite a cada una
de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan
mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los
otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría
adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida
teologal y la vida social del hombre.
El Decálogo y la ley natural
2070. Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo
la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto
indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana.
El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la "ley natural":
Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley
natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo (S. Ireneo, haer. 4, 15,
1).
2071. Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para
alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad
pecadora necesitaba esta revelación:
En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó
necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad (S.
Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3).
Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en
la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral.
La obligación del Decálogo
2072. Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y
hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente
inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los
diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano.
62
2073. La obediencia a los mandamientos implica también obligaciones cuya materia es, en sí
misma, leve. Así, la injuria de palabra está prohibida por el quinto mandamiento, pero sólo
podría ser una falta grave en razón de las circunstancias o de la intención del que la profiere.
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II. ENCUENTRO CON LA REALIDAD Y EDUCACIÓN ÉTICA
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA:
J. R.  AYLLÓN: Ética razonada, Capítulos 7, 8.
-RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Asociacionismo y secretariado. Nuevos retos éticos, Grafite
Ediciones, (Bilbao, 2005). ( Capítulo II, pp. 115- 119; Capítulo III, pp.  147-157; 173-185)
RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección:
Capítulos: 5 y 6; Anexos: Cap. 11 y 12.
RAFAEL HERNÁNDEZ URIGÜEN: Una ética para secretarias y ayudantes de dirección (II).
Casos prácticos: Cap 1 y 6
Como resumen de lo que hemos dicho acerca de la naturaleza humana, podemos
argumentar a favor de su existencia:
-
Descubrimos en toda persona un querer fundamental: el deseo de felicidad. La
constante y universalidad de ese querer responde, sin duda a una naturaleza
humana, porque si no resultaría inexplicable su regularidad y extensión a todas
las mujeres y a todos los hombres.
-
Espontáneamente desaprobamos algunos tipos de vida: la del asesino, la del
violador, la vida de un afectado por la heroína. Decimos que son vidas 
malogradas, arruinadas, nada atractivas: Esto implica que esas vidas estaban
destinadas a un fin mejor, a algo distinto a lo que están siendo. No se han
desarrollado según un modelo: ese modelo es la naturaleza humana como fin de
cada individuo de su especie.
-
Junto con la variedad de culturas, situaciones y civilizaciones, las personas
humanas se enfrentan con problemas básicos semejantes: dominar la ira, superar
la injusticia, superar el miedo; vencer sus caprichos; evitar la venganza, etc. La
mansedumbre, la justicia, la valentía, la templanza, el perdón... Son las
respuestas adecuadas que responden a modelos atractivos de plenitud humana: la
naturaleza humana está en la raíz de estas apreciaciones.
-
Finalmente: estimamos la diferencia entre lo justo e injusto, entre lo generoso y lo
mezquino estableciendo una escala axiológica o de preferencias respecto a lo que
vale y lo que no es valioso, e incluso la importancia o rango de valores. Esa escala
no es como la gama de colores que elijo según mis gustos, sino algo que me
interpela y resulta normativo para mí. La objetividad de los juicios de valor, en
definitiva me está hablando de los aspectos que constituyen un todo lleno de
sentido a lo que llamamos naturaleza humana. Por ejemplo: acertamos al juzgar
que es más humano perdonar que el rencor
35
.
El concepto de deber está presente en toda la consideración ética, y en mis decisiones
morales
Ahora nos plantearemos de dónde surge la idea de deber que siempre aparece en nuestra
mente cuando hablamos de ética. Deber nos lleva al concepto de mandato, de exigencia.
Mandatos y exigencias se dirigen a nuestra voluntad. Y comprobamos que para hacer algo
debemos quererlo. 
