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Conductismo y Cognitivismo



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recuerdan de inmediato, etc. Los objetos pertenecientes a este nivel básico dentro de
una categoría comparten similitudes perceptuales y rasgos funcionales. Por ejemplo,
en el ámbito del mobiliario, una silla es un objeto de nivel básico; en el del mundo
animal, lo es un perro o un pájaro. Los objetos de nivel básico contrastan con los de un
nivel superior llamado supraordinado (el mobiliario, respecto de la silla; el reino
animal, respecto del pájaro o perro), y también con otro nivel subordinado (la
mecedora, respecto de la silla; el tordo, respecto del pájaro). Los niños pequeños
tienen gran propensión a designar todos los objetos en el nivel básico. En definitiva,
los individuos llegan a ser capaces de designar y clasificar objetos pertenecientes a
estos diversos niveles, pero tienden a adherir siempre al nivel básico de organización.
Al proponer estas ideas, se desafían cada uno de los principios fundamentales en que
se sustentaba la concepción clásica. Antes que arbitrarias, las categorías son vistas
como motivadas. Ellas reflejan la estructura perceptual del sujeto, el sujeto no es
pasivo, se enfatiza la clase de acciones que una persona puede llevar a cabo y la
estructura física y material del mundo. No están conformadas por características
definitorias, como ya hemos visto, sino que albergan prototipos y los miembros
menos prototípicos de ellas son aprehendidos según el grado en que se asemejen a
éste. Las categorías poseen una estructura interna y esto a su vez tiene
consecuencias psicológicas: como ya fue mencionado, los conceptos del nivel básico
resultan los más prontamente designados y recordados.
En cuanto a su formación, Rosch postula que los conceptos se desarrollan a través de
los mismos principios que gobiernan la formación de las propias categorías: “la
maximización” de la validez de las claves y del parecido categorial (Pozos, l997). La
validez de las claves es un concepto propuesto por Rosch para explicar la adquisición
de los conceptos. Según la cual “la validez de una clave dada x como predictora de
una categoría y la probabilidad condicionada x/y se incrementa a medida que
aumenta  la frecuencia con la que la clave x se asocia a la clase “y” y disminuye
a medida que aumenta la frecuencia con la que la clave x se asocia a otras
categorías distintas de y”. (Rosch, 1978, en Pozo, l997, pag. 97). El prototipo sería,
según la formulación de Rosch, el ejemplar, real o ideal, de los atributos más
frecuentes. 
En todos estos procederes y acciones, se postula la presencia de la mente
como
motora del proceso perceptual, mientras que en la teoría clásica, adoptada por el
enfoque conductista, es la conducta la que da el significado al concepto, una vez que
éste ha sido disparado.
Según Rosch, como ya hemos mencionado, la formación de conceptos se inicia en las
categorías básicas; se aprenden por medio de la percepción visual y la interacción
sensoriamotriz con el objeto y, de esta forma, serían las primeras divisiones del
mundo. Aunque no es parte del presente trabajo, se puede mencionar en este punto
que lo anteriormente expuesto nos llevaría más adelante al proceso constructivista,
donde el sujeto es activo en la construcción de la realidad que lo rodea.
Por otro lado, los partidarios de la teoría del ejemplar, son aquellos que interpretan
que las categorías están representadas por aquél concepto (el ejemplar) que recoge
los rasgos más comunes en la misma. Estos conceptos se adquieren y almacenan
como casos individuales. La atribución de un estímulo nuevo a una categoría se
produce por un proceso de comparación con los ejemplares almacenados en la
memoria, componente presente en la teoría cognitiva del PROCESAMIENTO DE LA
INFORMACIÓN. La formación de conceptos se basa entonces, en un proceso de
comparación de similaridad en la memoria de trabajo. Los conceptos no se
almacenan, sino que se forman de manera ad hoc en el momento de su uso.
