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Observaciones a la hipótesis freudiana
Se puede adelantar que la felicidad no consiste en conseguir un estado permanente
placentero en el que se eviten a toda costa las frustraciones, porque el “a toda costa” resulta
imposible y es un precio tan alto que impediría una vida lograda.
Como todo sistema de explicación reduccionista, el freudiano, tiene sus fallos. Si se buscase
sobre todo el placer y la sensación placentera, pongamos el caso de un hombre al que se le
mantiene atado en una mesa de quirófano y al que se le suministran descargas eléctricas con
unos electrodos aplicados al cráneo. Cada vez que recibe esas descargas desarrolla su capacidad
de experimentar placer, y así podría mantenerse la mayor parte de su vida ¿cambiaríamos
nuestra existencia concreta con sus mezclas de dolores y alegrías, por una situación
permanentemente placentera de este tipo?. ¿No hay algo más que el placer? ¿Qué es lo que define
la calidad de una vida plenamente humana?
Platón proponía un mito para explicar el papel de la razón y de  la virtud de la prudencia
en la consecución de la armonía entre placer y deber: Imaginemos un carro  tirado por dos
caballos: uno representa al deber (blanco), el otro (negro), a las tendencias sensibles, afectivas,
placenteras, etc. El papel de la razón  sería como la del auriga o jinete: tirar de las riendas para
alcanzar ese punto medio que evite una desarmonía. Más allá del mito, se descubre la
importancia de la virtud o valor de la templanza que permite el autocontrol de los placeres
sensibles concretamente los de más tirón: el sexual, el de la comida y el de la bebida.
Decía Aristóteles que la falta de control «consiste en buscar el placer donde no se debe, o
como no se debe. Y es evidente que el exceso de los placeres conduce al desenfreno y es
censurable».Tanto Aristóteles, Platón y los grandes pensadores éticos consideraron que dejarse
arrastrar descontroladamente por los placeres nos asemeja a los animales. Recordemos las
investigaciones de Arnold Ghelen que distingue al hombre del animal por la manera diferente de
responder ante los estímulos. El animal responde ante el estímulo con una reacción programada
inmediata, instantánea muchas veces y siempre la misma (instintos). La persona humana, ante
los estímulos de los sentidos responde o no responde, y muestra ser capaz de una infinidad de
respuestas por la desconexión en el circuito que aporta tanto la inteligencia como la voluntad
libres: no está condicionado. Ese no estar condicionado a los estímulos sensibles, es signo
también de la espiritualidad de la persona humana: manifiesta que en cada una y en cada uno
hay un principio capaz de trascender la materia. Si trasciende la materia indica que su
existencia no se agota en ese soporte material; puede continuar aunque el soporte desparezca por
la corrupción de la muerte.
Las dificultades, la dureza de la realidad no tienen porqué considerarse sólo fuentes de
frustraciones. Dimensión lúdica de la vida
A pesar de que con nuestra mediocre
vida no obtengamos constantemente el placer,
amamos la realidad, no sólo la soportamos, sino que la consideramos como un reto. En ocasiones
la afrontamos con ánimo deportivo: nos proponemos metas de superación, de mejora. Es más, no
experimentamos la realidad siempre y en bloque como algo adverso, sabemos leer en ella mucha
belleza, bondad, posibilidades de creatividad. Siempre encontramos mezclados en la vida real el
dolor y el placer, no podemos prescindir absolutamente del dolor sin desconectarnos de la
                                                                                                                                              
alienantes;  Freud sospecha que detrás de toda manifestación cultural o religiosa existe una frustración o
represión de las tendencias placenteras de la persona.
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realidad. Es más, el dolor nos avisa de los peligros de la vida, sirve para nuestra auto
conservación
46
. El placer puede acompañar a lo que en el fondo deseamos, pero no es lo principal.
Incluso, el que nuestra conservación esté en juego, le da sentido a la vida y valor definitivo a cada
uno de sus instantes: la vida es algo serio, si la consideramos un juego es un juego de verdad, en
el que no se hacen trampas para dejarse ganar. Qué rabia  y frustración suscita en  una niña o en
un niño, que su contrincante de tenis le diga: - has ganado porque te he dejado ganar, hasta
ahora, no me he propuesto ganarte nunca...  Nadie quiere que le “regalen” un aprobado o un gol.
Cuando la Escritura habla de Dios que juega con los hombres, no se refiere a que no se toma a la
persona humana en serio, sino que resalta el aspecto lúdico de la vida y de la lucha por ser
coherente con nuestra fe. Es un juego lleno de imaginación, belleza, con dificultades reales, pero
en el que tenemos a Dios con nosotros, quien desea que seamos felices y nos ama mucho
47
Esta idea de que la realidad ha de ser verdaderamente realidad y no ficción ayuda a
entender que la responsabilidad de cada uno de nosotros sobre su propio destino es auténtica y
definitiva: Nuestro futuro, por ejemplo depende, en gran medida, de nuestras decisiones
actuales. 
La muerte da sentido a la seriedad de la vida, al presentarla como algo definitivo, un
proyecto en el que nos jugamos todo
Incluso, nuestra conciencia de la muerte, da más sentido a nuestra vida. Imaginemos que
cada uno de nosotros tuviera la certeza de que nunca va a morir. A los trescientos años de vida,
por ejemplo, ¿qué valor concederíamos a cada una de nuestras jornadas? ¿Qué urgencia nos
plantearíamos para alcanzar metas de cultura, de aprendizaje, de hacer el bien a las personas
que nos rodean? ¿Cómo superar la pereza? Me daría igual hacer algo hoy que mañana
48
.
