Responsabilidad.
La mayoría de las personas reclama mas libertad, la exigen. Pero la libertad es una carga. Por
eso la mayoría huye de ella con mala fe.
Estamos, dice Sartre, condenados a ser libres. Llevamos sobre nuestros hombros el peso del
mundo entero, porque somos responsables de él y de nosotros mismos en él. A menos que nos
mintamos de mala fe, somos conscientes de ser los indiscutidos creadores de nuestros actos. Y es a
través de nuestros actos que hay un mundo, un sentido totalizador de la experiencia. Es cierto que
cada una de nuestras elecciones producen un peculiar coeficiente de adversidad: una resistencia,
una barrera, una dificultad. Pero también somos los autores de esa adversidad. Por lo tanto, observa
Sartre, No tiene sentido quejarse, ya que nada ajeno a nosotros ha decidido lo que sentimos,
vivimos, o somos.
Según Sartre el ser-en-si no tiene ni sentido ni valor: simplemente es. El sentido y el valor
sobrevienen en el espacio entre el ser-para-si y el ser-en-si. Así pues, los humanos somos creadores
de nuestro mundo o de nuestra situación, como le gustaba decir a Sartre. No hay situaciones que
no sean humanas. Aun las peores imaginables, como la guerra, son situaciones humanas.
(Recordemos que Sartre escribió el ser y la nada durante la ocupación nazi en París)
Sartre dice: la guerra es mi guerra. Esta hecha a mi imagen y semejanza y me la merezco.
Aun en los momentos mas dramáticos tengo opciones, podría desertar o suicidarme. Pero como no
hice nada de eso, elegí la guerra. Por consiguiente declara Sartre, que en la guerra no hay víctimas
inocentes. (este aspecto de su filosofía molesta a muchos. Es como si en su mundo no existieran los
animales, los niños, los deficientes mentales, etc. Para él, todos en el mundo son adultos,
conscientes y responsables)
Si tuviera que resumirse el existencialismo en tres palabras, serian: no hay excusas Este
razonamiento provoca el mal humor de algunos que replican: yo no elegí nacer. Sartre coincide
en que nuestro nacimiento es parte de nuestra facticidad. Pero no tenemos otro remedio que asumir
la responsabilidad por la facticidad de todas nuestras situaciones (en este caso, la de nuestro
nacimiento). Siempre tenemos la chance de negarlas mediante la autodestrucción, así que en cierto
sentido, elegimos nacer.
El deseo de ser Dios.
Si el ser-en-si es una plenitud, el ser-para-si siempre es una vaciedad, una incompletitud. El
ser humano es esencialmente deseo, y el deseo es una falta: un vacío con sed de llenarlo. Lo que el
ser humano desea es la plenitud de la existencia que siempre fue alcanzada por el ser-en-si. Por eso
dice Sartre que el hombre es fundamentalmente el deseo de ser.
Esto no quiere significar que haya un impulso primario llamado la voluntad de ser al que
serian reducibles todos los demás impulsos; mas bien, el deseo de ser existe como las múltiples
formas de deseo que experimentamos (celos, codicia, lujuria)
Pero como ya vimos, en el caso del deseo sexual, el deseo no puede ser nunca totalmente
gratificado, nunca puede alcanzar su meta. Para emplear el lenguaje de Sartre, el ser-para-si nunca
puede volverse ser-en-si.
En rigor, tampoco quiere eso, pues, dejaría de ser el mismo (dejaría de ser para si, una
libertad). Lo que en verdad quiere es ser-en-si-para-si: una libertad que sea su propia fuente
necesaria de ser. Ahora bien: esta es precisamente la definición de dios.
Por lo tanto, el hombre es fundamentalmente el deseo de ser dios. En cada acto que
realizamos, según Sartre, tratamos de convertirnos en dios.
El problema es que nadie puede convertirse en dios, ni siquiera el propio dios. La idea de
dios, es contradictoria con sigo misma.
Por lo tanto, afirma Sartre, que el hombre es una pasión inútil.
El yo como proyecto original.
El deseo de ser de cada individuo es entonces un intento de resolver el problema absoluto,
y el intento de cada uno es singular y constituye una forma original de elegir ser en el mundo. A
estas elecciones Sartre las llama proyectos originales.
Antes vimos el ejemplo de los cuatro excursionistas que se enfrentaban con un gran peñasco
que les cerraba el paso. Retomemos el caso del primero, el que se echo derrotado sobre el pasto,
cediendo a su fatiga y su desilusion. Mencionamos que probablemente este individuo siempre
eligiera su derrota. De hecho los deterministas dirían que carece de libertad para elegir otra cosa. A
raíz de algún suceso traumático de su niñez de la historia de sus condicionamientos, no puede hacer
mas de lo que hace.
Sartre piensa que el excursionista puede obrar de otro modo... aunque no le sea tan fácil.
Plantea así la cuestión de la libertad del hombre y se pregunta si podría haber hecho otra cosa sin
modificar su proyecto original. En otros términos, lo que dice es que si podría haberlo hecho , pero
se pregunta a que precio.
