Según esta tradición ideológica, el ser humano es libre y está situado ante los valores que
desea elegir. Pero la teoría es más radical. Para él no existe ningún valor premió a la libertad. El
valor premió deriva de su realidad de que es elegido, en lugar de ser elegido por que es valioso. Si
elijo la honestidad entonces la honestidad tiene valor para mí. Si mi conducta demuestra que dijo la
deshonestidad es porque valoro la deshonestidad. Todos los valores que conducen mi vida sola
existen a medida en que yo los he elegido libremente. Descubrir esta verdad genera angustia.
Dice Sartre: como ser por el cual existían los valores; yo soy injustificable, mi libertad se
angustia por el fundamento de los valores por que mi misma no tiene fundamento
Por supuesto, mucha gente dijo que sus valores se fundaban en una autoridad independiente,
como la tradición nacional.
Pero para Sartre, ya Kierkegaard había echado por tierra esta posibilidad. Según Kierkegaard,
si acepté la Biblia como palabra de d10s y guía para mi vida, soy yo, en mi libertad el que concedo,
a la Biblia autoridad para guiarme, y el responsable de esa autorización es su pequeño y enigmático
libro Temor y Temblor, Kierkegaard narro un modo diferente de Abraham e Isaac. Cuando
Abraham escucha en la noche esa voz terrible que dice que lleve a su hijo Isaac al monte María y lo
ofrende en sacrificio, deba decidir por sí mismo el sentido del mensaje. Se le abren mucha
alternativas. No obstante, según Kierkegaard cuando Abraham elige obedecer a dios esta
autorizado a que le dé órdenes, dios no lo obligó a nada(para Sartre pasa lo mismo cuando elegimos
obedecer una ley)
Tanto para Sartre como para Kierkegaard, cuando la tradición religiosa de occidente (judíos,
cristianos y musulmanes) llama a Abraham el padre de todos nosotros, lo que quiere decir es que
somos totalmente libres y responsables por lo valores que elegimos. Según Kierkegaard, esta idea
provoca el temor y temblor a que alude el titulo de su obra; para Sartre provoca angustia.
Mala Fe.
La mayoría de las personas escapan de la angustia en un acto de mala fe. Sartre define esto
como una huida de la angustia, la libertad y la responsabilidad. Implica mentirse a uno mismo.
Cuando le miento a alguien le escondo la verdad. Cuando me miento a mi mismo, me escondo la
verdad. Pero esto es imposible, pues si ya la poseo, no me la puedo esconder.
El proyecto de la mala fe es autodestructivo, aunque es, según Sartre , una característica
central de la conciencia humana.
El psicoanálisis freudiano trata de explicar como se esconde información dividiendo su self
en un aspecto conciente y otro inconsciente, que a veces se denomina el yo y el ello. A si, se
supone que entre ambos elementos hay un mecanismo de censura que no permite conocer lo que
esta en mi inconsciente.
Pero Sartre pregunta ¿De que lado de la frontera esta el censor?. No puede estar del lado del
ello, porque debe censurar al ello; y si estuviera del lado del yo, el yo sabría lo que esta censurando,
o sea, sabría lo que afirma no saber. De ahí que para Sartre la propia idea de lo inconsciente halla
sido concebida con mala fe. Es un intento de excusar algo inexcusable.
Sartre ilustra la idea de mala fe con el caso de una joven que sale a cenar con un hombre al
que apenas conoce ( tendrán que perdonarlo si utilizo un ejemplo tan anticuado con respecto alas
relaciones actuales entre los sexos). Cuando la mujer se sienta en la mesa junto a su compañero,
sabe muy bien cuales son las intenciones de él y sabe que pronto tendrá que tomar alguna decision
al respecto; pero la posterga porque no quiere sentirse urgida. Desea disfrutar de ese momento.
Cuando él le dice: te encuentras tan atractiva..., ella le quita a esta frase su connotación sexual.
Según Sartre ella loase, porque no sabe que es lo que quiere. Ella sabe que su compañero la desea y
se decepcionaría si así no fuese; pero el deseo desnudo y cruel la humillaría y la horrorizaría. No
quiere ser un mero objeto sexual de su compañero, pero tampoco quiere ser objeto de su deseo.