                                                
35
Cf. LEONARDO RODRÍGUEZ DUPLÁ: Ética, B.A.C., Madrid, 2001, pp. 225-228
64
Antes de pasar a entender lo que signifique querer un mandato moral, hagamos una
referencia a quien definió del deber de manera más nítida: Emmanuel Kant. El Profesor Millán
Puelles explica bien el alcance del deber: “Lo que hace que el deber sea deber -el deber moral- es
precisamente su carácter de exigencia absoluta, lo que llama Kant el ser un imperativo
categórico. Un imperativo puede ser categórico o hipotético. Es hipotético cuando vale solamente
en el supuesto de que se quiera obtener un fin, para lograr el cual hace falta un medio. En tal
caso, el imperativo manda que se ponga ese medio, en el supuesto de que se está queriendo un fin
para el cual es idóneo. Pues bien, los imperativos morales no son imperativos de este tipo -
hipotéticos- sino categóricos, absolutos”
36
«Actúa de tal manera que puedas querer que el motivo que te ha llevado a actuar sea una
ley universal».
Se puede formular desde la perspectiva del sujeto: «Actúa de tal manera que tu acción
sirva de ley universal a cualquier otra persona»
Kant propone una actuación absolutamente respetuosa para la ley y el deber. Para él, ley
moral y deber son lo mismo: es una ética del deber por el deber. Hay que hacer lo que está
mandado porque está mandado, la única intención motivadora de nuestro actuar es la obediencia
a la ley moral o el cumplimiento del deber: si hubiera otras intenciones o buscáramos otros
intereses la acción perdería su valor ético; en definitiva decaería en una “mala acción”.
Completó su ética con los siguientes desarrollos:
-Sin libertad no hay ética. En caso de coacción el responsable es quien coacciona.
-La inmortalidad del alma: sólo si el hombre no deja de existir puede acomodar su voluntad
a una intención no condicionada (el imperativo categórico).
-Dios es el único ser que puede garantizar la coincidencia del deber y la felicidad en el otro
mundo.
El peligro de esta formulación es pensar en el deber por el deber, como algo formal, vacío,
formalista, por eso conviene avanzar sobre  cuál es el significado de su obligatoriedad, qué da
sentido y contenido a que exista una exigencia absoluta. Comentando a Kant, Millán Puelles
explica que un imperativo absoluto sólo puede establecerlo una persona absoluta, o sea Dios, ya
que una persona relativa (cualquier persona creada es así) no podrá dar más que órdenes
relativas, por eso existe esa expresión: “¿quién eres tú para imponerme algo?”. Aclara que la
fundamentación del imperativo categórico no significa estar pensando constantemente en Dios,
cosa imposible sino tener como última razón de lo que hacemos a Dios, aunque actualmente no se
esté pensando en él. Esa autoridad de Dios no es absolutista, es absoluta, pero no absolutista,
porque ha creado al hombre por bondad y amor, y quiere su bien. La ley natural expresada por
Dios en los Diez Mandamientos constituyen palabras sobre el hombre que revelan el camino para
ser feliz. Señalan qué es el bien para la persona humana, qué es el mal, en definitiva lo que nos
realiza como humanos: qué es lo que me realiza, qué es lo que me degrada. Por eso, aparecen los
mandatos y prohibiciones: “¡Haz... lo que te realiza humanamente!” “¡Evita... lo que te degrada!”.
Cuando concluimos que existen valores incondicionales o inexcusables, en definitiva, nos
estamos refiriendo a aquellos que afectan a la persona humana en su totalidad. La realización de
esos valores hace al hombre o a la mujer buenos en absoluto. Su incumplimiento o la realización
de un contravalor (acto intrínsecamente deplorable), hacen a la mujer o al hombre malos en el
sentido más radical de la palabra. Un acto de generosidad nos hace generosos; un crimen nos
convierte en criminales.
Adelantemos que junto con el “mapa de valores universales” al que hemos llamado “Ley
natural”, descubrimos una “lógica” o primeros principios universales que nos permiten aplicar los
valores a cada circunstancia y por tanto a obrar bien al realizarlos.
Esa lógica universal de la ética, vamos a denominarla así para entendernos, podríamos
                                                
36
A, MILLÁN PUELLES: Ética y realismo, pág. 45, esta idea la toma de la Fundamentación de la
metafísica de las costumbres de E. Kant.
65
reducirla a cinco proposiciones:
LÓGICA UNIVERSAL DE LA ÉTICA
(Principios fundamentales)
-”Hay que hacer el bien y evitar el mal”.