El sentido hondo de carpe diem es que ese momento no volverá: cada una de las
circunstancias de nuestra vida es, en cierto modo irrepetible. Ese aprovechar el momento puede
llevar a opciones superficiales, o a dar sentido, vibración de eternidad a todos los instantes de
                                                
46
Un autor ha llegado a escribir lo siguiente: ” (…) el hombre tiene más capacidad física y psicológica para
el dolor que para el gozo. Las leyes de Lehmann  han logrado describir la gráfica del sufrimiento y del
placer. Y, mientras el umbral inferior del dolor está por debajo del umbral inferior del placer, el umbral
superior de aquél supera al umbral superior del gozo. Con otras palabras, que mientras el hombre necesita
un mayor estímulo de placer para poder disfrutar de él, le basta un mínimo de sensaciones dolorosas para
percibirlas. Y, al contrario, la capacidad de sufrimiento se embota más tarde que la posibilidad de gozo. O
sea, que el hombre tiene psíquica y fisiológicamente más capacidad  de dolor que de deleite  y placer. De
aquí que todos los grandes gozos humanos acaben normalmente en sufrimiento. Es como si el hombre
estuviese hecho para sufrir y no para gozar, o como si las raíces de la existencia humana estuviesen
hundidas en la realidad misma del sufrimiento y del dolor para agotarlo” (AURELIO FERNÁNDEZ: El
mensaje moral de Jesús de Nazaret, PALABRA,  Madrid 1998, p. 308)
47
Cf. . Rafael HERNÁNDEZ URIGÜEN: «Hijos en el Hijo hacia la Casa del Padre. Aproximación a lo lúdico
como categoría teológica»,  en José Luis ILLANES et al.: El Dios y Padre de  Nuestro Señor  Jesucristo, XX
Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2000, XXII, pp. 456-457
48
  La idea de proyecto personal nace de ahí. Un proyecto es algo acabado, determinado: tiene principio y fin.
El proyecto vital se entiende si soy alguien que vive en la historia: tengo comienzo y fin, moviéndome en el
espacio y transcurriendo en el tiempo. Existo como un ser biográfico. Descubro en ese transcurrir mi
espiritualidad en el conocimiento y en el amor que me hablan de la inmortalidad y la llamada a una vida
eterna compartida para siempre con Quien me llama desde esa eternidad y es mi Tú. y se dirige a mí como
su “tú”. El transcurso de mi vida me permite plantearme metas en el espacio y en el tiempo que constituyen
“pequeños pasos” de todo mi Proyecto vital. Insisto que es un proyecto compartido, porque desde el primer
instante de mi existencia he sido llamado por el Amor a amar. Las dificultades, el sacrificio, sirven para que
el amor se fortalezca y descubra ingeniosamente caminos y atajos que le permiten llegar  a la meta final de
una vida lograda.
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nuestra existencia (Vibración de eternidad es expresión del San Josemaría, Fundador de nuestra
Universidad). 
Por eso, el conocimiento de que nuestra vida terminará, la amenaza de la muerte
-si
queremos darle una expresión más dramática- ayuda a conceder plenitud a nuestra existencia.
Por lo tanto, ni la auto conservación, ni el placer son el sentido definitivo de nuestra vida, ya que
no los deseamos a cualquier precio.
El placer a cualquier precio y la auto conservación sobre todas las cosas: sus consecuencias
sociales.
El placer a cualquier precio, y la auto conservación por encima de cualquier meta humana,
en su proyección social llevan a crear políticas que no favorecen el pleno desarrollo de la persona,
incluso pueden cooperar a su destrucción
49
.
Una política que fomente y permita sin límites las aspiraciones al placer y a la libertad
individual de la persona humana, terminará lamentando el atropello mutuo que tal permisividad
provoque: los partidos europeos radicales, a mediados de los años 70 promovieron la legalización
del consumo de drogas. Ese permisivismo provoca efectos perversos, ya que aumenta la
drogadicción, y la delincuencia. 
Cuando el sistema de libertades se perfecciona tanto que se pone por encima de él la auto
conservación, todo se subordina a la auto conservación, y todo se sacrifica al sistema a lo que el
sistema considera digno de conservarse (excesiva presión del Estado sobre la persona individual,
y sobre los organismos intermedios). Cuando la conservación se convierte en el “motivo”
fundamental de las políticas, el estado invade terrenos de la iniciativa privada: familia,
educación, sanidad, cultura, etc. porque sospecha que todo lo que no esté bajo “control” puede
resultar peligroso. Olvida el llamado principio de subsidiariedad que  se resume afirmando que el
Estado sólo debe intervenir allí donde no llega la iniciativa privada. Es un principio que permite
la libertad y autonomía de las personas  y organismos intermedios. En los países del área
musulmana estas intervenciones del Estado se traducen en  fundamentalismos: intentan legislar
todas las leyes civiles, por ejemplo, aplicando el Corán. Incluso, en los países que no son
musulmanes se cae en “fundamentalismos laicos” que se vienen a llamar: “lo políticamente
correcto”. Ya no importa tanto que una actitud sirva a la realización de la persona, o al bien
común, sino que esté “políticamente bien vista”. Por su parte, las políticas llamadas de
“derechas”, liberalismo a ultranza, acentúan tanto las libertades individuales que rechazan, en
ocasiones, intervenciones estatales que serían justas si se mira al bien común. De todas formas,
estas dos posturas, ya no se dan en “estado puro”, porque muchos gobiernos socialistas permiten
la libertad económica, y se decantan hacia una “social democracia”, aunque al mismo tiempo,
fomentan unas actitudes individuales de cierto libertinaje sexual, y junto con esto, se entrometen 
a fondo en la educación, en la sanidad, etc. intentando imponer su modelo, muchas veces
“laicista” o en desacuerdo con lo que sería una visión más cristiana de la vida. Otros gobiernos de
“derechas”, coinciden con los socialistas en el “permisivismo sexual”, la libertad económica, pero
fomentan también políticas sociales  que asisten a los ciudadanos para que no se desintegre el
estado del bienestar. Hasta ahora, estas dos concepciones de la ética han inspirado lo que se ha
                                                
49
  Como ejemplo podríamos considerar las campañas de tráfico para evitar la alcoholemia: “si bebes, no
conduzcas”. Más adelante el lema terminó siendo: “Si has bebido, cógete un taxi”... No se atreven a decir “No
bebas”, ni a explicarlo como un valor humano asequible: “Sé sobrio, no bebas. Así evitarás autodestruirte.