Entonces su amigo le toma la mano. Ella tiene que tomar una decisión. Si deja su mano en la de él,
eso significa que le da su romántico consentimiento; si la retira, quiebra esa inquietante e inestable
armonía que le da al momento todo su encanto. Su propósito es demorar la decisión todo lo
posible.
Sartre dice que nosotros sabemos lo que pasa después. (¿Lo sabemos?).
Ella deja su mano en la de él, pero hace como si no se diera cuenta. Y no se da cuenta
porque se pierde así misma en su propia espiritualidad al debatir la vida, su vida, como la de una
persona pura.
Dice Sartre: su mano reposa inerte entre las cálidas manos de su compañero, sin consentir
ni resistirse... convertido en una cosa, y concluye: diremos que esta mujer obro de mala fe ¿Por
qué? Porque niega su deseo. Porque niega su propio cuerpo y su yo. A esta modalidad de la mala
fe, Sartre la denomino ser-en-el-mundo, o sea, elegirse como presencia inerte, como objeto
pasivo entre otros objetos. Esa mujer eligió que su cuerpo fuese una cosa, y lo mismo eligió su
compañero. Lo hizo para huir de la responsabilidad por su ser pleno.
También nos topamos con la mala fe en relación con los roles que cumplimos a diario.
Cuando se encuentran dos seres humanos, lo hacen en función de sus respectivos roles, formatos
para la interacción que hacen que las personal se vinculen en formas eficaces y no amenazadoras.
Hay roles profesionales, familiares, políticos, para el tiempo de ocio y para la diversión, entre otros.
Hay incluso roles criminales, casi cualquier acto humano que podamos concebir esta regido por
ciertas reglas que los jugadores devén aprender. Como fatalmente las personas tienen que
interactuar, frente a este juego de roles no parece haber opción. Los roles pueden promover una
cierta clase de libertad social, dado los derechos y responsabilidades que les son inherentes, pero
también limitan y encubren nuestra libertad del fondo, pues hacen que nos sea mas fácil
objetivarnos y objetivar a los demás. Son, por lo tanto, inevitables incitaciones a la mala fe.
En el ser y la nada, Sartre inicia su examen de los roles sociales estudiando los movimientos
del mozo en el café donde esta escribiendo. Dice: Sus ademanes sor rápidos y audaces,
demasiados precisos, demasiados apresurados, se inclina ante ellos con excesiva ansiedad; su voz,
sus ojos expresan un interés harto solícito por lo que va a pedir el cliente ¿A que juego esta
jugando? El juego de ser mozo.
Todas las profesiones están imbuidas de una parientoriedad semejante. Esta la ceremonia del
verdulero, del rematador, del sastre, del alumno, del profesor...El publico les demanda que cumplan
con esa ceremonia para demostrar que no son nada mas que un verdulero, un rematador, un
sastrecito. Que el verdulero nos cuente lo que soñó nos resultaría ofensivo. Tampoco queremos que
el rematador cuente que esta a punto de divorciarse de su esposa, etc.
Obramos de mala fe, cuando intentamos convertir al otro en una cosa con nuestra mirada.
Pero estas personas pueden verse con mala fe a si mismas, si solo procuran ser lo que les dicta su
rol. En rigor, un mozo no puede ser un mozo como una piedra es una piedra.
El ser-en-si nunca puede convertirse en una cosa por mas que quiera.
Sartre pudo caracterizar a la buena fe (la existencia autentica humana) con una formula
particularmente desconcertante.
Una libertad que se quiera como tal, es en rigor un ser que no es. Elige como ideal de ser
el ser lo que no es y el no ser lo que es
Sinceridad.
La sinceridad, escribe Sartre, es la antítesis de la mala fe
Parecería entonces que empeñarse en ser sincero seria obrar de buena fe pero no es así.
Tratar de ser sincero, es tratar de ser lo que uno es. Pero ese empeño ya presupone que uno es lo que
es, como una roca es una roca. Por lo tanto, la sinceridad misma obra de mala fe.
Sartre lo ilustra con el ejemplo de un homosexual confrontado por un acusador que le exige
sinceridad.