Los defensores de la teoría del ejemplar no son muy específicos con respecto a los
procesos de aprendizaje. Rechazan la abstracción como proceso básico para la
adquisición de conceptos, pero no formulan ninguna alternativa coherente a la
abstracción, que es el proceso aceptado por posiciones asociacionistas. Pozos
considera que en su formulación es insuficiente como teoría de conceptos. Sin
embargo, se muestra como una teoría eficaz desde el punto de vista representacional
y se ajusta a las demandas de las nuevas teorías computacionales, basadas en
representaciones implícitas más que explícitas (modelos mentales o de memoria 
distribuida en lugar de esquemas o prototipos).
Este éxito empírico y esta adecuación con respecto a las nuevas teorías
computacionales puede resultar engañoso, ya que estas teorías no pueden dar cuenta
de la formación de conceptos más allá del laboratorio. Las situaciones experimentales
son restrictivas: pruebas de retención a corto plazo, situaciones artificiales en lugar de
naturales y otras variables de interacción.
Datos empíricos y estudios llevados a cabo por enfoques cognitivistas, nos dicen que
los conceptos son una abstracción, y ésta es la idea de los partidarios del prototipo,
cuyas características ya han sido presentadas.
2.2.1 –   LUDWIG WTTGESTEIN: LA PRECISIÓN
A comienzos del siglo, Wittgestein (Gardner, l998) –que no sólo fue uno de los
sostenedores del Círculo de Viena, sino su inspirador– había subrayado la importancia
de la lógica y la necesidad de precisión en el lenguaje, así como la conveniencia de
guardar silencio cuando fuera imposible alcanzar esa precisión lingüística.
Para el mencionado autor, el lenguaje es un conjunto vago y fragmentario de
elementos, y un medio de comunicación indispensable para los individuos; pero tanto
puede iluminar las cosas como oscurecerlas, ya que es la red a través de la cual pasa
necesariamente cualquier otra experiencia. Los conceptos no son ni
constructos
mentales ni ideas abstractas existentes en el mundo, sino que deben ser
capacidades que los individuos pueden emplear de una manera aceptable para el
resto de su comunidad; dicho en términos generales, los conceptos no son sino una
manera de realizar cosas.
Wittgestein era escéptico al respecto: lo máximo que un analista puede esperar, es
comprender mejor cómo opera el sistema de la lengua y cómo han llegado a
plasmarse nuestras ideas merced a prácticas lingüísticas de nuestra comunidad. Todo
empeño  por averiguar lo que realmente acontece, dejando de lado el lenguaje y
tomando los conceptos como entidades aisladas, está condenado al fracaso. Y la
glorificación de la lógica o de conceptos abstractos desprovistos de utilidad dentro de
la comunidad a la que pertenece es irrelevante y carece de fundamentos filosóficos.
Sea como fuere, como ya fue dicho anteriormente, la formación de conceptos en la
mente humana ha sido y será fuente de investigación y debate. De hecho, comienza a
aceptarse la idea de que en la formación de conceptos conviven dos tipos de
estructura y de procesos. Por un lado, los conceptos tienen un procedimiento de
identificación que responde a los modelos probabilísticos; por otro lado, tienen un
núcleo que parece adoptar una estructura lógica, consistente con la posición clásica.
De esta forma han comenzado a surgir modelos duales de la formación de conceptos,
que asumen la coexistencia entre ambos tipos de estructuras. 
Veremos ahora un análisis de los programas que intentaron explicar la formación de
conceptos desde su enfoque particular. Me limitaré a la presentación del programa
Conductista y al programa Cognitivo del Procesamiento de Información.
3 -  EL PROGRAMA CONDUCTISTA
3.1 - PRESENTACIÓN HISTÓRICA DEL CONDUCTISMO Y CARACTERÍSTICAS
  
En 1913, John Watson lanzó la revolución conductista, afirmando que el tema de
estudio adecuado de la psicología no era el funcionamiento de la mente sino el
examen de la conducta objetiva y observable. Basándose en estudios fisiológicos,
propuso que todas las actividades psicológicas podían explicarse comprendiendo los
reflejos que se establecen en las porciones superiores del sistema nervioso. Esta era
una psicología molecular, pura y simple, que iba de lo particular a lo general.
Watson rechazaba gran parte del programa de la psicología tradicional y casi todos su
métodos: no más sensaciones o intenciones, a partir de entonces, sólo era pertinente
la observación de la conducta manifiesta. La descripción y explicación de los estados
y contenidos de la conciencia debía ser reemplazada por la predicción y
eventualmente el control de la conducta. Los términos mentalistas quedaban
expulsados del vocabulario del psicólogo.