-”Nunca se debe hacer un mal para conseguir un bien. El fin no justifica los medios”.
-”No hagas a los demás lo que no te gustaría que ellos te hicieran a ti”.
-”Haz a los demás lo que te gustaría que a ti te hicieran”
37
.
-”Siempre que tu acción se refiera a la persona, propia o ajena, no olvides que no estás ante un
simple medio instrumental; ten en cuenta, por el contrario, que ella tiene también su propio bien.
El valor de la persona es tal que ante ella sólo el amor es la actitud justa”
38
.
La experiencia de la libertad en los actos humanos
Junto a lo anterior que podemos formular: yo cumplo con mi deber, descubrimos las
manifestaciones de la libertad humana.
Pueden traducirse así: “Yo hago lo que quiero”. Esta afirmación no deja de ser banal, ya
que sólo se hace lo que se quiere, si aquello es una acción verdaderamente humana, y por lo tanto
éticamente valorable. Lo hice sin querer, no sabía lo que hacía: son frases que
expresan una
falta de libertad, nadie puede reprocharnos lo hecho
39
.
                                                
37
Alberto Ansorena planteó en TECNUN: “¿Es justo actuar haciendo el bien a otros cuando esos otros no
hacen el bien contigo?” El profesor respondió que estas situaciones producen cansancio y desánimo en
quienes buscan la benevolencia hacia los demás, pero es importante no cansarse de hacer el bien aunque
uno empuje cansado. Esas personas que perseveran en las iniciativas positivas a favor de otros son las que
terminan cambiando el mundo.
38
ÁNGEL RODRÍGUEZ LUÑO: “Ética General”, Eunsa, 1991, p. 237. Su formulación se inspira en Kant,
enriquecida por el concepto más específicamente cristiano y en sentido positivo completada por Karol
Wojtyla en su obra: “Amor y responsabilidad”.
39
En el curso 2000- 2001, el profesor pidió a las alumnas un diálogo sobre la libertad. Sobre sus
experiencias de libertad; en definitiva cómo se sentían en ese momento como mujeres respecto a esta
dimensión humana.  Durante el diálogo, Paloma Cía afirmaba detectar en los chicos mayor libertad que en
las chicas dentro de los ámbitos familiares. También insistió en la importancia de la voluntad para vencer
la pereza que nos impide alcanzar metas altas en nuestros proyectos. Afirmaba la necesidad de superar los
sentimentalismos y las trabas que presentan los estados de ánimo que hacen fluctuar las decisiones. En
ocasiones es importante dejar asuntos para después, cuando sea posible realizar aquellas acciones: “ya lo
haré en otro momento”.  Esta actitud no tiene nada que ver con la irresponsabilidad de dejar algo urgente e
importante para más tarde por pura pereza: el “después” puede desembocar en el “nunca”. Terminó
hablando de la importancia que tiene saber consultar a otras personas expertas  para orientarnos y decidir
bien. Estela Soto añadió que al elegir descartamos otras alternativas, rechazamos algo por escoger otra
cosa, y esto es una de las características de la libertad humana. Nadie ha de sentirse menos libre por esto. 
Paz Sanz Andrés intervino así: “En mi opinión la mujer no es libre, bueno no creo que nadie es libre en este
mundo, pero la mujer lo es menos que el hombre, ya que estamos en un mundo de hombres. Una de las
razones es que la mujer trabajadora al llegar a  casa casi siempre es ella la que tiene que hacer las tareas
domésticas, incluso en los casos en los que el hombre ayuda en casa, no creo que las tareas sean
compartidas totalmente. Me sería muy difícil creer que un hombre planche a no ser que viva solo. También
en el mundo de la empresa se hacen diferencias, como por ejemplo en los salarios. No cobra lo mismo el
hombre que la mujer realizando la misma tarea. Espero que no sea en todas las empresas, pero en algunas
sí que se da el caso. En el mundo laboral, otro inconveniente que tenemos las mujeres es el embarazo. No
nos resulta raro escuchar que a una chica en alguna entrevista de trabajo le hayan preguntado si espera
tener hijos pronto, o despedirla cuando se le va a acabar el contrato y ella les comunica que está
66
Siempre quiero algo cuando actúo o cuando dejo de actuar, incluso siempre quiero algo
cuando factores externos me obligaran a actuar. Los condicionamientos no anulan absolutamente
mi libertad. La libertad humana siempre es limitada, pero nunca puede ser anulada,
Pero lo definitivo, la pregunta que puede clarificar el deber es: ¿Por qué yo quiero algo?.