El precio será una conversión radical, de su ser en el mundo. Esta conversión radical (que
es siempre posible) equivaldría a elegir un nuevo yo, un nuevo proyecto fundamental, pues la
elección no se manifestaría solo en ese instante sino en multitud de otros aspectos.
Para Sartre el yo no es una serie de conductas fragmentarias, sino, una totalidad.
El proyecto original se manifiesta en cada acto, grande o pequeño; pero no es equiparable a
ningun suceso, decisión o fantasía del pasado, sino que es recreado en cada momento, pese a las
elecciones que hacemos y las acciones que ejecutamos. Y como siempre existe la posibilidad de la
conversión radical, somos responsable de lo que somos. En esto Sartre se parece a Nietzche, quien
dijo que a cierta edad el hombre ya es responsable de su propio rostro.
Psicoanálisis existencial.
El método fenomenológico inventado por Sartre para estudiar el proyecto original de una
persona se llama Psicoanálisis existencial.
Su objetivo es descubrir a la persona en el proyecto inicial que la constituye o, mas bien
concretamente, revelar la totalidad de su impulso a ser; su relación original consigo misma, el
mundo y el otro en la vida de las relaciones internas y de un proyecto fundamental.
Como dijimos, Sartre acepta la opinión de Freud de que todo ser propio puede manifestarse
en un único gesto, que el yo es una totalidad.
También acepta que el individuo no se encuentra en una situación privilegiada para
comprenderse a si mismo, aunque en esto sus motivos difieran mucho a los de Freud. Para Freud, la
verdad sobre mi radica en mi inconsciente, que esta a una distancia de mi. Además tengo
resistencias inconscientes contra la verdad del inconsciente.
Pero en el Ser y La Nada, Sartre rechaza la hipótesis de lo inconsciente por considerarla una
construcción teórica hecha con mala fe. Dice con Descartes, que el acto psíquico es coextenso con
la conciencia y la idea de un acto psíquico inconsciente es contradictoria en si misma. No hay
ningún enigma oculto, Todo está en la conciencia, todo es luminoso.
Pese a ello, puede haber misterios a la luz del día, pues conciencia y conocimiento no son
forzosamente la misma cosa. La conciencia refleja puede brindar compresión, pero necesitamos
saber lo que comprendemos.
Siguiendo a Platón, Sartre cree que la experiencia solo puede convertirse en conocimiento si
es adecuadamente conceptualizada. Solo podré comprender mi proyecto inicial de ser si lo
comprendo a la luz de sus relaciones con el ser de otros. (De ahí que el individuo no esta en una
situación privilegiada para auto conocerse)
El conocimiento psicoanalítico existencial, llevaría a comprender la asimilación radical entre
el ser-en-si-para-si ( o sea, el intento de ser el ser, o de ser dios) y el ser-para-otros. El
autoconocimiento del Psicoanálisis existencial, entonces, implica reconocer que la propia situación
es la de una libertad enfrentada a la libertad de los demás y es responsable de tal situación. Implica,
además, admitir la libertad, para convertirse radicalmente, pasando de ese modo concreto de ser a
otro.
El propósito del psicoanálisis existencial no es la cura, como en Freud, sino la captación
del propio ser en todas sus posibilidades. No es liberarse del pasado sino reconocer que esa libertad
siempre existe.
El existencialismo es un humanismo
- Etica existencial-
En filosofía las discusiones sobre la libertad y la responsabilidad, pueden llevar al tema de la
ética (las teorías filosóficas de la moral), incluido el discurso sobre los deberes y obligaciones (lo
que se debe hacer). Sin embargo, la principal obra existencialista de Sartre, el ser y la nada, no
pretende ser una ética, sino una ontología (una teoría del ser). En otras palabras, es una
descripción de lo que es y no de lo que debería ser. Y Sartre acepta la fórmula de David Hume, el
filosofo escocés del siglo XVIII: Ningún ser implica un debe ser. Vale decir que, ninguna
descripción de hechos existentes entraña lógicamente un juicio moral. Por ejemplo, veamos el
siguiente silogismo válido:
* Una presión excesiva impuesta sobre los músculos humanos provoca dolor.
Tom. ( que pesa 150 Kg.) esta aplicando una excesiva presión sobre los músculos de Billy
(un nene de dos años, que pesa 20Kg), al sentarse encima de él.
Por lo tanto, Tom. le esta causando dolor a Billy.
Pero de ese silogismo, no podemos extraer la siguiente conclusión moral: En consecuencia el
acto de Tom. es malo, a menos que agreguemos a la argumentación la siguiente premisa moral: es
malo provocar dolor sin necesidad
Según Hume y Sartre, el problema es que esta premisa moral no puede derivarse de la mera
descripción de los hechos, sino que debe ser el producto del razonamiento filosófico, y Sartre sabe
que el ser y la nada no ofreció ningún razonamiento de esa índole (esto a pesar de que al hablar de
mala fe y de la inautenticidad parecería estar moralizando. Decir que alguien obra de mala fe
parece implicar una condena moral, pero Sartre niega que el termino, tenga ese carácter enjuiciador)
Para corregir esta falta, al final del ser y la nada, Sartre prometía un libro sobre ética, como
continuación de su ontología. Escribía centenares de notas para ese libro, pero al final abandono el
proyecto, ya que el nuevo rumbo filosófico que tomo le impedía producir una ética
existencialista. No obstante, en su ensayo de 1946, el existencialismo es un humanismo, dejo
algunas constancias que bosquejan lo que habría sido dicha ética existencialista .
