Debe recalcarse que la modernización no hace desaparecer las causas profundas de
la falta de productividad de las fábricas e incluso puede contribuir a agravarlas.
Las empresas deben saber responder a las expectativas del mercado, para lo cual
deben fabricar los productos que los clientes desean, en los plazos y con el nivel de
calidad que requieren, por un precio mínimo. Pero la industria tradicional no tiene
suficiente capacidad para ello. Sus fábricas están faltas de agilidad y de rapidez de
acción; son podo eficaces, derrochan hombres, tiempo, materiales, equipos
productivos y locales; no consiguen una producción de calidad. Para recuperar su
competitividad en un universo industrial cada vez más agresivo, las empresas deben
luchar contra tales desventajas. De hecho, la industria occidental no tiene la sana
costumbre de luchar contra las causas de los problemas, sino que ante cada dificultad
encuentra siempre un medio que hace soportable el efecto. Dicho medio contribuye
sistemáticamente a aumentar los costos. Veamos algunos ejemplos:
La duración de los cambios de herramienta. Sabemos que, al cambiar el tipo de
pieza tratado por una máquina, es necesario el cambio de herramientas. Esta
operación improductiva es larga y no puede efectuarse con demasiada frecuencia,
porque se resentiría la producción. A comienzos de siglo se formuló una teoría
resumida ésta en una fórmula llamada fórmula de Wilson, con la cual se permite
determinar la cantidad mínima de piezas a tratar por un máquina entre dos cambios
de herramientas consecutivos. Esta cantidad económica se expresa en función del
tiempo de cambio de útiles. Durante decenios, la fórmula de Wilson ha constituido el
principio esencial de la planificación de la producción de las empresas occidentales.
Todavía hoy tiene una amplia utilización. Se trata de una forma de acomodarse al
efecto de un problema, al precio de constituir stocks elevados y de alargar los plazos.
No se ha tenido la idea de atacar su causa, es decir, de intentar reducir los tiempos de
cambio de herramientas.
Las averías de las máquinas. Una avería de una máquina puede tener graves
consecuencias: puede parar la producción de todos los puestos de trabajo situados
más allá de ella en el proceso de producción. En lugar de intentar hacer más fiable las
máquinas, es corriente constituir stocks de seguridad para prevenir contra el efecto de
las averías eventuales.
Los problemas de calidad. Basta a menudo que una sola pieza de un lote fabricado
para un pedido sea deficiente, para que resulte imposible servir al cliente en los plazos
previstos. Más que intentar evitar la aparición de defectos, durante muy largo tiempo,
y todavía sucede así en numerosos lugares, se han fabricado cantidades de piezas
superiores a las necesarias, De ahí, una vez más, el aumento de stocks y de costes.
Hemos mencionado ya otras situaciones en que se tratan los efectos y no las causas:
la automatización de los almacenes en vez de la reducción de stocks; la
informatización de una producción no modificada, en vez de una reorganización que
permite disminuir los errores y la falta de piezas; la adquisición de sistemas de
mantenimiento automatizados en vez de una reducción de los recorridos de las
piezas, y así muchos otros casos. Para conseguir el nivel de eficacia y de
competitividad hoy requerido, conviene dejar de tratar los efectos de los problemas y
atacar sus causas. Es por ello necesario identificar tales causas. Surge pues ¿cómo
identificar las mismas?
Las causas claves son aquellas que no son consecuencia de otros y que, por lo
mismo, deberían figurar lógicamente entre las causas reales de la ineficacia; siendo
tales:
·
la distribución inadecuada de las máquinas y los recorridos
demasiados largos.
·
la duración de los cambios de herramientas,
·
las averías,
·
los problemas de calidad,
·
las dificultades con los suministradores.
Otros elementos, en cambio, parecen ser más bien consecuencias. Así, el desorden,
los errores, la falta de piezas, los derroches, los retrasos, deberían poderse atenuar
considerablemente mediante la disminución de stocks y de plazos, así como por la
revisión de la situación de las máquinas y la reducción de la longitud de los trayectos.
Debemos prestar especial consideración a los stocks elevados y los plazos excesivos.
Stocks y plazos excesivos se ven a menudo presentados como el mal absoluto del
que importa librarse. Es cierto que son el origen de aumentos de coste, de derroches,
de improductividad, de falta de flexibilidad. Se tiene por ello la tendencia a ver en ellos
las causas principales de las desventajas de competitividad. Tanto los excesos de
stocks, como de plazos no son males en sí mismo, sino consecuencia de otros males.
Constituyen por tal motivo excelentes síntomas de la ineficacia industrial.
Para que los stocks puedan disminuir es necesario que su papel sea menos
indispensable. Tienen esencialmente una función de seguridad: existen porque los
plazos necesarios para fabricar una nueva pieza o un nuevo producto son demasiados
largos para hacer frente a un pedido urgente o a un defecto de fabricación o a una
avería de las máquinas. Los almacenes no pueden por tanto reducirse sin una fuerte
disminución de los plazos. Recíprocamente, para que los plazos puedan disminuirse
será necesario encadenar con mayor rapidez las operaciones de producción y, por
tanto, dejar de constituir stocks intermedios.
8. Ventajas operativas aportadas por una fuerte reducción de stock y plazos
Incremento de agilidad, y mejor seguimiento del mercado.
·
Capacidad para atender pedidos urgentes.
·
Rapidez de reacción gracias a la reducción de plazos.
·
Mejor respuesta a las expectativas del mercado.
·
Posibilidad de planificar la producción a corto plazo teniendo en cuanta
únicamente los pedidos en firme (en lugar de planificar sobre la base de
previsiones).
Mejora de la productividad y reducción de los costes de producción.
·
Reducción de los almacenes de productos terminados, costosos y rígidos.
·
Suspensión de las tareas relativas a la gestión, manipulación, transporte,
vigilancia y protección de los almacenes (riesgos de incendio, robo, corrosión,
etc.).
Ganancia de espacio.