Recordemos que cuando Sartre escribió esto, en 1942, había muy fuertes presiones sociales
para que el tipo no se delatase, aun en París (sobre todo cuando fue ocupada por los nazi, que eran
tan antihomosexuales como antisemitas).
El acusador solo le pide al homosexual que admita que es homosexual. Basta con que el
homosexual declare francamente que era homosexual, ya sea en tono avergonzado o desafiante,
para que el acusador se de por satisfecho. Sartre pregunta ¿Quién obra de mala fe? ¿El
homosexual o el paladín de la sinceridad?
El homosexual se resiste a declarar tal cosa. Conoce bien sus inclinaciones, pero también
sabe que no es un homosexual como una roca es una roca. Sin embargo, eso es lo que el acusador
quiere que admita. Así pues, este predicador de la verdad obra de mala fe. Es por eso que el Gay
niega su homosexualidad y entonces también obra de mala fe. Sartre sugiere que la siguiente
respuesta podría haber sido de buena fe: En la medida que una cierta pauta de conducta se define
como homosexual, y en la medida en que yo la he practicado, lo soy. Pero en la medida en que la
realidad humana no puede definirse, en definitiva, por pautas de conducta, no lo soy. En tal caso,
reconocería ser homosexual en el modo de no serlo.
Los Otros.
Ya hemos dicho que según Sartre el yo no es una entidad sustancial que permanece
inmodificada a lo largo del tiempo, ni puede deducirse con absoluta certeza del fenómeno de la
conciencia (Como creía Descarte con su pienso y luego existo). Tampoco el yo esta conformado
simplemente por la unidad biológica del cuerpo, según creen algunos materialistas, ya que dicha
continuidad biológica no existe: todas las células que nos constituían hace ocho años atrás están
muertas. El yo no es algo que se adquiera automáticamente por haber tenido padres humanos, es
mas bien una construcción permanente, recreada a cada momento merced a nuestras elecciones.
Según Sartre la creación del individuo tiene otro aspectos mas inquietante, que se nos revela
al enfrentarnos con los otros. Explica esta características haciendo una descripción fenomenológica
de ese encuentro.
Estoy sentado en el banco de una plaza y veo a una personas a unos pocos metros de mi
¿Qué significa ver al otro como una persona y no como una marioneta? Verlo como una marioneta
implicaría verlo como una cosa entre las cosas. Si fuera una marioneta, su aparición no modificaría
mi relación con los objetos que lo rodean, pero si lo veo como un ser humano, el espacio y los
objetos se organizan entorno de él. Cuando el otro entra en escena, su aparición desintegra las
relaciones que yo he establecido con mi entorno inmediato. Las cosas se agrupan especialmente a su
alrededor y dice Sartre: su espacio se conforma con mi espacio. En una frase dice Sartre: Esa
persona me ha robado el mundo
Fenomenológicamente la aparición del otro me obliga a reinterpretar mi mundo. Ante de que
lo viera, el pasto, el camino, el banco, estaban ahí para mi. Ahora esta para él
Si he objetivado al otro mirándolo, si lo he convertido en mi objeto, ¿Por qué me resulta tan
amenazador? ¿Por qué dice Sartre que el infierno son los otros?
Ello se debe a que la libertad del otro desestabiliza mi libertad. Yo lo objetivo pero no puedo
objetivarlo totalmente, pues se que su mirada me objetiva a mi (me convierte, por decirlo de algún
modo, en una piedra, en una cosa)
Ver al otro es comprender la permanente posibilidad de ser visto por el otro. A esta
posibilidad concreta la experimento como vergüenza.
Recuerden si les paso, que hablaban solos porque creían estar solos y de repente
descubrieron que había alguien mirándolos ¿Qué sintieron en ese momento? Sintieron vergüenza.
Tal vez lo disimularon, fingiendo estar tarareando una melodía, y se fueron con la mayor
naturalidad posible, sin toparse con la mirada del otro.
La vergüenza nos lleva a descubrir un aspecto de nuestro ser que de otro modo no habíamos
conocido: nos descubrimos con el objeto creado por la mirada del otro. Descubrimos lo que Sartre
llama nuestro ser-para-otros. Nos vemos forzados a juzgarnos como un objeto. Todas estas
experiencias comunes, son versiones menores de episodios mas dramáticos, en los que tal vez sea
mas evidente lo que Sartre quiere decir.