Toda una generación de científicos se formó en esta órbita: Clark Hull, B.F. Skinner,
Kenneth Spence, E.L. Thorndike contribuyeron a asegurar que entre 1920 y 1950 la
psicología en los Estados Unidos fuera conductista. Acá podemos hablar de una
ruptura entre las posiciones anteriores y las ya mencionadas aceptadas por la
comunidad científica del momento. Una autoridad tan eminente como el New York
Times declaraba en 1942 que el conductismo había inaugurado una nueva época
intelectual del hombre. La ruptura se había dado con respecto al método científico
implementado anteriormente a esta revolución: la introspección, vale decir, la
autoreflexión de un observador bien adiestrado acerca de la naturaleza y decurso de
sus propias pautas de pensamiento. Aunque esta introspección fue sugestiva, no
generó esa acumulación de saber que es decisiva para toda ciencia. El
introspeccionismo, entonces, cayó bajo su propio peso y fue derribado agresivamente
por el programa de investigación que en ese momento lo superó.
Un elemento decisivo del canon conductista era la supremacía y el poder determinante
del medio. Consideraban que los individuos no actuaban de la manera en que lo
hacían a raíz de sus propias ideas y propósitos, o porque su aparato cognitivo
poseyera ciertas tendencias estructurantes autónomas, sino que operaban como
reflectores pasivos de diversas fuerzas y factores presentes en el medio. Se
postularon los principios de condicionamiento y refuerzo para describir cómo se
producía el aprendizaje. Los conceptos, por ejemplo, según la tradición clásica
descripta anteriormente, se adquirirían a través de cadenas asociativas simples entre
un estímulo y una respuesta.
3.2 –  EL NÚCLEO CENTRAL DEL PROGRAMA CODUCTISTA
El núcleo central del conductismo está constituido por su concepción antimentalista.
Es la versión más cruda del asociacionismo. Situado en la tradición asociacionista
que nace con Aristóteles, el conductismo comparte la teoría del conocimiento del
empirismo inglés, cuyo exponente es Hume, quien postuló que el conocimiento
humano está constituido exclusivamente de impresiones recibidas a través de los
sentidos (Carpio, l977). Las ideas que se forman de esas impresiones son copias que
recoge la mente y que perduran una vez que desaparecen las impresiones. El
conocimiento se alcanza mediante la asociación de ideas según los principios de
semejanza, contigüidad espacial y temporal y causalidad. Estos son los principios
básicos del pensamiento en el empirismo de Hume. Con diversas variantes, todos los
conductistas se basan en estos principios para la descripción y explicación de la
conducta humana y animal (Crystal, 1971).
Dado que inicialmente somos, según el conductismo, una “tabula rasa” y todo lo
adquirimos del medio por mecanismos asociativos, reforzados por la recompensa y el
castigo, es lógico que esta teoría tomara como área fundamental de estudio el
aprendizaje. La estructura de la conducta es una copia de las contingencias o
covariaciones ambientales.
Analicemos la concepción antimentalista de este programa. No es que nieguen la
existencia de la mente, sí rechazan el uso de la introspección. El estudio científico
debe ser llevado a cabo, como fue presentado anteriormente, a través de métodos
objetivos, es decir, índices conductuales. La mente, de existir, es necesariamente una
copia de la realidad, un reflejo de ésta y no al revés. Este es el principio de
correspondencia que también sería uno de los rasgos nucleares del conductismo. El
control de la conducta reside en el medio: se considera que el aparato mental es un
sustituto interno de las contingencias del ambiente.
Otro rasgo importante de esta corriente es el anticonstructivismo, por lo cual el
sujeto es pasivo, sujeto a una reacción estímulo-respuesta, simple y atomista. Se
define al aprendizaje como “cambio de la conducta” e implica una conducta por parte
del sujeto como respuesta al estímulo dado (Bayés,1980). El principio motor de la
conducta está fuera del individuo. El aprendizaje siempre es iniciado y controlado por
el ambiente y se realiza por asociación.
