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Adicciones



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deseca, que luego se pulveriza para elaborar el opio. Éste contiene numerosos
alcaloides que se forman a partir de las moléculas básicas de la morfina o de la
codeína, y otras sustancias del grupo isoquinolínico, cuyo alcaloide principal es la
papaverina. De todas ellas, la morfina al 10% es la que tiene propiedades más
importantes, tanto terapéuticas como tóxicas. Los demás alcaloides tienen
concentraciones menores: de 1 a 2%.
Los derivados del opio, tanto naturales como semisintéticos, crean gran dependencia
tanto física como psíquica y producen la desaparición de todas las necesidades
primarias. Los preparados sintéticos poseen propiedades muy parecidas, tanto en lo
que respecta a sus efectos inmediatos, como en cuanto a sus consecuencias psico-
físicas.
La morfina es uno de los derivados semisintéticos de los alcaloides opiáceos
naturales. Al igual que otras drogas con estructura química distinta, producen
analgesia, depresión respiratoria y dependencia síquica. Clínicamente se sabe que la
morfina y otros opiáceos actúan sobre los sistemas responsables de las respuestas
afectivas y los estímulos dolorosos, produciendo un incremento en la tolerancia al
dolor mientras duran sus efectos.
Las causas de la adicción a los opiáceos se explica por los fenómenos de la
tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia. La tolerancia metabólica consiste
en una transformación en el hígado, lugar donde se metabolizan las drogas. Si la
exposición al tóxico es continua, los efectos del mismo son menos duraderos al
haberse acelerado su eliminación. Este fenómeno se da también con otras sustancias,
como la aspirina o la penicilina, siendo de mayor gravedad en los opiáceos. El tipo
más destacado de tolerancia es la celular, de forma tal que quienes la poseen apenas
sienten el efecto de la sustancia, a pesar de tener cantidades en el organismo (esas
mismas concentraciones en la sangre de un sujeto no adicto resultarían fatales). Tras
el efecto de la tolerancia sucumbe la dependencia física que implica la situación de
hiperexcitabilidad, depresión y super e hipersensibilidad al dolor cuando se suprime el
suministro, entre otros síntomas. Finalmente deviene el síndrome de abstinencia o
búsqueda compulsiva de la droga. Estudios recientes indican que en el adicto
sobrevienen cambios fisiológicos que ponen en perpetua dependencia a los
consumidores de opiáceos, de forma similar al diabético que precisa insulina.
Sólo una parte de adictos contrae el hábito por razones terapéuticas. El habito se
produce por su uso indiscriminado y prolongado en el tratamiento de afecciones que
pueden atenderse de otra manera, siendo las mujeres las más predispuestas. La
mayoría ingresa en la intoxicación por sugestión de otros adictos. En Oriente el modo
común de hacerse adicto proviene del hábito de fumar o ingerir opio, aunque esa
forma está siendo reemplazada la vía hipodérmica. En general, el adicto es una
persona joven, con personalidad inestable y de escasa voluntad, que encuentra una
evasión en la droga. El uso continuado agrava los factores negativos y sumerge al
enfermo en abulia y ensoñación. La tolerancia se desarrolla con rapidez. El plazo en
que se adquiere dependencia es corto, bastan dos semanas y a veces pocos días
para producirla: por ello su aplicación terapéutica se reduce a lapsos muy cortos. Los
recién nacidos hijos de toxicómanas que persistieron en la adicción durante el
embarazo tienen síntomas de abstinencia, presentando convulsiones por falta de
droga, pudiendo resultar en la muerte.
La intoxicación por sobredosis es habitual en países con gran número de
morfinómanos (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Italia, Holanda, España, Francia,
Bélgica). Además, puede producirse por error terapéutico o por intoxicación suicida,
accidental o raramente criminal. La dosis mortal en personas no acostumbradas es de
0,2 g para la morfina, la heroína y el nalline; 0,5 g para la codeína; 0,30 g para el opio.