Imaginemos que llevado por los celos me pongo a observar por la cerradura de un cuarto de
hotel, observando lo que sucede en el cuarto contiguo. El agujero de la cerradura es el instrumento
de mi Voyeurismo y , a la vez, el obstáculo que me separa de la acción, la que existe como objeto
de mi conciencia no refleja. Mi conciencia es sus objetos, meramente, y aunque esta conciencia
no es desinteresada, puede experimentarse en si misma indirectamente en su celo, no hay en ella
envuelta en lo absoluto una individualidad o un yo.
De pronto siento la presencia de alguien junto a mi. Alzo la vista y compruebo que me esta
observando un detective del hotel. Mi yo queda fijado: tomo conciencia de que el fundamento de mi
ser esta fuera de él. Me veo a mi mismo porque alguien me ve. Me descubro en mi vergüenza.
Soy responsable del yo que me ha sido revelado por la mirada del otro, pero este yo tiene su
fundamento fuera de mi. Tan pronto siento vergüenza, huye mi libertad y se me revela la libertad
del otro, estoy obligado a reconocerme no en mi aspecto de ser-para-si, sino en mi aspecto de ser-
en-si .
La vergüenza no es la única emoción engendrada por el encuentro con el otro. También
puede sentir temor. De hecho en su origen el temor es, precisamente, el descubrimiento de mi ser
como objeto. Me muestra mi ser-para-si (donde soy todo mis posibles ) es transcendidos por
posibles que no son mis posibles. De acuerdo con Sartre, en su forma mas exagerada, estos
sentimientos constituyen el origen de la religión. La vergüenza ante dios es el reconocimiento de
mi ser como objeto ante un sujeto que jamas puede convertirse en un objeto
Entonces Dios... no es mas que el concepto del otro llevado al limite. Si me elijo a mi
mismo en mi vergüenza, esto es masoquismo, cuya fuente es la angustia ante la libertad del otro. Lo
opuesto de la vergüenza es el orgullo, pero desde el punto de vista estructural ambos son
semejantes. En los dos casos, veo en el otro a aquel del que obtiene su ser mi objetividad. Si el otro
me ve hermosos, fuerte o inteligente, acepto orgullosamente que solo soy eso. Por ende, el orgullo
es una forma de la mala fe, como lo es su pariente cercano la vanidad. Cuando procuro influir en el
otro con la objetividad que me ha dado, caigo en la arrogancia.
Sin embargo, ni aun con el orgullo o la arrogancia, recupero el yo que entregué al otro,
porque el origen del sentido que me asigno a mi mismo seguirá siendo su8 reconocimiento.
El proyecto de recuperarme como sujeto ( o sea, de recobrar la libertad atrapada por el otro),
me coloca necesariamente en conflicto con el otro.
Mas aun, Sartre dice que el conflicto constituye el sentido originario del ser para otros Mi
proyecto de recobrar mi propio ser asimila la libertad del otro.
Puedo tratar de alcanzar esta meta a través del sadismo, que es una extensión de la
arrogancia. En él uso el ser objetivo que el otro me ha concedido para hacer que se humille. No
obstante, si la víctima del sádico puede mirar a su torturador, este sabe que ha fracasado.
Una forma básica de tratar de poseer la libre subjetividad del otro, es mediante el deseo
sexual. El deseo propio es una invitación al deseo del otro. El deseo desea el deseo del otro. Intenta
reducirlo a un puro cuerpo, trasformarlo en mera carne ante sus ojos. Pero el deseo necesariamente
fracasa, ya sea porque fracase literalmente en provocarle el deseo al otro, o porque lo logre, en cuyo
caso el deseo es absorbido por el placer y pierde de vista su meta original.
Mi deseo no lo transforma al otro en pura carne, sino0 que me transforma en pura carne a mi.
Como proyecto, entonces, el deseo no logra recobrar el yo perdido del otro.
Desde luego, todo esto vuelve muy difícil alcanzar la individualidad de buena fe, ya que todo
intento parece destinado a deslizarse hacia lo opuesto: la mala fe.