Este enfoque simple, que desprecia las diferencias individuales –el conductismo
establece la equivalencia entre todos los organismos de una misma especie (todas la
“tabulas rasas” se parecen)– se complementa bien con la teoría clásica de los
conceptos, donde el conjunto de atributos definen en forma demarcativa y diferencial
un concepto de otro, lo cual como ya vimos, no es tan simple en la psiquis humana.
3.3 – LA CRISIS DEL CONDUCTISMO
A pesar de disponer de un núcleo teórico y metodológico común, consistente en un
antimentalismo y asociacionismo psicológico, y una concepción positivista del método
científico, el conductismo fue incapaz de elaborar la teoría unitaria del aprendizaje que
buscaba.
Este programa dejó de ser progresivo, en la terminología de Lakatos, siendo incapaz
de predecir hechos nuevos, sino incluso de explicar las múltiples anomalías que en el
curso de sus experimentos sobre condicionamiento iban surgiendo. En estas
condiciones, el programa conductista se hallaba escasamente preparado para afrontar
la irrupción de un nuevo enfoque psicológico: EL PROCESAMIENTO DE LA
INFORMACIÓN.
Como vemos, los excesos en que incurrió el introspeccionismo a principios de siglo
fueron reemplazados, a su vez por los excesos del conductismo de la primera parte
del siglo XX.
4 -  LA REVOLUCIÓN COGNITIVA
A mediados del siglo XX se hallaban en camino de ser develados dos de los mayores
misterios de la época antigua: la naturaleza de la materia física y de la materia viva.
Pero aún debía alcanzarse una elucidación semejante para un tercer misterio que
también  fascinó a los antiguos: el enigma de la mente humana. (Gardner, 1996) Aquí
comienza un camino que data de épocas antiguas, de ideas innatas, que asociamos
con los griegos. Ya a comienzos de la Edad Moderna, Descartes se presenta como el
antecedente filosófico de la ciencia cognitiva, quien otorgó un lugar de privilegio a la
mente, la cual concebía las ideas de los individuos (Carpio, l974). Como vemos, este
interés por el estudio de la mente no es tan reciente; sin embargo, se vio retrasado por
diferentes causas que veremos a continuación.
El lanzamiento apropiado de una ciencia de la cognición fue impedido por diversos
factores, desde el auge del conductismo, como ya hemos visto, a causas presentadas
por otras escuelas filosóficas como el positivismo, el fisicalismo, el verificacionismo,
que descartaban toda entidad (como un concepto o una idea) que no pudiera ser
fácilmente observable y mensurable.
Por otro lado, y no menos interesante, la situación política mundial ejerció un efecto
inhabilitante sobre la ciencia. En primer lugar, la comunidad científica europea fue
desgarrada por el auge del totalitarismo, y en cuanto a los Estados Unidos, se le pidió
que dejara de lado sus programas teóricos a fin de contribuir al esfuerzo bélico. Es así
como se produce la revolución tecnológica impulsada por las necesidades bélicas de
la Segunda Guerra Mundial, dando como resultado un perfeccionamiento en el uso de
las computadoras y la apertura del nuevo mundo científico abierto por ”las ciencias de
lo artificial”.
El año 1956 suele concensuarse como fecha de inicio de la nueva psicología cognitiva.
Ese año se publicaron algunos de los trabajos fundacionales del nuevo movimiento
que ayudaron al triunfo de la revolución.
Por ejemplo, las ideas de la Teoría de la Comunicación sostenían que los seres
humanos tenemos capacidades de recepción de información a través de “canales”. En
ese año Miller publica su artículo “El Mágico Número Siete” donde explica nuestra
capacidad para procesar información precisamente gracias a esos canales. También
aquel año Chomsky daba a conocer sus ideas sobre la nueva lingüística, basada en
reglas formales y sintácticas, próximas a las formalizaciones matemáticas
(Lyons,1977). Además de otros autores como Newell y Simon, quienes presentaron un
programa de ordenador capaz de hacer la demostración de un teorema. Comienza
aquí la marcha de la inteligencia artificial.