Quien hace caso a la doctora que le prohíbe tomar chocolate, delicioso chocolate, le obedece para
dejar de engordar o evitar las espinillas (por poner un caso que no sé si es acertado). Si acelero el
coche en un adelantamiento lo hago para no chocar contra el que viene de frente, que por un lado
me obliga, me motiva, me mueve a acelerar, pero lo que yo busco es salvar el pellejo, yo quiero
salvar el pellejo. Sólo a quien quiere, a quien puede activar su voluntad se le plantean exigencias
que resolverá con mayores o menos fuertes condicionamientos, pero que en definitiva suponen un
ejercicio de la voluntad. A un abúlico no se le plantean jamás deberes, porque no tiene energía
para decidir, para actuar.
Al actuar libremente siempre se está buscando, en el fondo, el bien. Noción de fin último
Los griegos, hace 2.500 años se plantearon qué es lo que propiamente y en el fondo
queremos cuando nos planteamos un deber. Al seguir una dieta que restringe el consumo de
chocolate, alguien está buscando adelgazar o evitar las espinillas, no busca dejar de ingerir
chocolate, busca en el fondo otra cosa. Por eso, los griegos se plantearon qué es lo que yo busco
verdaderamente, y en el fondo cuando me enfrento con un deber, o sencillamente cuando decido
actuar sobre un asunto. 
Los griegos concluyeron que lo que verdaderamente  y en el fondo queremos, y que además 
es causa de cualquier otro deseo y acción es el bien, o el bien supremo.
Ese bien respondía a la pregunta: ¿Cuál es propiamente el último fin de nuestras
tendencias?. Ya tratamos anteriormente sobre esta cuestión al distinguir “bienes relativos” de los
“bienes absolutos”.
                                                                                                                                              
embarazada. En estas situaciones yo me pregunto si los empresarios saben cómo han venido a  este mundo,
si están casados y les ocurriera  lo mismo a sus mujeres o hijas ¿qué harían?. Me parece muy bien que se 
hayan puesto unas cuotas en algunos ayuntamientos o entidades similares para que las mujeres accedan a
los mismos puestos que los hombres, pero seguro que si las mujeres hubieran tenido más oportunidades
para llegar a estos trabajos desde hace  muchos años, esta medida no habría sido necesaria. Esto último
demuestra que el mundo empresarial está dominado por los hombres, y espero que veamos a mujeres en las
secretarias generales de los partidos políticos, dirigiendo grandes bancos o presidentas de España o del País
Vasco. En el plano social y familiar la mujer tiene más trabajos que generalmente no los desempeña el
hombre. Por ejemplo, si un matrimonio tiene a uno de sus padres en casa y además está enfermo, seguro
que es la mujer la que se encarga de limpiarle, darle de comer, etc. Generalmente, son también las mujeres
las que se encargan de hacer las compras grandes para la casa, de organizar la comida, o sea, de llevar la
casa”. Finalmente, Paz añadió: “Estas son las razones que ahora se me ocurren que me hacen creer que la
mujer no es libre, no lo será hasta dentro de algunos años, que espero que sean pocos”. El profesor asintió en
lo esencial a lo dicho por Paz y añadió que empieza a difundirse una cultura familiar, empresarial y social
en la que se tiene  más en cuenta la aportación del genio femenino. Genio femenino es expresión de Juan
Pablo II cuando se refiere a las cualidades  de las mujeres que configuran la cultura, la familia y la sociedad
aportando algo específico, muy especial y enriquecedor. Así, bastantes empresarios facilitan a las mujeres
que puedan compaginar maternidad con su puesto sin discriminaciones y contratan a mujeres porque por
sus cualidades pueden desempeñar aquél trabajo mejor que los hombres. Aun así, el profesor  denunció las
manipulaciones a las que se ven sometidas las mujeres incluso cuando los partidos e instituciones siguen a
la letra las “cuotas” de presencia femenina, pero esos puestos no llegan a ser los decisorios, actuando más
bien como imagen o  justificación meramente externas. Habrá que seguir dialogando y promoviendo otra
cultura. 
