sustancia entre las personas jóvenes puede explicarse, en primer lugar debido a la
creencia errónea de que se trata de sustancias que no pueden ser adulteradas, y en
segundo lugar porque piensan que no puede detectarse su consumo mediante análisis
de orina.
Los adictos consumen flunitrazepam por vía oral, frecuentemente junto con alcohol u
otras drogas, incluso heroína. Sus efectos empiezan dentro de 30 minutos, alcanza el
cenit hacia 2 horas, y pueden persistir 8 o más horas, dependiendo en la dosis. Los
efectos colaterales asociados con su uso incluyen la hipotensión, deterioro de
memoria, adormecimiento, dificultades visuales, vértigo, confusión, perturbaciones
gastrointestinales y retención urinaria. Aunque se trata de una droga depresiva,
pueden presentarse efectos antagónicos induciendo excitación y comportamiento
agresivo en algunos usuarios.
El consumo de esta droga acarrea dependencia. Una vez que ésta se desarrolla, el
adicto experimenta graves efectos psíquicos como ser ansiedad extrema, tensión,
inquietud, confusión, irritabilidad, pérdida de identidad, alucinaciones, delirios, fobias o
terror desmedido. Entre los efectos físicos se presentan dolores de cabeza y
muscular, entumecimiento y prurito en las extremidades, convulsiones, trastorno e
incluso colapso cardiovascular. Todos estos efectos pueden retrasarse incluso más
allá de una semana desde el último consumo. Al igual que en otras benzodiacepinas,
el tratamiento para la dependencia del flunitrazepam debe ser gradual, con una
progresiva disminución en su consumo. Esta sustancia es usado por muchos adictos
para aliviar síntomas de la abstinencia.
Químicos inhalables
Dentro de este grupo de sustancias pueden citarse: 1) adhesivos: colas, tolueno,
xileno, acetona, benzoles, benzaldehido; 2) aerosoles-sprays-gases: gases
propelentes, óxido nitroso; 3) cementos plásticos: hexano; 4) solventes de pinturas y
relacionados: petróleo, butano, trementina, aguarrás; 5) líquidos para limpieza: xileno,
benzol, éter de petróleo; 6) anestésicos: éter etílico puro; 7) combustibles: bencina,
naftas; 8) thinner: hidrocarburos halogenados; 10) vasodilatadores: nitrito de amilo,
nitrito de butilo; y muchas otras más.
El consumo de estas sustancias presenta graves problemas sanitarios. Sus
consumidores son principalmente marginales, especialmente niños, aunque la
adicción también se da con relativa frecuencia en ciertos grupos profesionales. Las
edades más frecuentes del uso crónico de inhalantes son al principio o al final de la
adolescencia. Esto se debe en parte a la invitación o presión por parte de los
compañeros de escuela y amigos, curiosidad e ignorancia de los efectos tóxicos e
inseguridad personal. Lo más importante es la ignorancia del problema en la casa y la
negación de los padres de que sus hijos puedan tener este problema. Los motivos del
consumo se deben a la curiosidad, aburrimiento, falta de estímulos, desarraigo y
anomia. En el caso de los profesionales, el contacto habitual con las sustancias puede
crear una adicción involuntaria; la adicción voluntaria es menos frecuente, aunque no
excepcional. Generalmente estos productos son fáciles de obtener y están al alcance
del adicto, son muy baratos, y no precisan de instrumentos para su uso. Asimismo, no
es necesario contactar a un criminal para obtenerlos. Su uso puede hacerse en
cualquier lugar, son fáciles de esconder y difíciles de detectar. Otro factor muy
importante es el desconocimiento de las consecuencias y peligros de su uso.
Estas sustancias se consumen en determinadas zonas rurales, como así también en
ambientes marginales o de bajos recursos, donde son de las pocas drogas a las que
tiene acceso fácil. Ello agrava el problema de una sustancia legal que es utilizada de
forma incorrecta. La adicción a estas sustancias es el paso previo a otras drogas,
llevando situaciones irreversibles. Esto suele ser desconocido tanto por la familia
como por el entorno social, dado que estas sustancias pasan desapercibidas y no son
relacionadas con adicciones. Hay tres grandes grupos de consumidores: 1) niños y
adolescentes de poblaciones marginadas que consumen en grupo; 2) adultos que
acceden al químico por su profesión o por asociación con grupos de personas con
hábitos similares; 3) adultos marginales que inhalan las sustancias al igual que los
niños, pero en solitario. El aspecto familiar es determinante para entender el
fenómeno, habiéndose constatado cómo los inhaladores también presentan
problemas con el alcohol, siendo de una clase social media baja y baja, y con
problemas de abandono familiar.