Estas dosis pueden ser 10 veces más elevadas en los adictos y 100 veces más bajas
en los niños. En algunos casos la intoxicación adopta una evolución sobreaguda, con
coma profundo, colapso cardiovascular, miosis y paro respiratorio. Habitualmente se
presentan náuseas, vómitos, sequedad corporal y calor facial. Sobreviene una
somnolencia progresiva, donde al principio hay respuesta a los estímulos, pero luego
se transforma en coma profundo. Durante éste, la respiración se deprime hasta
hacerse muy lenta: de dos a cuatro respiraciones por minuto; ello produce una
cianosis intensa. Los reflejos se atenúan hasta desaparecer. La piel se enfría por la
humedad y el sudor característico en ésta etapa. Las pupilas están mióticas. Al
comienzo la presión arterial se mantiene y el pulso es tenso, ya que la morfina ejerce
poco efecto sobre el centro vasomotor y el aparato circulatorio, pero a medida que la
hipoxia progresa, la presión desciende hasta el colapso y el shock. La temperatura
desciende y a veces aparecen erupciones cutáneas. La musculatura suele estar
flácida, pero en ocasiones pueden sobrevenir convulsiones. La muerte se produce por
colapso cardiorespiratorio, complicaciones pulmonares, o muerte cerebral. Los
síntomas agudos de intoxicación suelen presentarse dentro de los 15 minutos, aunque
pueden retrasarse hasta 12 hs.
Heroína
Los efectos de la heroína y la morfina son similares. La principal diferencia es la mayor
potencia de la heroína, ya que un gramo equivale a entre 1,80 y 2,66 de morfina en
sulfato. La heroína (diacetilmorfina) es un opiáceo de gran intensidad que produce una
mayor toxicidad neuropsíquica. Es sin duda alguna, una de las más peligrosas drogas,
de mayor difusión y cuya dependencia más rápidamente se contrae (dos a tres
semanas). Sus efectos se sienten a los 10 minutos del suministro, alcanzando el cenit
a los 60, cesando a las 3 ó 4 horas. Estos efectos son muy distintos, según se la
consuma por primera vez o habitualmente. En las primeras tomas el efecto psíquico
es muy fuerte, pero se va reduciendo hasta ser desplazado por la necesidad física
para combatir el síndrome de abstinencia. En un período de tiempo extremadamente
corto, el adicto renuncia a otro tipo de vivencias y actividades, para dedicar su vida a
la obtención y consumo del estupefaciente. Los adictos suelen consumirla
mezclándola con otras sustancias, como cocaína, anfetaminas, cánnabis o
benzodiacepinas. La mezcla tiene dos motivos: la adulteración por el traficante y la
reducción de sus efectos, ya que la ingestión de heroína en estado de alta pureza
puede causar la muerte. La mezcla o corte suele ser hecha con otras drogas como
anfetaminas, o excipientes tales como yeso, talco, quinina y estricnina, sustancias que
son fáciles de confundir con el elemento principal.
Pasividad y reducción de impulsos agresivos son consecuencias típicas del tóxico,
pese a la acción euforizante que también posee. Tomada por vía nasal o fumada, la
heroína tiene efectos similares a la morfina. Luego del efecto placentero de la droga
sigue un estado de malestar generalizado (que no debe confundirse con el síndrome
de abstinencia) que produce un descenso en picada con sentimientos de profunda
depresión, que derivan en necesidad de una nueva toma. Ello comporta el riesgo de
tomas sucesivas, que pueden llevar a la muerte por sobredosis, algo que que,
además, es habitual entre los consumidores de esta sustancia. La dosis varía de 60
mg en personas sin tolerancia a 5 gr en quienes ya la poseen. El consumo regular de
la droga conduce a la frigidez y la falta de potencia sexual. Además, provoca
conductas homicidas y suicidas, así como implicaciones en accidentes. El toxicómano
entra en una fase degenerativa en la que no puede realizar razonamientos complejos
teniendo escasa o nula capacidad de concentración.
Coca
La coca, hoja del arbusto americano «Erythroxylon coca», pertenece al grupo de los
estimulantes. Su consumo es ancestral en ciertas partes de Latinoamérica, donde es
una práctica habitual mascar las hojas, siendo una gran mayoría de los consumidores
de las zonas donde se cultiva. Su efecto sobre el sistema nervioso central es menor
que el de la cocaína, dado que para extraer un gramo de esta sustancia se necesitan
160 hojas de coca. La coca es mascada con polvos alcalinos como cenizas vegetales
o cal. También es fumada tanto sola como mezclada con tabaco o marihuana. La
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