67
El fin último, criterio para cualificar los distintos sistemas morales
Ese sería el criterio para discernir las distintas morales. Sería natural la ética que me
ayude a alcanzar el último fin de mis tendencias, la que me ayude a alcanzar lo que de verdad y
en el fondo quiero.
Ética o moral no natural, sería la que no me ayuda.
Los sistemas morales, o normativos pueden ser antinaturales:
Lo antinatural en ética: Heteronomía y autonomía. Heterodeterminación,
autodeterminación
Se piensa que los sistemas éticos no son naturales:
a) Porque entregan a la persona humana en manos de otro (heterodeterminación)
b) Porque lo encierran en el propio capricho individual.
a) La heterodeterminación (motivo del actuar  que procede de una voluntad externa y
ajena a mi  conciencia o  a mi felicidad subjetiva) no llega a anular del todo la voluntad humana,
ya que cuando un atracador me pide el monedero, yo se lo entrego porque quiero salvar mi vida.
El me permite continuar viviendo, si antes cumplo sus deseos (totalmente injustos...). Esto es no-
natural, y suele denominarse “dominación interiorizada”, ya que inculca normas injustas que no
sirven en absoluto a nuestros intereses (entregar el monedero), y además nos obligan a
cumplirlas porque sólo así podemos alcanzar lo que queremos.  Pretendida “felicidad” en las
sectas... (recordemos el lamentable suicidio de la secta “puerta del cielo”,  el de Rwanda en el
2000, etc.)
b) Pero también existen morales no-naturales, que pueden fomentar el propio capricho y
nos entregan a nuestros deseos y gustos momentáneo. Frecuentemente, resultan equivocados por
falta de conocimiento o de autodominio: a un niño se le puede engañar diciéndole que para que su
carácter no se reprima siga sus impulsos de ira golpeando a sus hermanas... -Tú no te reprimas y
dales fuerte, y verás qué a gusto te encuentras... A un niño se le pueden contrariar tendencias de
ira o de capricho en la comida para que sepa formar su carácter o se alimente con una dieta
equilibrada que no se reduzca a gominolas...
No todo lo que nos viene de fuera -heterónomo- es antinatural
40
.
No todo deseo que nos brota espontáneamente -autónomo- es natural. 
La conciencia personal es la que permite la autonomía de las acciones morales. Para
conseguirlo es preciso  instruirse sobre ese mundo de valores universales a los que nos referíamos
en la lección anterior, practicarlos o al menos intentarlo, y seguir los ejemplos y consejos de
personas expertas éticamente de fiar. Autonomía es la capacidad de aplicar cada valor universal
al caso concreto a través del juicio de la conciencia. Si fueran otros los motivos de ese juicio
personal (no la ley natural, sino los intereses, presiones del ambiente, el miedo a quedar mal...
                                                
40
Imaginemos que a un premio Nóbel conductor de su coche y experto en circulación viaria, le detenga  un
hombre analfabeto  contratado por una constructora durante las obras de una carretera. Aunque el Nóbel
sepa que aquel trabajador no sabe leer, le obedecerá para no provocar accidentes o padecer él mismo alguno
irremediable (colisionando contra otro vehículo, recibiendo el impacto de un barreno...). Lo inteligente y lo
que le permite realizarse éticamente también es obedecer del todo al operario.  Al obedecer no deja de ser
Nóbel ni tampoco su decisión resulta alienante o empobrecedora desde la perspectiva moral: todo lo
contrario es la postura más inteligente y la mejor desde la perspectiva ética. En el ejercicio profesional  de
la ingeniería, Secretariado de alta dirección, etc. hacer caso a otras personas más expertas supone siempre
una medida muy inteligente y de prudencia que facilita actuar con acierto.
