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Revolución cognitiva: Relación con el Desarrollo de la Psicología Social



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de hechos realmente observables y objetivos con la finalidad de llegar a
formular leyes capaces de explicar el comportamiento humano. De ahí, que el
comportamiento fuera pensado en términos de reacción o de respuesta que se
produce como consecuencia de un estímulo ambiental. Esta forma de
conceptualizar el comportamiento ocasiona una ruptura con las perspectivas
psicológicas que tenían un alto componente fisiológico, como la de Pavlov , y
aquellas que aún dejaban espacio a concepciones de tipo « metafísico », como
la de Janet ; dando lugar a la teoría E-R. De esta forma, la psicología científica
centra su campo de interés en el estudio de las relaciones entre los estímulos y
sus respuestas. 
Por esa misma época, comienza a surgir un interés especial por el estudio de
los procesos de información que, a decir verdad, no nace exclusivamente de la
psicología sino que representa las inquietudes de profesionales de distintas
áreas del saber. A este respecto nos dice Howard Gardner (1987), en su
celebre aforismo, que “las ciencias cognitivas tienen una historia relativamente
corta y un pasado muy largo” (p.25) ; en efecto, sus orígenes se remontan a los
inicios de la filosofía occidental y se sumerge en las fuentes de las principales
corrientes científicas de los tiempos modernos ; a pesar de esto, es posible
decir que entre 1930 y 1950 se sitúa el periodo que vio nacer esta revolución
que pretendía, nada más y nada menos, pensar simultáneamente el
funcionamiento del cerebro, del espíritu y de la máquina. Para ello, nos dice
Daniel Andler (1987): 
«
Fue necesario desarrollar una reflexión basada en ideas de información
abstractas, del isomorfismo funcional, que buscaba una identidad entre la
máquina y el espíritu; reducir los procesos intencionales a nociones sin
contenido mental, como el control, la retroacción, la homeostasis, con el fin de
dotar a la máquina de funciones lógicas semejantes a las funciones mentales »
(p. 75). 
A esta primera cibernética, se le deben las ideas que más tarde serian
retomadas en eventos científicos como las conferencias de Macy, cuyas diez
sesiones tuvieron lugar entre 1946 y 1953, los coloquios de New York, en 1946
y el Hixon Symposium de 1948. Aunque, oficialmente, la fecha oficial del
nacimiento de las ciencias cognitivas haya sido establecida, por el psicólogo
George A. Miller, el 11 de septiembre de 1956. (Gardner, 1987, p. 44), cuando
se celebro en el M.I.T. el « Symposium on Information Theory ». Vinculados a
estos eventos, encontramos los nombres de quienes iban a realizar, en las
décadas siguientes, un gran número de aportes significativos a la sociología, a
la antropología, a la lingüística, a las matemáticas, la fisiología, la anatomía y la
psicología. Warren McCulloc , John von Neuman, Gregory Bateson, Kurt Lewin,
Margaret Mead, W. Ross Ashby, Noam Chomsky,Roman Jackobson, Allen
Newell, Herbert Simon, son tan solo algunos de los personajes más
importantes que integraron bajo una misma perspectiva la psicología
experimental, la lingüística teórica y la simulación computarizada de los
procesos mentales. Es así, como la cognición adquiere el estatuto oficial de un
nuevo objeto de estudio. 
Pero, el nacimiento de este nuevo objeto no estuvo acompañado, en el caso de
la psicología, de una ruptura radical entre conductistas y « mentalistas ». Al
menos en el comienzo, muchos conductistas pudieron adherirse con facilidad a
este nuevo programa de investigación, sin renunciar a sus convicciones. 
[El] grado de permisividad [del cognitivismo naciente] era tan elevado que
incluso los antiguos teóricos del aprendizaje E -R y los investigadores
asociacionistas de la memoria pudieron volver al redil de la revolución
cognitiva, en la medida en que envolvieron sus viejos conceptos con el ropaje
proporcionado por los nuevos términos del procesamiento de la información.
No había ninguna necesidad de trapichear con los procesos « mentales » o con
el significado. El lugar de los estímulos y las respuestas estaba ocupado ahora
por la entrada (input) y la salida (output), en tanto que el refuerzo se veía
lavado de su tinte afectivo convirtiéndose en un elemento de control que
retroalimentaba al sistema, haciéndole llegar información sobre el resultado de
las operaciones efectuadas. (Bruner, 1991, pág. 24) 
Fué un poco más adelante, cuando comenzarían a surgir los argumentos más
contundentes en contra del conductismo. El psicólogo Karl Lashley (citado en
Gardner, 1987, p. 27-28), por ejemplo, puso en evidencia los límites de la
concepción lineal del esquema E-R frente a la necesidad de formular
explicaciones sobre la naturaleza de las conductas organizadas complejas, que
exigían un abordaje secuencial. Otro tanto hizo Noam Chomsky (1959) al
escribir la reseña del libro de Skinner Verbal Behavior (1957); en su crítica,
apuntaba a demostrar el tratamiento superficial e inexacto de las actividades
lingüísticas que, en el caso del aprendizaje lingüístico de los niños, se
desarrollan, « en medio de la « pobreza de estímulos » circundantes y de una
cantidad comparativamente pequeña de locuciones (a menudo incompletas o
equivocadas) que se encuentran en su vida cotidiana » (Gardner, p. 216).
