Visto frontalmente, un cuadrado, dada su estructura sólida y bien apoyada sobre la amplia
base, nos hace pensar en algo firme, estable y resistente (no es una coincidencia que de una
persona muy segura de sí misma, perfecta y cabal se diga que es cuadrada).
Sin embargo, basta con desplazar el cuadrado de una forma que se apoye sobre un solo
vértice para que se modifique la imagen que nos transmite: en esta posición, el cuadrado
parece inestable, un mínimo desplazamiento podría hacerlo caer de su precario equilibrio:
incertidumbre, provisionalidad y temporalidad se convierte así en los rasgos de este logotipo.
Si tratamos de inclinar el cuadrado obtendremos una sensación distinta: si lo inclinamos
hacia la derecha hará el efecto de algo que remonta una cuesta con dificultad,
obstaculizando por el peso de las adversidades; sin embargo, si lo inclinamos hacia la
izquierda, parecerá un objeto en caída libre, cuya carrera hacia abajo no encuentra ningún
tipo de frenos.