68
etc.) estaríamos ya hablando de una actitud poco honrada, heterónoma en su acepción más
negativa.
Para conseguir una vida lograda o feliz cada uno ha de ejercitarse en conductas de
autocontrol positivo  que le permitan incrementar su autonomía o capacidad de hacer el bien
libremente y porque uno o una quiere, fortaleciendo de hecho el avance en el camino de la
felicidad. Cuando hablamos de autonomía nos referimos a  la actitud habitual que permite hacer
el bien en toda circunstancia con el arte de quien está provisto de hábitos buenos y responde, casi
espontáneamente, con acciones virtuosas en las diferentes situaciones. Un ejemplo de la vida
corriente: quien conduce un coche por primera vez parece que anda agarrotado al volante, realiza
movimientos rígidos e inseguros; precisa que el profesor o profesora estén dándole órdenes
constantemente. El conductor o conductora expertos  llevan el coche relajados, con el asiento
echado hacia atrás, evitan las brusquedades, prevén las situaciones sin frenazos violentos
consiguiendo acelerar oportunamente en un adelantamiento difícil para evitar el choque.
El deseo de ser feliz. Algunas hipótesis
Los griegos se plantearon ¿existe un deseo fundamental en la persona humana que sirva
para medir los deseos particulares, las aspiraciones e incluso las normas de una sociedad? Si ese
deseo existe, de qué se trata exactamente.
Hedonismo
Una primera respuesta antigua, pero que sigue vigente es la de los hedonistas:
“Lo que queremos en el fondo es lograr el placer y evitar el dolor, en definitiva sentirnos a
gusto”
Por tanto: lo bueno es lo que contribuye a conseguir el placer, lo malo es lo que pone
obstáculos al placer
41
. Aunque es una moral que tiene algo de razón, ya que antes de plantearnos
cumplir un deber hemos de desearlo, y para desearlo, además de ser bueno en sí debe
proporcionarme alguna satisfacción, ya que si no me produjera satisfacción alguna tampoco
podría desearlo, de algún modo ha de serme atractivo. El fallo del hedonismo es que sitúa el fin
de la actividad humana en la satisfacción inmediata) ese es el verdadero fin (absolutiza el placer 
y esto se denomina reduccionismo
42
). Concluye que todo el motivo de nuestro actuar moral es la
satisfacción. Es lógico que detrás de cada actuación encontremos satisfacciones de diverso tipo.
Aun así, defender que  zambullirse en  un río durante el  invierno para rescatar a un anciano a
punto de ahogarse tenga como único motivo la satisfacción del héroe, sin tener en cuenta el frío,
la suciedad del agua e incluso la histeria del anciano que puede estrangularle aferrándose a su
cuello, no resulta convincente. O que un estudiante permanezca toda la noche explicándole
Alemán o  Calor a  otro alumno a quien se le dan mal  estas asignaturas, únicamente por la
satisfacción de explicar, tampoco nos parece una razón definitiva del altruismo de ese
compañero... El hedonista radical defendería que incluso el sufrimiento que conlleva una acción
                                                
41
Mari Jose Peguero planteó  en el curso 1999-2000, cómo definir a las personas que disfrutan haciendo el
mal a otras. El profesor respondió que el término técnico es el de “sádico”. El sádico disfruta haciendo daño
a otros por una patología mental. En algunos casos esta actitud responde a personas de ánimo encogido,
envidiosas, con falta de autoestima que proyectan sobre los demás su descontento o mezquindades. Es gente
que pretende triunfar en la vida hundiendo a los otros, por ejemplo quitándoles la buena fama, hablando
mal de ellos, procurando marginarlos respecto a otros  de sus grupos para encumbrarse ellos/as. Es una
actitud poco noble que termina aislando a las mismas personas que pretenden hacer el mal.
42
  Analizando los placeres, encontramos que son medios, no fines. Si nos detuviéramos en cada placer como
motivo único o fundamental de la actuación, terminaríamos trastocando el sentido de la vida: “comer por
comer”; en el juego: “ganar por ganar”... etc. Este planteamiento hedonista no resiste la crítica del sentido
común.