Así conseguirás recomponer la paz familiar. Así crecerás en autodominio. Así podrás compartir tu dinero, te
sobra tanto..., con las personas necesitadas...” No se busca una “vida lograda”, sino la autoconservación,
manteniendo al máximo el placer. Lo mismo podría decirse de las campañas promotoras de preservativos o
anticonceptivos, bajo el lema de “sexo seguro” (lema falso, porque nunca es seguro), se elude afrontar la
virtud de la castidad y se tiene miedo a una auténtica “ecología de la sexualidad”.
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denominado políticas de derechas (permisividad individual al máximo) y políticas de izquierdas:
(intervencionismo excesivo del Estado)
50
. Aunque paradójicamente, ser de izquierdas, o
progresistas en los países del Telón de acero, antes de su caída, suponía estar contra el régimen
imperante, y ser de izquierdas en los países de libre mercado, suponía ser comunista... Por eso, el
filósofo Karl Popper, en una conferencia pronunciada en Sevilla, en el año 1992, propuso acabar
con esta clasificación de derechas e izquierdas. Él, como intelectual, se había desengañado de su
anterior militancia comunista.
Si nos paramos a pensar vemos la falacia de estos reduccionismos que crean confusión. Se
llama “conservador” al que es liberal en lo económico, y a la vez “conservador” en los valores
familiares, a veces en los sexuales, etc.
Se llama "progresista” al que es socialista en lo económico, liberal en lo sexual y estatalista
en lo educativo, salud, cultural, etc.
¿Alguien se atrevería a denominar conservadores a los miembros de Green Peace, porque
defienden  la conservación del equilibrio medioambiental?
¿Porqué llamar conservadores a los que defienden la vida humana desde el primer
momento de su concepción?
¿Dónde situar el “conservadurismo” y dónde poner el “progresismo”?
Ni el capitalismo individualista, ni el colectivismo socialista consiguen en absoluto la
felicidad de las personas y sociedades, ni una vida lograda en lo humano.
Adelantaré, junto con Spaemann, que todo sistema excesivamente rígido, el que no sabe
adaptarse a la realidad, el que no dispone de mecanismos de corrección, termina hundiéndose.
Por el contrario el que se acomoda demasiado, el que va demasiado lejos, en expresión popular,
termina perdiendo su identidad, y también desaparece. Es difícil ese equilibrio. Pero en el fondo,
lo importante es que el endurecimiento del instinto de conservación impide una vida humana
lograda, ya sea por su continuismo rígido, como por su adaptación o acomodo excesivo.
En el fondo, estos sistemas sociales o políticos responden a dos actitudes psicológicas: la
conservación y la realización, y están caracterizadas las dos por el miedo a desaprovechar algo, y
por el miedo a perderlo. En las izquierdas y las derechas, con los matices expuestos antes,
encontramos esta tipología tendencial: el principio de placer y de realidad y el de realización y
conservación.
En los años 68, culmen del desarrollismo, Marcuse pensó que el principio de la realidad de
Freud iba a perder vigencia por el crecimiento de la sociedad de la abundancia: capaz de
corresponder a todas las demandas de deseos del individuo. Pero la crisis del petróleo de 1973 y
la económica general que asoló a Europa en los años 80 desmintió esta previsión optimista (los
felices años 60 no podían durar para siempre, ni aportar una felicidad profunda...). Aun así, esta
crisis ha venido bien para corregir esa tendencia a considerar la felicidad humana como
búsqueda sin límites de placer subjetivo. Más recientemente hemos podido comprobar los efectos
desestabilizadores de los atentados de Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001.
Han afectado incluso al equilibrio de  la economía mundial. Este hecho doloroso está provocando
preguntas a muchas personas en todo el mundo: ¿Qué valor tiene la vida?. ¿Por qué el estado del
                                                
50
Para evitar esta anulación del individuo por parte de la máquina estatal, conviene tener en cuenta el
principio de subsidiariedad. Un autor lo explica así: "El principio de subsidiariedad se debe aplicar, en la
práctica, dando siempre preferencia a los grupos sociales intermedios, de menor a mayor, y respetando el
ámbito propio de cada comunidad natural y de cada asociación libre. Lo que pueda hacer la familia no lo
hará la escuela y lo que pueda hacer la escuela no lo hará el Estado. Lo que pueda hacer la empresa privada
no lo hará la empresa pública. Lo que pueda hacer el municipio no lo hará la región y lo que pueda hacer la
región no lo hará el gobierno central de la nación. Y así en todos los órdenes de la actividad humana, para
que haya tanta sociedad como sea posible y tanto estado como sea necesario” (Juan Luis Cipriani,
Catecismo de Doctrina Social, Palabra, Madrid, 1989).