El uso continuado provoca dependencia psíquica, creando una situación de necesidad
de ingesta similar a otras drogas. A consecuencia de la rápida distribución por los
pulmones, el inicio de la intoxicación es inmediato. Se relaciona el consumo de estas
sustancias con conductas criminales y autodestructivas. La sensación de euforia
primero y aturdimiento después, habitual con estos tóxicos, conlleva una perturbación
psíquica grave que altera la inteligencia y la percepción. Está acreditado el fenómeno
de la tolerancia respecto de los efectos en el sistema nervioso central, mientras que la
dependencia física es discutida. El nivel de inteligencia disminuye, haciendo
frecuentes los problemas escolares. Se presentan cambios y descuido en la
apariencia física, falta de higiene, falta de atención, alteración de la memoria,
disminución de la capacidad de abstracción y razonamiento, personalidad antisocial,
agresividad, depresión, ataques de pánico, ansiedad y alucinaciones con trastorno en
el juicio crítico y la percepción. Se presentan ataxia, oraciones incoherentes y
precipitadas, diplopia, náuseas y vómitos. La interrupción de la inhalación, como así
también una intensa aspiración, pueden provocar la muerte.
Son causales de dependencia psíquica, pudiéndose presentar psicosis tóxicas con
daños cerebrales irreparables. Los inhalantes producen una fácil sugestionabilidad,
dándose experiencias alucinatorias colectivas, lo que da ejemplo de la complejidad de
la intoxicación. También provoca sentimientos paranoides y excitación sexual. Se
considera que la embriaguez por inhalantes es de mayor gravedad que la alcohólica, a
pesar que los efectos de la intoxicación no son muy prolongados.
Uno de los inhalables adictivos más difundidos es el tolueno, sustancia presente en
cierto tipo de pegamentos para cueros, gomas, cauchos, corchos, cartones, etc. Es
una de las sustancias que mayores trastornos ocasiona, por lo que en Argentina fue
prohibida su venta a menores de edad y se tiende a su supresión. Se considera que el
límite de este tóxico que puede aspirarse sin sufrir efectos secundarios es de una
concentración de la sustancia en aire de 100/1.000.000. La intoxicación se presenta
con 1,5 microgramos, siendo el cuadro muy grave si llega a 10 microgramos. Los
efectos agudos acostumbran a durar entre 30 y 45 minutos. Las consecuencias psico-
perceptivas del consumo de este tipo de sustancias es alarmante, presentándose
cuadros de exaltación, alucinaciones visuales, auditivas y táctiles, como así también
ilusiones catatímicas.
El pegamento plástico y los correctores ortográficos contienen químicos adictivos,
siendo muy utilizados por menores y adolescentes, habiendo aumentado
considerablemente su consumo en los últimos años. En un principio, las primeras
ingestas suponen un estado de euforia o subida del ánimo, pero tras instalarse la
tolerancia que se desarrolla tras semanas o meses los consumidores habituados
deben inhalar varios tubos de sustancia para alcanzar el efecto deseado. La
intoxicación se caracteriza por euforia, excitación, sensación flotante, vértigo, habla
farfullante y ataxia. La inhalación va acompañada de pérdida de inhibición con
sensación de fuerza y capacidad no reales. La intoxicación otorga agresividad, euforia,
exaltación y situaciones violentas, por lo que se potencian las posibilidades de
comisión de delitos, a lo siguen, al igual que con el alcohol, periodos de amnesia
donde el adicto no recuerda absolutamente nada de lo acaecido durante la
intoxicación. En ocasiones aparecen alucinaciones visuales que pueden llegar a durar
varias horas, lo que demuestra su gran potencial perturbador. Todos ello hace
recomendable que padres y docentes realicen un control y seguimiento en la
utilización de pegamentos y correctores ortográficos.