Invalidando, así, las tesis de la imitación, la repetición y el refuerzo. 
Pero, he aquí, una paradoja hábilmente señalada por J.F. Leny (1980), a
propósito del sentimiento anticonductista que inspiraba a los fundadores de la
revolución cognitiva: 
«Sin embargo, es impresionante constatar que la noción de comportamiento no
ha sido puesta seriamente en cuestión sobre el plano metodológico y pese a
que la lingüística generativa ha recurrido a la intuición del investigador, ha
buscado siempre, a pesar de su anticonductismo militante, un punto de apoyo
empírico en la aplicación del método experimental, es decir, comportamental.
Todos los psicólogos que investigan las actividades cognitivas y el lenguaje,
utilizan una metodología general única, a saber la observación sistemática de
clases de comportamientos y su relación con las condiciones y, a menudo, con
estímulos que en este caso representan el contexto, la ocasión o el
determinante. Luego, no sería exagerado decir que una cierta forma de
«
behaviorismo metodológico » generalizado ha sobrevivido al « bahaviorismo
teórico » que se encuentra en vías de desaparición.» (p.154). 
Después de haber puesto en evidencia el carácter reduccionista del programa
conductista, gracias a las críticas externas y a las « anomalías » que impedían
la verificación experimental de sus postulados teóricos, la metáfora del
ordenador comenzó a ganar adeptos provenientes de distintas disciplinas. A
partir de la década del sesenta, el modelo cognitivo fue percibido como una
revolución semejante a la de la física renacentista en la medida en que abrio
nuevas perspectivas para explicar lo humano. 
Vista en retrospectiva la revolución cognitiva en psicología ha perdido su
inspiración inicial que consistía, según Bruner (1991), en « instaurar el
significado como el concepto fundamental de la psicología » (p.20). En cambio,
se ha optado por centrarse en torno al procesamiento de la información y la
computación, dejando de lado la influencia del contexto histórico-cultural sobre
la construcción de estos significados y , al mismo tiempo, la importancia
decisiva que tienen los« actos de significado » con respecto a la naturaleza de
los procesos cognitivos superiores. Con su denuncia, Bruner intenta alertarnos
sobre los inconvenientes de una aproximación demasiado técnica y
deshumanizada, por parte de la psicología cognitiva, que cree encontrar un
puerto seguro en el positivismo renunciando a la comprensión de « lo que el
hombre piensa de su mundo, de sus congéneres y de sí mismo » (p.14) 
Frente a este panorama de transformaciones nos encontramos con la naciente
psicología social. De manera simultánea aparecen, en 1908, los dos primeros
manuales de psicología social. El primero, publicado en Londres por William
McDougall y el segundo en New York, por Edward Ross. Este hecho, va a ser
interpretado como una manifestación precoz de la división entre las dos
corrientes dominantes en psicología social (Ovejero, 1980; Álvaro J. L, p.4,
1995,), que « durante los años 30 y 40 van a conocer una [marcada]
acentuación de esta tendencia » (Álvaro J. L., 2003, p.5), nos referimos a la
psicología social psicológica y a la psicología social sociológica. 
Tanto en una, como en otra tendencia, el paradigma congnitivo ha jugado un
rol de gran importancia. Autores como Zajonc (1980) sostienen que la
psicología social ya era cognitiva « desde mucho antes de que se produjera la
revolución cognitiva en psicología experimental » Zajonc, (cit. por Ovejero,
1980, pág. 393). De ahí que haya sido tan fácil generalizar la influencia de este
programa a la totalidad de la psicología social (Ovejero, 1980; Sangrador,
1991; Álvaro, 2003) En efecto, « después de la segunda Guerra Mundial la
psicología social se hizo mucho más cognitiva y en los últimos años más
aún » ; es por eso que Markus y Zajonc (citados por Ovejero. 1985, pág. 137),
sostienen que « hoy día psicología social y psicología social cognitiva sin casi
sinónimos » (Ovejero,1980,p. 394.) Seguramente, esta influencia no se observa
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