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bienestar es tan vulnerable? ¿Ha dejado de ser eterno, como muchos pensaban, el sistema
actual? ¿Porqué se acaban las cosas de este mundo tan rápidamente? ¿No hay algo definitivo o
verdaderamente permanente? ¿Dónde está?.
Estas crisis han hecho reflexionar sobre la necesidad de ser menos consumistas (se plantea
todo el problema de la degradación ambiental, de las economías sostenibles...) y de ser más
solidarios: pensando que el derroche de bienes de las sociedades ricas constituye un insulto para 
los pobres del mundo, y es urgente otro planteamiento de le economía, la cultura y la producción
que ayude al Tercer y Cuarto Mundo a alcanzar su desarrollo. También han replanteado la
necesidad de hacer justicia a  continentes y pueblos que muchas veces han padecido y padecen
verdaderos atropellos y no cuentan para nada en los foros de decisión mundial. Sin justicia, con
pobrezas y hambrunas  resulta imposible la paz. También se estudian las raíces del fanatismo y
la espiral del terror.
Papel de la educación ante estos principios básicos. La realidad como punto de referencia
El encuentro con la realidad, que no tiene por qué ser encontronazo, hace que nos
planteemos de modo realista el bien, y que, en definitiva, descubramos la relación que existe
entre el bien y el hacer justicia a la realidad.
En el fondo, la educación consiste en ir introduciéndose en la realidad contrastándola con
el mundo subjetivo de emociones, impresiones, deseos, y aceptándola, descubriendo que ella es
como es, y goza de independencia respecto a nuestros deseos. Los buenos pedagogos aconsejan a
las madres que no lleven el pan a la mano de los niños, cuando lo piden, sino que enseñen a los
niños a levantarse a buscarlo y cogerlo. Así desde niños se aprende que las cosas no responden
automáticamente a nuestras órdenes, y  que cada uno de nosotros debemos aprender a tomar
decisiones y autodeterminarnos: Abuela en un supermercado con su nieta de unos siete años:
Amona, cómprame un chupa-chups. - Yo no, tú págatelo con el dinero que te di ayer. -Amona, por
fa, cómprame un chupa -chups. -Si es con mi dinero, elige entre el chupa chups o el chicle que te
he comprado antes, y vas y dejas el chicle en el stand... (Me pareció una gran pedagoga). 
Otro ejemplo: El niño que se choca con la cabeza en un cajón. La madre buena pedagoga,
cuando el niño pegue golpes con la mano al cajón le dirá: “-No pegues al cajón, que él no tiene la
culpa. El único que tiene la culpa eres tú. La próxima vez anda con más cuidado”. Una mala
pedagogía consiste en llamar malo al cajón y que la madre dé coscorrones a la madera... eso
deseduca al niño, le hace relacionarse con la realidad de una manera ilusa.
Valor de las dificultades. Su contribución a la creatividad y desarrollo humanos
Solamente ante una realidad que nos ofrece resistencia, podemos desarrollar nuestras
fuerzas y capacidades, y de ahí surge la creatividad, por lo tanto se obtiene alegría y uno puede
crecer en felicidad. Un descubrimiento científico, una creación poética que ha costado en su
inspiración, una canción compuesta con dificultades. Nos sirven como ejemplo Los Beatles;
cuando grabaron su primer disco lo hicieron de una sentada en doce horas de estudio: desde las
10 de la mañana hasta las 22.00. h. La última canción, Twist and shout, exigía mucha intensidad
gutural, y Paul Mc Cartney tomó una pastilla para la garganta, pero la cantó, a última hora, con
fuerza. Fue su primer long play y su primer éxito. Mocedades
51
, a comienzos de los años 70,
cuando se propuso grabar su primer long play me contaron que ensayaban 18 horas al día. Todos
estos esfuerzos en los que se mezcla el placer artístico y el dolor produjeron obras de arte, y  la
satisfacción a los protagonistas de realizarse con un trabajo bien hecho.
Ante las dificultades, cada uno de nosotros nos sentimos “sujetos activos” que no se dejan
llevar por las circunstancias. La solución no me viene dada de antemano,  buscamos la solución,
                                                
51
  Más tarde: “El Consorcio”
76
en la mayoría de los casos “soluciones”. Picasso, Dalí, Chillida, como artistas han sabido afrontar
los problemas que las técnicas pictóricas o escultóricas les planteaban y cada uno ha expresado
una gran creatividad. Chillida, incluso llevaba trabajando en la figura del “Peine del viento”
desde antes de los años 50 con diseños muy diversos, hasta que realizó su gran obra,
aprovechando esa explanada que se abre desde el Antiguo al mar, e incluso sacándole partido al
viejo colector de aguas residuales de Donostia, y convirtiéndolo en la vía para que el agua
accediera a los siete agujeros que recogen los sonidos de las olas, y salga pulverizada y con fuerza
en las pleamares.
Las alegrías más profundas de nuestras vidas se relacionan con el desarrollo de nuestras
fuerzas y capacidades  (Spaemann).
Por eso si recordamos aspectos de nuestro aprendizaje, no sólo vienen a la memoria los
sufrimientos, y quizá no principalmente esto, sino la gratificación de ir enriqueciéndonos en
habilidades haciéndonos más capaces de avanzar en el conocimiento, etc. No es justo calificar al
encuentro con la realidad absolutamente como un choque o encontronazo.
