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Teoría Psicoanalítica de la Personalidad



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Según Anna Freud, el representar el papel del agresor, asumiendo sus actitudes y atributos,
o imitando sus agresiones, el sujeto simultáneamente se transforma, de persona amenazada
y pasiva, en la que amenaza y es activa. 
Renuncia altruista: el sujeto usa su energía participando en el destino de sus semejantes, en
lugar de experimentar la vida en sí mismo, vive la vida de los demás. Por medio de este
mecanismo se logra dominar la mortificación narcisista. 
Los peligros instintivos contra los cuales se defiende el yo son siempre los mismos, aunque
los motivos por los que percibe una determinada irrupción como riesgosa, son referibles a
diferentes causas: 
Causas motivadas por la angustia frente al superyó en las neurosis de adultos. Cuando un
deseo instintivo pugna por introducirse en la conciencia y conseguir la gratificación con
ayuda del yo. A las protestas del superyó, el yo se somete y combate al impulso, perdiendo
su independencia, reduciéndose a mero ejecutor de los requerimientos del superyó; hostil
contra el instinto e incapaz de experimentar placer. 
Defensa instintiva por la angustia real o objetiva en la neurosis infantil. El niño pequeño obra
sus impulsos instintivos con miras a no transgredir las prohibiciones paternas. El yo del
pequeño no combate el instinto por su propia voluntad, sino por la angustia frente al castigo
externo. 
Defensa instintiva por la angustia frente a la fuerza del instinto. El yo es amigo del instinto
en tanto se haya diferenciado poco del ello. Siempre existe cierta desconfianza del yo frente
a las exigencias instintivas y la angustia frente a la fuerza de éstas opera como angustia ante
el superyó o angustia objetiva. 
EL SUPERYÓ 
El superyó es el resultado de la incorporación dentro del yo de los mandatos prohibitivos de
sus padres, es decir, la internalización de la compulsión externa. En sus primeros estados el
superyó pertenece al yo, pero gradualmente se va diferenciando de éste, sin que el sujeto
normal lo perciba como un elemento definido. Representa todas las restricciones morales y
todos los impulsos hacia la perfección. 
En el Edipo, el primer mecanismo de defensa al que el niño recurre es el de regresión, en el
plano oral, y a la introyección e identificación posterior con ese objeto del mundo exterior.
Con la incorporación del padre en el yo, el niño introyecta la actitud "mala" de éste para
conservar en el mundo real al padre "bueno". 
En la constitución del superyó no sólo interviene un núcleo severo que corresponde, en
general, al padre o a sustitutos, sino también otro núcleo materno más tolerante. Las
imágenes parentales sólo originan el núcleo del superyó, sus elementos últimos provienen de
la incorporación de las exigencias impersonales y generales del ambiente social. Existe
simultáneamente algo más que la incorporación simple de la realidad externa, se producen
también incorporaciones de los objetos internos infantiles que han sido proyectados y
deformados por la situación interna del niño. 
De acuerdo con los conceptos de Freud, el superyó hace su aparición en los individuos
alrededor de los cinco años, cuando termina de elaborarse del complejo de Edipo y por lo
tanto sería el heredero de este último. 
Las funciones del superyó son: la autoobservación, la conciencia moral, la censura onírica, la
influencia principal en la represión y el enaltecimiento de los ideales. 
Sobre la base de los rasgos particulares que presenta el superyó, se puede clasificar en: 
Superyó heterónomo: provocando una conducta cambiante, encontrado más comúnmente en
los sujetos que en su infancia fueron dirigidos por varios familiares. 
Superyó con identificación negativa: reflejo, con rasgos contrarios, de la personalidad de los
padres. 
Punto de vista dinámico y económico: impulsos, instintos, energía psíquica. 
DINÁMICA MENTAL 
La psicología psicoanalítica explica los fenómenos psíquicos como el resultado de la acción
recíproca y de la acción contraria de fuerzas, esto es, de una manera dinámica, que es al
mismo tiempo genética, puesto que no sólo examina un fenómeno como tal sino las fuerzas
que lo producen. 
Hay un tipo especial de fuerzas, los impulsos instintivos, que son directamente
experimentados como una energía apremiante, instan a una acción inmediata y uno se
siente impulsado por fuerzas de diversa intensidad para cumplirlos. La parte no instintiva de
la mente humana resulta comprensible como un derivado de la lucha en pro y en contra de
la descarga, creada por influencia del mundo externo. Existe otro tipo de fuerzas, los triebe o
impulsos, que son variables en su fin y en su objeto por acción de fuerzas derivadas del
ambiente. 