69
que alguien realiza de modo heroico o altruista, en el fondo pretende el placer del masoquismo. O
sea, se busca el dolor porque el dolor produce placer en algunas personas o circunstancias...
Solución de Epicuro ante la imposibilidad del placer absoluto
Epicuro (341-271 a. C), el máximo teórico del hedonismo, sabía bien que el hombre tiene
otros motivos diferentes al placer en sus actuaciones, pero esto lo atribuía al estado de alienación
humana, no a lo que el hombre debiera ser por naturaleza. Además, comprobaba que los hombres
eran desgraciados ya que no alcanzan nunca lo que desean. Para evitar estas frustraciones,
aconsejaba a todas las personas ser hedonistas (ese era su presupuesto), pero como ese placer no
lo adquieren todos, y muchos se equivocan al intentar conseguirlo analizó posibles salidas, que
fueron interpretadas generalmente así por sus contemporáneos:
a) Una es la que puede permitirse por lo general la clase dominante: procura lograr en todo
un máximo de placer (refinamiento), no te prives de nada, si es posible,  de excelente calidad.
b) La otra solución, más asequible, más popular, y por lo tanto la  aconsejada por Epicuro:
Evita el dolor, y para ello procura tener pocos apetitos, para reducir el número de frustraciones
que vas a encontrar en la vida. Procura reducir tus apetitos para no frustrarte si no los
consigues. Además así, si llevas una existencia sana, higiénica, durarás más años, disfrutarás
más de la vida y continuarás pudiendo experimentar el placer. Reduciendo los deseos puedes
llegar a ser más feliz que otra persona que busca placeres fuertes y sofisticados. Esa persona,
para obtenerlos y encontrar cada día nuevas sensaciones va a vivir lo mismo que tú, y tendrá que
entrenarse para valorar esas nuevas experiencias, necesita más tiempo de vida, del que no
dispone, e incluso puede exponerse a más peligros: es más arriesgado comer una trompa de
elefante que tú mismo cazas en un safari que tomarte un aperitivo en tu casa con pepinillos y
aceitunas...
Epicuro plantea todo este ideal hedonista haciendo una llamada a la moderación, y
aconsejando una escala de bienes placenteros entre los que destaca, situándolos en cabeza, los
espirituales. Llegaba a valorar algunas virtudes y valores espirituales: benevolencia, amistad,
liberalidad que consideró fuentes de alegría, pero lo que echa a perder esta valoración es que los
reduce a la obtención del propio placer, y proponerse como objetivo único, absoluto o prioritario el
placer, estorba a la auténtica felicidad.
43
Abundando en sus ideas distinguía entre placer en movimiento y placer en reposo.
a) Placer en movimiento: Es el que surge de un sufrimiento que se elimina. tengo sed, bebo
agua, y elimino esa sensación desagradable de la sed. Es un proceso de menor calidad placentera
que el ideal hedonista resumido en el placer en reposo.
                                                
43
Durante las clases de 2000 se formuló la siguiente pregunta: ¿Qué se siente cuando una ayuda a alguien?.
Respondieron varias (Begoña Corcuera, Estíbaliz Ocón, Mari Jose Peguero, Eneritz Peñagarikano, etc.)
diciendo: satisfacción, alegría, autorrealización… Ahora bien, cómo discernir si en esa actitud una persona
no se está buscando a sí misma. Esta cuestión se la plantean algunas personas con frecuencia: ¿estoy
ayudando a alguien por hacer el bien, porque le quiero? o ¿actúo por  autosatisfacción?. Hay que suponer en
una primera fase que se actúa rectamente, y el consejo más acertado sería: -sigue haciendo el bien, y
rectifica la intención si experimentas que te estás buscando a ti misma. De todas formas, es normal que al
hacer el bien se experimente una gran satisfacción, porque nos hacemos mejores y somos más felices. Un
modo de rectificar la intención sería comprobable, si soy capaz de continuar ayudando a esa persona cuando
“no me apetece”. Esa perseverancia en el bien es una señal de rectitud. En TECNUN planteaba Mónica que
en ocasiones al realizar una acción a favor de otros, por ejemplo en un voluntariado se experimenta
cansancio, como resistencia a hacer aquello gustosamente. ¿Cómo superar esa sensación? El profesor dijo
que es importante no asustarse ante los pensamientos negativos que nos asaltan a la mente: mientras no
los consintamos y continuemos realizando el bien, aquello no tiene importancia: es un signo de nuestra
naturaleza humana debilitada por el mal, o por el cansancio. La misma perseverancia en la realización del
bien hacia otros termina haciéndonos recuperar esa actitud positiva interior que anhelamos.