La mujer madre y nuestro primer encuentro con la realidad
De hecho, nuestro primer contacto con la realidad ha sido, generalmente a través de una
mujer que nos trataba con cariño, una madre
52
. Por eso, podemos afirmar que nuestro primer
contacto con una realidad independiente y distinta de nosotros ha sido algo, mejor dicho alguien
amistoso y favorable (Spaemann). La ciencia psicológica habla de una confianza originaria.
Formarse inicialmente en un mundo sano, y recordarlo con agrado, permite más tarde el contacto
crítico con ese otro mundo viciado y agresivo, sin que ese impacto resulte traumatizante
53
. El
                                                
52
El profesor resaltó la importancia de la presencia de la mujer en todos los ámbitos del trabajo, cultura y
sociedad. Insistió en la urgencia de conseguir una real igualdad de oportunidades, como quedó claro en los
comentarios de texto que  se hicieron en febrero. Acentuó la riqueza del “modo” de trabajar femenino que si
faltara dejaría empobrecida a toda la sociedad, la cultura y el mundo laboral. Mari Jose y Eneritz
preguntaron por qué la Iglesia no admite a las mujeres al sacerdocio. El profesor respondió que el sacerdocio
católico es una vocación (llamada de Dios), no una aspiración humana profesional o laboral. Dios llama a
quienes quiere. Jesús llamó sólo a varones y los ordenó sacerdotes en la última cena, para que le
representaran en la celebración de la Eucaristía, la absolución de los pecados y la proclamación del
Evangelio en su Nombre: “Esto es mi cuerpo” pronuncia el sacerdote en la Consagración de la Misa (Es
Cristo quien pronuncia estas palabras a través de ese hombre que le representa); “Yo te absuelvo de tus
pecados” dice el sacerdote en el Sacramento de la Confesión (es Cristo mismo quien habla por su voz). Cristo
se encarnó como varón y el sacerdote, al representarle asume también esa dimensión de Jesús hombre. El
sacerdote no es más que una mujer, ni que cualquier otro miembro laico de la Iglesia. Sí es “distinto” al
recibir el “carácter sacerdotal” que marca su alma para siempre configurándolo con Jesucristo Cabeza de la
Iglesia. Por lo tanto tiene el sacerdote la obligación de representar a Jesús Esposo de la Iglesia, Siervo de
todos, que da la vida por los demás. El sacerdote está al servicio de todas y todos los demás fieles y de todos
los hombres y mujeres para ayudarles a crecer en santidad. Si representa al Esposo (Jesucristo) que se
entrega a la Esposa (Iglesia), el sacerdote “re-presenta” (vuelve a hacer presente) con más claridad como
“signo vivo” a Jesús también como varón. Podemos recordar que cualquier sacramento es un “signo” sensible
de la gracia que el Espíritu  Santo nos entrega. El sacerdote ha de facilitar la presencia viva de Jesucristo
(esposo, siervo) hasta el final de los siglos. Por supuesto, el ser varón no agota toda la representación que el
sacerdote está obligado a testimoniar de Jesús, porque lo más importante en el cristianismo es el Amor, la
caridad hacia Dios y hacia todos los hombres y mujeres, y en esta virtud teologal de la Caridad se cifra la
santidad cristiana.
53
En el curso 2001-2002, después de proyectar un vídeo sobre el amor humano en ISSA, se suscitó el
siguiente diálogo. Establecimos que para preparar bien el Matrimonio, hay que cuidar el noviazgo. En el
noviazgo conviene conseguir actitudes de sinceridad, limpieza, ternura y respeto. Nos encontramos en un
momento cultural difícil, ya que  en el modo de divertirse muchos valores brillan por su ausencia. Edurne
Iñarra acentuó la conveniencia de dejar las cosas claras durante el noviazgo para que el hombre más tarde,
siendo ya marido, respete siempre la dignidad de la mujer. Otras alumnas insistieron en las dificultades
77
escritor donostiarra José Luis Olaizola, recordaba: En mi primer recuerdo de infancia me veo en
brazos de mi hermana Ramonita, rigurosamente vestida de luto porque nos acabábamos de
quedar huérfanos de madre, sobre todo yo que sólo tenía un año cuando ella murió. (Sus
hermanos mayores ponían en tela de juicio que se pudiera acordar un niño de 1 a 2 años) Hasta
que Juan Antonio Vallejo-Nágera me sacó de dudas. (...) me contó que el primer recuerdo que
tenía de su infancia era, a la edad de un año, tumbado en una cama grande de un hotel de
Alicante, sobre un colchón de miraguano, que su madre y una tía impulsaban, para hacerle reír,
lo que a su vez provocaba sus risas.” (Cuando Olaizola se lo intentó rebatir aludiendo a los
argumentos de sus hermanos, respondió Vallejo N): -no es que a esa edad se tengan recuerdos
continuos o hilvanados. Es como una ráfaga que ha registrado tu cerebro; luego se crea un vacío
en la memoria que alcanza hasta los cuatro o cinco años, edad a la que ya se suelen tener
recuerdos precisos. Entonces le conté lo que me sucedió a esa misma edad y me confirmó:
-No lo dudes; esa ráfaga que registró tu cerebro existió y no fue fruto del azar sino que
corresponde a alguna característica muy definida de tu vida. Si te he contado lo de Alicante es
porque ese primer recuerdo de mi infancia, casi de mi época de lactante, responde a mi capacidad
de proyección sentimental. Mi risa les impulsaba a reír a mi madre ya tía Aurora; es lo que se
llama eco de transmitir sentimientos a los demás. Lo he tenido siempre y me ha servido de
mucho en mi función docente, como en la de psiquiatra, y no digamos en la de escritor.