La dinámica mental lleva a una homeostasis, que no implica una inamovilidad, sino un
trabajo constante de las funciones vitales. La homeostasis se encuentra, en principio, en la
raíz de toda conducta instintiva y las conductas "anti - homeostáticas" se explican como una
complicación secundaria a fuerzas externas. Cuando las tendencias a la descarga y las
tendencias inhibitorias son igualmente fuertes, no hay signos exteriores de actividad, pero se
consume energía en una lucha interna oculta. 
ECONOMÍA PSÍQUICA 
La energía de las fuerzas existentes tras los fenómenos psíquicos es desplazable. 
Los impulsos intensos que exigen una descarga son más difíciles de refrenar que los débiles,
pero pueden ser contrarrestados por fuerzas contrarias igualmente poderosas. Establecer la
cantidad de excitación que puede ser soportada sin descarga, significa un problema
económico. Existe un intercambio de energía psíquica entre las funciones de ingreso,
consumo y eliminación. 
Existen tensiones placenteras, como la excitación sexual y faltas de tensión dolorosas, como
el aburrimiento, no obstante la hipótesis de Fechner -según la cual, todo aumento de tensión
psíquica es sentido como displacer y toda disminución de la misma, como placer- es válida
en general. 
El hecho que un impulso tenga la cualidad de conciente no tiene nada que ver con su aspecto
cuantitativo o dinámico, sino que se relaciona con su dimensión cualitativa. 
ESTRUCTURA PSÍQUICA 
Los fenómenos psíquicos deben ser considerados como el resultado de la acción combinada
de fuerzas que presionan, las unas, hacia la motilidad, las otras, en sentido opuesto. 
El yo crea aptitudes que le confieren la capacidad de observar, seleccionar y organizar los
estímulos y los impulsos: las funciones del juicio y la inteligencia. Desarrolla también
métodos para impedir a los impulsos rechazados el acceso a la motilidad, utilizando
cantidades de energía dispuestas para este fin: es decir, bloquea la tendencia a la descarga y
convierte el proceso primario en proceso secundario. El yo es al ello, lo que el ectodermo es
al endodermo; el yo se convierte en mediador entre el organismo y el mundo externo. Como
tal ha de proporcionar, tanto una protección contra las influencias hostiles del ambiente,
como el logro de la gratificación, aún contra la eventual coerción del mundo externo. 
Lo que tiene lugar en la conciencia está formado por las percepciones e impulsos; las
percepciones y los movimientos inconscientes poseen peculiaridades específicas, que las
distinguen de los concientes. La conciencia nace del proceso de sistematización, que a su
vez, depende de la capacidad de utilizar los recuerdos. 
El yo se ensancha a costa de la capa de estas huellas mnémicas, denominada preconciente.
La transición del yo al ello es gradual y únicamente se hace más neta en aquellos puntos en
que existe un conflicto. 
Lo reprimido presiona en dirección a la conciencia y a la motilidad y, en este esfuerzo, tiende
a producir derivados, es decir, a desplazar su catexis a ideas vinculadas asociativamente al
impulso original: al lograr nuevamente su verbalización, las ideas inconscientes se hacen
preconcientes. 
La energía con que el yo lleva a cabo su actividad inhibidora sobre los instintos deriva del
reservorio instintivo del ello. Una parte de la energía instintiva se convierte en energía anti -
instintiva. Una determinada parte del yo que inhibe la actividad instintiva se desarrolla, por
un lado, más próxima a los instintos y por otro lado, está en conflicto con otras partes del
yo, ávidas de placer. Esta parte, que tiene la función (entre otras) de decidir qué impulsos
son aceptables y cuáles no, se denomina superyó. 
DEFINICIÓN DE LA NEUROSIS 
En todos los síntomas neuróticos sucede algo que el paciente percibe como extraño e
ininteligible. Todos los síntomas dan la impresión de algo que parece asaltar a la
personalidad, partiendo de una fuente desconocida. 
Se distinguen las neurosis sintomáticas y las neurosis del carácter, aunque tienen a la base
una característica en común: la manera normal y racional de manejar las exigencias del
mundo externo e interno ha sido sustituida por algún fenómeno irracional, que parece
extraño y no puede ser controlado voluntariamente. 