La invención de la computadora contribuía a resolver el clásico problema de la relación
mente-cuerpo: software o soporte lógico y hardware o soporte técnico. Era clara la
analogía con el sistema humano y los procesos de pensamiento. Los seres humanos,
al igual que las computadoras, albergaban programas y era posible invocar el mismo
lenguaje simbólico para describir los programas de ambas entidades. Por ejemplo, se
puede concebir un programa alimentado con conceptos de una de las teorías
probabilísticas mencionadas: el ejemplar. Estos sistemas simbólicos son entidades
materiales capaces de procesar, transformar, elaborar y manipular símbolos de
diversas especies.
Como vemos, al núcleo antimentalista del programa conductista se le opone el núcleo
mental del nuevo programa que analizaremos a continuación.
4.1 – EL PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN: AUTORES REPRESENTATIVOS
La psicología cognitiva refiere la explicación de la conducta a entidades mentales, a
estados, procesos y disposiciones de naturaleza mental. De acuerdo a esta definición
de psicología cognitiva, no sólo entraría el procesamiento de información, sino el
constructivismo de autores como Piaget y Vygotski. He recortado el objeto de estudio
al primero por una cuestión de extensión en el análisis. Sin embargo, cabe aquí
mencionar que todos ellos coinciden en que la acción del sujeto está determinada por
sus representaciones. El procesamiento de información en su versión fuerte propone
que estas representaciones están constituidas por algún proceso de cómputo.
La concepción del ser humano como procesador de información se basa en la
aceptación de la analogía entre la mente humana y el funcionamiento de una
computadora. Se adoptan los programas de una computadora como metáfora del
funcionamiento cognitivo humano ya que ambos, mente y computadora, procesan
información.
Según esta idea, el ser humano y la computadora, son sistemas de propósitos
generales equivalentes, que intercambian información con su entorno mediante la
manipulación de símbolos. Ambos son sistemas cognitivos cuyo alimento es la
información; y aquí ésta tiene un significado matemático muy preciso de reducción de
la incertidumbre.
Tanto Chomsky, como Fodor, dos cognitivistas cabales, por ejemplo, han intentado
representar en forma matemática y precisa este contenido abstracto de nuestro
aparato mental. Chomsky, por un lado, se ha explayado en su concepción sintáctica
de la estructura profunda del lenguaje. Fodor, por otro lado, postula que las
actividades cognitivas se constituyen en la manipulación de los símbolos o
representaciones mentales, entidades abstractas, que no mantienen ninguna relación
configuracional con las entidades que denotan. Fodor cree en la existencia de un
“lenguaje del pensamiento” y afirma que lo que debe hacer una teoría de la mente
consiste en caracterizar este lenguaje. Este autor explica que si los procesos mentales
son computacionales, debe haber representaciones en las cuales se ejecuten tales
computaciones. Así también, postula el carácter innato de este lenguaje del
pensamiento: las personas nacen con un conjunto completo de representaciones en el
cual pueden acuñar toda nueva forma de información que emerja de su experiencia en
el mundo, es por eso que, según Fodor, los lenguajes naturales son fáciles de
aprender.
Tanto Fodor como Chomsky, entonces, postulan que el individuo viene equipado con
un dispositivo bien especificado y construído de manera tal que permite el aprendizaje
de información nueva.
4.2 – DESCRIPCIÓN DEL PROGRAMA DEL PROCESAMIENTO DE INFORMACIÓN
Siguiendo a Lakatos en la descripción del programa de investigación de este enfoque
cognitivo, en el paso del conductismo al procesamiento de información, se han
introducido cambios radicales en cuanto al núcleo mentalista, así también como en su
cinturón protector.
Así como el conductismo se centraba en el estudio del aprendizaje mediante teorías
basadas en el análisis de los estímulos y las respuestas, el procesamiento de
información, en la medida en que se ocupa del estudio de las representaciones, ha
generado ante todo teorías de la memoria. La propia metáfora computacional a la
que ya nos hemos referido, conduce necesariamente a considerar la memoria como la
estructura básica del sistema de procesamiento. 