Recuerdo que se quedó pensativo y añadió:
-¡Qué gran responsabilidad, ante Dios, tener esa capacidad y no aprovecharla bien! Y no
digamos si la empleas mal.
Si Juan Antonio interpretó esa primera ráfaga como representativa de su capacidad de
transmitir sentimientos a los demás, en mi caso interpreto yo la mía como la prioridad absoluta
que en mi vida ha tenido, y sigue teniendo, la familia. La necesidad de estar integrado en una
familia, el convencimiento de que la familia es la comunidad ideal para que el hombre y la mujer
puedan desarrollar sus capacidades de amar y ser amados”
54
.
Hay datos antropológicos que retrotraen estas experiencias a estadios anteriores de
nuestras vidas, cuando todavía nos encontramos en el vientre de nuestras madres
55
.
Los médicos y biólogos saben en la actualidad que el cerebro crece en su mayor parte
durante los tres primeros años de vida de un niño: el volumen cerebral de un niño de tres años es
de 960 cm3, mientras que el de un adulto (20 años, en el que se alcanza la máxima capacidad
cerebral no sobrepasa los 1.200 cm3,  aumenta sólo 240 cm3 en 17 años)
56
. La presencia de la
madre en este período es definitiva, porque: “Como el niño nace sin historia -y por lo mismo
también casi sin naturaleza- el rostro de la madre, el lenguaje, las caricias e innumerables cosas
más de su entorno más inmediato, todo ello es absolutamente nuevo para él y contribuye, por
tanto, decisivamente a ese rápido desarrollo del cerebro, órgano central del hombre al que
podríamos calificar como sede biológica de la persona en cuanto ser cultural. Por esta misma
razón la medida o la experiencia del tiempo es también en el niño totalmente diferente a la del
                                                                                                                                              
que encuentran entre los chicos porque muchos de ellos manifiestan notables faltas de madurez: no se
aclaran en sus sentimientos, o en otras  ocasiones juegan con las chicas para sencillamente pasar una noche
de cualquier manera. Lourdes Martín, refiriéndose al vídeo consideraba que el amor humano ofrece unas
dimensiones muy difíciles de definir: tiene algo de inefable. El Profesor  corroboró las anteriores
intervenciones y añadía a la de  Lourdes que junto a la inefabilidad del amor humano, al ser un valor que
posee unas características propias conviene también acentuar su verdad: qué es el verdadero amor y no está
de más ofrecer algunos criterios objetivos. Irache Martínez se planteaba si es posible el “amor eterno”. El
profesor respondió que el amor humano es duradero cuando se basa en la verdad, el respeto mutuo, la
ternura y se cultiva a diario sabiendo vivir también el espíritu de sacrificio.
54
JOSÉ LUIS OLAIZOLA: Un escritor en busca de Dios.  p. 27-28.
55
Cf. MANUEL CABADA: ”La vigencia del amor”  Edit. San Pablo, Madrid 1994.
56
Montagu, citado por M CABADA (o cit. pp.: 50-51)
78
adulto, en relación con la novedad y consecuente intensidad de la vivencia infantil de las cosas”
57
.
Estas experiencias crean en el niño como una “segunda naturaleza”, ya que se mantiene como
algo evidente y con una firmeza extraordinaria siempre (aquí coinciden los modernos pensadores
y Santo Tomás de Aquino
58
). Otro autor, Laing afirmaba: Toda la diferencia que existe en el
mundo no es más que la diferencia entre ser bien recibido o mal recibido, es decir, entre un
entorno que acepta y otro que rechaza”
59
. Y añade Cabada: Surge aquí la esencial paradoja
antropológica de que la libertad individual depende en sí misma, en su propio surgimiento y
estructuración de otras libertades
60
. Frente al conductismo, que rechaza la afectuosidad de los
primeros años por considerarla atentatoria contra la libertad del niño,  se ha demostrado que no
surge libertad sin dependencia de otras libertades que acogen y aman
61
.
Esta necesidad de cercanía de la madre, actualmente encuentra el siguiente problema por
la práctica habitual de algunas clínicas: Tras seccionar y atar el cordón umbilical, se muestra el
niño a la madre y se le traslada a una sala especial denominada nido, pese a que en ella el recién
nacido recibe de todo salvo ternura. Se le pesa, se le mide, se anotan sus características físicas y
otros rasgos, se le coloca un número en torno a la muñeca, y se le deja llorar hasta la saciedad en
una cuna. Quedan así separadas dos personas que en ese preciso momento se necesitan más que
nunca la una de la otra
62
. La actitud afectiva de la madre es percibida por el niño y le facilita su
toma de conciencia y su aprendizaje. Ante una experiencia afectiva, la persona humana reacciona
siempre de una manera afectiva, y en el caso del niño durante los tres primeros meses, sus
experiencias se limitan al afecto, por lo que son mucho más agudas que en un adulto. Spitz que
afirma lo anterior, concluye: La actitud afectiva de la madre será, pues, la que sirva de
orientación al lactante. Se puede recordar que actualmente el concepto relación define, en gran
parte, el constitutivo de la persona humana, y se ha demostrado que un recién nacido de 2 a 6
días presta mayor atención que a cualquier otra cosa a un disco decorado con los rasgos
humanos. Antes de cumplir el mes, el niño ve con nitidez hasta ocho pulgadas, y el resto lo
aprecia sólo borrosamente: es la distancia a la que suele quedar el rostro de la madre,
aproximadamente, mientras el niño toma el alimento que ella le proporciona. Así, al tomar el
pecho o el biberón, el niño, además de alimentarse percibe y fija el rostro personal de quien le
cuida y le quiere. Se ha demostrado que los ojos del niño no se fijan ni en el biberón ni en el pecho
de la madre, sino que se dirigen espontáneamente a los rostros humanos (la madre, o la persona
que le alimente) (HASSENTEIN y SCHAFFER). Los ositos y demás peluches se denominan
objetos transicionales (de 4 a 12 meses) porque sustituyen de algún modo a la madre ausente y
representan para él la realidad independiente de sí mismo. Fomentan su creatividad, capacidad
de simbolismo, le permiten transitar hacia la realidad: él se siente protector del osito (reproduce
la actitud de su madre, y de algún modo, le da vida con su fantasía) (ROF CARBALLO y otros).