Todos los fenómenos neuróticos tiene por base insuficiencias del aparato normal de control;
esta puede producirse de dos maneras: una de ellas es un aumento del flujo de los estímulos
y la otra es el bloqueo o la disminución previa de la descarga, lo que produce un
estancamiento de tensiones dentro del organismo, de manera que las excitaciones normales
actúan de forma equivalente a las traumáticas. 
Estas dos formas no se excluyen mutuamente. Una neurosis traumática se explica como la
inundación del organismo por cantidades de excitación que no alcanzan a ser controladas,
pudiendo iniciar un bloqueo de la descarga. En las psiconeurosis algunos impulsos han sido
bloqueados, provocando un estado de tensión y, eventualmente, algunas descargas de
emergencia. 
Así pues, la causa de las crisis emocionales y de los síntomas neuróticos es esencialmente la
misma: una insuficiencia relativa en el control del yo, ya sea en el flujo o un bloqueo de la
descarga. 
  
Punto de vista genético: sexualidad infantil, desarrollo psicosexual. Aporte kleiniano a los
estudios tempranos. 
El ser humano llega al mundo con toda la libido fijada a sus órganos y al propio yo y, del
mismo modo en que se relaciona con su medio ambiente, así también se desarrolla su libido
en el sentido que desde ese estado que se denomina período narcisístico primario tiende a
transformarse en libido que recubre objetos y a la cual, por esta razón, se le llama libido
objetal. 
Dinámicamente se distingue un narcisismo primario de uno secundario: el primario
corresponde al estadio temprano, cuando todavía la libido no ha recubierto a los
representantes internos de los objetos. El narcisismo secundario se produce cuando, por
algún motivo, la libido objetal abandona los objetos y vuelve a tomar al yo como único
objeto. 
Zonas erógenas: aquellas regiones del cuerpo en las que la estimulación condiciona la
satisfacción libidinosa. 
ETAPA ORAL (0 a 2 años) 
Se caracteriza por la obtención del placer por la zona de la boca. 
La satisfacción sexual se realiza en forma simultánea con la actividad autoconservadora, que
es la que relaciona al niño con el mundo exterior (doble función enunciada por Freud). El
instinto sexual se separa pronto del nutritivo y busca independientemente su satisfacción. 
La etapa oral ha sido dividida en dos fases: la primera, de succión (0 a 6 meses), cuya
satisfacción está dada por el chupeteo. En la segunda fase, sádico-oral o canibalística (6
meses a 2 años) la forma del placer cambia con la aparición de los dientes, sustituyendo el
placer del chupeteo por el placer de masticar y devorar. Si bien en la primera fase oral el
niño encuentra bastante satisfacción en su propio cuerpo, en la fase canibalística la actividad
instintiva exige un objeto y de la relación psíquica con él. 
Durante la etapa oral se hace evidente la ambivalencia; así, por ejemplo, en su segunda fase
oral, simultáneo al deseo de devorar un objeto, existe el deseo de ser comido por éste,
evidenciando el deseo de establecer una conexión más íntima con este objeto y destruirlo
como un ente del mundo exterior. Su presencia ha llevado a Abraham a dividir la evolución
libidinosa en: preambivalente (oral primaria); ambivalente propiamente tal (oral secundaria)
y postambivalente (etapa genital). 
Si el individuo quedara fijado a la esfera de los deseos orales, mostrará en toda su conducta
una gran resistencia a la adquisición y a la ganancia y un intenso deseo de ser mantenido
por otros. Las tendencias sádico - orales se evidencian en personas que ruegan y solicitan
demasiado, sin desprenderse del objeto. Formaciones reactivas son las alteraciones del
comer y una exagerada escrupulosidad. La sublimación puede realizarse a través del canto,
al afán de saber, estudio de idiomas, etc. 
Relación energética entre el pezón y la boca del lactante 
Es tanto o más importante que el estado morfológico o fisiológico del seno, el estado de la
carga bioeléctrica del pezón como elemento perturbador, dentro de la relación temprana del
niño con su madre. 
Cuando las madres rechazan conciente o inconscientemente a sus hijos, generarían cargas
bioeléctricas en el pezón, llevando a sus hijos a trastornos alimentarios. Podría hacerse una
clasificación de las causas capaces de provocar esta reacción: 
Causas reales, o secundarias a un conflicto emocional: lesiones en el pecho, sangramiento,
etc. 
Angustia no vinculada al bebé: conflictos familiares, económicos, falta de descarga genital. 