Las ideas reduccionistas del conductismo se reemplazan por procesos cognitivos
causales. En lugar de posiciones ambientalistas, el procesamiento de información
defiende la interacción de las variables del sujeto y las variables de la tarea o
situación ambiental a la que está enfrentado el sujeto. Por último, el sujeto del
conductismo, pasivo y receptivo, se convierte en un procesador de la información
que busca y reelabora  activamente información. Además, los procesos cognitivos son
descomponibles en unidades u operaciones más simples.
Otro elemento importante en la descripción de este programa -aunque actualmente
debatido en su contundencia y sobre el cual no voy a realizar crítica adversa por una
cuestión de magnitud, lo cual, aunque importante, excedería el propósito de este
trabajo-, es la idea que tanto los programas de las computadoras y el funcionamiento
cognitivo humano están definidos por leyes sintácticas, como ya fue mencionado
cuando se hizo referencia a Noam Chomsky. Estas leyes se ocupan de determinar las
reglas mediante las que estas unidades se agregan hasta constituir procesos
complejos. Esto significa, y aquí lo discutible, que tanto el ser humano como las
computadoras están concebidos como sistemas lógicos o matemáticos de
procesamiento de información, constituidos exclusivamente por procedimientos
formales. Esta naturaleza sintáctica del sistema queda reflejada en su definición como
un procesador de propósitos generales: la lógica computacional es suficiente por sí
misma para representar cualquier conocimiento.
En cuanto a la “intencionalidad” del sujeto, en este sistema de procesamiento no
hallamos propósitos ni intenciones, únicamente la satisfacción de ciertas condiciones
que dispara la búsqueda de ciertas metas. Se caracteriza por remitir la explicación de
las acciones y representaciones del sistema a entidades mentales tales como la
memoria a largo plazo, filtros atencionales, capacidades de procesamiento limitadas,
etc. Al no admitir la intencionalidad, el procesamiento de información no puede asumir
la subjetividad de los estados mentales, aquí encontramos una limitación en el
programa dado que la intención en el ser humano es primordial en el proceso de
aprendizaje.
Siguiendo la línea crítica con respecto a este programa, podemos agregar que es
improbable que el procesamiento de información pueda dar cuenta de estados
mentales ya que éstos tienen un carácter semántico y todos los procesos postulados
son de carácter sintáctico. Además, no puede explicar el origen de las estructuras de
conocimiento que determinan la conducta de los sujetos. Aquí está su paradoja, por un
lado, afirma que los sujetos construyen su propio conocimiento a partir de estructuras
y procesos cognitivos, pero no explica cómo se efectúa la construcción de esas
estructuras y procesos iniciales.
De esta manera, el procesamiento de información puede explicar cómo actúa el sujeto
ante una tarea de decisión léxica, atribuyéndole ciertas estructuras de memoria
semántica, pero no puede explicar cómo se han adquirido los conocimientos
almacenados en la memoria semántica. 
Otro elemento importante en el programa es el asociacionismo, diferenciado del
asociacionismo conductista en cuanto a que el primero es computacional: con una
extraordinaria capacidad de cómputo posibilitada por la cibernética. Otra paradoja aquí
es que la computadora se presenta como un espejo de la mente sin tener mente. La
memoria semántica está constituida por redes asociativas. Una computadora manipula
información, no significados y ésta se mide en términos de probabilidad matemática o
de reducción de la incertidumbre. Los significados necesitan una mente que los
interprete, por lo tanto, lo que el procesamiento de información puede hacer es
ocuparse de señales, o sea, de signos vacíos, no de signos, de significantes
portadores de sentido. Haciendo un paralelo con el programa anteriormente descripto,
desde un punto de vista semántico, los símbolos con los que opera una computadora
son equivalentes a la campana de los célebres experimentos de Pavlov: señales que
“disparan” acciones; no son vehículos de conocimiento ni de comprensión.
Ante todo lo presentado, queda claro que el procesamiento de información en su forma
cibernética: la inteligencia artificial, no puede dar cuenta de procesos de aprendizaje o
formación de conceptos, tema subyacente de este trabajo de análisis comparativo. 
La imposibilidad del asociacionismo para proporcionar una teoría del aprendizaje
lingüístico ha sido reconocida por diversos autores. Mencionaremos aquí nueva y
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