Las teorías difieren aquí (unos autores defienden la función transicional y otros se quedan sólo
en la sustitutoria). El principio 6º de los Derechos del niño declarados por la ONU en 1979 piden
que cuente, siempre que sea posible, con el amparo de sus padres, y en cualquier caso con un
                                                
57
  Ibid. p. 51
58
Cf.: Suma Contra los Gentiles, I, c. 11
59
R. LAING, Las cosas de la vida, Crítica- Grijalbo, Barcelona 1978, 44 Cit. por CABADA, oc. p. 52.
60
Oc. pp. 52-53
61
CABADA: Ibid. p. 53
62
MONTAGU
Cit. por CABADA en p. 55. En la actualidad cada vez está más extendida la práctica
hospitalaria de no separar a los recién nacidos de sus madres situándolos, cuanto antes y en la medida de
las posibilidades, muy cerca de éstas. Soluciones prácticas de algunos hospitales y clínicas de maternidad
han consistido en colocar a los bebés en cunas giratorias que permiten atenderlos médicamente en otra sala
sin desplazarlos lejos de la habitación de la madre. El sistema se parece al de los “tornos” antiguos que
dejaban comunicar objetos a los dos lados de un muro.
79
clima de afecto y protección: salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de
corta edad de su madre
63
.
Autores como Montagu atribuyen una gran importancia a las caricias sobre la piel de los
niños proporcionadas por las madres. En los mamíferos, las lengüetadas de la madre activan
muchas funciones fisiológicas de la cría y además ese contacto post-parto, permite que la madre
reconozca después a sus crías. En el caso humano, la duración del primer parto (unas 14 horas, y
de los sucesivos -8 horas-) supondría el equivalente a esas caricias. El tacto es importantísimo
para el feto. Si la madre coloca las manos sobre su vientre, el feto percibe el afecto, y permite que
el parto se reduzca a dos horas, según el doctor Aguirre de Cárcer. Las caricias posteriores son
como una continuación de todo este proceso. En algunos pueblos primitivos, que el niño vaya
constantemente portado en la espalda o pecho de la madre en un cabestrillo o paño, permite que
durante meses no pierda ese contacto y afecto y constituye una cercanía muy beneficiosa física y
mentalmente
64
. La relación es recíproca y tanto la madre influye en el hijo, como el hijo en la
madre. Esta interacción forma lo que ROLF CARBALLO denomina la urdimbre primigenia sobre
la que se irán tejiendo luego todas las fibras de la personalidad humana.
Esta cercanía y afecto de la madre, transmite una seguridad al niño que le permite
sentirse libre y lanzarse a explorar la vida en sus fases  posteriores de aprendizaje
65
.
                                                
63
Cit. por CABADA,  en pág. 58
64
Ibid.: p 64)
65
Itziar Estévez Latasa planteaba en TECNUN lo siguiente: ¿Qué lugar ocupa la afectividad del padre
durante los primeros meses de vida del recién nacido frente a la relación con la madre?. El profesor
respondió: La presencia de la figura paterna es fundamental, ya desde los primeros instantes de vida. En
efecto, incluso se considera  beneficiosa después la presencia del padre durante el parto. Más adelante el
padre establece un vínculo entre el contacto con la madre y el contacto con el resto de la realidad que
enriquece la relación del niño con el mundo. De este  modo, el padre ayuda al niño o a la niña  a no
permanecer en una excesiva dependencia con la madre. Así, la presencia del padre en los primeros meses,
proporciona un equilibrio imprescindible para la futura formación del recién nacido. Alberto Ansorena
planteaba si  los niños aportan también a los padres, algo que les enriquezca. El profesor respondió que en
todas las relaciones humanas, se establecen vínculos que superan los planteamientos sujeto-objeto, ya que
siempre resultan bidireccionales. El niño aporta a la madre características que la enriquecen en su
dimensión materna: le hace crecer en “maternidad”: crece su ternura, su agudeza ante las necesidades de la
persona, desaparecen las reacciones de crueldad, etc. También el padre adquiere nuevas cualidades,
siempre que deje “implicarse” por la madre en la atención hacia el bebé: el hombre tiende a implicarse
menos en la educación de los niños y la mujer puede ayudarle en este sentido: el hombre aporta su ternura
masculina, ayuda a la criatura a proyectarse hacia el futuro en la acción, le hace experimentar la fortaleza
propia del hombre. El padre termina adquiriendo mayor empatía que le permite no sólo educar con afecto a
sus hijos, sino  tratar a las otras personas también empáticamente sabiendo ponerse en su lugar. Ana
Ramón planteó el problema de la depresión post-parto e incluso la sensación de odio que algunas madres
experimentan ante el recién nacido. El profesor respondió que esta situación puede superarse con un
adecuado tratamiento, y también manifestando un particular afecto por la mujer que está más sensible
después de dar a luz. El marido juega un papel muy definitivo si se ocupa de ella afectuosamente y de
verdad.  Respecto a la actitud de “odio” de la madre hacia el bebé,  suele darse en algunas ocasiones una
reacción de cierta fobia (más bien una mezcla de amor-odio) que  puede encontrar sus causas en el dolor, la
preocupación antes de dar a luz... Siempre el marido podrá paliar esta reacción ocupándose de su mujer y
sabiendo estar atento a los detalles con amor y sinceridad. Rodrigo del Pozo García recordaba algunas
hipótesis psicológicas que  consideran el parto como un momento traumático para el bebé. Según algunos
psiquiatras ese trauma de separarse de la madre, marca  al niño para toda la vida. El profesor respondió
que es sólo una hipótesis, que no se ha comprobado. Además el afecto que la criatura recibe en el post-parto
y en sus primeros meses, si es equilibrado, permite ir sanando los posible sufrimientos inconscientes y
proporcionándole una plataforma que le permita ir siendo “ella misma” si intervienen el padre y otras
personas que le ayuden a irse “desapegando” de la madre (sin dejar de quererla, y sin quitarle tampoco su
papel primordial). 