70
b) Placer en reposo: no nace necesariamente de eliminar un sufrimiento. Ha de consistir en
un placer tranquilo. No resulta fácil encontrarlo en los gustos corporales ya que implican tensión.
Habla, por tanto de placer «más elevado» en el que aplica su mente para recordar el placer que ya
se ha obtenido y esperar el que se busca: la vida se pasa  alternativamente entre recuerdos y
esperanza de placeres en un intento de olvidar el sufrimiento padecido.
Frente a las hipótesis de Epicuro, otra observación general nos muestra frecuentemente
que el principio del placer es sustituido pronto en el hombre por la tendencia a la auto
conservación.
La autoconservación
En el animal, el instinto de conservación va unido al principio de satisfacción: al animal le
gusta lo que le sirve para su conservación y la conservación de la especie. El hombre puede
separar por la razón y la voluntad la satisfacción de esos impulsos de su fin natural que es la
conservación propia y de la especie: Puede beber por sólo placer. Puede separar la satisfacción
sexual de su función procreativa. El hombre se encuentra con un mundo abierto a infinidad de
posibilidades de satisfacción, pero también a innumerables castigos (sólo desde el punto de vista
natural), si pretende satisfacer indiscriminadamente sus apetitos: “Dios perdona siempre, los
hombres alguna vez, la naturaleza nunca”
44
La hipótesis de Freud sobre la felicidad
Quien analizó esta dialéctica entre deseos búsqueda de placer y su obtención o las
frustraciones ante la dureza de la vida fue Sigmund Freud. Explicó el desarrollo del psiquismo
humano con dos principios: el del placer y el de la realidad.
Desde niños, las personas humanas, según él, tenemos un arraigado impulso hacia el
placer, es una libido indeterminada que tiende al contacto corporal y a la unión. Pero los niños
experimentan que la realidad no corresponde a voluntad, automáticamente y sin límites a ese
impulso: la naturaleza no se acomoda a nuestros deseos, nosotros hemos de acomodarnos a ella.
Hemos de renunciar a algunos de nuestros deseos porque no podemos conseguirlos. Debemos
prescindir de unos deseos para obtener otros, y también porque algunos de ellos son perniciosos
para nuestra vida, y si queremos continuar viviendo debemos apartarnos de ellos. Aquí situaba
Freud el origen de la razón, sin esa resistencia de la naturaleza, sin este choque con la realidad,
en un país donde no hubiera dificultades, la razón no se desarrollaría. Ante esta hipótesis
Spaemann concluye: el hombre es para Freud un hedonista frustrado, ya que tanto las neurosis
como los desarrollos mentales y culturales tienen su origen en la frustración de nuestros deseos
de placer al chocar con la realidad. Detrás de cada realización cultural, Freud veía una
frustración, muchas veces la tendencia sexual reprimida. Ante lo bello, las obras de arte, la
misma religión, su sistema consiste en sospechar que la razón última o sustrato de aquello está
en las frustraciones.
45
                                                
44
Cita frecuente del Catedrático de Biología de la UPV Dr. José María Macarulla
45
  El pensador Ricoeur considera la actitud de Freud junto con la de Descartes o Marx como la de los
“maestros de la sospecha”: Descartes desconfiaba de los sentidos; Marx reducía todas las manifestaciones
culturales, e incluso las religiosas a las económicas, sospechando que lo cultural, la estética, etc., son
superestructuras sustentadas en las “infraestructuras” de los sistemas de producción económica, siempre
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