En ese ensayo, Sartre resume y simplifica sus concepciones de el ser y la nada, diciendo que
elegir esto o aquello es afirmar, al mismo tiempo, el valor de lo elegido, porque nunca elegiremos lo
malo, siempre lo bueno, y nada puede ser bueno para nosotros, sin ser bueno para todos.
Aquí ahí contenidas dos afirmaciones. La primera es que , hagamos lo que hagamos, lo
hemos elegido como algo superior a todas las alternativas ( de otro modo , habríamos elegido
alguna de estas). La segunda es que es imposible elegir exclusivamente para uno mismo. O, como
dice Sartre, al elegirme a mi, elijo el ser humano. ¿Por que? Bueno, porque hay cierta lógica
universal envuelta en los juicios de valor, por mas que los valores sean producidos por la libertad. A
pesar de la típica incomprensión de la lógica de los juicios valorativos , en rigor, son idénticos a
otros tipos de juicios.
Por ejemplo, si digo (con razón o sin ella) que esta figura es un triángulo
Entonces estoy lógicamente obligado a afirmar que esta figura también es un triángulo.
Si sostengo que la primera lo es y la segunda no, no tengo claro el concepto: me
contradigo. Análogamente, si sostengo que en caso de que tu te vayas con mi televisor estarás
robando, estoy lógicamente obligado a afirmar que, suponiendo que se mantengan iguales todos los
demás elementos de la situación, si yo me voy con tu televisor, te estaré robando. No es coherente
que te diga que si tu te lo llevas, eso es robo, pero si me lo llevo yo, es simplemente una forma de
distribución de la riqueza.
Uniendo estas dos ideas, llegamos a esta otra: si sostengo que algo es bueno para mi, estoy
lógicamente obligado a afirmar que es bueno para todos.
Por eso Sartre dice que nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que suponemos,
pues involucra a toda la humanidad
La única forma de evitar el inquietante pensamiento de que cualquier acto que realizamos
involucra a toda la humanidad es replegarnos en la mala fe y excusar nuestra acción insistiendo en
que no todos lo hace. Aun esta automentira tiene valor universal; hipócrita posición de afirmar
que mentir es bueno.
Pero esta es justamente la posición ética del filosofo alemán Kant, quien formulo su celebre
imperativo categórico con las siguientes palabras: actúa de modo tal que la máxima que se
desprende de tu acción pueda ser elevada a la ley universal
Además Kant, al igual que Sartre, deduce de este principio que al desear la propia libertad,
uno debe desearle la libertad a todos. Así, en cierto sentido importante, la ética existencial de
Sartre es kantiana. Pero hay varias diferencias notorias. Primero, para Kant el requerimiento lógico
de desear la libertad del otro nos pone a todos bajo el imperio de la misma ley universa, en tanto
que Sartre, como vimos, nos lleva a una situación insoluble de conflictos (tu libertad atenta contra la
mía).
Hasta puede ocurrir que tenga que luchar contigo en nombre de tu libertad. (si usas tu libertad
para apoyar al fascismo, me veré obligado a luchar contigo en nombre de la libertad de ambos). El
reconocimiento de la mala fe no impide necesariamente la mala fe.
Por ultimo, según Sartre, aunque la lógica me lleva a considerar al otro en cada uno de mis
actos, no me dice que debo hacer en cada situación concreta.
Sartre explica esto con un ejemplo ya famoso, el de un discípulo que vino a verlo durante la
ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Era un joven cuyo hermano había
muerto en una de las primera batallas y su padre se había vuelto colaboracionista. La madre,
desesperada ante la muerte del hijo y la traición de su esposo, dependía totalmente de ese hijo para
su sustento moral. El estudiante estaba desgarrado entre el amor a su madre y su lealtad a Francia
(incluyendo su deseo de vengarse de los alemanes). Estaba desgarrado entre dos clases de ética; una
que lo solidarizaba con las fuerzas de la Francia libre, que preparaban la invasión la invasión a
Europa ocupada por los alemanes, y otra que la unía a un solo ser individual a quien amaba y que lo
necesitaba. La primera ética era mas trascendente, pero mas abstracta y de éxito mas incierto; la
segunda era mas concreta pero quizás reflejaba una actitud mas cobarde.
¿Que debía elegir? Kant dice: debes de actuar de modo que tu acción pueda servir de
modelo para cualquiera
Pero ambos actos parecen modelos validos de conducta. Kant enuncio también su
imperativo categórico así: Actúa de modo de tratar a los demás como fines, nunca como
medios. (o sea, no hay que usar a las personas) Solo con cualquiera de los dos procederes corría el