80
Muchos autores, defienden que a los niños se les proporciona actualmente más cosas que
relaciones personales de calidad, por lo que terminan valorando más a los objetos que a las
personas, y crecen faltos de capacidad empática, les puede costar la solidaridad. El problema se
agudiza porque los medios de comunicación “han estetizado la violencia” transformándola en un
entretenimiento en una “sensación sin sentimiento, una estética que es anestésica”
66
.
“El niño nos quiere a nosotros, no nuestras cosas”
67
.
Dice Baeck: “El niño, inicialmente sólo conoce personas, es decir, seres que le miran, que le
hablan, que le oyen; no conoce todavía cosas; el neutro no entró todavía en su mundo”
68
. Antes
reconoce el rostro humano que el biberón: el biberón lo reconoce dos meses después que el rostro
humano
69
. Ainsworth afirma que por encima de cualquier otro estímulo de calidad: imágenes
televisadas, músicas grabadas, el estímulo más fundamental es la madre,  y las deficientes
relaciones con ella son las causas fundamentales de la privación sensorial o ambiental
70
.
Coinciden que la mirada de los niños se dirige hacia las cuatros semanas de vida hacia los rostros
humanos, antes que hacia otros objetos, y alrededor de las catorce semanas prefieren mirar el
rostro de la madre que el de otras personas
71
. Esa preferencia por la persona es la que motiva al
niño como a “dar vida” a los objetos a los que considera dotados de conciencia, ya que ve en ellos
la prolongación de la madre que le acoge y le quiere
72
.
Frente a las posturas psicoanalíticas que reducen las relaciones personales o de amor a
intereses “orales” o de alimentación, actualmente todo apunta  a la prioridad por lo personal.
Bowlby ve en la relación hijo madre, no una clase de “dependencia” sino de vínculo afectivo o
apego. No es que busque la cercanía con sus iguales porque le alimenten (los psicoanalistas
llaman a esta actitud “impulso secundario”). Hemos recordado antes que el niño busca primero el
rostro y después el biberón. Se ha demostrado, hasta en los animales que aunque la madre sea
sustituida por una perfecta alimentadora, la cría y mucho más el niño, lo que busca es el afecto.
Los niños seleccionan su atención principalmente  hacia la madre, aunque haya otras personas
que les alimenten. Schaffer demuestra que no importa tanto el tiempo o muestras exteriores que
un adulto dedique a un niño como el “trasfondo de amor” que descubra tras esas atenciones
73
.
La reducción freudiana a los intereses dictados sólo somáticamente como determinantes de
la conducta del niño queda superada por estas comprobaciones de la importancia que la relación
personal y afectiva de la madre aporta como contribución positiva y personal. Incluso en los
animales los pezones de las hembras sirven para dar seguridad a las crías que se agarran a ellos,
o succionan sin buscar alimento, sino seguridad
74
. Dedican más tiempo a la succión no
alimenticia  que a la que les proporciona alimentos (Bowlby). Los niños también. De hecho, el
beso, que pudo tener  un origen en la evolución humana de dar de comer boca a boca, pasó a
significar “dar de vivir” “dar afecto con la boca” y no ya “dar de comer”
75
.
Función de la sonrisa
                                                
66
A. MONTAGU- F. MATSON, Cit. por Cabada en p. 76
67
CABADA, ibídem.
68
Cit. por CABADA, p. 77
69
SPITZ, cit. por CABADA, p. 77
70
CABADA, citado en p.78
71
BOWLBY, citado por CABADA, p. 79
72
Ibid. p. 79
73
Ibid, p. 84
74
Ibid, p. 85-86
75
CHOZA, cit, por CABADA, p. 86-87. Compárese este sentido del beso contrapuesto a los gestos posesivos y
casi cosificantes de algunas manifestaciones de cariño, en las que esta expresión de amor pierde su
significado original: ya no se expresa dar la vida, sino prácticamente absorber a la otra persona,
convirtiéndola en una especie de placer del que se puede usar arbitrariamente.
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