Angustia vinculada directamente al bebé: culpa por el placer de la succión, odio conciente o
inconsciente al niño, reactivación del sadismo oral de la madre. 
No siempre puede argumentarse un rechazo al pezón por carga negativa, también ese
rechazo se puede producir por los mecanismos psíquicos internos del lactante. 
El niño vive el pecho bueno como el que lo satisface, pero desde el punto de vista de la carga
energética habría que considerar como bueno el pecho que es introyectado debido a su carga
positiva -vivida como amor- y no sólo aquel que gratifica nutricionalmente. La vivencia del
pecho malo, además de corresponder a las proyecciones de las fantasías sádicas del niño,
derivaría del pezón con carga negativa. 
En los casos en que la avidez y la necesidad fisiológica son tan intensas que inducen al niño
a continuar succionando un pezón con carga negativa, se fortificarían los puntos de fijación
para el grupo esquizofrénico. 
ETAPA ANAL (2 a 3 años) 
El píloro es la línea demarcatoria entre la región oral y la anal. Se admite que sus
manifestaciones empiezan en el período comprendido entre los 6 y 12 meses y que alcanzan
su mayor intensidad entre los 18 y los 24. 
Las manifestaciones características de esta etapa son: el placer en la defecación, al agrado
por los excrementos y, al mismo tiempo, la tentativa de someter al control de la voluntad la
actividad del esfínter. Los excrementos son considerados en esta etapa como la primera
producción creada personalmente y que puede brindarse al mundo exterior. 
En la fase anal primaria o explusiva, el niño obtiene el placer máximo en el pasaje de las
materias fecales a través del ano, significando la destrucción de las mismas. En la fase anal
secundaria o retentiva, el placer está determinado por la retención de las materias fecales
(con contenidos eróticos y agresivos). Llega un momento en que el niño se ve privado del
placer que éstos actos le deparan y debe trasladar su actividad a otros equivalentes
socialmente aceptados, comenzando un proceso de sublimación, que lo llevará desde el
placer del manipuleo de sus excrementos al apego por el dinero en la adultez, comenzando
primeramente a rechazar el mal olor. 
También en esta etapa se hace más aparente el masoquismo, que es una búsqueda
instintiva del placer en el dolor físico o moral. La sexualidad anal es importante en la mujer,
puesto que debe transferir la erogeneidad anal a la zona vaginal. 
Las fantasías sexuales de la etapa anal son: coito como intercambio de materias fecales, acto
sexual en forma de lucha y fantasías de parto anal. Durante el predominio de la etapa anal,
el yo se halla en un período mágico - animístico, hecho que debe tenerse en cuenta al
estudiar la neurosis obsesiva. 
La libido anal se expresa por la defecación , flatos, masturbación anal, homosexualidad
pasiva, etc. Dentro de las formaciones reactivas se cuentan la terquedad, la avaricia, orden,
limpieza, etc. Las sublimaciones del período anal dan origen a las artes plásticas y a la
pintura. 
Educación de los esfínteres 
Es individual y no debe iniciarse antes que el niño sea capaz de sentarse solo con seguridad,
haya adquirido un lenguaje comprensible de signos y mantenga una actitud emocional
positiva hacia la madre o sustituta. Si la educación del niño es prematura, el sujeto será
inconscientemente negativo, hostil y rebelde, apareciendo aseado, obediente y pasivo
formalmente y, si este conocimiento se imparte en forma tardía, el sujeto será desaseado,
desordenado, terco e irresponsable. 
ETAPA FÁLICO - GENITAL (3 a 5 ó 6 años) 
La excitabilidad de la zona genital existe desde el comienzo de la evolución, pero sólo cuando
las etapas anteriores han sido superadas, los genitales llegan a adquirir una situación
preponderante. Ferenczi denominó anfimixis a esta centralización de la descarga libidinosa
en la zona genital. El pene adquiere para el niño un valor mágico. 
El descubrir que hay seres sin pene lo horroriza, pues llega a suponer que las niñas tuvieron
pene alguna vez y lo perdieron como castigo por la masturbación. Este temor angustioso,
conciente o inconsciente, a perder el falo, es denominado complejo de castración;
simultáneamente con ésta, puede existir un deseo de perder los genitales como un acto
expiatorio, lo cual permite distinguir una forma activa y otra pasiva del complejo de
castración. La pérdida de un objeto o la herida más insignificante pueden adquirir para el
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